2010 (955). Dom I Adv. Año C – Jesús vino, Jesús viene, Jesús vendrá
Jesús vino, Jesús viene, Jesús vendrá
Lc 21, 25-28.34-36
Texto
25Habrá
signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las
gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, 26desfalleciendo los hombres por el
miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias
del cielo serán sacudidas. 27Entonces verán al Hijo del hombre
venir en una nube, con gran poder y gloria. 28Cuando empiece a suceder esto,
levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación». […]
34Tened
cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas,
borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel
día; 35porque
caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. 36Estad, pues, despiertos en todo
tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y
manteneros en pie ante el Hijo del hombre».
Hermanos:
1. Comenzamos el Adviento, el ciclo
litúrgico mediante el cual recorremos los misterios de la vida del Señor, para
celebrarlos en la liturgia como sagrado misterio, en el cual Dios se hace
sacramentalmente presente y actúa obran nuestra salvación.
¿Qué
es exactamente el Adviento? Todos los años, al llegar esta fecha me place
acudir al Misa Romano, con el cual celebramos la Eucaristía, y donde al
principios, en largas páginas introductorias con explicaciones teológicas y
pastoral, aparte de indicaciones normativas, se nos orienta sobre el sentido
auténtico de lo que, por gracia de Dios, celebramos.
“39. El tiempo de Adviento
tiene dos características:
- es a la
vez un tiempo de preparación a las solemnidades de Navidad en que se
conmemora la primera Venida del Hijo de Dios entre los hombres,
- y un
tiempo en el cual, mediante esta celebración, el ánimo se dirige a esperar la segunda
Venida de Cristo al fin de los tiempos.
Por estos
dos motivos, el Adviento se presenta como un tiempo
-
de piadosa
-
y alegre ESPERANZA.
(Tomado de: Normas universales sobre el año litúrgico, núm. 39).
2. Según
esta definición descriptiva la característica espiritual del Adviento es esta:
“tiempo de piadosa y alegre ESPERANZA”. ¿Podemos decir que el Adviento es la
Cuaresma que precede a la Navidad? No. La Cuaresma y el adviento son tiempos
muy diferentes. Lo característico de la Cuaresma es la conversión y la
penitencia. Lo característico del
Adviento es la “expectación piadosa y alegre de lo que va a venir”. La Madre
que espera a su Hijo que va a nacer y tiene el corazón rebosante de alegría.
En
nuestro hemisferio español el Adviento es invierno; en América del Sur
diciembre es verano; pero hablando con los textos de la liturgia diremos que el
Adviento es la primevara de la Iglesia. Los textos de nuestras oraciones – así
las antífonas o breves lecciones del Oficio de lecturas de cada día, al que
tiene acceso todos los cristianos que lo deseen, porque no es un libro
privativo de los monjes y monjas y del estamento clerical, - está lleno de
llamadas a la esperanza y la alegría, preciosas florecillas de un prado de
primavera.
Quedémonos, hermanos, con estas palabras muy grabadas en el corazón: tiempo de expectación piadosa y alegre.
3. El
centro de todos los misterios es siempre Cristo, sea Adviento o Navidad,
Cuaresma o Pascua. Vayamos, pues a la vida de Jesús y veamos cómo Jesús vivió y
entendido el Adviento. Las primeras palabras con ue se abre el ministerio
público de Jesús fueron estas: “Después de que Juan fue entregado, Jesús se
marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía: «Se ha cumplido el
tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc
1,14-15).
Dios iba
marcando un tiempo para la llegada del Reino de Dios. Ese tiempo ya se ha
cumplido y llega y entra el Reino de Dios por la presencia de Jesús, que va a
obrar y predicar. Adviento significa
llegada, traduciendo la palabra latina, que en el griego, lengua en que se
escribieron los santos Evangelios, es “parusía”, palabra que también la hemos
conservado en castellano para la venida del final de los tiempos, la parusía.
Así pues, con la llegada de Jesús, llega el Reino. Así, pues, hermanos, Jesús anunció
el Adviento de Dios y eso fue el centro de la predicación.
Pero lo más característico de su predicación es el hecho de que él mismo se consideró el protagonista de este Adviento.
4.
Recordemos, hermanos, el mensaje del domingo pasado, que era el Domingo de
Cristo Rey.
- ¿Eres
tú el Rey de los judíos?, le preguntar el procurador romano.
Jesús le
responde que aclare la pregunta, porque puede ser una pregunta política o una
pregunta religiosa.
-
En
definitiva… ¿luego tú eres Rey?
Y Jesús nos sorprende:
-
Tú lo
has dicho. Soy Rey, yo para esto nací para esto veine al mundo, para dar
testimonio de la verdad.
Ningún
profeta había dicho: Yo soy Rey. Jesús es Rey y Pilato mandó que en la cruz quisiera este letrero, en lengua hebrea, que
era la lengua de los judíos, en latín, la lengua del emperador de roma, y en
griego, y en griego, la lengua más hablada por las naciones del Mediterráneo en
aquella época.
Pero hay
más. En el juicio ante el tribunal judío, ante el Sanedrín ene pleno, presidido
por Caifás, en determinado momento, viendo que los testimonios se revolvían y
no acabana de concordar, Caifás se levanta, se pone en medio y le pregunta solemnemente:
-
¿Eres
tú el Hijo del Bendito?
-
- “Jesús
contestó: «Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y
que viene entre las nubes del cielo». El sumo sacerdote, rasgándose las
vestiduras, dice: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?» Habéis oído la
blasfemia. ¿Qué os parece?». Y todos lo declararon reo de muerte” (Mc
14,62-64).
De manera
que Jesús murió por declararse lo que era, por ser el Hijo del Bendito, el Hijo
de Dios, por decir que él que había venido humildemente, vendría un día como
Rey y Juez de los judíos y del mundo entero.
De hecho
en su muerte en cruz, hubo signo extraordinarios en el cielo.
5.
Hermanos, este es el panorama del Adviento: Jesús vino en la Encarnación; Jesús
viene hoy, íntima y realmente al corazón; Jesús vendrá un día como Señor de la
Historia.
Surge,
pues, la pregunta operativa: ¿Qué actitud tomar frente a su venida? Caben
múltiples actitudes.
Una, muy
frecuente: No quiero pensar en ello. Voy a vivir la vida conforme vaya
viniendo. La vida es una serie de oportunidades, y triunfa y disfruta el que
saber aprovecharse de ella, sin tener escrúpulos ante la falsedad y la mentira.
Esta actitud de momento, por apetitosas que sean las apariencias, no resuelve
las preguntas que yo llevo dentro.
O caben
otras dos actitudes:
-
El
miedo
-
o la
confianza.
Hay razones para tener miedo, si leemos
algunas frases del Evangelio, que presentan unas decisiones absolutas.
. “Porque
ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos
entran por ellos. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva
a la vida! Y pocos dan con ellos (Mt 7,13-14).
“Aquel día muchos dirán: “Señor, Señor, ¿no
hemos profetizado en tu nombre y en tu nombre hemos echado demonios, y no hemos
hecho en tu nombre muchos milagros?”. Entonces yo les declararé: “Nunca os he
conocido. Alejaos de mí, los que obráis la iniquidad” (Mt 7,22-23).
Todo esto
es muy serio.
Pero cabe
otra actitud. Si yo me he declarado discípulos de Jesús, y quiero seguir su
vida y doctrina, si yo creo firmemente que él me ha creado por amor, que él me
ama, y que me va a amar hasta el fin, entonces, cabe una actitud de confianza
sin límites, una confianza que me llena de alegría, “y nadie os podrá arrebatar
vuestra alegría”, les dijo Jesús a sus discípulos en la cena.
Y esta es
la actitud legítima y verdadera del Adviento. Y volvemos al principio:
“Adviento, tiempo de una expectación piadosa y alegre”. Nos lo ha dicho el
Evangelio: “Cuando empiece a
suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación.
Y nos lo recordaba san Pablo en la primera carta que escribió, que es la primera carta a los Tesalonicenses. “(que el Señor) afiance así vuestros corazones, de modo que os presentéis ante Dios, nuestro Padre, santos e irreprochables en la venida de nuestro Señor Jesús con todos sus santos” (1Tes 3,13).
Terminemos,
pues, hermanos, estas palabras alzando la cabeza y mirando a Jesuscristo, autor
de nuestra salvación:
Señor Jesús, yo quiero vivir un Adviento hermoso, guiados por los mensajes que voy a ir recibiendo en la celebración de la Eucaristía; quiero vivir una expectación piadosa y alegre, porque eres tú, que me amas, que vienes a mí. Amén.
(Nota,
homilía remodelada, una vez que se pronunció de modo espontáneo antes de ser
escrita).
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