Los ángeles, mis hermanos
Rima
angélica navideña.
(Navidad
2024.6)
Dice la
sagrada liturgia, celebrando la Eucaristía: “… y nos haces dignos de servirte
en tu presencia”. Con esto quedamos
constituidos hermanos de los ángeles, que de continuo ven el rostro de Dios y
ante su presencia, día y noche, eternamente celebran la liturgia que un día
compartiremos. La liturgia del cielo Dios mismo la crea, instante a instante, y
es su propia felicidad.
¿Podremos
decir que la Encarnación es un “sacrum commercium”? Una alianza de amor, sí;
pero nosotros no le damos nada. Él nos lo da todo. Al hacerse hombre, nos
diviniza, es decir, nos hace hermanos suyos, herederoso con él de la herencia,
que es la misma Trinidad, que es su propia riqueza. Cualquier teología se queda
infinitamente corta.
La
encarnación nos introduce en el mundo angélicos; nos hacemos compañeros y
hermanos de los ángeles para cantar junto la gloria de Dios.
Los
ángeles, mis hermanos,
entonan
la Navidad;
son
las primicias que inician
el
aleluya pascual.
Cantan
la gloria de Dios,
fulgor
de su santidad,
el
Hijo que es todo Santo
se
ha hecho hombre mortal.
Cantan
el cántico nuevo
que
jamás se oyó cantar:
¡Gloria
a Dios en las alturas
y
en la tierra al hombre paz!
Y
ha llegado a los pastores
ese
celeste cantar;
toda
la tierra es un canto,
que
hoy el cielo es el portal.
Abramos
nuestros oídos
para
poder escuchar
y
entrar en esa armonía
que
es pura felicidad.
Es
la alegría de Dios
que
ellos quieren festejar,
porque
es fiesta de las fiestas,
fiesta
de la Trinidad.
El
cielo es fiesta de amor
y
Dios escuchando está,
son
las nupcias de su Hijo
con
toda la Humanidad.
Hoy
nace la santa Iglesia
con
su vestido nupcial,
cantan
y cantan los ángeles
y
aquí resuena el cantar.
El
cántico de los ángeles
es
su alimento y manjar,
nacieron
cual bien queridos
y
su dicha es alabar.
10.
Palabras y melodías
solo
Dios puede inspirar,
son
creadas al instante
con
aire de eternidad.
Y
cantan resplandecientes
vida,
gloria y majestad;
Dios
es luz, todo belleza,
y
en él no hay oscuridad.
Comunión,
comunidad,
todo
amor, todo unidad,
no
es deseo, no es anhelo,
es
el ser realidad.
Y
a esa vida destinados
Jesús
nos convoca ya,
Herederos
de su gloria
Ángeles
ante su faz.
Mis
ángeles de Belén,
cofradía
inaugural,
yo
me uno con vosotros
en
vocación y amistad.
Dadme
voz y melodía
y
alas para volar,
para
unirnos todos juntos
a
la infinita bondad.
Y
con la Reina María,
la
más bella y virginal,
que
es la joya de los cielos,
de
divina dignidad.
Ángeles
del Evangelio,
enviados
a adorar,
Dios
es hombre aquí en la tierra
y
Jesús se va a llamar.
Adoremos
y gocemos,
frente
en tierra y voluntad,
con
verdad, porque hoy comienza
la
nueva fraternidad.
Gloria
a ti, Jesús amado,
en
el pesebre, tu altar,
los
cielos hoy han venido,
y
yo me quiero juntar.
Somos
uno, todos uno,
y
tú eres el Dios total;
nuestros
cantos son incienso,
que
solo a Dios se le da.
¡Gloria
a ti, por siempre a ti,
que
hoy venimos a besar;
este
beso sea el sello
de
gracia y fidelidad! Amén.
Cuautitlán Izcalli, 30 diciembre 2024.
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