Fue por amor lo ocurrido
L’amor che move il sole e l’altre stelle
(Paradiso, XXXIII, v. 145), el amor que mueve el sol y las otras es-trellas es
el verso final de la Divina Comedia de Dante Alighieri. Así lo contempló el
poeta; el amor es el meca-nismo del universo.
Desde la fe
esto adquiere una belleza suma. La razón eterna y última de la Encarnación fue
el amor, amor crea-dor, amor gratuito, amor que diviniza el mundo. Dios, al
hacerse humano, hace a la familia humana divina. Y este es mi sentido y empeño:
aceptar el amor dado, y vivir en la espiral del amor divino. Cualquier otra
visión del mun-do y de la historia será corta y transitoria. Dios es amor, y la
vocación humana, abierta a lo infinito, es el amor.
Pero el amor
son obras, obras… Ciertamente, pero ya la antigua filosofía que aprendimos nos
dijo: Bonum di-fussivum sui. El Bien, por su propia naturalezaa, es difu-sivo,
difusivo de sí; y ¿qué bien mayor que el amor? El amor es vida es, y la vida es
la acción inmanente del ser. Donde hay vida, hay acción; donde hay amor, hay
obras de amor. Salvemos el amor en sus
raíces.
Ser amado
por Dios es la suprema experiencia que se concede a la criatura, y entonces el
que es amado, ama.
¡Oh Dios
mío, que tu amor traspase mi corazón!
Fue por amor
lo ocurrido
aquella
noche divina,
cuando llegó
el Verbo Dios
por el seno
de María.
Esa es la
historia de Dios
en una
palabra encinta:
se llamó
amor su secreto
ab aeterno
bien nacida.
Dios es amor
desde siempre
y lo será
mientas viva,
es su
esencia y es su tiempo:
eso es Él,
porque es su vida.
Amor que
nace de Dios
es siempre
amor sin medida,
y a dar amor
ha venido,
compartiendo
vida íntima.
Es esta la
creación,
perfecta y
definitiva,
que fue
visible en Belén,
y hoy llega
en la Eucaristía.
Dios es amor
fontanal,
que mana y
mana y destila,
y de amor
hizo mi alma
que es Belén
y su cunita.
Nació para
ser amado,
que para eso venía,
y para
amarse a sí mismo
su propio
amor nos daría.
Amar con
amor divino
es entrar en
su familia,
ser admitido
a la mesa
de su propia
compañía.
Amar es mi
vocación,
en mis
células inscrita,
y si yo no
fuera amor
yo
desaparecería.
Yo del amor
he venido,
y al amor se me encamina
el rumor que
siento en mí,
el que
conspira y me inspira.
En medio del
universo
vi que el
amor moviliza
al sol y
demás estrellas
que adoran y
se arrodillan.
Dios es amor
adorable,
que amando
no se fatiga,
y ha de ser
la eternidad
amar en paz
infinita.
Mas aquí soy
prisionero
en cosas que
solicitan
mi corazón y
mis fuerzas
tan grandes
y pobrecitas.
La hazaña la
más ilustre
que yo tengo
en perspectiva
es seguir
por esta senda
que me
enseñó en su venida.
Es misión y
vocación
el amor que
en mí habita;
es mi tiempo
y mi tarea,
y la verdad
de mi cita.
Amor en
silencio humilde
labrando mi
día a día
hasta el día
del encuentro
en su bella
parusía.
Amor secreto
y presencia
que en sus
misterios confina,
que es el
Viviente en mi vida,
luz de su
pascua florida.
Al amor yo
me consagro
por su
gracia recibida,
calle todo y
hable el Niño
y con su mano bendiga. Amén.
Cuautitlán Izcalli, IV Domingo de Adviento, 22/XII/2024.
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