lunes, 23 de diciembre de 2024

2018 (963). Amor del Verbo Encarnado - Coplas de amor en Navidad

 Fue por amor lo ocurrido




 

L’amor che move il sole e l’altre stelle (Paradiso, XXXIII, v. 145), el amor que mueve el sol y las otras es-trellas es el verso final de la Divina Comedia de Dante Alighieri. Así lo contempló el poeta; el amor es el meca-nismo del universo.

Desde la fe esto adquiere una belleza suma. La razón eterna y última de la Encarnación fue el amor, amor crea-dor, amor gratuito, amor que diviniza el mundo. Dios, al hacerse humano, hace a la familia humana divina. Y este es mi sentido y empeño: aceptar el amor dado, y vivir en la espiral del amor divino. Cualquier otra visión del mun-do y de la historia será corta y transitoria. Dios es amor, y la vocación humana, abierta a lo infinito, es el amor.

Pero el amor son obras, obras… Ciertamente, pero ya la antigua filosofía que aprendimos nos dijo: Bonum di-fussivum sui. El Bien, por su propia naturalezaa, es difu-sivo, difusivo de sí; y ¿qué bien mayor que el amor? El amor es vida es, y la vida es la acción inmanente del ser. Donde hay vida, hay acción; donde hay amor, hay obras de amor.  Salvemos el amor en sus raíces.

Ser amado por Dios es la suprema experiencia que se concede a la criatura, y entonces el que es amado, ama.

¡Oh Dios mío, que tu amor traspase mi corazón!

 

Fue por amor lo ocurrido

aquella noche divina,

cuando llegó el Verbo Dios

por el seno de María.

 

Esa es la historia de Dios

en una palabra encinta:

se llamó amor su secreto

ab aeterno bien nacida.

 

Dios es amor desde siempre

y lo será mientas viva,

es su esencia y es su tiempo:

eso es Él, porque es su vida.

 

Amor que nace de Dios

es siempre amor sin medida,

y a dar amor ha venido,

compartiendo vida íntima.

 

Es esta la creación,

perfecta y definitiva,

que fue visible en Belén,

y hoy llega en la Eucaristía.

 

Dios es amor fontanal,

que mana y mana y destila,

y de amor hizo mi alma

que es Belén y su cunita.

 

Nació para ser amado,

 que para eso venía,

y para amarse a sí mismo

su propio amor nos daría.

 

Amar con amor divino

es entrar en su familia,

ser admitido a la mesa

de su propia compañía.

 

Amar es mi vocación,

en mis células inscrita,

y si yo no fuera amor

yo desaparecería.

 

Yo del amor he venido,

 y al amor se me encamina

el rumor que siento en mí,

el que conspira y me inspira.

 

En medio del universo

vi que el amor moviliza

al sol y demás estrellas

que adoran y se arrodillan.

 

Dios es amor adorable,

que amando no se fatiga,

y ha de ser la eternidad

amar en paz infinita.

 

Mas aquí soy prisionero

en cosas que solicitan

mi corazón y mis fuerzas

tan grandes y pobrecitas.

 

La hazaña la más ilustre

que yo tengo en perspectiva

es seguir por esta senda

que me enseñó en su venida.

 

 

Es misión y vocación

el amor que en mí habita;

es mi tiempo y mi tarea,

y la verdad de mi cita.

 

Amor en silencio humilde

labrando mi día a día

hasta el día del encuentro

en su bella parusía.

 

 

Amor secreto y presencia

que en sus misterios confina,

que es el Viviente en mi vida,

luz de su pascua florida.

 

Al amor yo me consagro

por su gracia recibida,

calle todo y hable el Niño

 y con su mano bendiga. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, IV Domingo de Adviento, 22/XII/2024.

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