sábado, 14 de diciembre de 2024

2015 (959). Dom III Adviento C - La venida del Señor causa de nuestra alegría

 

2015 (959). Dom III Adviento C -   La venida del Señor causa de nuestra alegría

La venida del Señor causa de nuestra alegría

Lc 3,10-18




Texto

 10La gente le preguntaba: «Entonces, ¿qué debemos hacer?». 11Él contestaba: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». 12Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros?». 13Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido». 14Unos soldados igualmente le preguntaban: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?». Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga». 15Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, 16Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; 17en su mano tiene el bieldo para aventar su parva, reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga». 18Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio. 

 

Hermanos:

1.  Estamos en el domingo III de Adviento. Em la organización de este tiempo sagrado, compuesto de cuatro domingos, los Evangelios se presentan de eta manera. En el primero contemplamos la venida final de Jesús, el Señor de la historia humana, que como redentor nuestro tiene la última palabra; los domingos segundo y tercero están dedicados a san Juan Bautista, Precursor del Señor; y el domingo IV, ya inmediato a la Navidad, todos los años el Evangelio nos habla de la Virgen María, en suyo seno se hizo carne el Hijo de Dios, como hijo de la raza humana, como hermanos nuestros.

Y, por otra parte, este domingo III, como lo apreciamos por las dos primeras lecturas es el Domingo de la alegría, domingo Gaudete, en las palabras latina del texto sagrado. Alegraos en el Señor. ¡Qué mayor alegría que la venida del mismo Hijo de Dios entre nosotros! Hablemos, pues, de estos dos mensajes, de Juan Bautista y de la alegría que nos trae el Señor.

 

2. Apareció recorriendo el valle del Jordán y predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. El decía que él bautizaba con agua, pero que el que venía detrás de él iba a bautizar con Espíritu Santo, es decir, con una transformación total. Se lo acabamos de escuchar en el Evangelio de hoy. Preparad el camino del Señor, nos decía el domino anterior. El anunciaba, pues, la venida de Dios, un mensaje espiritual y sublime. Él se consideró el Precursor. Ahora bien, los grandes anuncios tienen que verse reflejados en la vida ordinaria.

Y así entramos en el Evangelio de hoy: La gente le preguntaba: «Entonces, ¿qué debemos hacer?».  He aquí la respuesta: 11Él contestaba: «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo».

Es decir, el mensaje austero de Juan termina siendo un mensaje social.  La fe, las grandes ideas tienen que traducirse en obras. Los apóstoles, san Pablo en especial, cuando escribían sus cartas a las comunidades que había evangelizado, exponían, ante todo, el misterio de Cristo, la fuente de donde todo deriva; pero, en un segundo momento, pasaban a las obligaciones que estos con lleva: obligaciones para con uno mismo, que ha asumido una concepción de vida distinta de la de los paganos, obligaciones para con la comunidad cristiana, obligaciones para con la familia – esposos entre sí, padres e hijos, dueños y criados – y obligaciones para con la sociedad como tal. La fe debe influir en todo. No se puede decir, por ejemplo: una cosa es la política y otra la fe; el político cristiano debe ser consecuente con su fe hasta en la misma política.

¿Qué debemos hacer?». «El que tenga dos túnicas, que comparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo. Este es el principio. En el mundo no tiene que haber hambre, porque hay pan para todos; en el mundo no tiene que haber pobreza, porque hay recursos para compartirlos.

 

3. La misma sociedad es muy variadas y ahora vienen las especificaciones. Los publicanos eran funcionarios públicos, que, entre otras cosas se encargaban del cobro de los impuestos. Cuántos abusos podía haber en un tiempo en que no existían los medios de información y control que hoy existen. 12Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué debemos hacer nosotros?». 13Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido». La doctrina está clara.

Otro ejemplo, los soldados, la policía… 14Unos soldados igualmente le preguntaban: «Y nosotros, ¿qué debemos hacer?». Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie con falsas denuncias, sino contentaos con la paga».  Los abusos han existido y existirán, y el más fuerte puede abusar.

 

4. Viene el Señor y él puede transformar todo desde dentro, donde comienzan las verdaderas transformaciones. Y, por resumir el mensaje, san Lucas termina con estas palabras:  1Con estas y otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo el Evangelio. El mensaje de Juan pertenece al Evangelio, porque, en definitiva, Juan el Bautista anuncia a Cristo.

Viene el Señor. El vino, él viene, él vendrá. Con él vienen todos los bienes, viene la salvación. Adviento, tiempo de piadosa y piadosa expectación. Este era el eslogan inicial del Adviento. Y hoy resuena de modo especial:

Qué cosas más sencillas y hermosas nos dice hoy san Pablo:  Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos. Que vuestra mesura la conozca todo el mundo. El Señor está cerca. Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios (Flp 4,4-6). Claro que no lo dice pensando en un misterio particular de la vida del Señor; lo dice hablando de la vida cristiana como tal. Este es el talante y la tónica de nuestra vida: una alegría que no el jolgorio y alboroto de una fiesta, que, como fuegos artificiales, brilla y se deshace. Es una alegría permanente y serena, que termina siendo paz.

Pero esta alegría puede tener unos momentos más vibrantes, y así debe ser la experiencia de la alegría navideña. El Señor está cerca, el Señor viene.

Hay momentos en que esta alegría puede ser festiva y explosiva.

 Un texto de un profeta nos lo dice, el profeta Sofonías. El pueblo de Dios ha cumplido ya su pena del destierro, y el profeta irrumpe:

Alégrate hija de Sión,

grita de gozo Israel,

regocíjate y disfruta con todo tu ser, hija de Jerusalén.

El Señor ha revocado tu sentencia,

ha expulsado a tu enemigo.

El rey de Israel, el Señor,

está en medio de ti, | no temas mal alguno” (Sof 3,14-16).

La vieja sabiduría dice que en la vida hay tiempo de llorar y tiempo de reír. Es cierto que hay tiempo de estar triste, porque también la tristeza pertenece a la condición humana. Pero la tristeza no puede ser tónica dominante. Pero la alegría, sí, aunque a veces la alegría sea una alegría como retenida y silenciosa. Un enfermo sufre, pero en el fondo de su sufrimiento está resignado y alegre.

¿No hemos oído, en ocasiones, a personas que te dicen: ¡Pero si estoy contento, contenta…!, y te lo dicen con lágrimas.

Hermanos, llegan las fiestas de Navidad, que, a lo mejor, los comercios llaman “fiestas decembrinas”. Alegrémonos, porque el Señor viene y nos trae la salvación. San Francisco llamaba a la Navidad la fiesta de las fiestas. Pero ¿cómo…? La fiesta más grande y origen de todas las fiestas es la Pascua. Pero san Francisco, desde sus pensamientos decía: Es que desde el momento en que el Hijo de Dios se ha hecho hombre, ya podemos dar pro segura nuestra salvación. Es decir, desde ahí nos vinieron todos los bienes.

Concluyamos, hermanos: Alegrémonos en el Señor, sí, alegrémonos.

Señor Jesús,

 Que nos has traído la alegría, la paz y todos los bienes, vuelve a nosotros; haz que desaparezca la guerra, que la hemos inventado nosotros. Tráenos la verdadera alegría a nuestros corazones y a nuestras familias. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, sábado 14 de diciembre de 2024 (San Juan de la Cruz).

 

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