sábado, 16 de enero de 2016

766. Domingo II C – Jesús manifiesta su gloria a petición de su madre


Homilía en Domingo II del tiempo ordinario, ciclo C
Jn 2,1-11


Texto evangélico

 1 A los tres días, había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. 2 Jesús y sus discípulos estaban también invitados a la boda.
3 Faltó el vino, y la madre de Jesús le dice: «No tienen vino». 4 Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora»[*]. 5 Su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga». 6 Había allí colocadas seis tinajas de piedra, para las purificaciones de los judíos, de unos cien litros cada una. 7 Jesús les dice: «Llenad las tinajas de agua». Y las llenaron hasta arriba. 8 Entonces les dice: «Sacad ahora y llevadlo al mayordomo». Ellos se lo llevaron. 9 El mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber de dónde venía (los sirvientes sí lo sabían, pues habían sacado el agua), y entonces llama al esposo 10 y le dijo: «Todo el mundo pone primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos, el peor; tú, en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora».
 11 Este fue el primero de los signos que Jesús realizó en Caná de Galilea[; así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él. 12 Después bajó a Cafarnaún con su madre y sus hermanos y sus discípulos, pero no se quedaron allí muchos días.

Hermanos:

1. Evangelio de Caná de Galilea, para comenzar el recorrido de la vida pública de Jesús. La vida de Jesús se abre con un banquete de bodas. Esta escena puede ser una llave para entender toda la vida de Jesús.
Ciertamente que por ahí va la liturgia, cuando nos pone en paralelo de este episodio una gran promesa de los libros proféticos. Dice el texto del libro de Isaías, capítulo 62:
3 Serás corona fúlgida en la mano del Señor | y diadema real en la palma de tu Dios.
 4 Ya no te llamarán «Abandonada», | ni a tu tierra «Devastada»; | a ti te llamarán «Mi predilecta», | y a tu tierra «Desposada», | porque el Señor te prefiere a ti, | y tu tierra tendrá un esposo.
 5 Como un joven se desposa con una doncella, | así te desposan tus constructores. | Como se regocija el marido con su esposa, | se regocija tu Dios contigo.

2. Este parangón de textos que establece la liturgia nos da la clave. La salvación de Dios es una fiesta nupcial. Dios celebra una boda con el hombre; más exactamente, Cristo Jesús es el esposo de la humanidad en esta era mesiánica. Cristo es el esposo de la Iglesia; Cristo es el esposo de mi corazón.
Una boda, que es, ante todo, una experiencia de gozo y de amor.
Hermanos, estamos leyendo textos sagrados, que son textos divinos de una hermosura sin ocaso. Y no podemos rebajar su alta significación, con unas sencillas aplicaciones moralizadoras a la vida ordinaria. Lo que está diciendo la divina Escritura es infinitamente más.
San Juan evangelista, el discípulo amado, el que reposó su cabeza sobre el pecho de Jesús, nos da el punto central de interpretación, de donde debemos partir, cuando, al concluir la escena él mismo comenta para que le escuchemos nosotros: así manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él.
Ya nos había dicho en el Prólogo del Evangelio: Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (1,14).
Lee el Evangelio el que contempla en él la gloria de Jesús; el que no percibe esta gloria, el que no exulta de emoción incontenida al entrar en contacto con el Señor, ese, en realidad, aunque derroche erudición en sus explicaciones, no está leyendo el Evangelio que se entregó a la Iglesia. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre (Jn 21,31), es la frase final de este Evangelio que ahora estamos escuchando.

3. Hay variados detalles en la redacción de esta escena que, sin duda, están cargados de simbolismo:
- La Hora, que parece no haber llegado, pero que en realidad ha llegado desde el momento en que Jesús actúa.
- La purificación de los judíos, que nos habla de la Antigua Alianza frente a la Nueva.
- Las tinajas de piedra, que pueden evocar las tablas de piedra de la Ley.
- El vino nuevo y mejor guardado para el final, que es el final de Jesús en al Historia, el hoy de Dios para nosotros.
Pero hay un elemento singular, que se destaca pro encima de los demás: la presencia de una mujer, a la que no se llama María, sino referencialmente “la madre de Jesús”, como en la cruz: “su madre”. María no tiene nombre propio en el cuarto Evangelio; es sencillamente la Madre de Jesús, su Madre.

4. María, la madre de Jesús, es la que nos ha introducido en la escena, porque ella es la que estaba invitada. Había una boda en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí. ¡Qué frase más hermosa para introducir una presencia! La madre de Jesús estaba allí. Quizás la imaginación puede volar y suponer que estaba allí como sirvienta, servidora de la boda. En todo caso va aparecer como servidora de la escena.
Ella no puede mandar, porque es la esclava del Señor. Ella solo puede indicar. Y en el relato encontramos esta declaración, que es todo un programa de vida: Haced lo que él os diga.
Es la palabra propia y esencial de la Virgen en la economía de la salvación. Haced lo que él os diga.
La Virgen no tiene nada que decir. Su misión, ayer y hoy, su ´palabra, su Evangelio no es otro que el Evangelio de su Hijo. La Virgen es referencia a Jesús,  Haced lo que él os diga.

5. El teólogo, que quiere construir una doctrina en torno a la Virgen, se encuentra con este dato de primerísima importancia. Al final del siglo I, en que se piensa fue escrito este Evangelio de Juan, la comunidad cristiana, la Iglesia, tiene esta conciencia:
- En la comunidad cristiana, en la Iglesia, hoy en medio de nosotros, está presente la Madre de Jesús, y ella tiene una palabra esencial que decirnos: Haced lo que él os diga.
Pero la frase tiene un sentido oculto evidente: Yo sé lo que mi Hijo va a decir, porque yo le conozco de corazón a corazón.
¿Y qué dijo Jesús? Lo que ya sabía su Madre que tenía que decir. Tomad el vino nuevo, el vino de la alianza nueva y eterna. Tomad el vino para celebrar estas bodas de Dios con el mundo amado. Esto es lo que Jesús nos está diciendo, lo que su madre sabía que tenía que decirnos.

6. Hermanos, en este Año de la Misericordia, vayamos humildemente a la madre de Jesús.
Virgen Madre del Señor, estamos escuchando lo que nos dices: “Haced lo que él os diga”. Guíanos, acompáñanos, llévanos hasta la presencia de tu Hijo, para que hagamos, con inmenso júbilo, lo que él nos diga. Amén.

Guadalajara, Jal., sábado, 16 enero 2016.


viernes, 8 de enero de 2016

765. Domingo del Bautismo del Señor 2016


Homilía en el Bautismo del Señor, ciclo C
Lc 3,15-16.22-23



Texto evangélico

15 Como el pueblo estaba expectante, y todos se preguntaban en su interior sobre Juan si no sería el Mesías, 16 Juan les respondió dirigiéndose a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.
 21 Y sucedió que, cuando todo el pueblo era bautizado, también Jesús fue bautizado; y, mientras oraba, se abrieron los cielos, 22 bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».


Hermanos:
1. El misterio del ciclo navideño termina con este domingo que sigue a la Epifanía y que es el domingo del bautismo del Señor. El pasaje que acabamos de leer y de escuchar es de una belleza deslumbrante. Juan dice que él bautiza con un bautismo de preparación, bautismo de agua. Pero anuncia que hay otro bautismo, que es el que trae el más fuerte, aquel de quien no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. Ese bautismo no será de agua, sino de Espíritu Santo y de fuego.
Uno se pregunta, buscando en los misterios divinos: ¿Por qué puede Jesús bautizar con Espíritu Santo y con fuego? Y la respuesta se impone: porque él mismo ha sido bautizado con Espíritu Santo y con fuego.
El bautismo que Jesús recibe es el bautismo pleno de la Trinidad. Jesús es bautizado con el Espíritu de Dios, es bautizado con el fuego de Dios, el fuego que arde en el misterio del ser divino.

2. Esta interpretación mística del bautismo de Jesús no es, en modo alguno, una evasión del misterio que tenemos delante. Bien al contrario, es un humilde intento de fondear en algo que nunca comprenderemos. Se pregunta el cristiano por qué Jesús fue al bautismo, que radicalmente es un signo de purificación, signo penitencial para decir, con humildad, que el hombre siente la mancha y el peso del pecado, que todo lo anterior queda atrás, y comienza una vida nueva en obediencia y fidelidad a Dios. Es una visión correcta.
En esta perspectiva Jesús va al bautismo, solidario de la causa de Adán. “Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él” (2Cor 5,21).
Uniendo, pues, el pecado del hombre con el bautismo de Jesús estamos en el recto camino. La misma Sagrada Escritura nos da esta pista de interpretación.
De aquí deducimos que el bautismo de Jesús fue el más verdadero de todos, porque nadie bajó tan hondo al abismo del pecado como bajó Jesús. “Todos errábamos como ovejas, | cada uno siguiendo su camino; | y el Señor cargó sobre él | todos nuestros crímenes” (Is 53,6).

3. Sin quitar nada al realismo y a la dureza de esta interpretación bíblica del bautismo de Jesús, podemos decir que es en sí misma incompleta. No mira más que a una parte de la realidad total. Porque la plenitud del bautismo está significando la plenitud de la invasión de Dios en él. Jesús en el Jordán es bautizado con Espíritu Santo y con fuego; y él quiere desbordar este bautismo divino sobre toda su comunidad que lo sigue, desea desbordarlo y realizarlo en mí. Así, pues, el bautismo de Jesús está anunciando la totalidad del Bautismo que por gracia me ha sido dado:
- Bautismo de purificación y perdón de los pecados, por de pronto, Bautismo que arranca de la cruz doliente de nuestro Salvador.
- Pero, sobre todo y por encima de todo, Bautismo que es la irrupción plenaria de la vida de Dios en mí. En mi bautismo se me da el Espíritu Santo y con fuego.

4. Y en este segundo aspecto, sobre todo, está la hermosura del bautismo de Jesús. La vida de Jesús de cara al mundo, al que se inicia en el bautismo, va a ser una vida totalmente de Dios, una vida totalmente de fuego.
Todas las palabras de Jesús proceden del Espíritu Santo, porque son espíritu y vida. Todas las palabras de Jesús llevan el fuego santificador de Dios.

5. El bautismo se nos presenta como la transformación divina de Jesús.
Él entra en oración y el Espíritu desciende sobre él. Se oye la voz del Padre que declara su amor divino al Hijo. Y todo ello de una forma física, corporal, para que el mundo lo sepa. Jesús es el milagro del Padre por encima de cualquier otro milagro. San Lucas lo ha expresado así:
y, mientras oraba, se abrieron los cielos, bajó el Espíritu Santo sobre él con apariencia corporal semejante a una paloma y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco».

7. Para entender, pues, el bautismo de Jesús, hay que mirar simultáneamente a Cristo en el Jordán y a Cristo Resucitado.
Nos encontramos ante los primeros monumentos de la teología cristiana. Si preguntamos a un cristiano iluminado “¿Quién es Jesús?”, nos puede responder: es el bautizado en el Espíritu Santo y en el fuego de Dios. De ningún otro se puede decir en sentido inmediato y literal lo que aquí está diciendo el Evangelio acerca de Jesús.
De ahí dimana la consecuencia que revierte sobre el cristiano. “¿Quién es un cristiano?”. Aquel que ha participado el bautismo de Jesús, habiendo sido él mismo bautizado con Espíritu Santo y con fuego.
Esto, hermanos, ocurre en el momento en que las aguas bautismales caen sobre nuestras cabezas. No hace falta un nuevo bautismo, como a veces se cree, para ser bautizado en el Espíritu Santo. Todo cristiano, como hijo de Dios, ha sido bautizado con Espíritu Santo y con fuego.

8. Realidades, hermanos, a las que no se puede acceder sino por la oración y por el toque mismo de Dios. Jesús bautizado entra en oración, saboreando y contemplando lo que acaba de acontecer en él. Él era Hijo de Dios por el Espíritu Santo. Sin Espíritu santo no hay filiación divina.

9. Oremos al Padre diciéndole a Jesús: Señor Jesús, ábrenos, por piedad, las puertas de la oración, para entrar contigo en el Espíritu y haz que nuestra vida quede calcinada y hermoseada por el fuego de tu amor. Amén.

Puebla, Pue, viernes, 8 enero 2016. 

martes, 5 de enero de 2016

764. Epifanía – La luz derramada a todas las naciones. Contemplación


Epifanía: La luz derramada
a todas las naciones
Contemplación para un retiro


1. Hay cuatro supremas solemnidades que destella en el cielo de a la liturgia.
La primera es la Pascua, eje y matriz de todas las celebraciones cristiana, que late en todas las acciones divinas de la Iglesia. Cuando yo humildemente voy a un sacerdote y le pido que me confiese, en el fondo estoy celebrando la Pascua del Señor, porque en la pascua he sido perdonado y santificado. Cada uno de los siete sacramentos es celebración de la pascua del Señor.
La segunda es Pentecostés, corona de la pascua, inseparable de la Pascua, el despliegue en el que se expande la Pascua de Jesús, quien, al morir, entrega el Espíritu. Y en la  misma tarde de aquel día primero de la semana, Día de la nueva Creación, Día del Señor, lo entrega a la Comunidad Apostólica reunida y con las puertas cerradas. “Sopló sobre ellos y les dijo: Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20,22).
La tercera es Navidad. Cristo resucitado es el Verbo creador encarnado, y es la Luz del mundo. La Iglesia lee de un modo profético: “El pueblo que camina en tinieblas vio una luz grande… Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado…” (Is 9,1.5).
La cuarta es la Epifanía, de la cual podemos decir: lo que es Pentecostés para Pascua es Epifanía para Navidad. “La gloria del Señor los envolvió de claridad” (Lc 2,9) se dice del ángel y los pastores. La luz de Belén llega a las naciones, y “unos Magos de Oriente” dicen al rey Herodes: “Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarle” (Mt 2,2).

2. La contemplación de la escena de la Epifanía es muy simple. En esta escena espiritual, ellos han hablado con una pregunta. Pero no tienen una palabra que comunicar. Han venido a adorar, a recibir la luz de Belén. El texto sagrado nos dice que, a la luz de la estrella, “se pusieron en camino” (v. 9), y que “se llenaron de inmensa alegría” (v. 10). Caminar con inmensa alegría esa es la figura de los magos de Oriente, figura de todos los peregrinos de la fe. La fe es la que produce inmensa alegría, porque la fe es la seguridad de los signos de Dios. Dios ni se engaña ni nos engaña. El que camina en la fe, ciertamente llega a su destino.
El destino de los Magos de Oriente lo expresa el Evangelio con estas palabras: “Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre” (v. 11). San Mateo olvida deliberadamente a “José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo” (1,16).
Lo que han encontrado los Magos de Oriente, el término de su ruta, de su peregrinación espiritual es el Niño con su Madre.

3. Los Magos de Oriente no dicen nada, no tienen nada que decir. El Evangelio atestigua simplemente: “y cayendo de rodillas, lo adoraron” (v. 11). La adoración no lleva palabras, sino una ofrenda: “después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, (e) incienso y mirra” (v. 11).
Israel había peregrinación desde Adán y los patriarcas hasta el portal de Belén. Pero esta peregrinación fatigosa, que tiene oscuridades y preguntas, es la peregrinación de toda la humanidad, la mía incluida, es decir de todas las naciones y culturas. Y los momentos que se recorren están señalados en el texto sagrado:
1)    Ponerse en camino.
2)    Seguir con la inmensa alegría de la fe.
3)    Encontrar al Niño con María, su Madre.
4)    Postrarse y adorar.
5)    Ofrecer lo que el Niño merece: oro, incienso y mirra.

4. Epifanía es, pues, como nos la presenta el Evangelio la fiesta de la luz para todas las naciones. La secuencia de la Epifanía será la presentación del Niño en el Templo que. En la glorificación del anciano Simeón recoge Navidad y Epifanía: “Mis ojos han visto a tu Salvador…, luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel” (Lc 2,30.32).

5. La gracia de este día es, por tanto, recibir la luz del Señor que llega a nosotros, venidos de la gentilidad, y que, con el pueblo de la Alianza somos un solo pueblo para el Señor, con los mismos privilegios, porque todos hemos sido santificados por la misma gracia. Esta luz de la Epifanía tiene dos rayos, provenientes del mismo foco:
- ver y comprender, a la luz de la fe, que Jesús es el Salvador de todas las naciones y culturas.
- percibir que la fe se abre en mí hacia lo infinito, sintiéndome envuelto en la gloria de Dios con una sabiduría nueva para comprender el misterio del ser humano y la historia.

6. Como la fe es manifestación de la gloria de Dios, pues ese es el objetivo de la fe, desde hace muchos siglos la Iglesia une místicamente en la liturgia tres episodios convergentes de la manifestación de esa gloria divina. La Gloria del Señor se manifiesta
- en la Epifanía
- en el Bautismo
- en las Bodas de Caná.
 La antífona final de Vísperas de la Epifanía, antes de proclamar las alabanzas de Dios con las palabras de María dice de este modo:

Tribus miraculis ornatum, diem sanctum colimus:
Hodie stella Magos duxit ad praesepium:
Hodie vinum ex aqua factum est ad nuptias:
Hodie in Jordane a Joanne Christus baptizari voluit,
ut salvaret nos, Alleluia.

Veneramos este día santo, honrado con tres prodigios:
hoy la estrella condujo a los magos al pesebre;
hoy el agua se convirtió en vino en las bodas de Caná;
hoy Cristo fue bautizado por Juan en el Jordán,
para salvarnos. Aleluya.

(Muchos músicos han puesto polifonía sacra a esta antífona, como puede verse a la mano, en Internet. Y la edición del Misal Romano realizada por el episcopado mexicano, la ilustración correspondiente a la Epifanía, en página completa, obra de Fray Gabriel Chávez de la Mora, OSB, recoge gráficamente los tres momentos de este misterio de manifestación de gloria).

7. He aquí un texto tomado de San Pedro Crisólogo (+450), doctor de la Iglesia, del Oficio de lectura de estos días.

“Aunque en el mismo misterio del nacimiento del Señor se dieron insignes testimonios de su divinidad, sin embargo, la solemnidad que celebramos manifiesta y revela de diversas formas que Dios ha asumido un cuerpo humano, para que nuestra inteligencia, ofuscada por tantas obscuridades, no pierda por su ignorancia lo que por gracia ha merecido recibir y poseer.
Pues el que por nosotros quiso nacer no quiso ser ignorado por nosotros; y por esto se manifestó de tal forma que el gran misterio de su bondad no fuera ocasión de un gran error.

(EPIFANíA) Hoy el mago encuentra llorando en la cuna a aquel que, resplandeciente, buscaba en las estrellas. Hoy el mago contempla claramente entre pañales a aquel que, encubierto, buscaba pacientemente en los astros.
Hoy el mago discierne con profundo asombro lo que allí contempla: el cielo en la tierra, la tierra en el cielo; el hombre en Dios, y Dios en el hombre; y a aquel que no puede ser encerrado en todo el universo incluido en un cuerpo de niño. Y, viendo, cree y no duda; y lo proclama con sus dones místicos: el incienso para Dios, el oro para el Rey, y la mirra para el que morirá.
Hoy el gentil, que era el último, ha pasado a ser el primero, pues entonces la fe de los magos consagró la creencia de las naciones.

HOY CRISTO HA ENTRADO EN EL CAUCE DEL JORDÁN para lavar el pecado del mundo. El mismo Juan atestigua que Cristo ha venido para esto: Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Hoy el siervo recibe al Señor, el hombre a Dios, Juan a Cristo; el que no puede dar el perdón recibe a quien se lo concederá.
Hoy, como afirma el profeta, la voz del Señor sobre las aguas. ¿Qué voz? Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto.
Hoy el Espíritu Santo se cierne sobre las aguas en forma de paloma, para que, así como la paloma de Noé anunció el fin del diluvio, de la misma forma ésta fuera signo de que ha terminado el perpetuo naufragio del mundo. Pero a diferencia de aquélla, que sólo llevaba un ramo de olivo caduco,, ésta derramará la enjundia completa del nuevo crisma -en la cabeza del Autor de la nueva progenie, para que se cumpliera aquello que predijo el profeta: Por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros.

HOY CRISTO, AL CONVERTIR EL AGUA EN VINO, comienza los signos celestes. Pero el agua había de convertirse en el misterio de la sangre, para que Cristo ofreciese a los que tienen sed la pura bebida del vaso de su cuerpo, y se cumpliese lo que dice el profeta: Y mí copa rebosa”
(Sermón 160 de San Pedro Crisólogo).

* * *
Epifanía del Señor: Adoración, contemplación, sabiduría, amor.


Guadalajara, Jalisco, 5 enero 2016.

sábado, 2 de enero de 2016

763. Domingo siguiente a Año Nuevo – Jesús Dios y Hombre


Jesús Dios y Hombre
Homilía para el domingo que sigue a Año Nuevo
Jn 1,1-18


Texto evangélico:
1 En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios.
 2 Él estaba en el principio junto a Dios.
 3 Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho.
 4 En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.
 5 Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
 6 Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan:
 7 este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él.
 8 No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz.
 9 El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo.
 10 En el mundo estaba; | el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció.
 11 Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron.
 12 Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre.
 13 Estos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, | ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios.
 14 Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
 15 Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo».
 16 Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
 17 Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo.
 18 A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Hermanos.
1. Antes de comenzar la homilía es justo hacer una aclaración. La Navidad es el tiempo litúrgico que va desde la Nochebuena hasta el domingo que sigue a la solemnidad de la Epifanía del Señor, como ya lo notamos en su momento. Puede haber en este tiempo dos domingos que caen fuera de las solemnidades litúrgicas. Hoy, justamente, 3 de enero, es uno de esos dos domingos, el que cae entre la octava de Navidad y la Epifanía del Señor o fiesta de Reyes. 
Para simplificar fiestas, aquí en México la gran solemnidad de la Epifanía fue trasladada al domingo, y es lo que litúrgicamente aquí se celebra. En otras partes, como en España, hoy la misa se celebra con los textos del domingo correspondiente. Y la fiesta de Reyes, tanto civil como eclesiásticamente queda en el 6 de enero.
Para nuestra homilía nos atenemos a este calendario del segundo domingo de Navidad.

2. He aquí un texto sublime, un himno litúrgico que tiene una frase culminante: Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Verdad central que expresa el misterio de la Encarnación, que resume toda la Teología cristiana. Con la gracia a Dios, a cada uno de nosotros se nos puede dar un conocimiento vivo del significado de este enunciado, y producir vivencias muy distintas, que arrancan todas de la fe: admiración ante el Dios infinito, Creador de cielo y tierra; ternura al contemplar al Dios humanado, regalo para todo ser humano, para mí: iluminación del destino de mi vida, llamado yo a la comunión e intimidad con Dios; descubrimiento de la vida, de todo proyecto humano (del mío también), que puede ser visto como participación de la vida de Dios.
Hermanos, para el creyente, la Encarnación del Hijo de Dios es la transformación y transfiguración del ser: surge en nosotros una vocación, una misión que nadie, fuera de la fe, podría jamás haber imaginado. Dios se hizo hombre, decían los Padres de la Iglesia, para hacer al hombre Dios, para elevarlo a la condición de hijo de Dios, y darle una linfa vital que lo emparenta con la divinidad. El hombre es capaz de recibir la palabra de Dios y de hablar con Dios, de enviar a la Trinidad su propia palabra y ser escuchado.

3. Quien va avanzando en la vida, como este hermano que les habla, y puede contemplar la realidad desde una cierta altura, se da cuenta de que la enfermedad cruel y contagiosa que invade la humanidad es la secularización. Dicen los expertos y la Iglesia lo acepta (y en esto insistió mucho el papa Benedicto XVI) que la secularidad es buena, incluso necesaria. La secularidad es dar al mundo secular el valor que en sí tiene; esto libera de muchos tabúes. La secularización es la corrupción de la secularidad: es el intento obstinado, persistente, de desterrar Dios del mundo,  y explicar y ordenar todo desde el hombre. No estamos hablando de católicos y no católicos, ni tampoco de cristianos y no cristianos; estamos hablando de creyentes y no creyentes. Un musulmán puede ser un gran creyente, que se deja gobernar por la soberanía y la misericordia de Dios, y que quiere para el mundo que se traduzca esa bondad y misericordia del Dios todopoderoso, todo misericordioso. Creer o no creer en un Dios personal, guía de nuestras acciones, es lo que da el tono a la vida y acción de uno que camina bajo la presencia de Dios frente a otro que hace de su propia autonomía la regla de su comportamiento.

4. ¿Qué nos dice el misterio de la Encarnación? Que el Dios poderoso se hace ser humano, sin dejar de ser lo que ya era. Este encuentro jamás lo podremos explicar: eso es precisamente el misterio. Ha habido expresiones muy felices que han quedado talladas para significar esta unión divino-humana. Los Santos Padre decían: Nada pudo ser salvado, si no hubiera sido asumido. Con esto querían significar la humanidad total de Jesús. Jesús es sexualmente hombre, pasionadamente hombre, afectivamente hombre, inteligentemente hombre. Esos movimientos variados que zarandean el corazón del hombre, que los filósofos llaman “pasiones” están en el corazón de Dios encarnado. Jesús como hombre sabe unas cosas e ignora otras, Jesús padece el amor, padece el celo (celo de Dios), padece la ira (que no es la venganza, sino la ira de Dios). En una palabra, Jesús es todo hombre, Jesús es todo Dios.

5. Jesús, el Verbo se hizo carne, y en la carne – sigue san Juan – hemos contemplado la gloria de Dios.
Hermanos, como fruto de estas consideraciones, inicio de lo que puede ser nuestra manantial de mucha meditación, podemos pedir a Dios una gracia: la fe contemplativa, la fe que se acerca a Dios con infinito deseo de conocerle, y de amarle.
Dios no defrauda, Dios no es enemigo del hombre, Dios no es mi rival, sino mi aliado, Dios, infinitamente más que yo, quiere mi felicidad en esta vida y en la otra, Dios quiere mi plenitud, mi realización.
Si yo fuera político, les diría a los políticos de  mi país. Dios quiere que nos entendamos, que se entiendan, porque hay solución: Déjenme pronunciar la palabra “Dios”, porque Dios existe.

6. Señor Jesús, te pedimos por el misterio de tu Encarnación, la paz y el entendimiento, el entendimiento y la paz.


Guadalajara, Jalisco, 2 enero 2016

viernes, 1 de enero de 2016

762. Poema a Jesús en el Año Nuevo de la Misericordia

Poema a Jesús en Año Nuevo
en el Año de la Misericordia
(Misericordiae vultus – 4)


En la liturgia de Año Nuevo (octava de Navidad, solemnidad de santa María Madre de Dios) leemos (Oficio de lectura)
“Convenía que aquel, para quien y por quien existe todo, llevara muchos hijos a la gloria perfeccionando mediante el sufrimiento al jefe que iba a guiarlos a la salvación. El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos, pues dice: Anunciaré tu nombre a mis hermanos, | en medio de la asamblea te alabaré. Y también: | En él pondré yo mi confianza. | Y de nuevo: | Aquí estoy yo con los hijos que Dios me dio.  
Por tanto, lo mismo que los hijos participan de la carne y de la sangre, así también participó Jesús de nuestra carne y sangre, para aniquilar mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo, y liberar a cuantos, por miedo a la muerte, pasaban la vida entera como esclavos” (Hebreos 2,10-15).

1. Hermano nuestro te llamas
sin jamás avergonzarte;
hermano como ninguno,
hermano de carne y sangre.

2. “Heme aquí con mis hermanos”
te presentas ante el Padre;
muy arrimados a ti,
queremos que nos abraces.

3. En mis penas y mis gozos
en todo a mí semejante
hasta la muerte en la cruz,
Dios humano, Dios amante.

4. Misterio de humanidad,
Dios mío para mirarte,
para sentir caminando
que yo vivo si tú lates.

5. Dios mío a mí consagrado,
yo me abandono a tus planes,
tú y yo en unidad,
que no nos separe nadie.

6. En brazos de una mujer,
dulcemente te complaces,
Creador de cielo y tierra,
Niño que de Madre naces.

7. Beso tu cuerpo divino,
Redentor que me besaste;
mi indigencia y plenitud
toda en ti santificaste.

8. ¡Te adoramos santo Hermano,
Hijo amado en mi combate,
te adoramos en Belén
y en la gloria de tu Padre! Amén.

Guadalajara, Año Nuevo de la Misericordia 2016