jueves, 13 de agosto de 2020

1415. Domingo XX, A – Jesús y la mujer creyente pagana


Jesús y la mujer creyente pagana
Mt 15, 21-28


Texto evangélico
21 Jesús salió y se retiró a la región de Tiro y Sidón. 22 Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo». 23 Él no le respondió nada. Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando». 24 Él les contestó: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel». 25  Ella se acercó y se postró ante él diciendo: «Señor, ayúdame». 26 Él le contestó: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos». 27 Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de los amos». 28 Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas».
          En aquel momento quedó curada su hija.

Hermanos:
1. Las lecturas de hoy comienzan con una profecía de un antiguo profeta de Israel, que descorriendo el velo de la historia vio lo que Dios iba a hacer en medio de su pueblo, un pasaje que impresionó mucho a Jesús y lo citó en la Semana Santa. Dice, en resumen, esta profecía: “A los extranjeros | que se han unido al Señor para servirlo… los traeré a mi monte santo, | los llenaré de júbilo en mi casa de oración; | sus holocaustos y sacrificios | serán aceptables sobre mi altar; | porque mi casa es casa de oración, | y así la llamarán todos los pueblos»” (Is 56,6-7).
La Casa de Dios es Casa de Dios para todos los pueblos. No es para la raza elegida, no es para los Católicos – diríamos hoy – no es para los Cristianos; es casa de oración, hogar de Dios abierto a todos los pueblos.

2. La escena del Evangelio de Dios, en el escándalo y la ternura, es la prueba de aquella intuición que tuvo el antiguo profeta. Veamos primero el escándalo que provoca Jesús; veamos luego la ternura.
En el mapa de la Tierra Santa estamos al Norte. Conviene consultar esas cosas en nuestras Biblia, porque el relato comienza con una ubicación geográfico, que no es solo una curiosidad ambiental, sino parte del sentido de lo que aquí se nos revela.
Jesús se encuentra fuera de la Tierra de Israel, tierra de paganos, tierra impura. Y allí una mujer del país, por tanto, una pagana, comienza a gritarle: Ten compasión de mí, Señor Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo. Sorpresa para nosotros, porque esta mujer le llama “Señor, Hijo e David”. La salvación viene de lo judíos, le dirá Jesús a la Samaritana.
Jesús no le hace caso, cosa bien extraña, porque no parece que sea este el estilo de Jesús.
Pero la mujer sigue y grita, y hasta molesta. Pero una madre, por su hija, hará eso y todo lo que haya que hacer.
Y entonces los discípulos, acaso como solución de compromiso, acaso como intercesores de la mujer, le dicen a Jesús: «Atiéndela, que viene detrás gritando».
Y Jesús les responde con esta extraña sentencia: «Solo he sido enviado a las ovejas descarriadas de Israel».

3. Y ahora comienza lo más emocionante del Evangelio. La mujer se acerca a los pies de Jesús y se postra de rodillas ante él para decirle simplemente: Señor, ayúdame.
Hermanos, cuando un ser humano, sea quien sea, se postra ante Dios para decirle: Dios mío, ayúdame, no hay potencia humana, no puede haberla, que detenga esa oración que va derecha hasta Dios mismos. Con razón dice la Biblia que la oración del humilde atraviesa las nubes.
Todo ser humano tiene derecho a orar a Dios, y no hay autoridad en la tierra que pueda quitarle este derecho y este poder divino. Ante una persona humilde que invoca a Dios se caen todas las legislaciones del mundo. Señor, ayúdame, dice la mujer. Y esa oración se ha clavado en el corazón de Jesús. Jesús ya la ha escuchado.
Jesús nos dirá un día que todo lo que pidamos al Padre en su nombre, Dios nos lo va a con ceder.
Pero ahora viene la terrible prueba. La palabra de Jesús suena durísima y casi se diría que es un insulto para la mujer: No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.
¿Cómo es posible que Jesús emplee este leguaje, que no es de su estilo, que, un día se quejó admirado de la fe del centurión pagano y dijo para que le oyeran todos: Yo os aseguro que en Israel no he encontrado una fe tan grande?
Para los judíos, ellos eran los hijos, eran la raza de Abraham (San Pablo nos habla de todo esto en la lectura de hoy), y los de fuera, los paganos eran los perros. En una casa no es lo mismo los hijos y los perros; no vamos a poner en el banquete un plato más para llevarlo tal cual a los perros.
No está bien tomar la comida de los hijos y con el mismo plato llevársela a los perros. Es verdad que Jesús parece atenuar ese terrible dicho, porque no hablar de perros, sino de perritos.
Le está diciendo a la mujer: Tú no eres de los hijos, tú no eres hija, tú eres una perrita. ¡Qué horrible tener que oír estas cosas!

4. Pero la mujer no se echa atrás. En este diálogo de confianza y de amor se pone al mismo nivel de quien le habla, al mismo nivel de confianza, de fe, y le dice: Tiene razón, Señor, pero entérate bien de lo que te estoy diciendo: que no estoy pidiendo el pan de los hijos, que esta perrita te esta pidiendo las migajas que tiran los niños de la mesa, las basuritas que se comen los cachorrillos de debajo de la mesa.
Jesús tuvo que llorar cuando escuchó tal respuesta. Le puso una prueba durísima, y la mujer, superó suma cum laude aquel examen de su fe.
Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.
Si en aquel tiempo un hombre hubiera podido abrazar a una mujer, Jesús le habría dado un abrazo y la hubiera estrechado contra su corazón.
¡Mujer, qué grande es tu fe!

5. La fe de esta mujer ha roto todas, absolutamente todas las barreras, y ha llegado hasta el corazón de Jesús.
Esa mujer que no tiene nombre, esa mujer que ciertamente hoy existe, esa mujer que ha intuido que la fe en Jesús es milagro, esa mujer llega hoy hasta nosotros para revolver toda nuestra religión.
¿Qué es la fe, hermanos? ¿Ser católico? ¿Venir a misa? No. ¿Rezar oraciones milagrosas? No. ¿Venerar imágenes maravillosas de la Virgen? No. Nada de ese es lo fe.
La fe, hermanos, es aceptar que Dios es todo en mi vida; que mi salud, mi esfuerzo, mi trabajo, mis conquistas, mis títulos, mis sueños… son puro regalo de un Padre del cielo; que soy lo que soy, porque él está día y noche conmigo, y que yo, pobre y sin nada, espero recibir todo de él, poniendo de mi parte todo lo que soy, alma vida y corazón. Que no hay en la vida cosa más grande que creer en Dios, y poner toda nuestra vida a disposición de él.

Señor Jesús, que probaste duramente a aquella mujer valerosa, dame la fe que le diste a aquella mujer, una fe tan grande que pueda superar todas las pruebas de la vida. Amén.

Madrid, jueves, 13 de agosto de 2020.

lunes, 10 de agosto de 2020

1414. En la fiesta de santa Clara 2020 – Querencia de mi familia

 Querencia de mi familia

(Confidencias con nuestra hermana Clara)

 

“Estamos ante una “hemorragia” que debilita la vida consagrada y la vida misma de la Iglesia. Los abandonos dentro de la vida consagrada nos preocupan. Es verdad que algunos abandonan por un acto de coherencia, porque reconocen, después de un discernimiento serio, que no han tenido nunca vocación; pero otros con el pasar del tiempo dejan de ser fieles, muchas veces tan sólo pocos años después de la profesión perpetua. ¿Qué ha ocurrido?” (Papa Francisco, A la Plenaria de la Vida consagrada, sábado 28 de enero de 2017).

Justamente estos  días acaba de aparecer en las librerías un documento de la Congregación para la Vida Consagrada (CIVCSVA) titulado: “El don de la fidelidad. La alegría de la perseverancia. Orientaciones. Permaneced en mi amor (Jn 15,9)”.

Vuelvo al caudal que nos ha dejado santa Clara, como pianticella de Francesco. Sus escritos producen gran sabiduría, y traen paz. Con palabras sencillas hablan de cosas esenciales. La principal de ellas, la contemplación. El que contempla extasiado a su esposo, ha de experimentar que todo termina en la paz. Si un maravilloso programa psicológico-espiritual no nos trae paz, paz íntima, sabrosa y personal…, si no nos trae eso, el programa no vale.

Santa Clara da paz.

 

Querencia de mi familia,

querencia de santa Clara,

sentirla mía, muy mía

como sencilla cristiana.

 

En medio de la pandemia,

que es revuelta marejada,

yo te siento como paz,

dulce paz, querida hermana.

 

La pandemia es mucho más

que el virus de esta desgracia,

algo más, que no sabemos

ni decir lo que nos pasa.

 

Desencantados se fueron,

muy tristes de esta su casa,

tantos que Francisco dijo,

que esto es una hemorragia.

 

Mi corazón vuelve a ti,

a leer tus bellas cartas:

¡cuánta pureza, Dios mío,

blancura que me contagia!

 

Es el amor a tu esposo,

que ha prendido cuerpo y alma,

y allí quieres anidar,

paloma…, paloma blanca.

 

Ansiosos y distraídos,

con Whatsapp de mil llamadas

cuando una cosa, una sola

quería a los pies la amada.

 

Es hora de contemplar

en la noche y la alborada,

y recibir aire fresco

para toda la jornada.

 

Paz de Asís junto al Sagrario,

paz y fuerza en sus murallas,

paz para un mundo que viene,

que ya irrumpe y avasalla.

 

Pobre por ser virgen pura,

que solo tiene su gracia,

Clara de la Eucaristía,

acércame a su fontana.

 

Madrid, 10 de agosto de 2020, al iniciar la Solemnidad de santa Clara de Asís.

viernes, 7 de agosto de 2020

1413. Domingo XVIX, A – Jesús y Pedro sobre el agua


Jesús y Pedro sobre el agua

Mt 14, 2 2-33


DESPUÉS de que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.

Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche es