martes, 18 de agosto de 2020

1418. Asunta 2020/3 – Ángelus, La casita de María


Ángelus, La casita de María


Las casas de Palestina podían ser de adobe, podían ser de piedra. De adobe y paja, como antiguamente las había en los pueblos. En la hermosa Basílica de Nazaret, hay una casa-cueva, cavada en la roca… Y allí cerca graffiti antiguos, antiquísimos, saludando a María. Allí en la casa, un agujero, como para atar algo. Aquí podía atar el burrito san José, nos decía el eruditísimo P. Virgilio Ravanelli (1927-2014), a los alumnos del Studium Biblicum Franciscanum. Acaso… Nada de esto pertenece a la fe.
Pero “la Casita de María” existe en el ámbito de nuestra fe. Es la casa de la Encarnación, donde el Verbo nos hizo sus hermanos por las entrañas de una madre Virgen. Yo puedo visitar, en alas del Espíritu, esa casa, punto de encuentro de Dios con la Tierra. Yo puedo ir allí cada día. Yo puedo orar, y adorar y dar gracias. Eso es el Ángelus, que la piedad cristiana quiere rezar tres veces al día.
Hoy María de la Anunciación es María Asunta que intercede por nosotros.

La casita de María,
que en Nazaret habitaba,
era humilde como todas,  
acaso de adobe y paja.

O mejor…, era una cueva,
partida con dos estancias,
y un agujero a la izquierda,
donde al burrito lo ataban.

Y a esta casita tan pobre,
bella con santas sandalias,
se acercó la Trinidad
con un ángel de embajada.

La pureza de una virgen
el recinto perfumaba,
y el Mensajero del cielo
otro cielo allí encontraba.

“Hágase su voluntad,
que yo soy la humilde esclava”,
y en aquel divino instante
de Dios quedó embarazada.

Yo quiero llegarme allí,
para besar con mi alma
aquel suelo de la tierra
donde Dios puso su planta.

No fue un palacio precioso
con columnas de oro y plata;
fue una vivienda de aldea
donde se reza y se ama.

Y eso escogió el Rey del cielo
para su digna morada;
fue la primera Basílica
en el mundo dedicada.

Tres visitas cada día
puedo hacer desde mi  casa,
para llenar mi respiro
de la que es llena de gracia.

Al alba de mis quehaceres
Ángelus de la mañana,
y otra vez al mediodía
y al concluir la jornada.

Tres Ángelus saludando
a la Pura Inmaculada,
y recogiendo con fe
la oración con que ella oraba.

Ángelus de los sencillos,
Evangelio de la Infancia,
para seguir a Jesús
de Nazaret a la Pascua.

Madrid, 18 de agosto de 2020

lunes, 17 de agosto de 2020

1417. Asunta 2020/2 – Al eco de la Asunta


María está presente, no la busques

“Esta maternidad de María en la economía de gracia perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prestó fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consumación perpetua de todos los elegidos. Pues, asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna .  […] La Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protección maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador” (Lumen Gentium, 62).

María está presente, no la busques,
un silencio de paz es su presencia;
no pretendas vanamente una palabra
ni quieras que en el aire se aparezca.

Con fe sencilla abre el Evangelio
y más de lo que dice no pretendas,
la verás en su casa y en la fuente,
la pobre de Israel, en pobre aldea.

Es hija de Abraham como creyente,
y en el Anuncio, sierva se confiesa;
por gracia va a ser Madre de la vida,
si es Madre de Jesús es Madre nuestra.

Ya nace la Mujer del Verbo esposa
Maternidad divina que nos lleva;
el Hijo es sangre amante y redentora
y donde el Hijo está, está con ella.

Quisiera una caricia de mi Madre,
con un destello que mis ojos vieran,
mas bástame la fe y el Evangelio,
que quiero ser consiervo de su escuela.

Te necesito, Madre Asunta en Pascua,
que oigas que te digo ¡Madre buena!,
pues con solo decirlo dulcemente
mi corazón de gozo y paz se llena. Amén.

Madrid, 17 agosto 2020, Santa Beatriz de Silva

viernes, 14 de agosto de 2020

1416. Asunta 2020/1, en medio de la pandemia


Asunta en medio de la pandemia

La pandemia ha puesto una mascarilla en nuestra boca, y mirándonos, extraños, nos hemos dicho: Somos familia, somos frágiles, nos necesitamos; nos amamos. Este Mundo es el Universo entero en nuestras manos. La Creación entera tiene un secreto: es Dios.
Como cristianos confesamos que Dios ha venido, y que el Hijo tiene una Madre. Esa Madre recorrió un camino, el camino de la Fe, Peregrina de la Fe. El Hijo la recogió en su triunfo: Madre Asunta.
En medio del misterio de la pandemia, está el Hijo, está la Madre, la Madre Asunta.
Nos quedamos pensativos, contemplando, amando.

Existe la Belleza, pues tú existes,
Virgen María, ruta de mi vida,
celeste pensamiento en Dios nacido,
del Hijo Verbo trémula caricia.

En la humana pandemia fuiste exenta
por ser hija del Hijo que venía,
la más pobre y pequeña entre mortales,
mostrando que Dios es Soberanía.

Tú eres el destino que anhelamos,
la Pascua de la fe que hermosa brilla,
aliento en el camino que nos queda,
pues fuiste tú, primero, Peregrina.

La amada Iglesia de tu Hijo lucha,
pasó una Era y otra se avecina,
María Asunta, estrella de los mares,
sé brújula y latido que nos guía.

Esposa confidente del Espíritu,
morada de sus dones, bendecida,
con gozo somos tuyos, por tu Hijo,
y en él el mundo entero es tu familia

¡Honor a Cristo en Pascua, honor y gloria,
que en su triunfo a su Madre recogía;
honor a ti, Jesús, nuestra esperanza,
y un día para siempre nuestra dicha! Amén.

Madrid, 14 de agosto de 2020.