Ángelus, La casita de María
Las
casas de Palestina podían ser de adobe, podían ser de piedra. De adobe y paja,
como antiguamente las había en los pueblos. En la hermosa Basílica de Nazaret,
hay una casa-cueva, cavada en la roca… Y allí cerca graffiti antiguos,
antiquísimos, saludando a María. Allí en la casa, un agujero, como para atar
algo. Aquí podía atar el burrito san José, nos decía el eruditísimo P. Virgilio
Ravanelli (1927-2014), a los alumnos del Studium Biblicum Franciscanum.
Acaso… Nada de esto pertenece a la fe.
Pero
“la Casita de María” existe en el ámbito de nuestra fe. Es la casa de la
Encarnación, donde el Verbo nos hizo sus hermanos por las entrañas de una madre
Virgen. Yo puedo visitar, en alas del Espíritu, esa casa, punto de encuentro de
Dios con la Tierra. Yo puedo ir allí cada día. Yo puedo orar, y adorar y dar
gracias. Eso es el Ángelus, que la piedad cristiana quiere rezar tres
veces al día.
Hoy
María de la Anunciación es María Asunta que intercede por nosotros.
La casita de María,
que en Nazaret habitaba,
era humilde como todas,
acaso de adobe y paja.
O mejor…, era una cueva,
partida con dos estancias,
y un agujero a la izquierda,
donde al burrito lo ataban.
Y a esta casita tan pobre,
bella con santas sandalias,
se acercó la Trinidad
con un ángel de embajada.
La pureza de una virgen
el recinto perfumaba,
y el Mensajero del cielo
otro cielo allí encontraba.
“Hágase su voluntad,
que yo soy la humilde esclava”,
y en aquel divino instante
de Dios quedó embarazada.
Yo quiero llegarme allí,
para besar con mi alma
aquel suelo de la tierra
donde Dios puso su planta.
No fue un palacio precioso
con columnas de oro y plata;
fue una vivienda de aldea
donde se reza y se ama.
Y eso escogió el Rey del cielo
para su digna morada;
fue la primera Basílica
en el mundo dedicada.
Tres visitas cada día
puedo hacer desde mi
casa,
para llenar mi respiro
de la que es llena de gracia.
Al alba de mis quehaceres
Ángelus de la mañana,
y otra vez al mediodía
y al concluir la jornada.
Tres Ángelus saludando
a la Pura Inmaculada,
y recogiendo con fe
la oración con que ella oraba.
Ángelus de los sencillos,
Evangelio de la Infancia,
para seguir a Jesús
de Nazaret a la Pascua.
Madrid, 18 de agosto de
2020