María está presente, no la busques
“Esta maternidad de María en la economía de gracia
perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prestó fielmente en la
Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consumación
perpetua de todos los elegidos. Pues, asunta a los cielos, no ha dejado esta
misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos
los dones de la salvación eterna . […] La
Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la experimenta
continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en
esta protección maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador” (Lumen
Gentium, 62).
María está presente, no
la busques,
un silencio de paz es su
presencia;
no pretendas vanamente
una palabra
ni quieras que en el aire
se aparezca.
Con fe sencilla abre el
Evangelio
y más de lo que dice no
pretendas,
la verás en su casa y en
la fuente,
la pobre de Israel, en
pobre aldea.
Es hija de Abraham como
creyente,
y en el Anuncio, sierva
se confiesa;
por gracia va a ser Madre
de la vida,
si es Madre de Jesús es
Madre nuestra.
Ya nace la Mujer del
Verbo esposa
Maternidad divina que nos
lleva;
el Hijo es sangre amante
y redentora
y donde el Hijo está,
está con ella.
Quisiera una caricia de
mi Madre,
con un destello que mis
ojos vieran,
mas bástame la fe y el
Evangelio,
que quiero ser consiervo
de su escuela.
Te necesito, Madre Asunta
en Pascua,
que oigas que te digo ¡Madre
buena!,
pues con solo decirlo
dulcemente
mi corazón de gozo y paz
se llena. Amén.
Madrid, 17 agosto 2020,
Santa Beatriz de Silva
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