miércoles, 19 de agosto de 2020

1419. Asunta 2020/4 – María, Mujer eucarística


Hágase, dijo María

“En cierto sentido, María ha practicado su fe eucarística antes incluso de que ésta fuera instituida, por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo de Dios. La Eucaristía, mientras remite a la pasión y la resurrección, está al mismo tiempo en continuidad con la Encarnación. María concibió en la anunciación al Hijo divino, incluso en la realidad física de su cuerpo y su sangre, anticipando en sí lo que en cierta medida se realiza sacramentalmente en todo creyente que recibe, en las especies del pan y del vino, el cuerpo y la sangre del Señor.
Hay, pues, una analogía profunda entre el fiat pronunciado por María a las palabras del Ángel y el amén que cada fiel pronuncia cuando recibe el cuerpo del Señor. A María se le pidió creer que quien concibió « por obra del Espíritu Santo » era el « Hijo de Dios » (cf. Lc 1, 30.35). En continuidad con la fe de la Virgen, en el Misterio eucarístico se nos pide creer que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, se hace presente con todo su ser humano-divino en las especies del pan y del vino.
« Feliz la que ha creído » (Lc 1, 45): María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe eucarística de la Iglesia. Cuando, en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en « tabernáculo » –el primer « tabernáculo » de la historia– donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel, como « irradiando » su luz a través de los ojos y la voz de María. Y la mirada embelesada de María al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y al estrecharlo en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística?”
(S. Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia [Jueves Santo 2003], n. 55).

Hágase, dijo María,
dándose en plena oblación:
el sí más bello del mundo,
el sí de la Encarnación.

Sí por la vida del Hijo,
por su Cruz y su Pasión;
sí del Misterio Pascual,
sí de la Resurrección.

Sí de la Eucaristía,
Amén de consagración;
Sí de la Iglesia que vino
en el Espíritu don.

Feliz por haber creído
en la venida de Dios,
feliz por ser el Sagrario
que al Verbo Santo albergó.

Feliz que pudo abrazarle
con besos de adoración,
feliz, que su vida era
unidad y Comunión.

¡Santísima Eucaristía,
Amor sobre todo amor,
la Iglesia adora y bendice
y entrega su corazón! Amén.

Madrid, 19 agosto 2020, San Ezequiel Moreno.

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