viernes, 28 de agosto de 2020

1423. Domingo XXIl, A – Jesús y el proyecto de Dios

Jesús y el proyecto de Dios
Mt 16,21-27

Texto evangélico
21 Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
22 Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡Lejos de ti tal cosa, Señor! Eso no puede pasarte». 23 Jesús se volvió y dijo a Pedro: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».
24 Entonces dijo a los discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. 25 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará. 26 ¿Pues de qué le servirá a un hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? ¿O qué podrá dar para recobrarla? 27 Porque el Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

Hermanos:
1. El Evangelio que ahora acabamos de escuchar es exactamente la continuación del Evangelio del domingo anterior. Dos escenas de contraste, que arrojan luz de vida para saber tomar las decisiones que debemos tomar. San Pablo nos ha dicho en le lectura de la carta a los Romanos, que corresponde a este Domingo: “Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto” (Rom 12,2).
Recordad lo que escuchamos el Domingo pasado: ¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos.
San Pedro habló no por sí mismo, sino por revelación de Dios, guiado por la revelación del Padre.
Qué cosa más dulce, hermosa y divina: caminar en la vida guiados por la mano de Dios, haciendo en todo momento la voluntad de Dios, como Jesús la hizo, y como nos dijo que lo pidiéramos en la oración del Señor, en el Padrenuestro.

2. Pero ahora de repente la escena cambia. Pedro le quiere dar un buen consejo a Jesús, y Jesús le rechaza con una dura palabra: «¡Ponte detrás de mí, Satanás! Eres para mí piedra de tropiezo, porque tú piensas como los hombres, no como Dios».
Habla como los hombres, y los hombres, a veces hablan como Satanás. Jesús le está diciendo: No seas para mí como Satanás, como el Tentador, como el Mentiroso.
Es horrible pensar que las personas que nos quieren nos puede dar, por falso amor, malos consejos, y ser para nosotros como Satanás. Es horrible pensar que un padre o una madre pueda dar un consejo a su hijo o a su hija como se lo daría Satanás.
El consejo de San Pedro es muy bueno: ¿Qué es eso de decir que te van a matar? De ninguna manera… Eso no es así, ni puede ser así.
Jesús podía haber seguido el consejo de Pedro. Para que no me maten no voy a entrar en conflicto con nadie, no voy a decir las verdades tal cual yo las veo; me voy arreglar con todo el mundo.
Este sábado, 29 de agosto, se celebra el martirio de Juan el Bautista. Y el Evangelio de ese día (tomado del capítulo 5 de san Marcos) dice por qué le mataron a Juan. “El motivo era que Herodes se había casado con Herodías, mujer de su hermano Filipo, y Juan le decía que no le era lícito tener a la mujer de su hermano” (Mc 5,17-18).
A ti, ¿qué te importa? Déjalo en paz, que cada uno haga lo que quiera…, o que vaya a los tribunales. Si Juan no hubiese dicho esas palabras, no le habrían matado.

3. Así, pues, hermanos, Jesús reprende a Pedro porque, sin quererlo, le quiere apartar del camino que Dios, su Padre, le ha señalado. Jesús debe morir mártir, mártir de la verdad de Dios, mártir de la revelación total, que él nos ha traído. Mártir porque ve que las autoridades religiosas, con su explicación de la Ley santa del Señor, han congelado esa revelación divina.

Quizás lo más grave de este Evangelio, hermanos, es que Jesús nos quiere meter a todos en esa misma vocación que él ha traído a la tierra: la vocación de ser testigos de la verdad y del amor de Dios con todas sus consecuencias. Nos quiere asociar a su destino, que es sublime, pero que nos puede costar la vida.
Vamos a grabar estas palabras:
Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí, la encontrará.

4. Ser discípulo de Jesús es, ante todo, un acto de voluntad, una elección que uno debe hacer con plena conciencia y libertad: Si alguno quiere.
A lo mejor cuando nace un niño, le apuntan de socio en un club de fútbol, para decir con orgullo que yo soy del equipo tal o cual.
Si alguno quiere, dice Jesús. Nunca lo olvidemos; es un acto que tiene que ser ratificado con todo mi querer, con toda mi voluntad.
Y ser discípulo de Jesús no es aprender una doctrina, sino “ir en pos de él”: ver lo que él hizo, cómo se comportó, para hacer nosotros lo mismo.
Dicho con otras palabras: el que la pierda por mí, la encontrará. Ser discípulo de Jesús es perder la vida por él.
Pero eso va a ser la corona de nuestra vida: poder decir, a la hora final: Señor, yo he sido un cristiano. Yo me he alimentado de tu cuerpo y de tu sangre y yo he tratado de vivir tu misma vida.
El Hijo del hombre vendrá, con la gloria de su Padre, entre sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta.

5. Las lecturas de hoy nos traen el ejemplo de Jeremías:
“Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir;
has sido más fuerte que yo y me has podido.
He sido a diario el hazmerreír,
todo el mundo se burlaba de mí” (Jr 20,7).

Hermanos, vale la pena; Jesús nos dice: “el que la pierda (el que pierda su vida) por mí, la encontrará”.

Señor Jesús, muéstrame el camino de la voluntad de Dios, lo que Dios quiere de mí, y haz que lo siga, como tú lo seguiste.
Señor, quiero ser de verdad discípulo tuyo, y colaborar con tu obra a favor del mundo entero. Amén.

Madrid, viernes 28 agosto 2020

1 comentario:

  1. Jesús, Verbo Encarnado, concédenos la gracia inmerecida de ser verdaderos discípulos (as) tuyos (as), de ser testigos de la Verdad, de la Revelación, de tu Amor infinito, hasta dar la vida..., asumiendo con alegría todas sus consecuencias. Muchas gracias Padre por tan profundas evangélicas reflexiones...

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