jueves, 20 de agosto de 2020

1421. Domingo XXI, A – Quién es Jesús


Quién es Jesús

Mt 16,13-20

Texto evangélico
13 Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». 14 Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas». 15 Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». 16 Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo».
17 Jesús le respondió: «¡Bienaventurado tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Ahora yo te digo: tú eres Pedro*, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. 19 Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos».
20 Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.
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Hermanos:
1. El Evangelio de hoy nos infunde especial respeto por las consecuencias que ha traído para la vida de la Iglesia, consecuencias dolorosas que perduran hasta hoy.
El tema central es, sin duda, esta pregunta: ¿Quién es Jesús? Y hay una respuesta que nosotros, con la gracia de Dios, la queremos asimilar y hacerla vida de nuestra vida.
Pero, avanzando en una lectura completa, del Evangelio se desprende una segunda pregunta: ¿Y quién es Pedro?
Si en este momento, en vez de hacer una homilía, como es lo propio de una iglesia, este local fuera un aula universitaria y tuviéramos las palabras tres representantes de tres Iglesias – un Católico, un Ortodoxo, un Protestante – acaso tendríamos la misma respuesta para decir “Quién es Jesús”: el Mesías, el Hijo de Dios. Pero tendríamos tres respuestas para decir “Quién es Pedro en la Iglesia”, si los poderes dados a Pedro pasan a un sucesor, y de qué manera. Esto es lo que explica que desde hace 500 y 1000 años, seguidores de Jesús le sigan a él como Redentor, como Hijo de Dios; pero entiendan que el Obispo de Roma no es exactamente el Sucesor de Pedro con los poderes solemnes que se le dan en el texto del Evangelio.
En esta homilía vamos a centrarnos especialmente en la primera pregunta: ¿Quién es Jesús?

2. Estamos en la región de Cesarea de Filipo, región apartada en el Norte de la Tierra Santa, pero tierra de Israel. Este episodio lo cuentan los tres primeros Evangelios, y san Lucas aporta una circunstancia que es una clave muy importante para entender la transcendencia de la escena: “Una vez que Jesús estaba orando solo, lo acompañaban sus discípulos y les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»” (Lc 9,18).
Este dato nos revela que la pregunta de Jesús se hizo en una ocasión muy singular. No es como una pregunta de pasada, como cuando nosotros, en amistosa conversación, podemos hablar de todo: de familia, de política, de deportes, todo junto. No es una pregunta frívola: Y… a propósito, ¿qué dice la gente de mí?
Es una pregunta seria y definitiva, como cuando en una profesión religiosa, en una ordenación, en el matrimonio, se pregunta ante Dios si realmente ante Dios si realmente sabe uno lo que está haciendo y lo quiere hacer. Son preguntas para toda la vida. Son preguntas de fe. Preguntas que comprometen el seguimiento.
¿Quién decís que soy yo…?
Pues ya iremos viendo… Eso no tiene sentido; así uno no puede ser discípulo. Así uno no puede jugarse la vida como se la tiene que jugar un verdadero discípulo.

3. «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?». Pregunta de contraste para la pregunta de confesión que va a venir acto seguido.
La misma pregunta resulta misteriosa, porque dentro de la pregunta hay una definición. Jesús se autodefine como “el Hijo del hombre”, designación misteriosa que puede designar poco y mucho. El que ha leído al profeta Ezequiel, sabe que Ezequiel es “hijo de hombre” para un cargo sublime como ser mensajero de Dios. Y el que ha leído al profeta Daniel sabe que allí hay una visión como de un hijo de hombre – un ser humano – que se acerca al Anciano de días, que es Dios, y que se le dan poderes que no se le dan a ningún hombre. Jesús se ha designado a sí mismo como Hijo de hombre, el Hijo del hombre: entiéndalo quien pueda y quiera entenderlo.

4. La mejor contestación que tiene la gente es que Jesús ni es un hombre cualquier, ni es un profeta cualquiera. Algunos hasta piensan que ha resucitado Juan Bautista, asesinado por Herodes…
En el mejor de los casos, la gente piensa que este hombre, venido de una aldea nada famosa, como es Nazaret…, es alguien venido desde la otra orilla, desde Dios, sin poder precisar más.

5. Y ahora es cuando viene la pregunta total: Vosotros, ¿qué pensáis, qué decís, qué confesáis? Porque según lo que digáis, vale la pena seguir o habrá que retirarse.
Dice el Evangelio de san Juan que, cuando habló Jesús en Cafarnaúm, después de la multiplicación de los panes, muchos se retiraron. Este es un iluminado; este es un loco; este es un Mesías engañado… Esto es lo que pensaron….

6. Dice el Evangelio que “Simón Pedro” tomó la palabra. Todavía no sabemos que se llama Pedro, pero el evangelista escribe muchos años después de los acontecimientos, cuando todo estaba aclarado. Simón habla y da una respuesta rotunda: Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo.
Esa es la definición total de Jesús, y no otra.
La Biblia que leemos en la iglesia, que es la Biblia oficial del Episcopado español, tiene una nota ilustrativa, y dice que el texto de Marcos y Lucas se confiesa la mesianidad (Tú eres el Mesías), pero aquí se confiesa la mesianidad y la divinidad. Lo acabamos de oír: Mesías, Hijo de Dios vivo.
Es la confesión cristiana total, puesta en labios de Pedro.
El sentido de lo que esto significa nos lo va a dar el mismo Jesús. Nadie puede decir lo que ha dicho Simón, ni la mitad de la frase, ni toda entera, si Dios no lo revela, “mi Padre que está en los cielos”.
Hermanos, estamos en el puro corazón del Evangelio.
Lo que Simón está diciendo no es cosa evidente por ningún lado; es pura revelación, pura confesión de fe.
Así se comprende la última frase del Evangelio de hoy: Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías.

7. Que Jesús sea el Mesías de Israel, el Esperado, el anunciado en las profecías… nadie, absolutamente nadie puede saberlo por su propia inteligencia. Es revelación de Dios.
Todo lo que atañe a Jesús es pura revelación. Y esto debemos aplicárnoslo a nosotros. No se conoce a Jesús por los libros, sino de otra manera.
Solo se conoce a Jesús, cuando uno dice: Ahora sí, puedo dar mi vida por él. Antes no. Ahora has conocido a Jesús, cuando eres capaz de dar tu vida por él.
No se conoce a Jesús por un conjunto de argumentos; nunca. Se conoce a Jesús, por un acto de fe en él, en la absoluta humildad de corazón. Y desde aquí, entonces sí, viene todo lo demás.

Hermanos, tenemos que concluir. ¿Quién es Jesús para mí? El sentido de mi vida, el perdón de mis pecados, el que me lleva al corazón de Dios, aquel por quien estoy dispuesto a dar mi vida entera.

Señor Jesús, gracias por haberme dado el conocimiento de tu divinidad. Como Simón Pedro te digo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios. Concédeme vivir y morir en la fe que me has regalado. Amén.

Madrid, jueves, 20 agosto 2020

1420. Asunta 2020 y 5 - Humilde, yo te pido una palabra


Humilde, yo te pido una palabra

A las hermanas
del Císter de Esmeraldas (Ecuador),
Monasterio de Santa María de la Esperanza,
que a diario cantan,
como esposas vigilantes,
al Cordero Inmaculado.
Agradecido.
Fr. Rufino María Grández, OFMCao

Humilde, yo te pido una palabra,
para anunciar, María, tu hermosura,
que no sea de libros eruditos,
que sea, oh Madre, tuya, solo tuya.

Que haya sido en mi seno concebida,
y dada a luz cual Hijo de tu cuna,
un poema divino, muy sencillo,
y digno de ser canto en la liturgia.

Ayúdenme, hermanas de Esmeraldas,
ayúdame Bernardo, blanca túnica,
y Roberto, Alberico con Esteban,
valientes tres de férvida aventura.

Todo templo es iglesia de María,
todo salmo el Magníficat susurra;
mil nombres y coronas amorosas
los hijos a la Madre le tributan.

La sangre de Hijo y Madre fue la misma,
por eso, le decimos Toda Pura;
y Dios la quiso pobre, la más pobre,
pues la quiso fulgor de su ternura.

Te alabaré, oh Santa, cual creyente,
vocero de esa Gracia que te inunda;
Tú eres, dulce Madre, toda nuestra,
sencillez y Evangelio en nuestra ruta.

Al coronar los días de este valle,
recíbenos contigo, Madre Asunta,
en la Pascua de luz y de alabanza,
en la dichosa paz, que eterna dura.

Madrid, Jesús de Medinaceli, 20 agosto 2020, San Bernardo.

miércoles, 19 de agosto de 2020

1419. Asunta 2020/4 – María, Mujer eucarística


Hágase, dijo María

“En cierto sentido, María ha practicado su fe eucarística antes incluso de que ésta fuera instituida, por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal para la encarnación del Verbo de Dios. La Eucaristía, mientras remite a la pasión y la resurrección, está al mismo tiempo en continuidad con la Encarnación. María concibió en la anunciación al Hijo divino, incluso en la realidad física de su cuerpo y su sangre, anticipando en sí lo que en cierta medida se realiza sacramentalmente en todo creyente que recibe, en las especies del pan y del vino, el cuerpo y la sangre del Señor.
Hay, pues, una analogía profunda entre el fiat pronunciado por María a las palabras del Ángel y el amén que cada fiel pronuncia cuando recibe el cuerpo del Señor. A María se le pidió creer que quien concibió « por obra del Espíritu Santo » era el « Hijo de Dios » (cf. Lc 1, 30.35). En continuidad con la fe de la Virgen, en el Misterio eucarístico se nos pide creer que el mismo Jesús, Hijo de Dios e Hijo de María, se hace presente con todo su ser humano-divino en las especies del pan y del vino.
« Feliz la que ha creído » (Lc 1, 45): María ha anticipado también en el misterio de la Encarnación la fe eucarística de la Iglesia. Cuando, en la Visitación, lleva en su seno el Verbo hecho carne, se convierte de algún modo en « tabernáculo » –el primer « tabernáculo » de la historia– donde el Hijo de Dios, todavía invisible a los ojos de los hombres, se ofrece a la adoración de Isabel, como « irradiando » su luz a través de los ojos y la voz de María. Y la mirada embelesada de María al contemplar el rostro de Cristo recién nacido y al estrecharlo en sus brazos, ¿no es acaso el inigualable modelo de amor en el que ha de inspirarse cada comunión eucarística?”
(S. Juan Pablo II, Ecclesia de Eucharistia [Jueves Santo 2003], n. 55).

Hágase, dijo María,
dándose en plena oblación:
el sí más bello del mundo,
el sí de la Encarnación.

Sí por la vida del Hijo,
por su Cruz y su Pasión;
sí del Misterio Pascual,
sí de la Resurrección.

Sí de la Eucaristía,
Amén de consagración;
Sí de la Iglesia que vino
en el Espíritu don.

Feliz por haber creído
en la venida de Dios,
feliz por ser el Sagrario
que al Verbo Santo albergó.

Feliz que pudo abrazarle
con besos de adoración,
feliz, que su vida era
unidad y Comunión.

¡Santísima Eucaristía,
Amor sobre todo amor,
la Iglesia adora y bendice
y entrega su corazón! Amén.

Madrid, 19 agosto 2020, San Ezequiel Moreno.