El
seguimiento, un punto central de los cuatro Evangelios, tiene perfiles,
momentos, escenas… El Evangelio dominical (domingo XXIII,C), Lc 14,25-33, nos
habla del momento primero, o, más bien, del momento que sigue a la llamada, de
la decisión, de la renuncia, que es renuncia de “todos los bienes”. Quien se
decide por Jesús renuncia a todo y del todo. Jesús lo dicen con palabras
estridentes, que no son los de una psicología del hombre en proceso de
superación.
Como
Juglares del Evangelio queremos cantar esta renuncia por Jesús, sin poder
olvidarnos de lo que Jesús anuncia en otros momentos. Porque Jesús, poniéndose
en el `puesto de Hijo de Dios, que es el que le corresponde, al pedir la
renuncia también tiene una promesa: la promesa del don de sí mismo, que supera
cuanto nosotros podemos soñar. No podemos evitarlo,auqnue la referencia no esté
en este Evangelio: A bien poco renuncio, o mejor, a nada renuncio, si no lo que
viene a cambio es la misma presencia de Jesús, Hijo de Dios, y de mis hermanos
con los cuales iniciamos la Comunidad del Reino.
Soy seguidor de
Jesús
y a su vida yo me
apunto;
de Jesús y nadie
más,
yo, Ciudadano del
mundo.
Para ir en pos de
él,
caminando los dos
juntos,
su cruz ha de ser
la mía,
su triunfo será mi
triunfo.
Jesús pide lo que
nadie
puede pedir a
ninguno:
que deje todos los
bienes,
incluso el propio
columpio.
Mi horizonte solo
Dios,
yo solo, pobre y
desnudo;
mi riqueza solo
él,
y lo demás todo
mudo.
Solo Dios, que es
mi Jesús,
hombre del siglo
futuro,
cuando todo ha
renacido
y viene el nuevo
incorrupto.
La familia es
sangre y vida,
mas no el valor
absoluto,
y Jesús es mi
familia
mas firme que lazo
alguno.
Familia soy de
Jesús,
si a su reinado me
uno,
para hacer su
voluntad
antes que todos
mis gustos.
Antes que el padre
y la madre,
deberes que Dios
dispuso,
antes que el hijo
y la hija,
tiene su trono y
su culto.
Y en el mundo que
es mi casa,
mi trabajo y pan
seguro,
mi Jesús es el
primero,
quien marca y guía
mi rumbo.
Mi Jesús es Dios
conmigo,
es mi hoy y es mi
futuro,
la vida divinizada
en este trajín
confuso.
Y por él me he
decidido
rompiendo todos
los nudos,
él es el bien de
los bienes,
por él a todo
renuncio.
Pero Jesús es promesa
y para esta vida
incluso,
él ha de ser mi
riqueza,
mi bienestar más
profundo.
Jesús no hiere al
llamar
y promete un suave
yugo,
él es manjar y
dulzura
y vivirlo es
nuestro júbilo.
Jesús es hogar de
hermanos
que caminan al
unísono;
las alegrías
ajenas
como mías las
disfruto.
Jesús es mi maravilla,
victoria de los
sepulcros,
la luz de la nueva
era,
gozo sin fin, todo
puro.
De Nazaret,
Galilea,
el que en esta
tierra anduvo,
el que cerradas
las puertas
vino vivo entre
los suyos.
El Viviente, el
inmanente
más adentro de mi
pulso,
mi Jesús del
Evangelio,
mi luz, mi paz y
mi escudo.
Mi Jesús del
seguimiento,
presto estoy, y
aquí te escucho;
seré yo tu
seguidor
si contigo me
haces uno. Amén.
Cuautitlán Izcalli,
sábado 3 de septiembre de 2022.
25 Mucha gente acompañaba a Jesús; él
se volvió y les dijo: 26 «Si alguno viene a mí y no pospone a su
padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas,
e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. 27 Quien no carga
con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío.
28 Así, ¿quién de vosotros, si quiere
construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene
para terminarla? 29 No sea que, si echa los cimientos y no puede
acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, 30 diciendo:
“Este hombre empezó a construir y no pudo acabar”. 31 ¿O qué rey, si
va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez
mil hombres podrá salir al paso del que lo ataca con veinte mil? 32
Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir
condiciones de paz.
33 Así pues, todo aquel de entre
vosotros que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.
Hermanos:
1. Jesús ha
emprendido el camino de Jerusalén. Va camino de la Pasión y la muerte, y mucha
gente le acompañaba. Esta es la circunstancia que nos da san Lucas para
introducir las palabras de Jesús, que están dichas con un lenguaje cortante,
que suena como detonación en nuestros oídos:
Si alguno viene a
mí y no “odia” a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus
hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo… El odio siempre es
pecado: no se puede odiar al padre ni a la madre, al hermano o a la hermana; no
se puede odiar uno a sí mismo. ¿Por qué emplea Jesús este lenguaje? ¿Es que no
hay otra manera más suave de hablar?
Es lo que ocurre
con otras expresiones semejantes: Si tu ojo derecho te induce a pecar, sácatelo
y tíralo (Mt 5,29); Si tu mano derecha te induce a pecar, córtatela y tírala
(Mt 5,30). Es evidente que Jesús no nos manda arrancar el ojo derecho y
tirarlo, cortar la mano derecha y tirarla. Pero Jesús no nos está diciendo: Si
u ojo te escandaliza, ten cuidado…, no te expongas. No está diciendo eso, sino
algo muy distinto: Si tu ojo, si tu mano, si tu pie te induce a pecar, ¡alto
ahí!: es el momento de tomar una decisión total, por mucho que te cueste.
Pues con esa misma
energía están hablando Jesús del seguimiento: Si alguno quiere ser mi
discípulo, si quiere venir en pos de mí, sepa a qué se compromete. En la vida
hay que hacer elecciones, y estas decisiones pueden ser semejantes a un corte
mortal.
Un falso sabio
puede venir a corregir las palabras de Jesús, y darle la vuelta a lo que Jesús
ha dicho: Si tú quieres ser discípulo de Jesús, tienes que amar más a tu padre,
a tu madre; amar más a tu esposa, a tus hijos…; amarte más a ti mismo. Esto es
verdad, pero este tipo de psicología no ha empleado Jesús para hablarnos de las
exigencias del seguimiento.
Su lenguaje ha
sido contrario, y tenemos que respetar lo que él ha dicho.
2. Jesús nos está
diciendo: piensa bien a lo que te comprometes. Y nos pone dos parábolas: la
parábola del constructor que proyecta un gran edificio, y la parábola del rey
militar que sale a la guerra.
¿Yo puedo
construir un edificio que me va a costar 100 millones, si no dispongo más que
de 50?
¿Un rey puede
salir a combatir a su enemigo que viene con 20.000 sodados, si él no cuenta más
que con 10.000?
No es posible. La
batalla está perdida antes de empezar; hay que llegar a un arreglo como sea.
Algo de esto estamos viendo desde hace seis meses cumplidos, la guerra entre
Rusia y Ucrania. ¿Quién va ganando el que más armamento tiene?
3. La conclusión
final de Jesús es limpia y terminante: todo aquel de entre vosotros que no
renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.
Tratemos de
desmenuzar esta frase, que contiene todo el programa.
Lo primero que
salta a los ojos es que Jesús está hablando como nadie ha hablado igual antes
de él. En el Antiguo Testamento se habla de grupo espirituales, así, por
ejemplo, grupo de profetas. Isaías ha hablado de sus discípulos, los discípulos
que Dios me dio; pero nadie ha tenido la osadía de poner tales exigencias.
Jesús está hablando no como sabio, ni profeta, no como líder de un movimiento
renovador; Jesús está hablando como Hijo de Dios. Dios es el único que puede pedir
todo nuestro amor, y es esto lo que está pidiendo Jesús.
Esto está
indicando que él se presenta como el mayor valor que el hombre puede alcanzar;
por él podemos dejarlo todo. Tiempo habrá para decir que al dejarlo todo por
él, no dejamos nada, porque lo que nos viene encima es infinitamente más que lo
que dejamos: el ciento por uno en esta vida y en la otra vida eterna.
Tengamos muy
presente que Jesús no está hablando de un sector de valientes, sino del
discípulo sin más, del que quiere ser de verdad discípulo.
Jesús dice que hay
que renunciar a todos los bienes. La familia es un bien supremo de los bienes
de esta vida. Entre la familia y Jesús, yo me quedo con Jesús.
Pero ahío termina la cosa, ni mucho menos. Jesús
añade: incluso hay que renunciar a uno mismo. Yo soy yo con todas mis virtudes
y defectos, pero el corazón humano es un revoltijo de sublimes
aspiracionesy tristes miserias. Para
ser discípulos de Jesús, hay que entregarle al Señor todo el ser: todas las
cualidades y todos los defectos.
Yo soy ambicioso y
dominante, y el Señor me quiere humilde, servicial, el último de todos. Si yo
quiero ser discípulo de Jesús, he de estar dispuesto a que él sea el dueño
total de mi corazón.
Decía antes,
hermanos, que, en otro momento podríamos hablar de las promesas que hace Jesús
a los verdaderos. Recordemos aquella escena de Pedro, cuando aquel pretendiente
que quería seguir a Jesús no se atrevió a dejar todo y darlo a los pobres:
28
Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos
seguido». 29 Jesús dijo: «En verdad os digo que no hay nadie que
haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras,
por mí y por el Evangelio, 30 recibirá ahora, en este tiempo, cien
veces más —casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con
persecuciones— y en la edad futura, vida eterna (Mc 10,28-3-0).
Seguir a Jesús,
hermanos, es entrar en una órbita diferente: de valores, de opciones, de sueños
y proyectos. Es entrar en un mundo iluminado – el mundo que Dios ha proyectado
y Dios quiere – que nos lleva a la verdadera humanización del ser y de la
sociedad. Si no pasamos aesta órbita
nos debatimos en mil discusiones políticas sin acabar nunca de entendernos.
Hoy leemos una
reflexión de un sabio en el libro de la Sabiduría, que se expresa así:
11Los pensamientos de los mortales son frágiles | e
inseguros nuestros razonamientos,
…
12Si apenas vislumbramos lo que hay sobre la tierra | y
con fatiga descubrimos lo que está a nuestro alcance, | ¿quién rastreará lo que
está en el cielo?,
13¿quién conocerá tus designios, si tú no le das
sabiduría | y le envías tu santo espíritu desde lo alto?
4. Hermanos, Jesús
ha hablado a aquellas gentes sencillas de Galilea, muchos de ellos analfabetos:
Vosotros soy la luz del mundo, vosotros sois la sal de la tierra.
Esta es nuestra
vocación de discípulos.
Concluyamos,
mirando a Jesús, cara a cara, corazón a corazón:
Jesús, que caminas
valeroso hacia Jerusalén, te damos gracias por habernos elegido como
discípulos, desde el puesto en la vida en que nos encontramos, queremos ser
discípulos con todas tus exigencias, muy convencidos de que contigo tenemos
todos los bienes. Amén, aleluya.
“Escucha
la voz de la creación” es el tema y la invitación del Tiempo de la Creación de
este año. El período ecuménico comienza el 1 de septiembre con la Jornada
Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, y termina el 4 de octubre con
la fiesta de san Francisco…
Así
comienza la carta escrita por el Papa (16 julio 2022, Fiesta de la Virgen del
Monte Carmelo).
En
el tercer año de su ministerio el Papa escribió una carta sorprendente: Laudato
si´, Alabado seas, mi Señor, tomando unas palabras de san Francisco. Una
encíclica “sobre el cuidado de la casa común”. ¿Acaso lo más novedoso de su
pontificado? Acaso.
Desde
el Evangelio nos abre horizontes nuevos. Nos invita a mirar a la creación como
Jesús la miraba. Jesús pertenece a la creación, al grado que él mismo se ha
hecho comida y bebida, que pasa a nuestras almas y cuerpos.
San
Francisco ha sido un ejemplo singular. Al ver a Dios presente en todas las
criaturas, al sol, a la luna, al agua, los ha llamado hermano sol, hermana
luna, hermana agua. Y a la tierra la ha llamado hermana madre tierra.
Con
estos sentimientos va esta rima espiritual para este Día de Oración por el
cuidado de la Creación.