El detalle del amor
El Evangelio del miércoles de la III semana de Cuaresma es Mt 5,17-19. Jesús tiene este rotundo principio: “17 No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud”. Dios no se contradice a sí mismo en su propia historia con el hombre. Jesús ciertamente no repite a Moisés, ni continúa a Moisés, pero no lo contradice, sino que lleva a “plenitud” el mensaje iniciado por Dios en Moisés. El rotundo principio lo reafirma Jesús con dos comparaciones.
La primera, la del cielo y la tierra: “18 En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley”.
La segunda, la de los mandatos mínimos: “19 El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes [literalmente: mínimos] y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos”.
Y en este punto nos da una promesa: “Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos”.
La doctrina de Jesús sobre la Ley y el Evangelio ciertamente no se entienden sin una iluminación del Espíritu. Es un gran tema de la Teología del Nuevo Testamento, y en particular de la teología paulina.
Al eco de las palabras de Jesús queremos fijarnos en un punto muy particular: lo pequeño, lo aparentemente insignificante como expresión fuerte del amor fiel. Queremos indagar en “el detalle” como expresión pura, delicada, muy fina, del amor. Una flor cultivada en mi jardín y regalada como obsequio de cumpleaños puede ser más significativa que un obsequio costoso adquirido en el comercio: es más mío, más entrañable, más cargado de simbolismo.
Con Jesús pasó la Ley, con sus innúmeros mandamientos (613 según cuenta que hizo la tradición rabínica), Ya Jesús es toda la Ley. Pasaron los mandamientos, pero no pasaron ni pasarán los detalles del amor. Los detalles son gestos, símbolos, minucias, todo ello cargado de sentido. El detalle del símbolo genera el rito. No estará de más citar a El Principito (1943) de Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944), cuyo tema central es la amistad. Dice el Zorro a el Principito:
“Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito? -dijo el principito.
-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días: una hora, de las otras horas”.
La liturgia – la celebración eucarística en concreto – en lenguaje y lenguaje y gestos está llena de detalle que son rito y símbolo, y que uno en la fe puede vivirlos como detalles muy delicados de amor. Dar “culto al culto” es la corrupción del culto. Pero inventar lo que a mí me place es saltarse los detalles del amor, del verdadero amor.
El detalle del amor,
o saben bien los amantes,
y el detalle de la Ley
Jesús lo cumple y lo sabe.
El más pequeño precepto,
si es por amor. no lo saltes,
que caerán cielo y tierra
antes que llegue a borrarse.
Qué dulce poder decir,
a Jesús, y qué agradable:
Como pequeño te amo
en algo insignificante.
Y tú eres, Jesús, mi presencia,
de noche, mañana y tarde,
eres aliento y palabra
y escrito sin vanidades.
Por la fe que es maravilla,
estás, Señor, a mi alcance;
eres siempre lo real
y el corazón por ti late.
El tamaño del amor
no se mide en cantidades,
la vida es muy pequeñita,
pero aguarda eternidades.
Y el amor, si amor se llama,
es filigrana de encaje,
hilitos cuan más delgados
tejen más bella la imagen.
* * *
Yo vengo a la Eucaristía
para cantar mis cantares,
y quiero siempre vivirla
como humilde celebrante.
Como sabio sin estudios,
que entiende rito y mensaje,
y al proclamar la Palabra
se goza por escucharte.
Y cuando viene el Espíritu,
fuego que del cielo cae,
adorar gloriosamente
a Dios hecho Cuerpo y Sangre.
El amor se hizo concreto,
que no es celeste paisaje,
se hizo mío y verdadero
se hizo carne de mi carne.
Dios es mío en mis dominios,
Invisible e Inenarrable;
no hay palabras que lo digan
ni cantos para cantarle.
Una corriente de Pascua
en estos momentos nace,
y se inicia el mundo nuevo
que me arrebata en su trance.
Dios es vida, vida mía,
la Parusía se abre,
que el divino Sacramento
trae el cielo a los altares.
Y ¿qué detalles de amor
habremos de tributarle?
En un silencio sencillo,
dejemos que él nos hable.
Y luego lo cotidiano,
lo normal y sin alarde´
sea el detalle de amor
que ningún día se acabe.
Señor de mi calendario,
que en humildes te complaces,
a esa familia me ajunto
en busca de tus bondades.
Vivir en amor anhelo
y con mi vida anunciarte,
y solo pido una cosa:
que como hijo te agrade. Amén.
Cuautitlán Izcalli, 15 marzo 2023,
Martes de la III semana de Cuaresma.