martes, 9 de abril de 2024

1962. El Silencio ante la Eucaristía. Congreso Eucarístico Parroquial. Tezontepec 2024

Parroquia de San Juan Bautista, Tezontepec, Hgo.

Jubileo Parroquial del 31 de Marzo al 15 de junio

Congreso Eucarístico Parroquial 2024 (4 etapas)

7mo. Aniversario de Adoración Perpetua

"Señor has de mi tu fiel Adorador, hasta que mi corazón descanse en ti."

 

 

EL SILENCIO

(ANTE LA EUCARISTÍA)


Introducción

Con la gracia de Dios me dispongo a compartir con ustedes unos pensamientos espirituales en torno a estas dos palabras: Silencio ye Eucaristía.

Antes de entrar directamente en tema, déjenme expresar con cortesía y sinceridad el agrado que siento por poder estar entre ustedes y rendir este homenaje a Jesús Eucaristía. Seguramente que la invitación vino porque algunos de ustedes acudieron al Congreso Eucarística nacional que en el mes de noviembre se celebró en la ciudad y diócesis de Cuautitlán. El himno que allí se cantó me lo habían encargado a este servidor de ustedes, y un maestro competente le puso la música vibrante, que allí resonó. La dirección me invito a que presentara la letra del Himno. Sin papeles escritos lo hice, y di testimonio de que mi padre, que murió muy joven, cuando iba a cumplir 40 años, era de la Adoración nocturna. En aquella fecha yo ya había ingreso en el Seminario, como Niño Seráfico. Les conté qué impresión me producía mi padre cuando yo de pequeño le veía que volvía del campo con el cansancio del día y como tocaba la adoración, no faltaban. Sin palabras aquel ejemplo, aquella fe que yo veía en él, penetró en mi corazón. Murió tan joven y en el altar de mi corazón yo siempre lo he tenido por un santo. Me hace ilusión cuando en el libro de la adoración nocturna de España hay unos himnos (crep que son cinco) que, sin haberlos presentado yo, son himnos de mi autoría. Sin que nadie lo haya pretendido me parecen que son un bello homenaje eucarístico a mi padre.

Estas circunstancias afectivas, que las puedo referir con sencillez, provocan en mí un especial agrado cuando se tratar de venerar al santísimo Sacramento del altar. Acaso por todo ello, me pidieron un himno para este Congreso Eucarístico Parroquial, y ahora voy a tener el gusto de oírlo cantar con las voces enamoradas de un coro competente. Gracias por todo ellos.

Así las cosas, pasemos directamente al tema que nos ocupa: el silencio en torno a la Eucaristía. La Eucaristía es un misterio, el misterio cristiano esencial, que contiene todos los misterios, misterio envuelto en el silencio. Adorar es amar en silencio, porque no hay palabras que puedan expresar la admiración a lo infinito, que provoca algo que sobrepasa todas nuestras capacidades de conocimiento y de adhesión.

 

I - Primer punto: la Eucaristía, secreto del arcano

La Iglesia ha entendido que la Eucaristía es el secreto del arcano, que debe guardarse en silencio, y que no puede declararse sino a los iniciados, cuando ya van adelantados en su camino de la fe.

Jesús nos advirtió: “No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; no sea que las pisoteen con sus patas y después se revuelvan para destrozaros” (Mt 7,6). ¿A quién puedo decir yo que el Hijo de Dios está en la Eucaristía y que este sacramento de amor es real y verdaderamente la celebración de la Pasión, muerte y Resurrección de Jesús, que vive y reina con el Padre en los cielos? Me dirán, como lo más suave, que estoy loco, que estoy viviendo una fantasía que a nada conduce.

Efectivamente, la Eucaristía es la locura de Dios por sus Hijos. Es el Sacramento del Gran Deseo, es el remate de toda la obra divina de Dios con sus hijos, es la desembocadura del misterio de la Encarnación, es la herencia que Dios ha dejado en la tierra hasta su vuelta; es la última palabra que Dios nos ha dado y que nunca se podrá agotar. La Eucaristía dice el Concilio, hablando a los Presbíteros, contiene todos los bienes. Esto es lo que celebramos, lo que palpamos, lo que tocamos, lo que comemos y bebemos.

A uno que ha vivido en el paganismo, que ha venerado a los dioses paganos, yo no se lo puedo decir de repente, porque a lo mejor me entendería que estoy hablando de un nuevo dios que aparecido en el Olimpo. Los griegos, a los que Pablo predicaba tenían muchos dioses:

1. Zeus, dios del cielo y soberano del Olimpo

2. Poseidón, dios de los mares y océanos

3. Hades, dios del inframundo

4. Hermes: el mensajero de los Dioses

5. Hera: Reina de los Dioses

6. Hefesto: Héroe de los Dioses

7. Dioniso: dios del vino y de la vida

8. Atenea: diosa de la sabiduría

9. Apolo: dios del Sol

10. Artemisa: diosa de la caza

11. Ares: dios de la Guerra

12. Afrodita: diosa de la belleza y el amor

Y en estos dioses estaban todos los mitos y pasiones de los hombres: el poder, la lujuria, la guerra, la venganza. Y estos dioses veneraban plebeyos e intelectuales, mentes privilegiadas que podían escribir poemas y tragedias de la actuación de la divinidad con los mortales.

San Pablo, cuando fue a Atenas, a evangelizar, encontró un altar con una dedicatoria misteriosa: Al Dios desconocido. No queremos ofender a otros pueblos y a lo mejor hay otro dios poderoso que nosotros no conocemos.

Y con este panorama, con estas enseñanzas que han recibido los ciudadanos, ¿yo voy a decir que hay un Dios Eucaristía, que se ha hecho comida en el pan y bebida en el vino, y yo como el Cuerpo del Dios verdadero y bebo la Sangre de un Dios que ha muerto por mí? O será un dios más para el Olimpo o una locura que de plano hay que rechazar.

En la primera generaciones cristianas solo después del bautismo eran admitidos a la Eucaristía; de manera que en la reunión o synaxis sagrada los catecúmenos asistía a las lecturas y homilía, y, terminada esta primera parte, el Obispo decía: Salgan los no bautizados. No estaban todavía preparados para entender el secreto del arcano. Silencio, adoración ante el sublime misterio.

Hay otro hecho para entender lo mismo. Cuando se estudia la arqueología cristiana, vemos que los primeros crucifijos tardaron siglos en aparecer. Hasta el siglo IV y V no se venera a Jesús en la Cruz. ¡Cómo voy a representar yo a crucificado desnudo, que es la imagen de un malhechor como emblema de la religión que profeso! Hoy nos parece tan natural y hermoso el ver a Jesús en la cruz de esa forma, y hasta nos infunde piedad…, pero, repito, para llegar a esta imagen pasaron muchas generaciones.

De todo cuanto vamos diciendo se desprende una conclusión: asombro ante la Eucaristía.

Hace 20 años, el Jueves Santo del año 2003, el Papa San Juan Pablo II escribió una hermosa encíclica Ecclesia de Eucharistía, y allí nos habló del decoro y asombro ante la Eucaristía, pensamiento repetido posteriormente por los Papas siguientes. “Como la mujer de la unción en Betania, la Iglesia no ha tenido miedo de « derrochar », dedicando sus mejores recursos para expresar su reverente asombro ante el don inconmensurable de la Eucaristía”  (n. 48).

El asombro es el primer contacto místico ante lo divino. En el Congreso Eucarístico Nacional, citado al principio, lo que más me impresionó fueron los gestos de adoración, al exponer el Santísimo Sacramento, en el salón, cuando la mesa de presidencia se transformada en altar: cómo muchos fieles, lo mismo mujeres que hombres, se acercaban de rodillas para adorar a Jesús con una reverencia que era muy visible en las posturas humildes de adoración.

La Eucaristía es lo más adorable que tenemos en la tierra. No podemos transformarla en espectáculo. Esas misas televisadas, a veces con millares de asistentes en un stadium, no puede ser espectáculo sagrado. Es otra cosa diferente y muy distinta.

Me vienen a la memoria las palabras que escribía san Francisco en una carta dirigida a toda la Orden: “¡Tiemble el hombre entero, que se estremezca el mundo entero, y que el cielo exulte, cuando sobre el altar, en las manos del sacerdote, está Cristo, el Hijo del Dios vivo (Jn 11,27)! ¡Oh admirable celsitud y asombrosa condescendencia! ¡Oh humildad sublime! ¡Oh sublimidad humilde, pues el Señor del universo, Dios e Hijo de Dios, de tal manera se humilla, que por nuestra salvación se esconde bajo una pequeña forma de pan! 28Ved, hermanos, la humildad de Dios y derramad ante él vuestros corazones (Sal 61,9); humillaos también vosotros para que seáis ensalzados por él (cf. 1 Pe 5,6; Sant 4,10). 29Por consiguiente, nada de vosotros retengáis para vosotros, a fin de que os reciba todo enteros el que se os ofrece todo entero”.

 

II - Jesús, Palabra de Dios y Silencio de Dios

Ahora, de la Eucaristía, vamos a hacer memoria de lo que fue la vida de Jesús, a quien confesamos Hijo de Dios, y al Hijo de Dios lo llamamos Palabra de Dios. Jesús vino al mundo para entregarnos la Palabra de Dios, más aún, para entregarnos la última Palabra de Dios. De modo que después de que Jesús habló Ds no tiene más que decir, porque en su Hijo Jesús nos lo ha dicho todo. Hay unas frases célebres de san Juan de la Cruz: ““Porque en darnos como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola palabra, y no tiene más que hablar”.

Es equivocado decir que después de Jesús Dios nos reveló nuevas verdades que no las había revelado en Jesús. Cosa diversa es pensar que el Espíritu Santo nos ha ido recordando y explicando y aclarando lo que en un primer momento lo que los Apóstoles no habían entendido.

Así, pues, Jesús es el revelador total del Padre. ¿Qué nos revela? Quién es Dios: nos revela que Dios es su Padre y nuestro Padre, revelación no alcanzada en el Antiguo Testamento. Nos revela quién es él. Y nos revela quiénes somos nosotros. He aquí la revelación completa. Pero al acércanos a los Evangelios, encontramos dos hechos sorprendentes.

Primero: Que en ocasiones, al hacer un milagro, al manifestar de una manera esplendorosa que él irradia la divinidad, manda, y manda de una manera enérgica y taxativa, que no lo digan a nadie; manda guardar silencio.  Los exegetas han hablado del “secreto mesiánico” que Jesús impone. Un secreto, si es secreto, no se puede decir.

Segundo: Que al leer los Evangelio por una parte (Mateo Marcos, Lucas) y el cuarto Evangelio por otra parte (el cuarto Evangelio o Evangelio de Juan) el lenguaje de Jesús es diferente. En los Sinópticos el lenguaje de Jesús es el lenguaje de las parábolas, es el lenguaje de la vida, con mucha frecuencia con dichos incisivos, cortantes, paradójicos. En cambio, en el lenguaje del cuarto Evangelio Jesús habla como un revelador celestial, y con palabra mayestáticas y sublimes que no pertenecen al lenguaje cotidiano. Allí encontramos, por ejemplo, un misterio “Yo soy”, como el Yo soy Yahveh de las manifestaciones de Dios en el Antiguo Testamento: Yo soy el Camino y la Verdad y la Vida; Yo soy el pan bajado del cielo, el que me come vivirá eternamente. Parecen dos tipos de Evangelios distintos, que hay que considerar aparte.

Aclaremos ahora eso primero que hemo dicho: Jesús impone silencio. He aquí lo que cuenta Marcos en uno de los primeros milagros, y con palabras semejante lo repite Mateo. Pero es más gráfico Marcos:

“40 Se le acerca un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». 41 Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio». 42 La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. 43 Él lo despidió, encargándole severamente: 44 «No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio». 45 Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes” (Mc 1,40-45).

La orden de silencio es severa: encargándole severamente: 44 «No se lo digas a nadie. Por respeto a la Ley Jesús ordena que se presente al sacerdote.

El evangelista nos relata la conducta del enfermo curado: No obedeció a Jesús, porque creyó que las obras de Dios había que proclamarlas con resonancia. Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho.

El lector se pregunta: ¿Por qué Jesús dio esa orden severa?  No creo que se pueda dar una respuesta táctica: Para que m dejen tranquilo… La razón tiene que ser más profunda: Si Dios está haciendo esta obra por mí, que lo cuente Dios mismo. Esto no es un negocio que se vende con propaganda. El Reino de Dios es sagrado y solo Dios lo puede entregar.  Jesús nunca va a hacer un milagro para recabar una ventaja para sí mismo. La gloria de Dios tiene que brillar ella sola y por sí sola.  Es un criterio que lo tiene que tener muy claro la Iglesia. No podemos hacer marketing. No podemos hacer propaganda con las cosas de la Fe. El Evangelio ha de ir lleno de milagros, y Dios puede hacer milagros por nuestras manos. En la misión a los Doce, cuando Jesús les envía a predicar, a preparar el camino, les dice: Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. 8 Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis (Mt 10,7-8). El anuncio va acompañado de milagros, pero que sea Dios mismo el que actúe y convenza. Dejémoslo todo en sus manos. A renglón seguido dice el mismo Evangelio de la misión: “9 No os procuréis en la faja oro, plata ni cobre; 10 ni tampoco alforja para el camino, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento (vv. 9-10). Hay un Dios en el cielo que es Padre y va a proveer.

 

Este episodio que hemos mencionado, no es un ejemplo aislado; es un modo de conducta que se repite. He aquí otro episodio de los Sinópticos:

22 Llegaron a Betsaida. Y le trajeron a un ciego* pidiéndole que lo tocase. 23 Él lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano, le untó saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?». 24 Levantando los ojos dijo: «Veo hombres, me parecen árboles, pero andan». 25 Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado y veía todo con claridad. 26 Jesús lo mandó a casa diciéndole que no entrase en la aldea” (Mc 8,22-26).

Órdenes que parecen imposibles de cumplir. Yo estaba ciego y ahora veo, ¿cómo lo voy a ocultar…! Nos quedamos, pues, atónitos ante ese misterio que Jesús lleva consigo

Lo que vamos diciendo nos va a resultar más secretos si pasamos al episodio de la Transfiguración, que nos cuentan con esplendor Mateo, Marcos y Lucas. La vida de Jesús va avanzando. El Maestro ha producido un enorme entusiasmo, pero es verdad que con el entusiasmo va el rechazo. Y esta oposición se ha acentuado entre los dirigentes. Otros que al principio fueron discípulos se van retirando, como dice Juan al narrar la multiplicación de los panes. En la vida de todo ser humano hay momentos fuertes, que requieren pausa, reflexión y oración. Y bien podemos situar el episodio de la Transfiguración como uno de esos momentos de la vida de Jesús. Jesús necesita orar, y para nuestra sorpresa escoge a tres confidentes, a los mismos que va a escoger en el momento del huerto de la agonía. Jesús no ha ido al monte a transfigurarse, a vivir una especie de espectáculo sagrado, que apoye a los confidentes en el momento de la prueba. San Lucas nos dice con palabras claras y explícitas para qué fue al monte Jesús

“Unos ocho días después de estas palabras, tomó a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto del monte para orar” (Lc 9,25). Los tres primeros Evangelios nos cuenta la confesión de Pedro. A la confesión de Pedro sigue un mandato y el primer anuncio de la Pasión: “Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie, 22 porque decía: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día»” (Lc 9,21-22). Inclusive Lucas coloca aquí unas frases tajantes del seguimiento dirigidas a todos: “Entonces decía a todos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su      cruz cada día y me siga. 24 Pues el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mi causa la salvará” (vv. 23-24).

En tales circunstancias Jesús tiene la necesidad de retirarse a orar. Es la hora de la prueba, para él y para los que quieran seguirle. Jesús no sabe lo que va a ocurrir. Necesita orar como el pan de cada día. Y he aquí que durante la oración lo que llevaba adentro sale afuera. Llevaba adentro la intimidad con el Padre, que convierte su alma en alma luminosa. Llevaba adentro una conversación misteriosa; llevaba los testigos de la fe que le habían precedido en el camino de Dios. San Lucas nos ha dicho de qué conversaban.

29 Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió y sus vestidos brillaban de resplandor. 30 De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, 31 que, apareciendo con gloria, hablaban de su éxodo, que él iba a consumar en Jerusalén. 32 Pedro y sus compañeros se caían de sueño, pero se espabilaron y vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. 33 Mientras estos se alejaban de él, dijo Pedro a Jesús: «Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías». No sabía lo que decía. 34 Todavía estaba diciendo esto, cuando llegó una nube que los cubrió con su sombra. Se llenaron de temor al entrar en la nube. 35 Y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el Elegido, escuchadlo». 36 Después de oírse la voz, se encontró Jesús solo” (Lc 9,29-36).

No había pasado nada, habiendo `pasado todo. Ahora todo era igual; ningún resplandor, ningún personaje misterioso: Jesús, Pedro, Santiago y Juan. Esto es la vida. No pasa nada; lo ordinario, lo cotidiano es la crónica del día, Pero, a lo mejor, por dentro uno ha tenido una Transfiguración, o una conversión, que es algo semejante. Lucas concluye: “Ellos guardaron silencio y, por aquellos días, no contaron a nadie nada de lo que habían visto” (v. 38).

Pero san Marcos nos dirá por qué no contar nada a nadie, ni siquiera sus otros compañeros apóstoles. “Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. 10 Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos” (Mc 9,9-10). Tornamos a la misma reflexión: las cosas de Dios las tiene que contar Dios mismo. Hay un silencio que cubre el misterio del hombre), un silencio que nos acompaña en el camino espiritual de nuestra vida, en suma, un silencio que viene de Dios y que debemos hablarlo con Dios.

Jesús lleva un secreto de silencio, pero definitivamente rompe su silencio en la Pasión donde abiertamente declara lo que es y acepta la condena pro ser el Hijo de Dios.

“El sumo sacerdote, levantándose y poniéndose en el centro, preguntó a Jesús: «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?». Pero él callaba, sin dar respuesta. De nuevo le preguntó el sumo sacerdote: «¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?». Jesús contestó: «Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene entre las nubes del cielo». El sumo sacerdote, rasgándose las vestiduras, dice: «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?» Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?». Y todos lo declararon reo de muerte.  (Mc 14,60-64).

Esta es declaración más importante de Jesús. Esta es la única palabra, según san Marcos, que Jesús ha dicho ante el Sanedrín. Ya no hay nada que ocultar. Ante la suprema autoridad judía, que representaba la alianza de Dios con su pueblo, nada tiene que ocultar, y a voz unánime lo declaran reo de muerte. El texto sagrado continúa trágicamente: “Algunos se pusieron a escupirlo y, tapándole la cara, lo abofeteaban y le decían: «Profetiza». Y los criados le daban bofetadas” (v. 65). Y esta palabra de Jesús, tras su silencio, es la que ha pasado a la Iglesia. Sería un diálogo traidor, si la Iglesia quisiera presentarse como una Palabra más, como una oferta entre otras. Con humildad y corrección, sin prepotencia, la Iglesia no puede ocultar que en su corazón lleva al mundo una palabra única y definitiva: que Jesús y solo él es la Palabra salvadora. Acaso, como a Jesús le respondan con insultos y bofetadas, pero su verdad es esa: que Jesús, Hijo de Dios, es el Salvador.

Y ahora podemos entender mejor por qué san Juan escribe un Evangelio distinto, con un Prólogo revelador. El Evangelio de Juan comienza: “En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios” (1,1). El Verbo, la Palabra, no es la segunda persona de la Santísima Trinidad; el Verbo es Jesús de Nazaret.

Y todo el Evangelio, para el lector cristiano – no para el pagano – va a estar transido de esta luz. Jesús es, ante todo, el Revelador de Dios: “Yo y el Padre somos uno”, puede decir. “2Mi Padre, lo que me ha dado, es mayor que todo, y nadie puede arrebatarlas de la mano de mi Padre. 3Yo y el Padre somos uno»* (Jn 10, 29-30). Claro que el lenguaje de Jesús es distinto en los Sinópticos y en Juan. El personaje es el mismo, y la verdad es igual; lo que ocurre es que ahora, a través de las páginas de Juan, estamos escuchando al Jesús de la historia que habla hoy a la iglesia desde el cielo, desde su resurrección.

Así, pues, la vida de Jesús es una evidente, gloriosa y salvadora Palabra desde un misterioso silencio. Solo la Fe hace el contacto.

 

III - La Eucaristía, Presencia, Palabra y Silencio

Vengamos ahora al momento en que nace la Eucaristía y se entrega a la Iglesia para manifestar cómo la Eucaristía es un misterio, el Misterio del Señor, que es presencia y Revelación, Palabra y Silencio.

Como bien sabemos, la Eucaristía nace en la celebración de la cena Pascual, que todo fiel israelita celebraba. Tantas veces cuantos años de vida había celebrado Jesús la Cena pascual, primero con su familia, luego con el grupo de los apóstoles. Con todo no ha quedado el recuerdo sino de una, que es la última Cena del Señor. Esta Cena había sido preparada proféticamente, como la entrada mesiánica en Jerusalén.

Venimos a Marcos: “32 El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a Jesús sus discípulos: «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?». 13 Él envió a dos discípulos diciéndoles: «Id a la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, 14 y en la casa adonde entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?”. 15 Os enseñará una habitación grande en el piso de arriba, acondicionada y dispuesta. Preparádnosla allí». 16 Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho y prepararon la Pascua” (Mc 14,32-36). Lucas nos dirá que estos dos discípulos fueron Pedro y Juan, lo cual tiene su significado.

Es, pues, Jesús el que dirige los acontecimientos. De nuevo Lucas nova a dar la clave esencial para esta Cena como la Cena del Gran Deseo. Oigamos:

 

“14 Y cuando llegó la hora, se sentó a la mesa y los apóstoles con él 15 y les dijo: «Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer, 16 porque os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el reino de Dios». 17 Y, tomando un cáliz, después de pronunciar la acción de gracias, dijo: «Tomad esto, repartidlo entre vosotros; 18 porque os digo que no beberé desde ahora del fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios». 19 Y, tomando pan, después de pronunciar la acción de gracias, lo partió y se lo dio, diciendo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía». 20 Después de cenar, hizo lo mismo con el cáliz, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros” (Lc 22,14-20).

Las primeras versiones, de Marcos y Mateo, se utiliza en la consagración del vino la expresión “pro multis”.  La Iglesia desde tiempo inmemorial utiliza la fórmula: “qui pro vobis et pro multis effundetir in remissionem peccatorum”. No es el momento de hacer una disquisición teológica de un tema, decidido pro la Iglesia, y estudiado con la mayor precisión y competencia.  Lo que sí debemos tener en cuenta es que Jesús, mediante sus palabras, y la entrega del “Comed” y del “Bebed” actualiza de un modo nuevo y definitivo el sentido de la Pascua, haciendo que el don de sí mismo sea el verdadero sentido de la Pascua; y además, al decir, que la sangre es derramada “pro multis”, está refiriéndose al Siervo de Yahweh (Is 53,11), que es entregado para el perdón de los pecados. Mirada, pues, esta Cena Pascual, desde la altura de vida de Jesús, y hoy desde la altura de la vida de la Iglesia, confesamos y decimos:

Primero: Esta Cena del Señor en la cual él se entrega es la desembocadura de toda la vida del Señor, es decir, de todo el misterio de la Encarnación; y con ello la desembocadura de toda la historia de la salvación, desde la creación del mundo.

Segundo: Y también, al decir y mandar que hagamos esto en memoria suya, nos revela que toda la magnitud de la fe está revelada y contenida en el Sacramento, hasta su vuelta. Todo Jesús y su obra lo tenemos los cristianos en la celebración de la Eucaristía, en la Fracción del Pan, en el Sacrificio de la Santa Misa. Jesús Resucitado, Jesús pascual, está plena y eficazmente en el Sacramento – mysterium fidei – que celebramos: Este es el Sacramento de nuestra Fe.

Tercero: Y, en consecuencia, al comer el Pan, al beber el vino, Jesús nos da un tipo de unión con él mayor que el cual no puede darlo.

Estamos acostumbrados a decir que la Eucaristía es uno de los siete sacramentos. Quizás no sea correcto este lenguaje. Ahora desde el Concilio se ha puesto en marcha otra expresión: la Eucaristía es la fuente y culmen (Fons et culmen) de la Iglesia. Eso lo entendemos mejor.

Y como estamos hablando del Silencio, bien podemos decir: La Eucaristía, misterio sin fondo, es el misterio del silencio de Dios, al mismo tiempo que es la última Palabra de Dios, hasta la vuelta de su Hijo.

En este momento y antes de pasar a la Adoración de la Eucaristía presente en el Sagrario o llevada en procesión o expuesta en la Custodia, quiero traer un texto célebre de San Ignacio de Antioquía, mártir sobre el año 110 de nuestra era, Padre Apostólico de primera categoría.  En su Carta a los Efesios escribe:

“XV. Más vale callar y ser que hablar y no ser. Está bien enseñar, si aquél que habla hace. No hay, pues, más que un solo maestro, aquél que "ha hablado y todo ha sido hecho" y las cosas que ha hecho en el silencio son dignas de su Padre. 2. Aquél que posee en verdad la palabra de Jesús puede entender también su silencio, a fin de ser perfecto, a fin de obrar por su palabra y hacerse conocido por su silencio. Nada es oculto al Señor, sino que hasta nuestros mismos secretos están cerca de Él. 3. Hagamos, pues, todo como aquellos en quienes Él habita, a fin de que seamos sus templos, y que Él sea en nosotros nuestro Dios, como en efecto lo es, y se manifestará ante nuestro rostro si lo amamos justamente”.

Desde este mensaje nace un gran tema en la literatura espiritual del siglo II: El Silencio de Dios. De él hablan san Justino y san Ireneo.

Retengamos esta frase de san Ignacio: Aquél que posee en verdad la palabra de Jesús puede entender también su silencio, a fin de ser perfecto.

¿A qué se refiere este silencio de Jesús, que dice san Ignacio, por el cual ha obrado obras dignas de su Padre? Las interpretaciones son múltiples: la vida oculta: la mayor parte de la vida de Jesús es silencio; la prohibición de publicar sus milagros, como hemos visto; el silencio de la Pasión ante Pilatos; o, quizás más atinadamente, el silencio de la divinidad ante los sufrimientos de la humanidad del Redentor: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado…?

De cualquier manera, este silencio salvífico de Jesús, que agrada al Padre, nos invita a pensar que las obras de Dios no van de acuerdo con la espectacularidad y propaganda. La creación entera es un misterio canto de silencio, pues por medio de ese silencio el cielo pregona la gloria de Dios y el firmamento la obra de sus manos.

Si nos acercamos a la Eucaristía, al punto advertimos que es un infinito misterio de silencio. Que al Eucaristía es infinitamente más que lo que se puede decir, y que ante este misterio mejor que hablar es callar, es decir adorar. Paso, pues, a tratar este aspecto: La adoración al Santísimo Sacramento.


IV - Un adorador: LAS PALABRAS DEL SILENCIO

Quiero hablar de este punto no con palabras mías, sino con el ejemplo edificante, de un adorador nocturno, un nombre de mi tierra de La Rioja, en España, que ustedes seguramente no han oído: Alberto Capella Zuazo.

He aquí cómo la Hoja informativa diocesana para su canonización presenta la figura de este cristiano, padre de familia, labrador, adorador nocturno:

Nace en Santo Domingo de la Calzada, La Rioja, el 7 de agosto de 1888. Contrae matrimonio con Isabel Arenas Mahave el 30 de junio de 1909. Labrador y padre de ocho hijos. Muere santamente en su ciudad natal el 24 de febrero de 1965. Vive una vida cristiana corriente hasta que se convierte de lleno a Dios, en 1919.

A los pocos meses ingresa en la Adoración Nocturna. Su temple de Adorador queda avalado por los 15 años de Presidente, 660 noches ante el Santísimo, y su promoción a Veterano y Veterano Constante. A su extraordinario amor a la Eucaristía y a la Virgen, une inseparablemente su predilección por los pobres. Les construye un refugio en 1928, que él llamará “recogimiento”, donde personalmente les atiende hasta su muerte: “¡Cuántas veces he tenido la gran dicha de llevar a Cristo sobre mis espaldas en la persona del pobre!”. Todo en su vida lo valora a la luz de la fe. Un seglar de nuestro tiempo que cuidó la oración y el amor a sus hermanos los pobres. San Juan Pablo II el 6 de abril de 2000 el Decreto de Virtudes Heroicas, por ello ya es Venerable. ¡Ahora es cuando más se necesita orar con fe para obtener ese milagro que la Iglesia exige para su Beatificación.

 

Testimonio en torno a sus escritos:

Este labrador tuvo su confidente espiritual, su director espiritual, un religioso claretiano que vivía en la comunidad que tenían en aquel pueblo de Santo Domingo de la Calzada. Con el correr de los años este P. Arroyo, claretiano (Hijo del Corazón Inmaculado de María. De S. Antonio María Claret) pudo contarnos algunas confidencias.

Como confesor, amigo y primer admirador de Alberto Capellán fui quien empujó a éste a que escribiera los dos cuadernos autobiográficos. Muerto ya el biografiado, fui también yo quien indicó a sus hijos que escribiesen cuantos datos y noticias recordasen de su padre, pues no era justo que desapareciese con los años el testimonio de una vida tan cristianamente ejemplar.

En enero de 1943, le ordena el P. Arroyo trasladar al papel lo más sobresaliente de su vida. Puntualmente, un mes después, Alberto entrega un cuaderno, escrito de su puño y letra. Al P. Arroyo le debió temblar el corazón al leer en aquellas páginas el alma santa y apostólica de su dirigido. El P. Arroyo comenta: “Yo veía que Alberto llevaba muchos años de vida santa. Sabía que se pasaba los días en continua unión con Dios. Le veía pasar por los campos con el pretexto de verlos, completamente abstraído. Yo iba tras ese mundo secreto que en él se adivinaba. No sé por qué me forjaba la idea de que Alberto era capaz de descubrirnos algo parecido a lo que hizo Santa Teresa al escribir su vida. Lo exterior y su conversión ya los conocía...Me interesaba enormemente su oración. ¿Cómo podía pasar días enteros y, digamos, años en aquella contemplación?”

Podemos ver cómo Alberto Capellán bebía del sagrario en sus horas de adoración, A modo de ejemplo, del material que se encuentra en la Hoja Informativa publicada en Internet he podido recabar algunos pensamientos, que podemos titular: “Palabras extraías del silencio”. Son perlas, pequeños pensamientos no de uno que ha leído libros para escribir, sino de un labrador que ha escuchado en silencio cómo Jesús habla desde el Sagrario.

Palabras extraídas del silencio

del Venerable Alberto Capellán Zuazo, Padre de familia, labrador y Adorador nocturno 1888-1965

(Santo Domingo de La Calzada, La Rioja, España). Textos tomados de la Hoja Informativa de su causa de Canonización, boletín que se publica en la diócesis de La Rioja (Calahorra-La Calzada y Logroño)

1)      El cielo está también en la tierra para las almas que viven su vida en íntima amistad con Dios por medio de su caridad y amor a los pobres. -Señor, que veamos al pobre como el mejor libro de tu doctrina (Boletín 58,59,60)

2)     En esta vida toda nuestra ilusión debe estar puesta en el bien obrar. La dulzura con el pobre, debe ir acompañada de una razonable severidad, y esto aún para conservar el prestigio que debemos tener con él y sin el cual no le podremos corregir. La debilidad de carácter mueve al desprecio y es escarnecida por los mismos que la explota. ¿Cuáles son los hijos insolentes y poco cariñosos?: los hijos mimados. Cuando sea necesario, debemos doblar, romper si es preciso, la voluntad del pobre, no con la nuestra, sino con la de Dios, que haremos prevalecer con cristiana firmeza (Boletín 61)

3)      ¿Quieres ser feliz?: acepta todas las cosas como venidas del cielo. No te impacientes nunca porque un deseo tuyo no se realice en el tiempo y en la medida que deseas. Vale más la paz y tranquilidad de la conciencia que disfruta un alma que vive en íntima amistad con Dios, que todos los placeres y riquezas que el mundo puede dar a los hombres. (Boletín 62).

4)     Vale más la paz y tranquilidad de conciencia que disfruta un alma que vive en íntima amistad con Dios, que todos los placeres y riquezas que el mundo puede dar a los suyos. Las excesivas preocupaciones terrenas nos turban la paz y nos perjudican para pensar en Dios y en nuestros destinos eternos (Boletín 62).

5)      No tiene más caridad el que más da, sino el que da con más amor. Si no amo a mi hermano, permanezco en estado de muerte, es decir en pecado grave, porque solo el pecado mortal puede quitar la vida del alma (Boletín 62)

6)     El que en el camino de la virtud no anda hacia adelante, vuelve hacia atrás, con el peligro o la desgracia mayor que cabe, de ser dominado o envuelto su pobre alma en la tibieza (Boletín 62).

7)      No es suficiente que seas sabio, además de buen cristiano, si no corriges las maneras bruscas de tu carácter. Si haces incompatible tu celo y tu ciencia con la buena educación, no entiendo que puedas ser Santo. Y, si eres sabio, aunque lo seas, deberías estar amarrado a un pesebre, como un mulo.

8)     No me explico que te llames cristiano y tengas esa vida de vago inútil. ¿Olvidas la vida de trabajo de Cristo? ¡Ah, si te propusieras servir a Dios seriamente con el mismo empeño que pones en servir tu ambición de riquezas, tus vanidades, tu sensualidad!…

9)     Si no eres malo y lo pareces, eres tonto. Y esa tontería -piedra de escándalo- es peor que la maldad. El hombre sabio dice: aleja la tristeza de ti, porque ha matado a muchos. No es buena para nadie.

10)  Las perlas vienen del fondo del mar: del agua. El oro de las entrañas de la tierra, y las grandes alegrías de la vida, se encuentran en lo más recóndito de un corazón contrito y quebrantado. No quieras estar triste. La tristeza no es buena para nadie y ha matado a muchos. Un santo triste es un triste santo.

11)   Nada hay mejor en el mundo que estar en gracia de Dios. A veces caridad es hablar y a veces callar.

12)  Decía una anciana muy pobre: si Dios da alegría, da más que si fuera oro. La piedad malhumorada, hace más daño que la impiedad. Al amor de Dios se va por la vía del amor a los hombres. Lo ha dicho Él: lo que hagáis por mis hijos necesitados, a mí me lo hacéis. Si se pudiera llorar, los Santos lo harían solo por el tiempo perdido en esta vida.

HOJA INFORMATIVA De la Causa de Canonización del Venerable Alberto Capellán Zuazo, Padre de familia, labrador y Adorador nocturno 1888-196

 

V - La adoración a la Santísima Eucaristía es un misterio de silencio

 

Al idear el detallado programa que yo he recibido para celebrar este Congreso Eucarístico Parroquial y poner este tema de El silencio creo que pensaban, sobre todo, en la adoración a Jesús Eucaristía en nuestras Iglesias. El Catecismo de la Iglesia Católica con suficiente amplitud nos habla y recomienda el Culto de la Eucaristía, citando el magisterio de los Papas, y comienza con este pasaje de la encíclica de San Pablo VI, Mysterium Fidei (1965), “sobre la doctrina y culto de la sagrada Eucaristía”:

“La Iglesia católica rinde este culto latréutico al sacramento eucarístico, no sólo durante la misa, sino también fuera de su celebración, conservando con la máxima diligencia las hostias consagradas, presentándolas a la solemne veneración de los fieles cristianos, llevándolas en procesión con alegría de la multitud del pueblo cristiano” (n. 7).

Podemos ir a otra encíclica pontifica: Ecclesia de Eucharistia (Jueves Santo de 2003) y allí encontraremos abundantes pasajes que nos hablan de esta maravilla que es adorar a Cristo, que ha quedado con nosotros en el Sagrario en la exposición y en la Custodia. Y hasta se atreve a citar su testimonio personal en un documento público. Dice:

“Es hermoso estar con Él y, reclinados sobre su pecho como el discípulo predilecto (cf. Jn 13, 25), palpar el amor infinito de su corazón. Si el cristianismo ha de distinguirse en nuestro tiempo sobre todo por el «arte de la oración», ¿cómo no sentir una renovada necesidad de estar largos ratos en conversación espiritual, en adoración silenciosa, en actitud de amor, ante Cristo presente en el Santísimo Sacramento? ¡Cuántas veces, mis queridos hermanos y hermanas, he hecho esta experiencia y en ella he encontrado fuerza, consuelo y apoyo!” (n. 25).

Ved, hermanos, no es ningún sentimentalismo recostar la cabeza sobre el pecho del Señor para solicitar el consuelo que necesitamos, y obtener, como Juan, la palabra reveladora que nos dice la verdad en ese momento de nuestra vida.

Estamos convencidos de ello, pero el apoyo de las palabras del Papa, supremo garante de la verdad de la Iglesia, dan una fuerza mayor a nuestras afirmaciones. Decía, pues, san Juan Pablo II en el mismo lugar: “. El culto que se da a la Eucaristía fuera de la Misa es de un valor inestimable en la vida de la Iglesia. Dicho culto está estrechamente unido a la celebración del Sacrificio eucarístico. La presencia de Cristo bajo las sagradas especies que se conservan después de la Misa –presencia que dura mientras subsistan las especies del pan y del vino, deriva de la celebración del Sacrificio y tiende a la comunión sacramental y espiritual. Corresponde a los Pastores animar, incluso con el testimonio personal, el culto eucarístico, particularmente la exposición del Santísimo Sacramento y la adoración de Cristo presente bajo las especies eucarísticas.” (n. 25).

Al momento de redactar esta plática o conferencia, no me hago idea con exactitud de todo lo que ustedes han planeado con una custodia nueva, paseando a Jesús Eucaristía por las calles y arrimándolo a las familias. Solo veo que todo eso se ha planeado con un amor inmenso. Y todo lo que se hace con amor fructifica.

En fin, quiero terminar y siendo breve diré tres cosas sobre la adoración a la Eucaristía:

Primera. En el silencio de la iglesia y en la adoración a la Eucaristía llegamos a la verdad de nosotros mismos, como en ningún otro lugar ni como en ningún otro momento, salvo que Dios quiera hacer un milagro y nos salga al paso en el camino, cuando iba camino de Damasco. Son los momentos espirituales más preciosos de nuestra vida.

Segunda. En esos ratos de adoración personal, uno abre al Biblia y la lee como nunca la había leído: ds le habla al corazón. Y en la Adoración nocturna, además, se rezan las Horas canónicas de la Iglesia (por ejemplo, Oficio de lectura o Laudes), y uno cae en la cuenta de que tenemos unos tesoros preciosos, que podemos aprovechar y Dios nuestra Padre nos los regala.

Tercera. Cuando estamos solo y pensamos es cuando más ganas nos viene de ayudar a los demás a medida de nuestras fuerzas. Y de la adoración nace la verdadera caridad y la verdadera comunión.

Concluyo: Enhorabuena a todos sacerdotes y segarles, hombre y mujeres, que han preparado estas jornadas. Siéntanse muy bendecidos por el Señor.

Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar y la bienaventurada Virgen María, Madre del Señor, por la cual nos ha venido toda gracia. Amén, aleluya.

Cuautitlán Izcalli, Viernes de Pascua, 5 abril 2024 (16.45 h.).

NOTA INFORMATIVA

En este Jubileo y “Congreso Parroquial”, compartido en cuatro distritos de la ciudad, compartido por por varios obispos, con sus dievrsas celebraciones, procesiones y conferencia, y más de eviente banderas de la Adoración Nocturna, es particularmente emotivo lo que se dice, con tanto respeto y amor, a propósito de la Visita del Santísimo Sacramento a los hogares. Copio literalmente del amplio programa:

Recomendaciones para la Visita en los hogares.

1.- La familia que recibe a nuestro Señor, de preferencia sea adorador perpetuo, adorador Nocturno, Agente de pastoral, o por lo menos que la familia asista cada semana a la misa dominical.

2.- Que cuente con un espacio, donde se pueda resguardar la integridad de nuestro Señor. Ya que la anda mide dos metros cuadrados por 3 mts con 50 cms de alto. Algun Patio, tejabana o enlonado.

3.- Donde llegue nuestro señor, la Familia se hará responsable de Velarlo, en adoración durante las 24 hrs que estará expuesto, en su domicilio por lo cual tendrá que organizarse con vecinos, familiares y amigos para que no se quede ningún momento solo.

4.- Según sus posibilidades cada quien hará sus manifestaciones de fe y amor como son "coheteria, adornos, Tapetes, Música, Portadas."

domingo, 7 de abril de 2024

1961. Domingo octava de Pascua 2024 Les mostró las manos y el costado

 Les mostró las manos y el costado

Jn 20,19-31


Texto

19Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». 20Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. 21Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». 22Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; 23a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». 

24Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. 25Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». 26A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». 27Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». 28Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». 29Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

 30Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. 31Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Hermanos:

1. Domingo octava de Pascua, que corona estos siete días que hemos vivido y celebrado como un solo Domingo.

En un domingo como hoy, II de pascua, 30 de abril del año 2000, recién empezado el Tercer Milenio, el papa san Juan Pablo II canonizaba a santa Faustina Kowalska, y en la homilía pronunció estas palabras:

“4. Así pues, es importante que acojamos íntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia se designará con el nombre de "domingo de la Misericordia divina". A través de las diversas lecturas, la liturgia parece trazar el camino de la misericordia que, a la vez que reconstruye la relación de cada uno con Dios, suscita también entre los hombres nuevas relaciones de solidaridad fraterna. Cristo nos enseñó que "el hombre no sólo recibe y experimenta la misericordia de Dios, sino que está llamado a "usar misericordia" con los demás: "Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia" (Mt 5, 7)" (Dives in misericordia, 14). Y nos señaló, además, los múltiples caminos de la misericordia, que no sólo perdona los pecados, sino que también sale al encuentro de todas las necesidades de los hombres. Jesús se inclinó sobre todas las miserias humanas, tanto materiales como espirituales”.

Santa Faustina, fue una humilde y sencilla religiosa. Sin ninguna formación especial, pues a los 14 años tiene que ponerse a trabajar de sirvienta en una familia. A los 20 años, tras no pocas dificultades, pudo entrar en la Congregación de la Madre de dios de la Divina Misericordia de Cracovia. Y sus oficios fueron los más corrientes: cocinera, jardinera y portera. Vivió 13 años como religiosa. Murió a los 33 el año 1938.

Su confesor y director espiritual le mandó escribir lo que ella vivía. Fueron seis cuadernos escritos en los cuatro últimos años de su vida, que es un legado espiritual precioso para entender este mensaje de la misericordia de Dios.

Es conocida la imagen de la Divina Misericordia: Jesús Resucitado con blanca túnica ala la mano derecha bendiciéndonos, y con la izquierda muestra lo que sale de la herida de su pecho: dos rayos de luz, blanco y rojo, el agua y la sangre, el bautismo y el perdón de la penitencia. Toda la figura está diciendo que, si Dios es Amor, el Amor tiene una palabra: Misericordia. Abajo hay unas palabras: Jesús, en ti confío.

 

Pero vayamos directamente al Evangelio.

En la tarde del día de la Resurrección Jesús se aparece a sus  discípulos. Estaban juntos, ausente Tomás, cobijados en una casa – acaso el mismo cenáculo – y san Juan indica que estaban con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Para Jesús no hay distancias, no hay puertas cerradas, ni tampoco miedo a los judíos. Jesús se presenta a los suyos, como se puede presentar hoy a mí, piensen los que quieran pensar de mí todos los que me rodean.

Jesús se puso en medio y les dijo lo que hoy siguen diciendo todos los judíos: Schalom, la Paz. No era un saludo de cortesía, como podemos decir nosotros, sin ningún compromiso: Buenos días, Buenas tardes, ¿Qué tal? Muy bien, muy bien.

Al decirles: La Paz con vosotros, les mostró las manos y el costado. Es decir, la Paz salía de allí. Salía de su costado, que, como dice el mismo evangelista: al morir, un costado le atravesó con la lanza y al punto salió sangre y agua.

Y para enseñarles el costado, ¿qué tipo de túnica llevaba Jesús, para poder desabrochar o desatarla, o es que ya traído el vestido abierto? Preguntas absolutamente inútiles, porque estábamos hablando e Jesús Resucitado.

Les mostró las manos y el costado. ¿O sea que como cuerpo Resucitado había conservado aquellas llagas sin que manaran sangre, mientras que, en la frente, en el rostro, en otras partes del cuerpo no tenía heridas de las espinas, ni de los latigazos? Repitamos: Estamos hablando del cuerpo de Cristo Resucitado.

Y ese Cuerpo resucitado, que puede entrar en unión conmigo, no necesita descripciones nuestras para llevarlo a una película. Es el cuerpo de Jesús Resucitado, es el Cuerpo que pertenece al mundo que viene, es la belleza purísima de Dios, es el cuerpo del Esposo que puede entregarse a su esposa, al Iglesia, produciendo un deleite, una dulzura, una pasión que ninguna esposa ha provocado ni gustado. Es el mismo Cuerpo que se nos da en al Eucaristía.

Es el mismísimo Cuerpo que se me entrega a mí cuando comulgo, que yo lo puedo tocar, abrazar, gustar con los sentidos profundos que el Señor me da, y que son más vivos que los cinco sentidos corporales, con los cuales gozamos y sufrimos en esta vida. Es que estamos hablando de Cristo Resucitado.

 

Ocurre que Tomás no estaba con el grupo en aquel momento. Se lo contaron como lo estamos contando. Pero él no les cree. Tiene todas las razones para no creer, lo mismo que el que hoy no cree en Jesús. Te respeto;

Hablando a lo meramente humano, tienes argumento humano para no creer. Es que la fe es otra cosa que los argumentos de la razón, pro muy sabios que seas. La fe es una ilumi8nación celestial que Dios te la da, si con un corazón humilde estás dispuesto a recibir.

Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo”. Tomás, en este momento, no acaba de salir de sí mismo; tiene sus razones. Es que eso mismo dicen los evangelios de los demás apóstoles: No creyeron a las mujeres: Y Jesús se lo echó en cara, cuando se apareció a los once, según el texto de san Marcos.  No nos sorprendan, hermano, estas extrañas contradicciones que encontramos en los Evangelios, que son documentos de fe, y nos manifiestan perfiles tan diferentes que tiene la fe.

La fe es un encuentro; no un raciocinio. A los ocho días, estando Tomás, fue el encuentro. Tomás se rindió y con humildad y amor dio todo lo que tenía: Señor mío y Dios mío. Tantas personas dicen devotamente esta frase cuando en la consagración se eleva ahora el pan consagrado, y a continuación el cáliz con el vino consagrado.

Dicho Tomás que así pudo experimentar a Jesús. Pero más dichosos nosotros, dice el Evangelio, haciendo una comparación, que sin ver creemos, sin tener la visión corporal de la vista y el tacto con Jesús, hemos entregado todo el amor de nuestro corazón.

Hermanos, estamos celebrando el misterio de la Resurrección de Jesús, fuente de todos los misterios, misterio que es infinito y no tiene fondo, misterio que es real, y que me lo da el mismo Resucitado para que en él encuentre todo el sentido de mi vida.

Concluyamos:

Jesús Resucitado, como Tomás te decimos: ¡Señor mío y Dios mío! Tú eres el hallazgo de mi vida; te amo y en este amor estoy a tu servicio. Amén, aleluya.

Cuautitlán Izcalli, II domingo de Pascua, 7 abril 2024.

jueves, 4 de abril de 2024

1960. Mirad y palpadme, dijo. Rima espiritual al eco del Evangelio del Jueves de Pascua Lc 24,35-48

 Mirad y palpadme, dijo. 

Rima espiritual al eco del Evangelio del Jueves de Pascua Lc 24,35-48


Los discípulos de Emaús corren a contar a los apóstoles lo que les ha ocurrido, y en esto se presenta Jesús al grupo. Nos lo cuenta Lucas, quien dice:

“…ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies” (Lc 24,37-40).

Este pasaje, y los relatos de las apariciones, nos dan la clave de lo que es la mística cristiana. Incluso, son la matriz de la mística cristiana. ¿Qué es, pues, la mística cristiana? Es la Fe vivida como experiencia, que, siendo eclesial, es personal e intransferible. Si no partimos de aquí, y queremos analizar los relatos con la lupa de la Filosofía, como si fueran anticipo de lo que ha de ser la realidad física venidera, caemos en un laberinto sin salida.

La “nueva creación” no es la prolongación de esta, confinada por el tiempo y el espacio. El cielo no es otro “lugar” que aquí no conocemos. Porque en la vida que viene no hay tiempo ni hay espacio, dos categorías esenciales para nuestro conocimiento y experiencia humana. La eternidad no es un “tiempo sin fin”, porque en aquel “entonces” o en aquel “allí” no hay tiempo. “Cómo resucitarán los muertos!”, se pregunta el Catecismo de la Iglesia Católica, y nos da unas pautas (nn. 997-1001).

Lo relatos de las apariciones y textos similares – nosotros hemos comido y bebido con él, dice Pedro en los Hechos de los Apóstoles – no son pautas del futuro, sino claves del presente. Jesús Resucitado, para siempre el Viviente, es presencia real, que se desborda hasta nuestros sentidos. Es tan real que hasta “les abrió el entendimiento apar que entendieran las Escrituras” (v. 45).

Comienza la vida mística de los cristianos.

Desde esta perspectiva va nuestra rima espiritual. Y ahora podemosorar:

Alma de Cristo, santifícame.

Cuerpo de Cristo, sálvame.

Sangre de Cristo, embriágame.

Agua del costado de Cristo, lávame.


Miradme y palpadme dijo

el Señor Resucitado,

que yo no soy un fantasma,

un ente sofisticado.

 

Mirad y palpad mi cuerpo,

el que estaba embalsamado,

soy la nueva creación,

el Viviente inmaculado.

 

Mirad mis manos y pies.

en cruz sangrante, clavados,

que ahora son manantiales

divinos, para adorarlos.

 

Y venid adentro más

a mi costado rasgado,

y sabréis qué es el amor

derramado y desbordado.

 

Venid a mi santo cuerpo,

cuerpo de Dios humanado,

Cuerpo de Dios Redentor

Que toda culpa ha borrado.

 

Venid, amantes, a mí

y juntad labios con labio,

y del Amor siempre Amor

de mi Amor embriagaos.

 

Impuros, tocad pureza,

en mi aliento perfumado,

Dios es cuerpo, cuerpo puro

deshecho y glorificado.

 

Temerosos, no temáis,

al verme salir trocado;

hombre fui y lo seré

en mi Dios divinizado.

 

Soy el que soy, siempre he sido,

y más seré a vuestro lado,

que muriendo por vosotros

conmigo os he llevado.

Venid, creyentes intrépidos,

y abríos a mi regalo:

mi cuerpo, historia sagrada,

os lo doy para abrazarlo.

 

Y más ni puedo ni tengo,

el misterio consumado;

miradme y palpadme entero,

comedme sacramentado.

 

* * *

A una Fe con experiencia,

mi Dios Jesús me has llamado,

ábreme las Escrituras

para entender tu llamado.

 

Y mi Pascua gozaré

al vuelo de tu dictado;

si me hablas, yo sabré

lo que nadie me ha enseñado.

 

Presencia vivificante

eres tú, Jesús alzado;

y tú serás mi oración

en alas de tu contacto.

 

Intimidad más allá

de cuanto alcanza este barro;

tú eres Gloria y Santidad

y yo estoy todo en tus manos.

 

Aparecido y presente

hoy mismo en mi calendario;

tú eres Pascua y yo también

porque soy en ti estando.

 

Recibe hoy mi palabra

de escuchante enamorado,

yo te digo solo una:

que te adoro y adoramos.

 

Apaguen televisores

para verle a él llegando;

llega blanco, llega a casa,

y quiere estar disfrutando.

 

Bendigamos la comida

ante el dueño de los platos;

mi Jesús de la familia

es el mismo del Sagrario.

 

Gloria a ti, Eterno invicto,

Dios divino, Dios humano,

Pascua de Resurrección,

con gozo por ti brindamos.

 

Con amor y con ternura,

y hasta con íntimo llanto,

t´çu, Jesús, y solo tú,

serás tú mi camposanto.

 

Pero en triunfo esplendoroso

, que es el triunfo al que me agarro,

excelso Dios, amor mío,

amor para siempre amado.

Amén, aleluya. 

Cuautitlán Izcalli, Jueves de Pascua, 4 abril 2024.

martes, 2 de abril de 2024

1959. Homilía en el 64 aniversario de mi ordenación sacerdotal

 

Homilía en el 64 aniversario de mi ordenación sacerdotal

2 abril 2024 – Martes de Pascua

 

Casa de Formación Santa Verónica de

Hermanas Clarisas Capuchinas

Hermanas:

Cada día de la semana pascual la Iglesia presenta la Resurrección del Señor con una escena evangélica de las apariciones. Hoy la aparición a María Magdalena. Fra Angélico quedó extasiado ante esta escena y pintó el Noli me tangere en el convento dominico de san Marco de Florencia. Es una maravilla de pureza y de amor y el rostro de Jesús resplandece con una dulzura divina. Esta escena es un pozo de mística y de contemplación, que nos introduce en este misterio del acceso a una genuina espiritualidad pascual. Como hermano, permítanme decirles que hace más de 30 años tuve la oportunidad de dar unas conferencias espirituales sobre lo que aquí ocurre, y aquellas reflexiones contemplativas fueron a parar a un pequeño libro: “He visto al Señor. La experiencia pascual de los cristianos” (Edicep 1992).

Una circunstancia muy especial de hoy me invita a derivar los pensamientos de fe de una homilía por otro rumbo. El 2 de abril del año de gracia 1960, este servidor de ustedes tuvo la gracia de recibir la unción sacerdotal. Era sábado de témporas de Cuaresma, tiempo litúrgico de órdenes. Esta fecha, pues, en mi calendario es un día festivo singular. Éramos ocho compañeros en el curso; dos abandonaron el sacerdocio, misterios de la vida que uno no puede juzgar con adversidad, sino que los pone en las manos de Dios. Los otros seis hemos perseverado. Todos han ido muriendo – hace unos días en la enfermería de Pamplona Miguel Ángel – y solo quedo yo. En este momento los encomiendo a todos.

Yo quiero hablarles del sacerdocio. Al pensar hacerlo, me vino también la idea: Sería mejor callar. Es fácil hacer teología con habilidad, pero el paso de los años me ha enseñado que también la teología tiene que rendirse ante el misterio. El silencio y la humildad es una manera válida de situarse ante el misterio, que siempre desborda. Pero, por otra parte, escucho a san Pablo: Creí y por eso hablé. Yo creo en el sacerdocio. Sin ofender a quienes pueden pensar legítimamente de otro modo, yo les digo que si no hubiera podido ser sacerdote en la orden capuchina a la que amo con todo mi corazón y  y creo haberlo demostrado, hubiera llamado a las puertas de otra orden, o me habría orientado por el clero diocesano.

Creo que estamos padeciendo una fuerte crisis en torno al sacerdocio, la Iglesia en los seminarios y nuestra Orden también. Hace muy pocos años se publicada “EL DON DE LA VOCACIÓN PRESBITERAL. Ratio Fundamentalis Institutionis sacerdotalis” (8 de diciembre de 2016). Pero ya se ha decidido publicar una nueva. El número de alumnos de los seminarios ha bajado drásticamente, y se buscan nuevos perfiles. Ya saben que yo me ocupo, colaboro modestamente, en la atención espiritual a un seminario. Todo lo que atañe a este tema me preocupa por vocación personal y por oficio.

Vuelvo con mi recuerdo a lo que fue aquel año de mi ordenación. Con cuánta ilusión la fuimos preparando durante un año. Había una Academia sacerdotal, según recuerdo, y yo puse en macha una hojita periódica que se titulaba “Accedite”. Era esta palabra “Acercaos” la que decía el Obispo a los que iban a imponer las manos.

Ocurrió que el año precedente el Papa San Juan XXIII otorgó el título de “Doctor Apostólico” a nuestro hermano San Lorenzo de Brindis. Estudiamos al detalle su figura y yo escogí como tema la Misa de San Lorenzo, que es un caso absolutamente destacado en la hagiografía cristiana. Los testimonios de la canonización nos cuentan que la misa del Padre Lorenzo podía durar horas, tres, cuatro y cinco, y alguien testifica que en cierta ocasión enjugó siete pañuelos de lágrimas. Él había obtenido facultades especiales para comenzar la misa a altas horas de la noche y para usar de ordinario los textos de la Misa de la Virgen. Un teólogo racional podré cuestionar estas singularidades, pero un teólogo sabio no podrá hacer una verdadera teología de la Misa ignorando que ha habido personas como un san Lorenzo de Brindis o un Padre Pío de Pietrelcina. Pero no se trata de que la Misa se alargue sin reloj, sino de que el sacerdote, humildemente, viva en su corazón lo que está celebrando con palabras y ritos. En esta ocasión que menciono mis compañeros de curso me encargaron que preparara la estampa-recordatorio, y escogí como imagen la figura de San Lorenzo, y como inscripción antes de nuestros nombres, una súplica: “Santifica, Señor, a tu Iglesia, dándonos sacerdotes santos”.

¿Qué es, pues, el sacerdocio, hermanas? Una respuesta fuerte y contundente la escuchábamos ayer en la proclamación de la lectura de Vísperas. “Tenemos un sumo sacerdote que está sentado a la derecha del trono de la Majestad en los cielos, y es ministro del Santuario y de la Tienda verdadera, construida por el Señor y no por un hombre” (Heb 8,1-2). Por todos los medios la Carta a los Hebreos trata de evidenciar, que, teniendo el Misterio pascual, ya no hay sacerdotes, no hay santuario, no hay víctimas que ofrecer. Tenemos a un Único y Sumo Sacerdote, que es Jesús, y no hay ningún otro. Toda la institución levítica de la Antigua Alianza ha cumplido su misión y ha sido barrida para siempre. Nuestro Sumo Sacerdote ha penetrado en los cielos, después de haber ofrecido su cuerpo, allí intercede, y nuestra relación con él es la FE. Es lo que acabo de explicar con detalles, con apuntes oportunos, en las clases del Seminario.

Pero estoy hablando a jóvenes que van a ser consagrados sacerdotes. Y entonces tomo el Pontifical para decirles: siendo verdad lo que he dicho, escuchen, hermanos, las palabras que les van a decir un día el obispo ordenante, que copio del Ritual: “Aunque, en verdad, todo el pueblo santo de Dios es sacerdocio real en Cristo, sin embargo, nuestro sumo Sacerdote, Jesucristo, eligió algunos discípulos que en la Iglesia desempeñaran, en nombre suyo, el oficio sacerdotal para el bien de los hombres. Él mismo, enviado por el Padre, envió a su vez a los Apóstoles por el mundo, para continuar sin interrupción su obra de Maestro, Sacerdote y Pastor por medio de ellos y de los Obispos, sus sucesores. … Al configurarlos con Cristo, sumo y eterno Sacerdote, y unirlos al sacerdocio de los Obispos, la Ordenación los convertirá en VERDADEROS SACERDOTES DEL NUEVO TESTAMENTO para anunciar el Evangelio, apacentar al Pueblo de Dios y celebrar el culto divino, principalmente en el sacrificio del Señor”.

¿De dónde viene todo esto?

De las palabras de la Cena del Señor y del mandato de la misión para anunciar el Evangelio.

Entonces, en la comunidad mesiánica de Jesús, el sacerdote pasa a ser Presbítero, y el Presbítero tendrá tres funciones sagradas que cumplir: ser sacerdote, ser maestro y ser pastor.

Amanece una teología en la que nos podemos perder, pero esto no es una clase, sino una homilía. Pido al Señor ser breve y claro.

El sacerdote nace de la Eucaristía y torna a la Eucaristía. El bautismo nos consagra a todos como pueblo sacerdotal, pero solo al sacerdote se le concede pronunciar las palabras del Señor para que la memoria del Resucitado se actualice en una presencia viva y vivificante.

Hermanas: Nuestras fuentes franciscanas nos dicen cómo ha ido evolucionando en la misma Iglesia la praxis sobre la Eucaristía, sobre la comunión del Cuerpo del Señor, en concreto (Regla de san Clara, cap. III: “Comulguen siete veces, a saber…”)

Esa tensión de pensamientos no ha desaparecido, ni mucho menos. Por ejemplo, en nuestras Constituciones no ha sido admitida la palabra “concelebración”, sino que aparece la Misa en común, pese a que la Introducción del Misal aconseja de modo directo y explícito la concelebración en la Misa conventual (si no se ha de celebrar por otros motivos). La no concelebración (entendida esta en sentido estricto), en el sentir de algunos, al parecer de los más, refleja mejor el sentido de la fraternidad. Pero podemos aducir autoridades de quienes piensan o pensamos lo contrario. Todo ello, aunque no lo expresemos, lleva un dolor por dentro.

Torno al principio y concluyo. Hace 64 años recibí esta gracia. No pido otra cosa sino la misericordia del Señor. No hay más excelsa minoridad que acoplarse a la Pasión de Cristo, que es la raíz purísima del sacerdocio. La Carta a los Hebreos pide dos cualidades para ser sacerdote: compasión y fidelidad.

Al dar gracias, pido al Padre de las misericordias acercarme al sacerdocio de Jesús, ser compasivo y ser fiel.

La Virgen María, Madre del Verbo Encarnado, me guarde y proteja siempre.

A Jesús la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, 2 abril 2024.

1958. Rima sacerdote en el 64 aniversario de mi ordenación

 Por gracia, solo por gracia

Rima sacerdote en el 64 aniversario de mi ordenación


La Carta a los Hebreos es muy taxativa cuando habla del Sacerdocio de Cristo: él es el Único y Sumo sacerdote:

“… todo sacerdote ejerce su ministerio diariamente ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, porque de ningún modo pueden borrar los pecados. 12Pero Cristo, después de haber ofrecido por los pecados un único sacrificio, está sentado para siempre jamás a la derecha de Dios 13y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies. 

14Con una sola ofrenda ha perfeccionado definitivamente a los que van siendo santificados. 15Esto nos lo atestigua también el Espíritu Santo. |En efecto, después de decir: 16Así será la alianza que haré con ellos | después de aquellos días, | añade el Señor: | Pondré mis leyes en sus corazones | y las escribiré en su mente, 17y no me acordaré ya de sus pecados ni de sus culpas. 18Ahora bien, donde hay perdón, no hay ya ofrenda por los pecados” (Heb 9,12-18). 

 

De toda la doctrina de la carta se desprenden, a modo de axiomas, unos principios absolutos, que podemos formular a modo de Dogmas nucleares de nuestra FE.

 

Primero: En la Fe cristiana no hay templo terreno. No hay otro templo que el Santuario celestial, en el cual está Cristo.

Segundo. En la FE cristiana no hay sacerdotes, porque en el cielo está el único, perfecto y definitivo Sumo Sacerdote, que es Jesucristo.

Tercero: En la Fe cristiana, no habiendo ni templo ni sacerdotes, no hay sacrificios, porque el perdón de los pecados ya se ha verificado completamente.

Pero he aquí que, como maestro en las Santa Escrituras, estoy explicando estos pasajes a unos jóvenes que se preparan para recibir la Unicón Sacerdotal. Hemso de acudir a otros textos del Nuevo Testamento, y, muy especialmente, a los relatos de la Cena del Señor. Estos jóvenes van a escuchar, el dái de su ordenación, palabras como estas que tomamos del Pontifical Romano:

 

“Aunque, en verdad, todo el pueblo santo de Dios es sacerdocio real en Cristo, sin embargo, nuestro sumo Sacerdote, Jesucristo, eligió algunos discípulos que en la Iglesia desempeñaran, en nombre suyo, el oficio sacerdotal para el bien de los hombres. Él mismo, enviado por el Padre, envió a su vez a los Apóstoles por el mundo, para continuar sin interrupción su obra de Maestro, Sacerdote y Pastor por medio de ellos y de los Obispos, sus sucesores. Y los presbíteros son colaboradores de los Obispos, con quienes en unidad de sacerdocio son llamados al servicio del Pueblo de Dios.

Estos hermanos, después de pensarlo seriamente, van a ser ordenados para el sacerdocio en el Orden de los presbíteros, a fin de hacer las veces de Cristo, Maestro, Sacerdote y Pastor, por quien la Iglesia, su Cuerpo, se edifica y crece como Pueblo de Dios y templo santo. Al configurarlos con Cristo, sumo y eterno Sacerdote, y unirlos al sacerdocio de los Obispos, la Ordenación los convertirá en VERDADEROS SACERDOTES DEL NUEVO TESTAMENTO para anunciar el Evangelio, apacentar al Pueblo de Dios y celebrar el culto divino, principalmente en el sacrificio del Señor”.

Con este trasfondo espiritual hemos creado esta rima sencilla para dar gracias y alabanzas al Señor pro el don del sacerdocio.

 

Por gracia, solo por gracia

soy sacerdote de Cristo,

por gracia, nunca por méritos

sacerdote del Altísimo.

 

Y humildemente quisiera,

y quiero, como elegido,

perseverar hasta el fin,

siendo fiel y compasivo.

 

Pero dice al Escritura

y Hebreos muy firme dijo

que uno solo es Sacerdote

y ese solo es Jesucristo.

 

Él intercede en el cielo,

su Santuario es divino,

y ofrendas y sacrificios

en Él fueron abolidos.

 

Y somos su pueblo santo,

que camina peregrino,

por la ruta de la fe

con la gracia del bautismo.

 

Es verdad, pura verdad,

que quita orgullo y prestigio,

y que dice al sacerdote

que no es más que su vecino.

 

Que somos todos hermanos

del mismo Padre nacidos,

y con al sangre preciosa

todos fuimos redimidos.

 

Pero Jesús en la Cena,

cuando tomó el pan y el vino,

y se dio para expiar

todo pecado y delito

 

y quedarse permanente

con quienes somos sus hijos,

“Hacedlo en memoria mía”,

que es mi mandato y aviso.

 

Por la santa Eucaristía

soy sacerdote del Hijo,

yo, pecador, consagrando

ese Cuerpo sacratísimo.

 

Soy sacerdote en verdad,

por un misterio infinito,

porque él vive y él actúa

cuando sus palabras digo.

 

Y, al perdonar, él perdona,

pues con él soy uno mismo,

y por mis manos destilan

sus divinos beneficios.

 

Para ser buen sacerdote,

humildad, Jesús, te pido,

que sea tu servidor

sin buscar nada distinto.

 

En tu Iglesia, amada esposa,

corren vientos divididos,

yo te pido tu mirada

para saber distinguirlos.

 

Y en tan dulce aniversario

con recuerdos tan bonitos,

yo te pido tu caricia

para seguir lo que he sido.

 

Como Pablo, como Juan,

como otros tantos, tantísimos,

te pido fidelidad

hasta el último suspiro.

 

Dame de tu santidad,

para ser digno ministro,

que todos te puedan ver

cuando actúa este discípulo.

 

Gozo y paz, santa alegría,

mirando a Jesús pascual,

sus heridas nos curaron,

y por su viva vivimos.

 

Tú, Jesús, y solo tú,

has de ser nuestro destino,

fe, esperanza y caridad

por los siglos de los siglos. Amén.



 

Cuautitlán Izcalli, 2 de abril de 2024