Ejercicio de Oración de acogida
(Padre Ignacio Larrañaga)
Una de las notas característica de la espiritualidad
del Padre Ignacio Larrañaga, transmitida en los Talleres de Oración y Vida,
está formula con esta Pregunta: ¿Qué haría Jesús en mi lugar? Es un punto
central que se explica en el pequeño libro “Encuentro” con las siguientes palabras.
* * *
Así como en el
ejercicio salida y quietud, el “Yo” sale y se fija en el TÚ, en este ejercicio
de acogida, yo permanezco quieto y receptivo, y el TÚ sale hacia mí y yo acojo,
gozoso, su llegada. Es conveniente efectuar este ejercicio con Jesús resucitado.
Utilizamos el
verbo sentir. Sentir no en el sentido de emocionarse, sino de percibir, Se
pueden sentir tantas cosas sin emocionarse. Siento que el suelo está frío,
siento que la cabeza me duele, siento que hace calor, siento tristeza.
Ayúdate de
ciertas expresiones (que al final indicaré), comienza a acoger en la fe,
[1] a Jesús
resucitado y resucitador que llega a ti.
[2] Deja que el espíritu de Jesús entre e inunde
todo tú ser. Siente que la presencia resucitada de Jesús llega hasta los
últimos rincones 'de tu alma mientras vas pronunciando las expresiones. Siente
cómo esa Presencia toma plena posesión de lo que eres, de lo que piensas, de lo
que haces; cómo Jesús asume lo más íntimo
de tu corazón. En la fe, acógelo sin reservas, gozosamente
En la fe, siente cómo Jesús toca esa herida que
te duele; cómo Jesús saca la espina de esa angustia que te oprime; cómo te
alivia esos temores; te libera de aquellos rencores. Hay que tomar conciencia
de que esas sensaciones generalmente se sienten en la boca del estómago como
espadas que punzan. Por eso se habla de la espada del dolor.
[3] Luego salta a la vida. Acompañado de
Jesús y revestido de figura, haz un paseo por los lugares donde vives o
trabajas. Preséntate ante aquella persona con quien tienes conflictos.
Imagínate cómo la miraría Jesús. Mírala con los ojos de Jesús. Cómo la
serenidad de Jesús si tuviera que enfrentarse con aquel conflicto, afrontar
esta situación, qué diría a esta persona, cómo serviría en aquella necesidad.
Imagina toda clase de situaciones, aun las más difíciles, y déjale a Jesús
actuar a través de ti: mira por los ojos de Jesús, habla por su boca, que su
semblante aparezca por tu semblante. No seas tú quien viva en ti sino Jesús. Es
un ejercicio transformante o cristificante.
Toma una posición orante. Igual que en el ejercicio Salida y quietud,
después de pronunciar y vivir la frase quédate un tiempo quieto y en silencio, permitiendo
que la vida de la frase resuene y llene el ámbito de tu alma.
Jesús, entra
dentro de mí.
Toma de todo mi
ser.
Tómame con todo
lo que soy, lo que pienso, lo que hago.
Toma lo más
íntimo de mi corazón.
Cúrame esta herida
que tanto me duele.
Sácame la espina
de esta angustia. Retira de mí estos temores, rencores, tentaciones... Jesús, ¿qué quieres de mí?
¿Cómo mirarías a
aquella persona?
¿Cuál sería tu
actitud en aquella dificultad?
¿Cómo te
comportarías en aquella situación? Los que me ven, te vean, Jesús,
Transfórmame
todo en ti.
Sea yo una viva
transparencia de tu persona,
También este
ejercicio debe durar unos 45 6 50 minutos.
I
Sin yo saberlo él está,
como aquel día él estaba,
como está la primavera
sin que yo salga a esperarla.
El primer paso fue suyo
para invitarse a mi casa,
su estar es estar llegando
porque yo soy su morada.
II
Ya ha llegado mi Señor
y como luz se derrama;
ya le siento todo a él,
siento su cuerpo y su alma.
Siento su divinidad
que mi ser todo traspasa:
¡qué bello es rozar a Dios,
si Dios es Jesús que ama!
El Tú ha llegado hasta mí,
Tú de Dios que me creara,
Tú de Dios Resucitado
que me mira cara a cara.
Sentir su seguridad,
en mí vivirla instalada,
y entablar una amistad
que ha de ser hasta la patria.
Sentir el Tabor y el Huerto,
que él está y todo calla,
sentir que la unión muy pura
se opera bajo esta calma.
III
Luego salir sin marcharse,
que él ya nunca se distancia,
que el amor es él conmigo
y si voy, él me acompaña.
Y he de salir y servir,
que él salía y caminaba,
que su vida fue el encuentro,
la acogida y la esperanza.
¿Qué haría Jesús ahora,
si aquí mismo se encontrara?
Lo que él haría yo haré,
y sabrán cuánto nos ama.
Soy mensajero de vida,
su presencia continuada;
¡soy, Jesús, tu amor al prójimo,
mirándome en tu mirada!
Guadalajara, 27 de abril de 2017.