Retiro íntimo de Navidad
Dedicado
a cualquier fiel cristiano, hombre o mujer,
que
anhele sintonizar con los misterios de Dios,
y
muy particularmente
a
mis hermanas que consagraron su virginidad al Señor,
a
mis hermanos religiosos y sacerdotes.
I
Al
encuentro de Jesús, mi Dios,
mi
Esposo como Verbo Encarnado
Este
retiro
Hoy es
día de san Juan Evangelista (27 de diciembre). La liturgia dice de él. “R. Éste
es Juan, el que posó su frente en el pecho del Señor durante la cena, * es el
apóstol afortunado, a quien le fueron revelados secretos celestiales. / V.
Bebió el agua viva del Evangelio en su misma fuente, en el pecho sagrado del
Señor” (Primer responsorio del oficio de
lectura).
Hoy
comenzamos la lectura de la primera carta del apóstol san Juan. No tiene
destinatarios. Es que los destinatarios somos nosotros; soy yo en este momento
preciso de la historia de la humanidad, en este punto de mi vida en que me puso
el amor de Dios. Todo lo que Juan, el discípulo amado nos dice es para sorberlo
en sorbos de la más pura intimidad, sin olvidar un instante en que somos
comunidad de Jesús, sus íntimos, Yo no me puedo apropiar de la carta de juan
como si fuera mía, porque es de los discípulos, pero no la puedo leer si “ex corde ad cor”.
Comienza,
pues, esta carta diciendo:
“1 1 Lo que existía desde el
principio, | lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, |
lo que contemplamos y palparon nuestras manos | acerca del Verbo de la vida;
2 pues la Vida se hizo
visible,
y nosotros hemos visto, damos
testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos
manifestó. 3 Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis en
comunión con nosotros y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo
Jesucristo. 4 Os escribimos esto, para que nuestro gozo sea completo”.
Cosa
curiosa: ¿una carta en verso? No, una carta en ritmo; ritmo de palabras al
ritmo del corazón, porque es una carta amorosa de armonía, carta de deletrear,
degustando su sabor y su aroma, carta para contemplar. Sí, carta contemplativa
que embelesa el alma.
Cosa
curiosa, y más que curiosa: Porque es una carta contemplativo-sensitiva, porque
es una teología altísima de ver con los propios ojos, o mejor, mirar, que es un
determinado modo de ver, intensivamente: de tocar y palpar… Pero ¿qué vamos a
tocar y palpar? Nada menos que la Vida eterna, la que estaba junto al Padre y
se ha manifestado.
Carta
de aspirar con el aire del Espíritu Santo.
Esta
carta tiene una palabra esencial, y se llama: “Comunión”, que en griego se dice
“Koinonía”. Y así, con soberana sencillez, se habla, al mismo nivel
- de la
comunión apostólica de la comunidad selecta a la que Juan se dirige (“Las
Comunidades del discípulo amado”)
- de la
comunión con el Padre y con el Hijo, que es la misma que al comunión con el
Espíritu Santo. Ayer, día de san Esteban, primer testigo de Jesús junto a la
cuna, en la sección evangélica tomada para el día (Mt 10,17-22) se hablaba del
Espíritu en estos términos: “el Espíritu de vuestro Padre” (expresión única en
el Nuevo Testamento, advierten los exegetas): “porque no seréis vosotros los
que habléis, sino que el Espíritu de
vuestro Padre hablará por vosotros” (v. 20).
Para
san Juan, Dios es “familiar”, y el cristiano solo pueda hablar de Dios como se
habla de los miembros íntimos de la familia, entre los que se ha llegado al
pleno conocimiento. Y tal actitud de cercanía y toda confianza no obsta a la
plena reverencia y adoración del misterio recóndito. Bien al contrario. Cuando
se trata de Dios, lo más recóndito es lo más cercano; lo más divino, lo más
humano; lo más sublime, lo más mío. Porque yo he pasado de la muerte a la vida,
de la tiniebla a la luz, del pecado a la gracia. Yo he sido divinizado en
Jesús, mi redentor y mi Señor.
Más allá de los “tópicos” de Navidad.
Por las
honduras del amor
“Topos”
en griego es, ni más ni menos, que “lugar”, y del sentido físico-material
espontáneamente pasado al sentido figurado. Un tema mil veces repetido se
convierte en un tópico, que de por sí no tiene un sentido negativo, sino más
bien necesario. Pero como el lenguaje es lo que es…, fácilmente “tópico” es una
designación negativa.
Los
pobres – tristemente – son un tópico de Navidad. Y parece que no se puede
hablar cristianamente de Navidad si no hablamos, emocionados, de los pobres que
pasan hambre en Navidad. Es cruelmente verdad que Navidad sin “pobres” no es
Navidad, porque Navidad explota de pobreza por todas partes, si nos atenemos al
Evangelio: pobre la mujer que da a luz (“pobrecilla” decía con ternura san
Francisco), pobrísimo el lugar, pobres, ignorantes… los pastores.
Pero,
por encima de todo, la Navidad, la Natividad es
- el
misterio recóndito del Dios todopoderoso que se hace hombre por nosotros, para
vivir, padecer y morir como hombre
- por
amor, por amor, solo por amor.
Si nos
olvidamos de esto por salvar a los pobres, destrozamos de plano la Navidad. Claro que no hay que olvidar nada, porque una
cosa sin la otra no existe…, pero en nuestra fragilidad y miopía sí puede
acontecer.
Para
que no acontezca, tenemos que perdernos, tenemos que centrarnos en el puro
centro del misterio. El amor infinito gratuitamente derramado para el hombre,
para mí…
La
Navidad sale al encuentro de mi insaciable, infinito, anhelo de amor: de ser
amado y amar
Comenzando
a reflexionar armónicamente en los tiempos vacacionales de la Navidad, más allá
de panderetas, de colorines, de lucecitas de mercado, y en el encuentro de mí
mismo conmigo – muy especialmente si, hombre o mujer, he abrazo el celibato
como llamada de Dios y opción libre – entonces siento surgir en mí un anhelo
indecible de llegar a la Navidad por el amor, vía amoris, para encontrarme en Dios no como estéril y frustrado en
la danza de la vida, sino con una increíble vocación humano-celestial.
La
Navidad me descubre estremecedoramente que yo nací para el amor – me lo gritan
todas las células del cuerpo – y que Dios se ha hecho mi esposo. Mis verdades
últimas “mías”, en las fuentes manantes del ser, son de este género:
- De
dónde vine y adónde voy.
- Cuál
es mi vocación que nadie puede arrebatar y la que nadie me la puede suplir.
- El
deseo de la divinidad hacia mí (el “éros” divino) ¿es absoluto y concreto?
- Y mi
“éros” hacia Dios – mi amor erótico – ese amor por el cual merece la pena darlo
todo, darme a mí mismo, ¿se corresponde en el mismo impulso de amor, de manera
que “ser amado y amar” sea la esencia de mi existir en el cosmos y el
significado insustituible de mi vida?
He aquí
un retiro silencioso de Navidad, que muy específicamente a los célibes nos
puede recentrar en el sentido más puro y pleno de nuestra vida, cuando el amor
escogido (aceptado, más bien) es la plenitud y el vacío, es la mayor riqueza y
la suma pobreza, por ser la privación de lo más anhelado, es el gozo de la
existencia por ser el gozo que viene de Dios.
Hablo
de célibes (religiosas, religiosos), pero el desposorio divino de la Encarnación
transciende todo estado particular de vida
II
El
misterio de la Navidad entendido como el desposorio
de
Dios con su criatura
El lenguaje de la liturgia
Ant. 1
El Señor me ha dicho: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.»
Ant. 2
El Señor sale como el esposo de su alcoba.
Ant. 3
En tus labios se derrama la gracia y el Señor te bendice eternamente.
Esta
antífona nos introduce en el bello salmo nupcial, salmo 45, que canta la
belleza y galanura del esposo y la hermosura esplendente de la esposa. El
espíritu es Cristo que llega ene esta noche santa; la esposa es la Iglesia, que
lo recibe, soy yo mismo
Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.
…
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna:
prendado está el rey de tu belleza,
póstrate ante él, que él es tu señor.
Los
responsorios que siguen a las lectura, la primera una lectura bíblica de Is
9,1-11; la segunda una célebre homilía del Papa San león Magno, se expresan de
esta manera:
R. Hoy se dignó nacer de una Virgen el Rey de
los cielos, para llevar al reino celestial al hombre que estaba perdido. * Se
alegra el ejército de los ángeles, porque ha llegado la salvación eterna al
género humano.
V. Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra
paz a los hombres que ama el Señor.
R. Hoy descendió del cielo sobre nosotros la
paz verdadera: * hoy los cielos destilaron miel por todo el mundo.
V. Hoy amaneció el día de redención de los
tiempos nuevos, que fue preparado por los tiempos antiguos, que nos trae para
siempre la felicidad.
Este es
el lenguaje “espiritual” de la liturgia.
Este
leguaje educa los sentimientos del corazón.
- Es el
lenguaje “sacramental” que nos invita a entrar en unas realidades, que las
hemos de vivir como realidades sacramentales, operativas, cuya eficacia divina
llega hoy hasta nosotros. Los misterios que acontecieron, están aconteciendo
ahora y nos proyectan hacia el cumplimiento definitivo.
- Es un
lenguaje que nos está invitando a pensar que jamás la teología podrá capturar
la magnitud del misterio; que, no obstante, hay que habrá que hacer una armonía
entre psicología y teología desde la base del hombre nuevo que el Espíritu crea
en nosotros.
- Un
lenguaje que decididamente nos abre un camino de mística, que significa
experiencia personal del misterio recóndito.
Entrar en el misterio de la Natividad humana del Verbo al
estilo de los santos: del Poemario de San Juan de la Cruz
Para
fray Juan de la Cruz el misterio de la encarnación, de la humanización de Dios
hecho uno de nosotros en toda su existencia es el misterio esponsal de Dios.
¿Quién
es el esposo? Dios, el hijo de Dios, hecho carne.
¿Quién
es la esposa? La criatura, comenzando por la misma Madre que lo trae a este
mundo. María es la esposa del Verbo Encarnado, Madre y Esposa. La esposa es la
criatura como tal, la iglesia, cada alma, yo mismo.
Este
desposorio tiene dos momentos:
- El
momento en que se deciden estas nupcias en la Trinidad.
- El
momento en que se cumple en el tiempo, en el nacimiento de Jesús.
Y fray
Juan de la Cruz, con su sensibilidad humana de amante y de poeta, se atreve a entrar
en al Trinidad y escuchar el diálogo de Padre e Hijo que “ab aeterno” planean
estas nupcias, que nosotros en el tiempo, en este año concreto, concretamente
celebramos.
Hace
falta poeta de verdad para que la monotonía de una misma rima, proseguida a lo
largo de 310 verso octosílabos no nos derrumbe ni empalague. Hace falta mucha
elevación del corazón, bañado en pureza y amor, para orar en poesías y dejarse
lleva dulcemente al son de este “Romance”.
1º
Romance sobre el Evangelio "In principio erat Verbum",
acerca de la Santísima Trinidad.
2º
De la comunicación de las tres Personas.
3º
De la creación.
¬Una esposa que te ame.
mi Hijo, darte quería,
que por tu valor merezca
80. tener nuestra compañía
y comer pan a una mesa,
del mismo que yo comía,
porque conozca los bienes
que en tal Hijo yo tenía,
85. y se congracie conmigo
de tu gracia y lozanía.
¬Mucho lo agradezco, Padre,
el Hijo le respondía¬;
a la esposa que me dieres
90. yo mi claridad daría,
para que por ella vea
cuánto mi Padre valía,
y cómo el ser que poseo
de su ser le recibía.
95. Reclinarla he yo en mi brazo,
y en tu ardor se abrasaría,
y con eterno deleite
tu bondad sublimaría.
4º
Prosigue
¬Hágase, pues ¬dijo el Padre¬,
100. que tu amor lo merecía;
y en este dicho que dijo,
el mundo criado había
palacio para la esposa
hecho en gran sabiduría;
105. el cual en dos aposentos,
alto y bajo. dividía.
El bajo de diferencias
infinitas componía;
mas el alto hermoseaba
110. de admirable pedrería,
porque conozca la esposa
el Esposo que tenía.
5º
Prosigue
Con esta buena esperanza
que de arriba les venía,
el tedio de sus trabajos
170. más leve se les hacía;
pero la esperanza larga
y el deseo que crecía
de gozarse con su Esposo
contino les afligía;
175. por lo cual con oraciones,
con suspiros y agonía,
con lágrimas y gemidos
le rogaban noche y día
que ya se determinase
180. a les dar su compañía.
Unos decían: ¬¡Oh si fuese
en mi tiempo el alegría!
Otros: ¬¡Acaba, Señor;
al que has de enviar, envía!
185. Otros: ¬¡Oh si ya rompieses
esos cielos, y vería
con mis ojos que bajases,
y mi llanto cesaría!
¡Regad, nubes, de lo alto,
190. que la tierra lo pedía,
y ábrase ya la tierra,
que espinas nos producía,
y produzca aquella flor
con que ella florecería!
195. Otros decían: ¬¡Oh dichoso
el que en tal tiempo sería,
que merezca ver a Dios
con los ojos que tenía,
y tratarle con sus manos,
200. y andar en su compañía,
y gozar de los misterios
que entonces ordenaría!
6º
Prosigue
En aquestos y otros ruegos
gran tiempo pasado había;
205. pero en los postreros años
el fervor mucho crecía,
cuando el viejo Simeón
en deseo se encendía,
rogando a Dios que quisiese
210. dejalle ver este día.
Y así, el Espíritu Santo
al buen viejo respondía;
¬Que le daba su palabra
que la muerte no vería
215. hasta que la vida viese
que de arriba descendía.
y que él en sus mismas manos
al mismo Dios tomaría,
y le tendría en sus brazos
220. y consigo abrazaría.
7º
Prosigue la Encarnación.
Ya que el tiempo era llegado
en que hacerse convenía
el rescate de la esposa,
que en duro yugo servía
225. debajo de aquella ley
que Moisés dado le había,
el Padre con amor tierno
de esta manera decía:
¬Ya ves, Hijo, que a tu esposa
230. a tu imagen hecho había,
y en lo que a ti se parece
contigo bien convenía;
pero difiere en la carne
que en tu simple ser no había
235. En los amores perfectos
esta ley se requería:
que se haga semejante
el amante a quien quería;
que la mayor semejanza
240. más deleite contenía;
el cual, sin duda, en tu esposa
grandemente crecería
si te viere semejante
en la carne que tenía.
245. ¬Mi voluntad es la tuya
¬el Hijo le respondía¬,
y la gloria que yo tengo
es tu voluntad ser mía,
y a mí me conviene, Padre,
250. lo que tu Alteza decía,
porque por esta manera
tu bondad más se vería;
veráse tu gran potencia,
justicia y sabiduría;
255. irélo a decir al mundo
y noticia le daría
de tu belleza v dulzura
y de tu soberanía.
Iré a buscar a mi esposa,
260. y sobre mí tomaría
sus fatigas y trabajos,
en que tanto padecía;
y porque ella vida tenga,
yo por ella moriría,
265. y sacándola del lago
a ti te la volvería.
8º
Prosigue
Entonces llamó a un arcángel
que san Gabriel se decía,
y enviólo a una doncella
270. que se llamaba María,
de cuyo consentimiento
el misterio se hacía;
en la cual la Trinidad
de carne al Verbo vestía;
275. y aunque tres hacen la obra,
en el uno se hacía;
y quedó el Verbo encarnado
en el vientre de María.
Y el que tenia sólo Padre,
280. ya también Madre tenía,
aunque no como cualquiera
que de varón concebía,
que de las entrañas de ella
él su carne recibía;
285. por lo cual Hijo de Dios
y del hombre se decía.
9º
Del Nacimiento.
Ya que era llegado el tiempo
en que de nacer había,
así como desposado
290. de su tálamo salía
abrazado con su esposa,
que en sus brazos la traía,
al cual la graciosa Madre
en un pesebre ponía,
295. entre unos animales
que a la sazón allí había.
Los hombres decían cantares,
los ángeles melodía,
festejando el desposorio
300. que entre tales dos había.
Pero Dios en el pesebre
allí lloraba y gemía,
que eran joyas que la esposa
al desposorio traía.
305. Y la Madre estaba en pasmo
de que tal trueque veía:
el llanto del hombre en Dios,
y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro
310. tan ajeno ser solía. (FIN)
Se nos
abren las santas Escritura leídas en base a este anhelado y dulce desposiro de
Dios con su criatura.
La
Palabra divina – oscura, agitada, revuelta… - al fin, es un relato de amor; es
un divino noviazgo que precede al momento en que el Verbo se hizo carne y
habitó entre nosotros.
El Nacimiento
en Belén es algo divino y ceslestial.
III
Navidad:
Jesús, Verbo de Dios, esposo mío
1.
Navidad es, ante todo, revelación y gracia. Se
nos revela el rostro de Dios en su Hijo Jesucristo y en el Espíritu de
su amor.
Dios es
amor amando. Dios es lo que hacer. El “ser” y el “hacer” en Dios no son cosas
distintas separables. Si Dios “es” y no ejerce lo que es, habría dejado de ser
el ser. Dios es amor, porque nos está amando, con el mismo amor con que se ama
a sí mismo.
Si la
Teología y la Psicología, entendida esta como vivencia de mi propio psiquismo,
han de ir en una conjunción y compenetración mutua, cabe que la psicología que
se vaya creando en nuestra persona, sea la Psicología del Amor revelado en la
Encarnación. Este amor se aposenta en mí; penetra todas mis fibras y me
diviniza. No son imaginaciones imposible, a la deriva, a la desesperada. Es la
concreción, la proyección de cuanto celebramos en la fe de estos misterios.
Partiendo,
pues, de que al Encarnación es el desposorio de Dios con su criatura, conmigo, de
ninguna manera es fomentar una ilusión, una falsa mística, unas vivencias
irreales, fomentar de modo propio una conciencia de vivir un desposorio con Dios.
Viene
en nuestro apoyo el primer texto profético (siglo VIII) en que se enuncia el
desposorio de Dios con su criatura, la esposa infiel.
21 Me desposaré contigo para siempre,
me desposaré contigo
en justicia y en derecho,
en misericordia y en ternura,
22 me desposaré
contigo en fidelidad
y conocerás al Señor (Oseas 2,21-22)
Vivir en esta “Alianza esponsal” con Jesús, hijo de Dios transciende al
especificidad de hombre o de mujer, porque no se trata de homologaciones
sexuales en nuestras vivencias, sino de intimidad en el amor. Bien es cierto
que esa vivencia específica de “esposa” en expresiones femeninas cuadra con la
mujer y no con el varón; pero hablamos más bien de esa vinculación de intimidad
en el amor que sería la esencia pura del matrimonio.
Si de lo que se trata es de una alianza de amor, anotemos:
1)
Hablamos del amor íntegro, el que vibra en todas nuestras
células. El amor físico es el que enciende nuestro cuerpo; es amor personal. Y
amor personal es el amor más elevado y desprendido. Uno y otro son uno. Y si
uno da su vida por amor, no da el ápice del alma: da cuerpo y vida, porque el
amor consiste en dar la vida.
2)
Obviamente estas intenciones y anhelos pensados y
ordenados para trasladarlos a esquemas comprensible, requiere una purificación
absoluta, que nadie por sus propias fuerzas puede alcanzar. El perdón de los pecados
es la base insustituible para entrar en la dinámica. Yo que quiero vivir en esa
corriente de “ser amado y amar”, no puedo convivir con el pecado, pues el
pecado no es otra cosa sino el desamor, la ruptura consciente con el amor que
me llama. Es pecado todo y solo lo que se opone a la voluntad de Dios.
3)
El amor, como se sabe, tiene tres cualidades intrínsecas,
que mutuamente se reclaman, y si uno excluyera una de las tres, daría la
espalda al amor. El amor es
- total
- gratuito
- para siempre.
Este es el amor de Jesús
a mí; y, en consecuencia, de modo correlativo el mío hacia él, amor-respuesta,
guiado por el Espíritu Santo.
Cuando la vida queda
ordenada así, yo entro en el círculo trinitario de la voluntad de Dios. “Nosotros
amemos a Dios, porque él nos amó primero” (Jn 4,19), dice Juan después de haber
dicho. Dios es amor.
Desde esta espiritualidad de amor podemos saltar a los diálogos
de la Trinidad, como ha saltado Juan de la cruz.
Y todo ello con serenidad, con gozo, con paz, aguardando,
cuando al Señor le plazca, el Encuentro con el Amor. El Amor venidero y el Amor
de hoy es el mismo, porque Dios es Amor.
Guadalajara, Jalisco, 27 diciembre 2017