viernes, 29 de diciembre de 2017

1036. La Sagrada Familia de Nazaret y nuestras familias cristianas



Sagrada Familia
Lc 2,22-40
Se ha retirado el video grabado debido a un grave defecto de audición

Texto evangélico:
22 Cuando se cumplieron los días de su purificación, según la ley de Moisés, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, 23 de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», 24 y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».
 25 Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. 26 Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. 27 Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado según la ley, 28 Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:
         29 «Ahora, Señor, según tu promesa, | puedes dejar a tu siervo irse en paz.
         30 Porque mis ojos han visto a tu Salvador,
         31 a quien has presentado ante todos los pueblos:
         32 luz para alumbrar a las naciones | y gloria de tu pueblo Israel».
         33 Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. 34 Simeón los bendijo y dijo a María, su madre:
 «Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción 35 —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».
 36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada en años. De joven había vivido siete años casada, 37 y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día. 38 Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.
 39 Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 El niño, por su parte, iba creciendo y robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

Hermanos:
1. Todos los años, el domingo que sigue a la Navidad está dedicado a la Sagrada Familia. Así llamamos a la familia en la cual vivió el hijo de Dios en la tierra. Nos acercamos a los textos agrados con mucho respecto y con el deseo de ver cuál es el mensaje que Dios nos anuncia a través de ellos.  Una mentalidad crítica, con cierto cinismo, puede decir: Extraña familia, si ha de ser el modelo de una familia corriente.
Cosa semejante podemos decir si pasamos a la segunda lectura de hoy, que con palabras de la carta a los Hebreos se nos habla de la fe de Sara y de Abraham, remitiéndonos a aquellos episodios que cuenta la Biblia en los capítulos 15, 18 y 22 del libro del Génesis. A Sara, anciana, cuando ya ha pasado el tiempo de su fertilidad, va a ser madre con un hombre más viejo que ella, y con el correr de los años Dios pide a Abraham que sacrifique a este su hijo, su único hijo, Isaac, el hijo de la promesa. Pero Dios había dicho en el anuncio de la concepción de este hijo: “¿Hay algo demasiado difícil para el Señor?” (Gen 18,14).
En realidad lo que nos anuncia la Palabra divina, sea cual sea la cultura en la que vivamos, es que al familia es algo sagrado, una institución divina que viene directamente de Dios Creador, que enlaza desde Dios a un hombre, a una mujer, a unos hijos, con los lazos del amor generoso, gratuito, total y para siempre. Este es el anuncio que mana de los libros sagrados.

2. Dicen algunos teólogos o pastoralistas… que para hacer una homilía hay que tener en una mano la Biblia y en la otra el periódico. La Biblia ha de iluminar lo que se va cociendo en la vida. El Dios de nuestra fe es el Dios presente, fragorosamente presente, en el devenir de cada día.
En el periódico de ayer EL MURAL, cuyo subtítulo es “Expresión De Jalisco”, dice en primera página, con letras gordas. Van 321 crímenes Tuvo Jalisco paz sólo 30 días. A punto de terminar este año 2017, sólo en 30 días no ha habido asesinatos. En los días más trágicos han asesinado a 10 y 12 personas. Son números escogidos de registros, al acceso de cualquier computadora, de todo ciudadano. La vida sigue igual, y esta situación de pánico es un drama para encresparse.

En este clima social, ¿qué diremos de la familia, que básicamente tendría que ser una institución sólida, firmada libremente y de por vida? Los datos no son nada halagüeños: “En las últimas dos décadas el número de parejas en unión libre se ha incrementado en México y esto se debe a los cambios culturales, sociales, políticos y hasta económicos, pues según sus circunstancias las parejas deciden si con un documento legal formalizan o no su convivencia” (Datos de prensa en Internet).
Es decir, hay más uniones libres, menos matrimonios, más divorcios, sin entrar en el tema terrible, muy triste, del aborto.
Las personas interesadas en las cosas de la Iglesia, ya saben que el Papa concedió a todos los sacerdotes la facultad de poder absolver del pecado del aborto, puesto que este pecado estaba reservado al obispo.

3. Hermanos, ¿qué nos dice el santo Evangelio de estas realidades?
Dios quiso traer al mundo a su divino Hijo por las entrañas de una mujer, quiso que Jesús creciera en el seno de una familia, con un trabajo humilde, honesto, capaz de proveer dignamente al propio sustento. Esta familia no es una familia más; es una familia única, es la Sagrada Familia. Pero no queramos saber de esta familia curiosidades y datos que Dios no nos ha revelado.
El Evangelio de hoy habla de la consagración que esta familia, de acuerdo a la Ley de Israel, hizo del hijo al Señor. Hay un dato importante, que nos llena de emoción y de ternura. María y José eran pobres, y se acogieron al derecho de los pobres, para no presentar en los dos sacrificios que había que ofrecer un cordero de un año y una tórtola, sino una tórtola y otra tórtola. Dice la ley del Señor: “Esta es la ley referente a la mujer que da a luz un niño o una niña. Si no le alcanza para ofrecer una res menor, tome dos tórtolas o dos pichones, uno para el holocausto y otro para el sacrificio expiatorio” (Lc 12,7-8).
Detrás del relato se esconde una escena llena de ternura. Ya es pobreza no tener para comprar un corderito, y hacer este regalo al templo, y sustituirlo por un pichón.

4. Pero María tiene su casa el mayor tesoro y la mayor riqueza del mundo y así lo reconocen el anciano Simeón y la piadosa ancianita Ana, los dos verdaderos profetas que cantan la gloria y alabanzas del Señor, la misión de este Niño, nuestro Salvador. Esta es la familia de Dios en la tierra.
En este momento la familia entra en silencio, solo cortado brevemente por el episodio de Jesús a los doce años en el templo.

Hermanos, no conocemos, no podemos conocer la historia menuda de la Sagrada Familia en Nazaret. Pero podemos intuir lo que fue, y esa intuición se convierte en meditación serena y contemplativa.
El 5 de enero de 1964, durante los años del Concilio, el Papa Pablo VI se encontraba de peregrino en Tierra Santa y estaba en Nazaret, y allí pronunció un célebre y piadoso discurso sobre el ejemplo de la Sagrada Familia en Nazaret.
“Lección de vida doméstica. Enseñe Nazaret lo que es la familia, su comunión de amor, su sencilla y austera belleza, su carácter sagrado e inviolable; enseñe lo dulce e insustituible que es su pedagogía; enseñe lo fundamental e insuperable de su sociología” (Pablo VI, Discurso en Nazaret, 5 enero 1964)», palabra que recordaba el Papa Francisco al escribir su larga exhortación, en nueve capítulos, sobre “La alegría del amor en la familia” (Amoris laetitia), en la fiesta de San José del año pasado (19 marzo 2016).

5. Voy a concluir sencillamente con la plegaría que escribió el Papa Francisco al final de la exhortación

Oración a la Sagrada Familia
Jesús, María y José
en vosotros contemplamos
el esplendor del verdadero amor,
a vosotros, confiados, nos dirigimos.
Santa Familia de Nazaret,
haz también de nuestras familias
lugar de comunión y cenáculo de oración,
auténticas escuelas del Evangelio
y pequeñas iglesias domésticas.
Santa Familia de Nazaret,
que nunca más haya en las familias episodios
de violencia, de cerrazón y división;
que quien haya sido herido o escandalizado
sea pronto consolado y curado.
Santa Familia de Nazaret,
haz tomar conciencia a todos
del carácter sagrado e inviolable de la familia,
de su belleza en el proyecto de Dios.
Jesús, María y José,
escuchad, acoged nuestra súplica.
Amén.

Guadalajara, viernes, 29 de diciembre de 2017

miércoles, 27 de diciembre de 2017

1035. Retiro íntimo de Navidad

Retiro íntimo de Navidad

Dedicado a cualquier fiel cristiano, hombre o mujer,
que anhele sintonizar con los misterios de Dios,
y muy particularmente
a mis hermanas que consagraron su virginidad al Señor,
a mis hermanos religiosos y sacerdotes.


I
Al encuentro de Jesús, mi Dios,
mi Esposo como Verbo Encarnado

Este retiro
Hoy es día de san Juan Evangelista (27 de diciembre). La liturgia dice de él. “R. Éste es Juan, el que posó su frente en el pecho del Señor durante la cena, * es el apóstol afortunado, a quien le fueron revelados secretos celestiales. / V. Bebió el agua viva del Evangelio en su misma fuente, en el pecho sagrado del Señor” (Primer responsorio del oficio de lectura).
Hoy comenzamos la lectura de la primera carta del apóstol san Juan. No tiene destinatarios. Es que los destinatarios somos nosotros; soy yo en este momento preciso de la historia de la humanidad, en este punto de mi vida en que me puso el amor de Dios. Todo lo que Juan, el discípulo amado nos dice es para sorberlo en sorbos de la más pura intimidad, sin olvidar un instante en que somos comunidad de Jesús, sus íntimos, Yo no me puedo apropiar de la carta de juan como si fuera mía, porque es de los discípulos, pero no la puedo leer si “ex corde ad cor”.
Comienza, pues, esta carta diciendo:

1 1 Lo que existía desde el principio, | lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, | lo que contemplamos y palparon nuestras manos | acerca del Verbo de la vida;
 2 pues la Vida se hizo visible,
 y nosotros hemos visto, damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó. 3 Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis en comunión con nosotros y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. 4 Os escribimos esto, para que nuestro gozo sea completo”.

Cosa curiosa: ¿una carta en verso? No, una carta en ritmo; ritmo de palabras al ritmo del corazón, porque es una carta amorosa de armonía, carta de deletrear, degustando su sabor y su aroma, carta para contemplar. Sí, carta contemplativa que embelesa el alma.
Cosa curiosa, y más que curiosa: Porque es una carta contemplativo-sensitiva, porque es una teología altísima de ver con los propios ojos, o mejor, mirar, que es un determinado modo de ver, intensivamente: de tocar y palpar… Pero ¿qué vamos a tocar y palpar? Nada menos que la Vida eterna, la que estaba junto al Padre y se ha manifestado.
Carta de aspirar con el aire del Espíritu Santo.
Esta carta tiene una palabra esencial, y se llama: “Comunión”, que en griego se dice “Koinonía”. Y así, con soberana sencillez, se habla, al mismo nivel
- de la comunión apostólica de la comunidad selecta a la que Juan se dirige (“Las Comunidades del discípulo amado”)
- de la comunión con el Padre y con el Hijo, que es la misma que al comunión con el Espíritu Santo. Ayer, día de san Esteban, primer testigo de Jesús junto a la cuna, en la sección evangélica tomada para el día (Mt 10,17-22) se hablaba del Espíritu en estos términos: “el Espíritu de vuestro Padre” (expresión única en el Nuevo Testamento, advierten los exegetas): “porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros” (v. 20).
Para san Juan, Dios es “familiar”, y el cristiano solo pueda hablar de Dios como se habla de los miembros íntimos de la familia, entre los que se ha llegado al pleno conocimiento. Y tal actitud de cercanía y toda confianza no obsta a la plena reverencia y adoración del misterio recóndito. Bien al contrario. Cuando se trata de Dios, lo más recóndito es lo más cercano; lo más divino, lo más humano; lo más sublime, lo más mío. Porque yo he pasado de la muerte a la vida, de la tiniebla a la luz, del pecado a la gracia. Yo he sido divinizado en Jesús, mi redentor y mi Señor.

Más allá de los “tópicos” de Navidad.
Por las honduras del amor
“Topos” en griego es, ni más ni menos, que “lugar”, y del sentido físico-material espontáneamente pasado al sentido figurado. Un tema mil veces repetido se convierte en un tópico, que de por sí no tiene un sentido negativo, sino más bien necesario. Pero como el lenguaje es lo que es…, fácilmente “tópico” es una designación negativa.
Los pobres – tristemente – son un tópico de Navidad. Y parece que no se puede hablar cristianamente de Navidad si no hablamos, emocionados, de los pobres que pasan hambre en Navidad. Es cruelmente verdad que Navidad sin “pobres” no es Navidad, porque Navidad explota de pobreza por todas partes, si nos atenemos al Evangelio: pobre la mujer que da a luz (“pobrecilla” decía con ternura san Francisco), pobrísimo el lugar, pobres, ignorantes… los pastores.
Pero, por encima de todo, la Navidad, la Natividad es
- el misterio recóndito del Dios todopoderoso que se hace hombre por nosotros, para vivir, padecer y morir como hombre
- por amor, por amor, solo por amor.
Si nos olvidamos de esto por salvar a los pobres, destrozamos de plano la Navidad.  Claro que no hay que olvidar nada, porque una cosa sin la otra no existe…, pero en nuestra fragilidad y miopía sí puede acontecer.
Para que no acontezca, tenemos que perdernos, tenemos que centrarnos en el puro centro del misterio. El amor infinito gratuitamente derramado para el hombre, para mí…

La Navidad sale al encuentro de mi insaciable, infinito, anhelo de amor: de ser amado y amar
Comenzando a reflexionar armónicamente en los tiempos vacacionales de la Navidad, más allá de panderetas, de colorines, de lucecitas de mercado, y en el encuentro de mí mismo conmigo – muy especialmente si, hombre o mujer, he abrazo el celibato como llamada de Dios y opción libre – entonces siento surgir en mí un anhelo indecible de llegar a la Navidad por el amor, vía amoris, para encontrarme en Dios no como estéril y frustrado en la danza de la vida, sino con una increíble vocación humano-celestial.
La Navidad me descubre estremecedoramente que yo nací para el amor – me lo gritan todas las células del cuerpo – y que Dios se ha hecho mi esposo. Mis verdades últimas “mías”, en las fuentes manantes del ser, son de este género:
- De dónde vine y adónde voy.
- Cuál es mi vocación que nadie puede arrebatar y la que nadie me la puede suplir.
- El deseo de la divinidad hacia mí (el “éros” divino) ¿es absoluto y concreto?
- Y mi “éros” hacia Dios – mi amor erótico – ese amor por el cual merece la pena darlo todo, darme a mí mismo, ¿se corresponde en el mismo impulso de amor, de manera que “ser amado y amar” sea la esencia de mi existir en el cosmos y el significado insustituible de mi vida?
He aquí un retiro silencioso de Navidad, que muy específicamente a los célibes nos puede recentrar en el sentido más puro y pleno de nuestra vida, cuando el amor escogido (aceptado, más bien) es la plenitud y el vacío, es la mayor riqueza y la suma pobreza, por ser la privación de lo más anhelado, es el gozo de la existencia por ser el gozo que viene de Dios.
Hablo de célibes (religiosas, religiosos), pero el desposorio divino de la Encarnación transciende todo estado particular de vida


II
El misterio de la Navidad entendido como el desposorio
de Dios con su criatura

El lenguaje de la liturgia


Ant. 1 El Señor me ha dicho: «Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.»
Ant. 2 El Señor sale como el esposo de su alcoba.
Ant. 3 En tus labios se derrama la gracia y el Señor te bendice eternamente.
Esta antífona nos introduce en el bello salmo nupcial, salmo 45, que canta la belleza y galanura del esposo y la hermosura esplendente de la esposa. El espíritu es Cristo que llega ene esta noche santa; la esposa es la Iglesia, que lo recibe, soy yo mismo

Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.
Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.
                       
Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna:
prendado está el rey de tu belleza,
póstrate ante él, que él es tu señor.

Los responsorios que siguen a las lectura, la primera una lectura bíblica de Is 9,1-11; la segunda una célebre homilía del Papa San león Magno, se expresan de esta manera:

R. Hoy se dignó nacer de una Virgen el Rey de los cielos, para llevar al reino celestial al hombre que estaba perdido. * Se alegra el ejército de los ángeles, porque ha llegado la salvación eterna al género humano.
V. Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.

R. Hoy descendió del cielo sobre nosotros la paz verdadera: * hoy los cielos destilaron miel por todo el mundo.
V. Hoy amaneció el día de redención de los tiempos nuevos, que fue preparado por los tiempos antiguos, que nos trae para siempre la felicidad.

Este es el lenguaje “espiritual” de la liturgia.
Este leguaje educa los sentimientos del corazón.
- Es el lenguaje “sacramental” que nos invita a entrar en unas realidades, que las hemos de vivir como realidades sacramentales, operativas, cuya eficacia divina llega hoy hasta nosotros. Los misterios que acontecieron, están aconteciendo ahora y nos proyectan hacia el cumplimiento definitivo.
- Es un lenguaje que nos está invitando a pensar que jamás la teología podrá capturar la magnitud del misterio; que, no obstante, hay que habrá que hacer una armonía entre psicología y teología desde la base del hombre nuevo que el Espíritu crea en nosotros.
- Un lenguaje que decididamente nos abre un camino de mística, que significa experiencia personal del misterio recóndito.


Entrar en el misterio de la Natividad humana del Verbo al estilo de los santos: del Poemario de San Juan de la Cruz

Para fray Juan de la Cruz el misterio de la encarnación, de la humanización de Dios hecho uno de nosotros en toda su existencia es el misterio esponsal de Dios.
¿Quién es el esposo? Dios, el hijo de Dios, hecho carne.
¿Quién es la esposa? La criatura, comenzando por la misma Madre que lo trae a este mundo. María es la esposa del Verbo Encarnado, Madre y Esposa. La esposa es la criatura como tal, la iglesia, cada alma, yo mismo.
Este desposorio tiene dos momentos:
- El momento en que se deciden estas nupcias en la Trinidad.
- El momento en que se cumple en el tiempo, en el nacimiento de Jesús.
Y fray Juan de la Cruz, con su sensibilidad humana de amante y de poeta, se atreve a entrar en al Trinidad y escuchar el diálogo de Padre e Hijo que “ab aeterno” planean estas nupcias, que nosotros en el tiempo, en este año concreto, concretamente celebramos.
Hace falta poeta de verdad para que la monotonía de una misma rima, proseguida a lo largo de 310 verso octosílabos no nos derrumbe ni empalague. Hace falta mucha elevación del corazón, bañado en pureza y amor, para orar en poesías y dejarse lleva dulcemente al son de este “Romance”.

Romance sobre el Evangelio "In principio erat Verbum",
acerca de la Santísima Trinidad.

De la comunicación de las tres Personas.

De la creación.

¬Una esposa que te ame.
mi Hijo, darte quería,
que por tu valor merezca

80. tener nuestra compañía
y comer pan a una mesa,
del mismo que yo comía,
porque conozca los bienes
que en tal Hijo yo tenía,

85. y se congracie conmigo
de tu gracia y lozanía.
¬Mucho lo agradezco, Padre,
el Hijo le respondía¬;
a la esposa que me dieres

90. yo mi claridad daría,
para que por ella vea
cuánto mi Padre valía,
y cómo el ser que poseo
de su ser le recibía.

95. Reclinarla he yo en mi brazo,
y en tu ardor se abrasaría,
y con eterno deleite
tu bondad sublimaría.


Prosigue

¬Hágase, pues ¬dijo el Padre¬,

100. que tu amor lo merecía;
y en este dicho que dijo,
el mundo criado había
palacio para la esposa
hecho en gran sabiduría;

105. el cual en dos aposentos,
alto y bajo. dividía.
El bajo de diferencias
infinitas componía;
mas el alto hermoseaba

110. de admirable pedrería,
porque conozca la esposa
el Esposo que tenía.

Prosigue

Con esta buena esperanza
que de arriba les venía,
el tedio de sus trabajos

170. más leve se les hacía;
pero la esperanza larga
y el deseo que crecía
de gozarse con su Esposo
contino les afligía;

175. por lo cual con oraciones,
con suspiros y agonía,
con lágrimas y gemidos
le rogaban noche y día
que ya se determinase

180. a les dar su compañía.
Unos decían: ¬¡Oh si fuese
en mi tiempo el alegría!
Otros: ¬¡Acaba, Señor;
al que has de enviar, envía!

185. Otros: ¬¡Oh si ya rompieses
esos cielos, y vería
con mis ojos que bajases,
y mi llanto cesaría!
¡Regad, nubes, de lo alto,

190. que la tierra lo pedía,
y ábrase ya la tierra,
que espinas nos producía,
y produzca aquella flor
con que ella florecería!

195. Otros decían: ¬¡Oh dichoso
el que en tal tiempo sería,
que merezca ver a Dios
con los ojos que tenía,
y tratarle con sus manos,

200. y andar en su compañía,
y gozar de los misterios
que entonces ordenaría!

Prosigue

En aquestos y otros ruegos
gran tiempo pasado había;

205. pero en los postreros años
el fervor mucho crecía,
cuando el viejo Simeón
en deseo se encendía,
rogando a Dios que quisiese

210. dejalle ver este día.
Y así, el Espíritu Santo
al buen viejo respondía;
¬Que le daba su palabra
que la muerte no vería

215. hasta que la vida viese
que de arriba descendía.
y que él en sus mismas manos
al mismo Dios tomaría,
y le tendría en sus brazos

220. y consigo abrazaría.

Prosigue la Encarnación.

Ya que el tiempo era llegado
en que hacerse convenía
el rescate de la esposa,
que en duro yugo servía

225. debajo de aquella ley
que Moisés dado le había,
el Padre con amor tierno
de esta manera decía:
¬Ya ves, Hijo, que a tu esposa

230. a tu imagen hecho había,
y en lo que a ti se parece
contigo bien convenía;
pero difiere en la carne
que en tu simple ser no había

235. En los amores perfectos
esta ley se requería:
que se haga semejante
el amante a quien quería;
que la mayor semejanza

240. más deleite contenía;
el cual, sin duda, en tu esposa
grandemente crecería
si te viere semejante
en la carne que tenía.

245. ¬Mi voluntad es la tuya
¬el Hijo le respondía¬,
y la gloria que yo tengo
es tu voluntad ser mía,
y a mí me conviene, Padre,

250. lo que tu Alteza decía,
porque por esta manera
tu bondad más se vería;
veráse tu gran potencia,
justicia y sabiduría;

255. irélo a decir al mundo
y noticia le daría
de tu belleza v dulzura
y de tu soberanía.
Iré a buscar a mi esposa,

260. y sobre mí tomaría
sus fatigas y trabajos,
en que tanto padecía;
y porque ella vida tenga,
yo por ella moriría,

265. y sacándola del lago
a ti te la volvería.

Prosigue

Entonces llamó a un arcángel
que san Gabriel se decía,
y enviólo a una doncella

270. que se llamaba María,
de cuyo consentimiento
el misterio se hacía;
en la cual la Trinidad
de carne al Verbo vestía;

275. y aunque tres hacen la obra,
en el uno se hacía;
y quedó el Verbo encarnado
en el vientre de María.
Y el que tenia sólo Padre,

280. ya también Madre tenía,
aunque no como cualquiera
que de varón concebía,
que de las entrañas de ella
él su carne recibía;

285. por lo cual Hijo de Dios
y del hombre se decía.


Del Nacimiento.

Ya que era llegado el tiempo
en que de nacer había,
así como desposado

290. de su tálamo salía
abrazado con su esposa,
que en sus brazos la traía,
al cual la graciosa Madre
en un pesebre ponía,

295. entre unos animales
que a la sazón allí había.
Los hombres decían cantares,
los ángeles melodía,
festejando el desposorio

300. que entre tales dos había.
Pero Dios en el pesebre
allí lloraba y gemía,
que eran joyas que la esposa
al desposorio traía.

305. Y la Madre estaba en pasmo
de que tal trueque veía:
el llanto del hombre en Dios,
y en el hombre la alegría,
lo cual del uno y del otro

310. tan ajeno ser solía. (FIN)

Se nos abren las santas Escritura leídas en base a este anhelado y dulce desposiro de Dios con su criatura.
La Palabra divina – oscura, agitada, revuelta… - al fin, es un relato de amor; es un divino noviazgo que precede al momento en que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros.
El Nacimiento en Belén es algo divino y ceslestial.


III
Navidad: Jesús, Verbo de Dios, esposo mío
1. Navidad es, ante todo, revelación y gracia. Se  nos revela el rostro de Dios en su Hijo Jesucristo y en el Espíritu de su amor.
Dios es amor amando. Dios es lo que hacer. El “ser” y el “hacer” en Dios no son cosas distintas separables. Si Dios “es” y no ejerce lo que es, habría dejado de ser el ser. Dios es amor, porque nos está amando, con el mismo amor con que se ama a sí mismo.
Si la Teología y la Psicología, entendida esta como vivencia de mi propio psiquismo, han de ir en una conjunción y compenetración mutua, cabe que la psicología que se vaya creando en nuestra persona, sea la Psicología del Amor revelado en la Encarnación. Este amor se aposenta en mí; penetra todas mis fibras y me diviniza. No son imaginaciones imposible, a la deriva, a la desesperada. Es la concreción, la proyección de cuanto celebramos en la fe de estos misterios.
Partiendo, pues, de que al Encarnación es el desposorio de Dios con su criatura, conmigo, de ninguna manera es fomentar una ilusión, una falsa mística, unas vivencias irreales, fomentar de modo propio una conciencia de vivir un desposorio con Dios.
Viene en nuestro apoyo el primer texto profético (siglo VIII) en que se enuncia el desposorio de Dios con su criatura, la esposa infiel.

21 Me desposaré contigo para siempre,
me desposaré contigo
en justicia y en derecho,
en misericordia y en ternura,
 22 me desposaré contigo en fidelidad
y conocerás al Señor (Oseas 2,21-22)

Vivir en esta “Alianza esponsal” con Jesús, hijo de Dios transciende al especificidad de hombre o de mujer, porque no se trata de homologaciones sexuales en nuestras vivencias, sino de intimidad en el amor. Bien es cierto que esa vivencia específica de “esposa” en expresiones femeninas cuadra con la mujer y no con el varón; pero hablamos más bien de esa vinculación de intimidad en el amor que sería la esencia pura del matrimonio.
Si de lo que se trata es de una alianza de amor, anotemos:
1)    Hablamos del amor íntegro, el que vibra en todas nuestras células. El amor físico es el que enciende nuestro cuerpo; es amor personal. Y amor personal es el amor más elevado y desprendido. Uno y otro son uno. Y si uno da su vida por amor, no da el ápice del alma: da cuerpo y vida, porque el amor consiste en dar la vida.
2)    Obviamente estas intenciones y anhelos pensados y ordenados para trasladarlos a esquemas comprensible, requiere una purificación absoluta, que nadie por sus propias fuerzas puede alcanzar. El perdón de los pecados es la base insustituible para entrar en la dinámica. Yo que quiero vivir en esa corriente de “ser amado y amar”, no puedo convivir con el pecado, pues el pecado no es otra cosa sino el desamor, la ruptura consciente con el amor que me llama. Es pecado todo y solo lo que se opone a la voluntad de Dios.
3)    El amor, como se sabe, tiene tres cualidades intrínsecas, que mutuamente se reclaman, y si uno excluyera una de las tres, daría la espalda al amor. El amor es
- total
- gratuito
- para siempre.

Este es el amor de Jesús a mí; y, en consecuencia, de modo correlativo el mío hacia él, amor-respuesta, guiado por el Espíritu Santo.
Cuando la vida queda ordenada así, yo entro en el círculo trinitario de la voluntad de Dios. “Nosotros amemos a Dios, porque él nos amó primero” (Jn 4,19), dice Juan después de haber dicho. Dios es amor.

Desde esta espiritualidad de amor podemos saltar a los diálogos de la Trinidad, como ha saltado Juan de la cruz.
Y todo ello con serenidad, con gozo, con paz, aguardando, cuando al Señor le plazca, el Encuentro con el Amor. El Amor venidero y el Amor de hoy es el mismo, porque Dios es Amor.

Guadalajara, Jalisco, 27 diciembre 2017