jueves, 4 de octubre de 2018

1125. Triduo de San Francisco / y 4, fin.


Tu vida pura, Francisco

“Sobre todas las cosas deben desear tener
el Espíritu del Señor y su santa operación”
(Regla de san Francisco, cap. X).

A san Francisco de Asís, santo de todos,
a mis hermanos y amigos,
en el amanecer.
Tu vida pura, Francisco,
del Espíritu transida,
es vida de una presencia,
en tu nada recibida.

Intimidad es el Padre
y en la fe pura delicia:
hoy en ayer sin principio
veo mi alma nacida.

Pobreza es el ser del Hijo
todo de Dios, luz divina,
y eternamente encarnado
por amor que nunca humilla.

El Espíritu esponsal
es mi Dios que en sí culmina,
mi Dios y mi adoración,
silencio que diviniza.

María  es la Virgen Madre,
como el Hijo pobrecita,
solo la fe le acompaña
de Belén hasta la cima.

Iglesia, Madre amorosa,
llorosa, Madre sufrida,
contigo estoy, mi consuelo
no llores más, Madre mía.

Hoy es la fiesta de hermanos
con san Francisco de guía;
amémonos y gocemos
con pura y santa alegría. Amén.

Fray Rufino María Grández,
hermano menor capuchino

Guadalajara, Jalisco, San Francisco 2018.

martes, 2 de octubre de 2018

1124. Triduo de San Francisco 3/3


Triduo de san Francisco - 3/3

EL DESEO
1. La mirada – 2. La fraternidad – 3. La Iglesia – 4. El mundo

Ninguna otra cosa deseemos, ninguna otra queramos, ninguna otra nos plazca y deleite, sino nuestro Creador (RnB, 23)
La búsqueda del sentido despierta el mundo del deseo. Se trata de una llave que pone en movimiento todo nuestro ser, lanzándonos al encuentro con la realidad. El deseo se reviste siempre de experiencias concretas, nos mantiene atentos a la fuerza de la vida, nos conecta con Jesús, impulsándonos a compartir sus sentimientos, a ser como él. Francisco, varón de deseos, permite que Dios transforme su deseo de ser caballero en un deseo todavía más alto: ser como Jesús.

La mirada
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Me parecía extremadamente amargo ver leprosos (Test.1). Apartar la mirada y permanecer ciegos es siempre una tentación, ¿Quién puede romper la tendencia que tenemos a mirarnos sólo a nosotros mismos? La conversión consiste precisamente en cambiar nuestro modo de mirar, pasando de la indiferencia a la compasión, permitiendo que aquello que vemos nos afecte y nos transforme.
Para Dios no hay nadie invisible: mira a los pobres y escucha su lamento, los convierte en las pupilas de sus ojos. Dios nos contempla a través de ellos. Son las paradojas del Evangelio: somos vistos por aquellos a quienes no queremos ver. Sólo cuando Francisco se deja mirar por los ojos del Dios de los leprosos es capaz de abrir sus propios ojos y aprender a mirar.
El Cristo de San Damián, en cuyos ojos abiertos Francisco detiene su mirada, se convierte en el espejo en el que Clara nos invita a mirar. En sus ojos, los nuestros se llenan de misericordia. En la forma de mirar de Jesús pasamos del silencio a la escucha, de la soledad a la solidaridad, de la contemplación a la compasión. Así se inicia el proceso de transformación de nuestros deseos: se empieza por mirar las cosas como Jesús y se acaba viéndolas como él. Más aún: acabas siendo otro Jesús. Y aún más: tú mismo te conviertes en otro espejo y quien te ve a ti ve a Jesús.
La contemplación invita al seguimiento y el seguimiento a la contemplación. Ambas realidades sostienen el sentido de nuestra vida de hermanos. Juntos, desde el espacio de la fraternidad, prolongamos de manera profética la mirada de Dios sobre el mundo, denunciado lo injusto y convirtiéndonos en testigos de la esperanza y de la alegría del Evangelio.

Ojos de Dios en mis ojos
para aclarar mi mirada,
que quiero mirar a todos
como Dios los mira y ama.

Qué pureza ser mirado
si es mi Dios quien me traspasa
y convierte mi alma y cuerpo
en esa luz que él irradia.

Ser mirado es ser bañado
desnudo en divinas aguas,
ser mirado es ser amado
hasta ser esposa amada.

Ojos abiertos de Cristo
desde la Cruz sacrosanta,
que a francisco le miraron
y “Ve y mi Iglesia repara”.

Ojos de Misericordia
que curan todas las llagas,
las llagas del corazón
que solo el amor las sanas.

Que o haya en el mundo hermano
que por mucho que pecara,
al ver tus ojos tan solo
sin el perdón de marchara.

Perded todo, mis hermanos,
mas no perdáis en la cara,
la mirada que Jesús
con su perdón os regala.

Y perdonados marchad
con la bondad regalada,
regalando de los ojos
la victoria de su Pascua.

Guadalajara, Jalisco, 2 de octubre de 2018

1123. Triduo de San Francisco 2/3


Triduo de san Francisco - 2/3

EL ENCUENTRO
1. La Palabra – 2. El leproso – 3. El Hijo pobre y desnudo – 4. Los pájaros y las flores

Que nadie se aparte de ti, sin haber visto antes tus ojos llenos de misericordia
Ningún hombre es una isla. Dios nos ha creado únicos e irrepetibles, pero no autosuficientes. El individualismo (la tentación de reducir la realidad a la propia realidad personal) destruye la capacidad relacional y, convirtiendo al otro en objeto de autoafirmación y dominio, impide la verdadera realización de la persona. La interdependencia exige reconocer la diversidad del otro y acogerla como don y riqueza. Sin relaciones libres y abiertas la vida carece de sentido, puesto que es en el descubrimiento de la alteridad donde se construye  la propia identidad.
Los encuentros son las experiencias más importantes de la vida de Francisco. Nada acontece por casualidad, sino que todo sucede en tiempos y lugares concretos: Francisco, cuando está buscando su camino, es conducido a las periferias de Asís. Fuera de los muros de la ciudad, en la pequeña ermita de San Damián, puede escuchar mejor la Palabra y, desde ella, encontrarse con los leprosos y seguir al Cristo pobre y desnudo.

Los pájaros y las flores
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El gran obstáculo para el seguimiento de Jesús es el miedo, que consiste en traer hasta el presente algo malo que pensamos que nos puede suceder en el futuro, quedando de este modo impedidos para caminar. Lo contrario del miedo es la confianza: la afirmación serena y alegre del presente que nos encamina hacia lo que tenga que venir. Mirad las aves que vuelan en el cielo (Mt 6,26) … Mirad cómo crecen los lirios del campo (Mt 6,28). Pájaros (símbolo de la libertad) y flores (imagen de la providencia) son propuestos por Jesús como modelos del discípulo confiado, aquel que se siente sostenido por la bondad de Dios y trata de vivir la profundidad de cada instante.
En Francisco se nos revela una nueva manera de ser santo. Se enamora de las flores, conversa con los pájaros y mantiene encuentros cercanos con las criaturas; se siente, en medio de ellas, uno más. Frente a las piedras de los espacios cerrados, él prefiere el claustro del mundo, lleno del color de las flores, que testimonian la belleza del Creador,  y de la música de los pájaros, que cantan la gloria de Dios. Cansado de los discursos vacíos de experiencia, Francisco aprende de los lirios y de las aves un nuevo modo de hablar, una palabra libre y gratuita, confiada y capaz de invitar a la confianza absoluta en el Señor.

Como Jesús me enseñó,
yo soy su hermano querido,
divinamente aprendí
que yo soy hijo en el Hijo.

Sin miedo, hijo, sin miedo,
libre de todo prejuicio,
sin miedo, sin ataduras,
y hasta libre de ti mismo.

Ved los pájaros del cielo,
canoros por ser su oficio,
y prontos para escuchar
al hermanito Francisco.

Los pájaros, vuelo y música,
son libertad que yo ansío,
si con pureza yo asciendo
a Dios que el uso ritmo.

Los pájaros son liturgia
para muy puros oídos,
su misión es alabar
y hacer coro con los niños.

Mirad las flores del campo,
mirad los precioso lirios,
envidia de Salomón
y de todo su cortijo…

Si sois en verdad videntes,
decid quién los ha vestido.
Mi Padre, mi Padre amado
para ti con su cariño.

Soy un pobre franciscano:
quisiera ser pobrecito,
recién nacido en Belén
y en pie junto al Crucifijo.

Oh Padre celeste, amor,
en tu pecho me cobijo,
con toda la creación
vengo de donde he nacido.

Mi confianza es homenaje,
recibido de ti mismo,
con este amor regalado
Dios amor te glorifico. Amén.

Guadalajara, Jalisco, 1 octubre 2018.