EL ENCUENTRO
1. La Palabra – 2. El leproso – 3. El Hijo pobre y
desnudo – 4. Los pájaros y las flores
Que
nadie se aparte de ti, sin haber visto antes tus ojos llenos de misericordia
Ningún hombre es una
isla. Dios nos ha creado únicos e irrepetibles, pero no autosuficientes. El
individualismo (la tentación de reducir la realidad a la propia realidad
personal) destruye la capacidad relacional y, convirtiendo al otro en objeto de
autoafirmación y dominio, impide la verdadera realización de la persona. La
interdependencia exige reconocer la diversidad del otro y acogerla como don y
riqueza. Sin relaciones libres y abiertas la vida carece de sentido, puesto que
es en el descubrimiento de la alteridad donde se construye la propia identidad.
Los encuentros son las experiencias más
importantes de la vida de Francisco. Nada acontece por casualidad, sino que
todo sucede en tiempos y lugares concretos: Francisco, cuando está buscando su
camino, es conducido a las
periferias de Asís. Fuera de los muros de la ciudad, en la pequeña ermita de
San Damián, puede escuchar mejor la Palabra y, desde ella, encontrarse con los
leprosos y seguir al Cristo pobre y desnudo.
Los pájaros y las flores
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El gran obstáculo para el seguimiento de Jesús
es el miedo, que consiste en traer hasta el presente algo malo que pensamos que
nos puede suceder en el futuro, quedando de este modo impedidos para caminar.
Lo contrario del miedo es la confianza: la afirmación serena y alegre del
presente que nos encamina hacia lo que tenga que venir. Mirad las aves que
vuelan en el cielo (Mt 6,26) … Mirad cómo crecen los lirios del campo (Mt
6,28). Pájaros (símbolo de la libertad) y flores (imagen de la providencia) son
propuestos por Jesús como modelos del discípulo confiado, aquel que se siente
sostenido por la bondad de Dios y trata de vivir la profundidad de cada
instante.
En Francisco se nos revela una nueva manera de
ser santo. Se enamora de las flores, conversa con los pájaros y mantiene
encuentros cercanos con las criaturas; se siente, en medio de ellas, uno más.
Frente a las piedras de los espacios cerrados, él prefiere el claustro del
mundo, lleno del color de las flores, que testimonian la belleza del
Creador, y de la música de los pájaros,
que cantan la gloria de Dios. Cansado de los discursos vacíos de experiencia,
Francisco aprende de los lirios y de las aves un nuevo modo de hablar, una
palabra libre y gratuita, confiada y capaz de invitar a la confianza absoluta
en el Señor.
Como Jesús me enseñó,
yo soy su hermano querido,
divinamente aprendí
que yo soy hijo en el Hijo.
Sin miedo, hijo, sin miedo,
libre de todo prejuicio,
sin miedo, sin ataduras,
y hasta libre de ti mismo.
Ved los pájaros del cielo,
canoros por ser su oficio,
y prontos para escuchar
al hermanito Francisco.
Los pájaros, vuelo y música,
son libertad que yo ansío,
si con pureza yo asciendo
a Dios que el uso ritmo.
Los pájaros son liturgia
para muy puros oídos,
su misión es alabar
y hacer coro con los niños.
Mirad las flores del campo,
mirad los precioso lirios,
envidia de Salomón
y de todo su cortijo…
Si sois en verdad videntes,
decid quién los ha vestido.
Mi Padre, mi Padre amado
para ti con su cariño.
Soy un pobre franciscano:
quisiera ser pobrecito,
recién nacido en Belén
y en pie junto al Crucifijo.
Oh Padre celeste, amor,
en tu pecho me cobijo,
con toda la creación
vengo de donde he nacido.
Mi confianza es homenaje,
recibido de ti mismo,
con este amor regalado
Dios amor te glorifico. Amén.
Guadalajara, Jalisco, 1 octubre 2018.