Ir
a Nazaret, para un sencillo cristiano, es volver la casa de la Madre. De todos
los santuarios del mundo, dedicados a la Virgen, Nazaret es, por excelencia, la
casa de la Madre, la casa donde creció Jesús, la casa donde un día le dijo:
Madre, tengo que irme, tengo que marchar a anunciar el Reino del Padre. Y le
dio un beso.
Y,
al querer ir a Nazaret, era por eso, por querencia; para oler en el corazón la
cocina de casa, de donde todo nació.
Si
queremos informarnos acerca de Nazaret, cualquier libro guía de Tierra Santa
nos proporciona datos abundantes, y si yo me intereso por saber qué ha sido y
qué es el Pueblo palestino, Nazaret es un enclave importante y desgarrador.
Nazaret, clavada en las laderas de los montes de Galilea (a Jesús le quisieron
arrojar por un despeñadero) tiene 76.000 habitantes (Wikipedia)…, de mayoría
palestino-musulmana… La mayoría es de religión musulmana. El porcentaje
cristiano es mucho mejor; y de los cristianos, el porcentaje ortodoxo es muy
fuerte. No obstante todo, la basílica católica de la Anunciación es única…
Dejamos
estos datos (que sacuden fuertemente el corazón, porque nada humano no es
ajeno: trabajo, economía, forma política…) y vayamos a la basílica de la
Anunciación. Vírgenes y Vírgenes rodean por las paredes a la Virgen, a la única
desde las que todas fueron pensadas. Hasta he encontrado a la Divina Pastora en
azulejos (25/01/2016)… (¿querida advocación, ¿demasiado particular para un
santuario abierto al mudo universo, de Israel a América y Oriente?), que dice ser,
“la patrona de las misiones capuchinas”.
Un
día, providencialmente, peregriné por acá, y por la noche en la habitación
escribí en Nazaret unos versos (27(04/1982): “En la mañana del mundo, Dios te
saluda, María...” Un hermano (fr. Fidel Aizpurúa) les puso música.
Hoy
también me brota del corazón – como al salmista – un poema, que quiere ser “me
brota del corazón un poema bello”, por ella. Sin quererlo, me ha parecido que
es lo mismo: María es la toda llena de gracia, porque Dios quiso preparar en
ella una digna morada para su Hijo.
Navidad
en Belén, una experiencia espiritual privilégiala, en este caso para ver como
la liturgia, exquisitamente prepara es un sacramento en el que el misterio se
trasparenta, al sentirse “uno” y “único” en una intimidad invulnerable y sentirse
todos, en una comunidad donde no sobraba un sitio. El canto y el órgano hacen
parte de este “sacramento”, y acaso uno entiende, sin ser músico, cómo nació divinamente
el Gregoriano en oración y para la oración, y cómo nacieron, por necesidad
orante, esas volutas que tiene, por dentro, el Gregoriano.
Una
turba innumerable de sacerdotes fuimos apareciendo por la sacristía para vestir
todos alba, estola y casulla blanca, todos de fiesta completa. Sería las 9.30
de la noche cuando comenzamos a tomar asiento, empezando por el coro alto de
detrás del altar mayor de esta Basílica de la Natividad, llamada iglesia de
Santa Catalina. Íbamos a hacer tiempo en silencio… Perdí el reloj… el simple
ver ya era oración, y aquí y allá (yo mismo), prácticamente todos, se fueron
viendo celulares, que en su momento guardarían imágenes de esa Noche santa.
Teníamos
en manos un hermosísimo folleto, sacado por la Custodia: In Nativitate
Domini. Sollemnitas diebus 24-25 Decembris. Celebrationes in civitate Bethlelem.
Las lecturas, aparte del latín, estaban en árabe, Italiano, Inglés, Francés,
Alemán, Español. Y la música en su grafía; perfecto, 162 pp. La celebración de
esta noche era: Maitines – Celebración de la Eucaristía – Procesión a la
cripta, al lugar del nacimiento.
Pero,
de pronto, repartieron otro folleto, un cuadernillo de 16 pp., que decía en
portada: Il Presepio di Greccio. Ad Nativitatis vigiliae preparationem, di
24 decembris Bethlehem. Y sobre las 10 de la noche rompió el órgano para
que el diácono cantara: In nomime Patris et filii et Spiritus Sancti. El lector
hizo la Monitio, tomada de la Legenda de Perusa 114. La celebración fue
el relato de Grecio, según la Vida de san Francisco de Celano (Fonti
Francescani 466-471), dividida, degustada en seis estancias. Y a cada lectura o
estancia espiritual venía el canto, el villancico, comenzando por el Stille
Nacht, pero - ¡oh sorpresa! – versificado en latín: Silet nox! Contremit
nox! / Omnium silet vox / Sonat ardens adstantium cor / Totus tuus, o Iesule,
cor / Pax hominibus tu, Pax hominus tu. – Y así cantamos divinamente, con
mucha devoción, segunda y tercera estrofa del “noche de paz”, latinizado, a
Jesusito.
Otro
era: Adeste, fideles…, tan conocido, vibrante.
Al
concluir, todo el Evangelio de la geneaología de Jesús, según Mateo, nombres
que iban cayendo en Belén como estrellas del cielo. Todo sonaba perfecto.
Y
de pronto, oigo algo que hacía 60 años yo había oído en mi primera Navidad de
estudiante universatario en tierra de habla francesa, en un pueblecito del
cantón de Fribourg (Suiza), Faoug, donde celebré mi primera Navidad como
sacerdote: Les anges dans nos campagnes / Ont entonné l'hymne des cieux; / Et
l'écho de nos montagnes / Redit ce chant mélodieux: Gloria, in excelsis Deo, Gloria, in excelsis
Deo. “Melodía popular francesa”, decía el librito. Pero no era en francés;
las siete estrofas (pp. 14-15) para corearlas con el Gloria estaban en latín.
¡Cuántos recuerdos, Dios mío, giraban por mi cabeza!
Terminó
Greccio; descansamos un rato, orando perdidos en el ambiente… y cerca de las
11. 30 comenzaron los Maitines, para que a las 12.00 de la noche fuera la Misa
de Medianoche. Mientras tanto iban llegando las personalidades de la Autoridad
Palestina para ocupar su zona reservada. Téngase presente que Belén no es
Israel, sino Estado Palestino. Y en primera fila estaba el Primer Ministro del
Estado Palestino.
Los
Maitines no terminaban con el Te Deum, sino con la Kalenda de
Navidad (Martyrologium Romanum. Die 25 Decembris), solemnemente
cantada: “Pasados innumerables siglos desde al ceración del mundo…, después
también de muchos siglos desde que el Altísimo pusiera su arco en las nubes…;
veintidós siglos después de la emigración de Abraham, nuestro padre en la fe,
de Ur de Caldea…, el año setecientos cincuenta y dos de la fundación de la
Urbe, el año cuarenta y dos del imperio de César Octavio Augusto, estando todo
el orbe en paz, Jeuscristo, Dios eterno e
Hijo del eterno Padre, queriendo consagrar el mundo con su piadodísima venida,
concebido del Espíritu Santo, nueves meses después de su concepción, nace
AQUÍ EN Belén de Judea, hecho hombre de María Virgen: la Natividad de
nuestro Señor Jesucristo según la carne”.
Después
que las campanas dieran los debidos toques para la campiña de Belén, mientras en
la iglesia se cantaba y se cantaba, a las 12 de la noche empezó la misa…
Y
aquí se corre el telón para que el lector sueñe y se pierda.
Llegó
el Gloria. Aquellos fue un estruendo. El
órgano parecía que iba a romper las bóvedas, sonaba y repicaba la campanita de
junto a la sacristía, agitada por la mano de un campanero de manga franciscana…,
y cuando se apaciguó este ímpetu continuamos en la asamblea con el dulce
gregoriano: “et in terra pax hominibus bonae voluntatis…”. Las lágrimas
corrían por las pardes del corazón.
Se
hicieron las divinas lecturas de Navidad.
Nos
sentamos, y el Patriarca, que a la sazón es su Beatitud Pierbattista
Pizzaballa, franciscano, empezó la homilía, pronunciada en inglés, que la podemos
ver en distintas traducciones en la web del Patriarcado Latino de Jerusalén:
“Queridos hermanos y hermanas,
Reverendísimas excelencias,
Señor presidente, excelentísimos invitados
¡El Señor os de la paz!
Este año la celebración de la Navidad es ciertamente
más alegre que el año anterior, nuestra Iglesia está llena de fieles y la
ciudad está de fiesta. En comparación con la Navidad del año pasado, la
participación es mucho mayor y esta es una señal alentadora. Por supuesto,
todavía falta una parte importante para que la alegría sea completa. No hay
peregrinos, que por segundo año consecutivo no pueden estar con nosotros,
debido a la actual emergencia sanitaria, que se está alargando más de lo que
uno podría imaginar. Recemos por ellos y al mismo tiempo pedimos sus oraciones,
para que todo esto acabe pronto y que la ciudad de Belén vuelva a estar llena
de peregrinos, como es su característica. Oremos también para que vuelva la
alegría a las muchas familias que se sostienen gracias a las peregrinaciones y
que, a causa de esta pandemia, llevan más de dos años sin trabajar y viven en
una situación cada vez más difícil.
Esperamos que con la acción conjunta de la política,
la Iglesia y los tour operadores locales e internacionales, se puedan encontrar
formas seguras de retomar esta actividad, a pesar de la pandemia. ¡Es realmente
necesario!”.
Fue valiente, comentaron luego hermanos y hermanas…
No, tenía que haber dicho más, comentaba otro.
Palestina e Israel, donde nació el Príncipe de la Paz,
es una tierra de dolor, como lo sabe la prensa Internacional…
En fin…, seguimos la Misa, sin reloj, pensando que a
lo mejor ya no habrá otra…, sino que la venidera será en la Jerusalén celestial.
Al terminar la Misa, pasamos al claustro cuadrangular
para bajar al locus donde “Verbum HIC caro factum est”. Oramos en silencio y
cantamos… El Te Deum coronó esta “Processio ad cryptam Nativitatis”.
Subimos a la basílica. Se oró con la oración final, y
recibimos la bendición del Patriarca.
Noche santa.
Al
salir, eran como las 2 de la madrugada, cansados y felices.
Volvimos
a casa. No ha sido un día de jolgorio. Quizás lo sea esta noche.
Mientras
tanto, en el belén de esta celda capuchina, he querido plasmar en un poema el
recuerdo de esta Navidad singular.