viernes, 17 de marzo de 2023

1870. Cuaresma 2023 Dom IV – Jesús nos ilumina con la luz definitiva

Jesús nos ilumina con la luz definitiva

Jn 9,1-41

Texto:

Jn9 1 Y al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de nacimiento. 2 Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego?». 3 Jesús contestó: «Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. 4Mientras es de día tengo que hacer las obras del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. 5Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo».

6 Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, 7 y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se lavó, y volvió con vista. 8Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». 9Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». Él respondía: «Soy yo». 10 Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto los ojos?». 11Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver». 12Le preguntaron: «¿Dónde está él?». Contestó: «No lo sé».             13Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. 14Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. 15También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y veo». 16Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego: 17 «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta».

18Pero los judíos no se creyeron que aquel había sido ciego y que había comenzado a ver, hasta que llamaron a sus padres 19 y les preguntaron: «¿Es este vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». 20Sus padres contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos; 21 y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse». 22 Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. 23Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él».  24Llamaron por segunda vez al hombre que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador». 25Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; solo sé que yo era ciego y ahora veo». 26 Le preguntan de nuevo: «¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?». 27Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?». 28Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ese lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. 29Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene». 30Replicó él: «Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. 31Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es piadoso y hace su voluntad. 32Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; 33 si este no viniera de Dios, no tendría ningún poder». 34 Le replicaron: «Has nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron.

 35Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». 36 Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». 37 Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». 38Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él. 39Dijo Jesús: «Para un juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos».            

40Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?». 41 Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece.

 

Hermanos:

1. Acabamos de leer y escuchar este gran relato del Evangelio de san Juan, divinamente bello. Un milagro de Jesús, desarrollado de forma minuciosa y dramática, con diversas escena, pasos y actitudes, que ponen ante los ojos una luminosa catequesis bautismal. Los padres antiguos llamaron al bautismo “iluminación”, fotismós. El bautismo, en efecto, es una iluminación, pues ilumina un mundo desconocido: quién es Dios, quién es Jesús, Hijo de Dios, quién es el mundo en que nos movemos, quién soy yo mismo y mi misión en medio de este mundo. El bautizado es un iluminado.

El relato avanza, intrigante, y el momento de emoción es el final:

«¿Crees tú en el Hijo del hombre?». 36 Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». 37 Jesús le dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». 38Él dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él.

 

2. Cuando san Juan escribió estas cosas quería mostrar a la comunidad cristiana, a las comunidades donde se había predicado la vida de Jesús, estas supremas verdades:

- Jesús es la luz.

- Jesús es la luz verdadera.

- Jesús es la luz definitiva.

Lo había dicho en las primeras líneas de su Evangelio: En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.  Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió. […] El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo (Jn 1,3-4.9).

 

3. Hubo una época de la Historia que se llamó “El Siglo de las luces”. Si los historidaores nos dicen que nació en Inglaterra en el siglo XVII, ellos también nos explican que tuvo su esplendor en Francia y en toda Europa en el siglo XVIII. Y en esta trayectoria tuvo un punto álgido al final del mismo siglo con la Revolución Francesa que irrumpe en 1789, y marca, a su vez, un cambio en la historia humana. Grandes figuras representan las lumbreras de este Siglo de las Luces; acaso el nombre más sonado. Lo más característicos del Siglo de las Luces es que la Razón se sienta en su trono, y a la Fe – sea la Fe católica o la Fe de otras religiones – hay que dejarla en la periferia. La Razón es el supremo dictado de la existencia humana; solo en la Razón se podrá dar el verdadero progreso humano; la Fe ha llevado a un poder abusivo de la Iglesia en todo el curso de la Edad Media.

Esta es la Ilustración clave que aporta el Iluminismo de El Siglo de las Luces. Sin duda, hermanos, que aquellos hombres, forjadores de un pensamiento nuevo, sacudieron las conciencias para que aceptaran una realidad que se imponía por sí misma.

 

4. Pasó El Siglo de las Luces sin que la sociedad alcanzara aquella soberanía y libertad que auspiciaban los nuevos conocimientos. Las épocas posteriores nos van mostrando cosas semejantes. Sacar a Dios de la convivencia humana, para que reine en su lugar, que es el cielo, si Dios existe y el cielo existe, y dar las riendas del mundo a la ciencia, que ha llegado hasta poner sus pies en la luna, y nos ha plantado ene este era cibernética y digital de la comunicación al instante, tampoco nos da la clave de lo que buscamos. Anhelamos la paz, el progreso, la convivencia, y no sabemos salir de una guerra que ha sembrado desde hace un año destrucción y dolor, y que a medida que avanza presenta un panorama más oscuro, más destructor.

Mientras Dios no sea el que guíe nuestras acciones, el hombre camina por el camino del caos. La libertad a la que estamos llamados cada hombre, cada mujer, no se fundamenta en los derechos que yo creo tener, sino en un orden que Dios ha establecido, y que late en el mismo corazón del ser humano.

No es que esté hablando como católico (que por la gracia y misericordia de Dios lo soy); estoy hablando como creyente. El ateísmo nos lleva a al destrucción; o el vivir como si Dios no existiera, nos lleva a tomar al hombre como suprema razón, con todas las discusiones y sinsentidos que ahí se dan.

 

5. Viene, `pues, Jesucristo que nos dice que es el Camino, la luz y la Vida. Y el cristiano, como discípulo suyo, se deja iluminar por esa luz, en la que halla la paz y la felicidad que la quiere vivir él y la quiere compartir con sus hermanos, los hombres.

Hermanos, esa es nuestra fortuna, esa es con sencillez y humildad, nuestra seguridad, la aportación que generosamente queremos brindar, con signos concretos, a todo el que quiera recibirla.

Recordad las palabras que explicábamos un día, al abrir el Sermón de la Montaña, en san Mateo: Vosotros sois la sal de la tierra…, Vosotros sois la luz del mundo… (Mt 5,13-14). No por nosotros mismos, sino por él.

 

Señor Jesús, te doy gracias por el don supremo de mi vida, que ha sido la Fe y el Bautismo. Quiero vivir como hijo de la luz, iluminado por tu presencia. Confieso que he sido iluminado por ti como el ciego de nacimiento, y quiero disfrutar de esta luz y ser para mis hermanos luz de vida. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, viernes 17 marzo 2023.

miércoles, 15 de marzo de 2023

1869. El detalle del amor – Rima espiritual sobre Mt 5,17-19

  El detalle del amor

El Evangelio del miércoles de la III semana de Cuaresma es Mt 5,17-19. Jesús tiene este rotundo principio: “17 No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud”.  Dios no se contradice a sí mismo en su propia historia con el hombre. Jesús ciertamente no repite a Moisés, ni continúa a Moisés, pero no lo contradice, sino que lleva a “plenitud” el mensaje iniciado por Dios en Moisés. El rotundo principio lo reafirma Jesús con dos comparaciones.

La primera, la del cielo y la tierra: “18 En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley”.

La segunda, la de los mandatos mínimos: “19 El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes [literalmente: mínimos] y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos”.

Y en este punto nos da una promesa: “Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos”.

La doctrina de Jesús sobre la Ley y el Evangelio ciertamente no se entienden sin una iluminación del Espíritu. Es un gran tema de la Teología del Nuevo Testamento, y en particular de la teología paulina.

Al eco de las palabras de Jesús queremos fijarnos en un punto muy particular: lo pequeño, lo aparentemente insignificante como expresión fuerte del amor fiel. Queremos indagar en “el detalle” como expresión pura, delicada, muy fina, del amor. Una flor cultivada en mi jardín y regalada como obsequio de cumpleaños puede ser más significativa que un obsequio costoso adquirido en el comercio: es más mío, más entrañable, más cargado de simbolismo.

Con Jesús pasó la Ley, con sus innúmeros mandamientos (613 según cuenta que hizo la tradición rabínica), Ya Jesús es toda la Ley. Pasaron los mandamientos, pero no pasaron ni pasarán los detalles del amor. Los detalles son gestos, símbolos, minucias, todo ello cargado de sentido. El detalle del símbolo genera el rito. No estará de más citar a El Principito (1943) de Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944), cuyo tema central es la amistad. Dice el Zorro a el Principito:

“Los ritos son necesarios.

-¿Qué es un rito? -dijo el principito.

-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día sea diferente de los otros días: una hora, de las otras horas”.

La liturgia – la celebración eucarística en concreto – en lenguaje y lenguaje y gestos está llena de detalle que son rito y símbolo, y que uno en la fe puede vivirlos como detalles muy delicados de amor. Dar “culto al culto” es la corrupción del culto. Pero inventar lo que a mí me place es saltarse los detalles del amor, del verdadero amor.

El detalle del amor,
o saben bien los amantes,
y el detalle de la Ley
Jesús lo cumple y lo sabe.

El más pequeño precepto,
si es por amor. no lo saltes,
que caerán cielo y tierra
antes que llegue a borrarse.

Qué dulce poder decir,
a Jesús, y qué agradable:
Como pequeño te amo
en algo insignificante.

Y tú eres, Jesús, mi presencia,
de noche, mañana y tarde,
eres aliento y palabra
y escrito sin vanidades.

Por la fe que es maravilla,
estás, Señor, a mi alcance;
eres siempre lo real
y el corazón por ti late.

El tamaño del amor
no se mide en cantidades,
la vida es muy pequeñita,
pero aguarda eternidades.

Y el amor, si amor se llama,
es filigrana de encaje,
hilitos cuan más delgados
tejen más bella la imagen.

 

                * * *

Yo vengo a la Eucaristía
para cantar mis cantares,
y quiero siempre vivirla
como humilde celebrante.

Como sabio sin estudios,
que entiende rito y mensaje,
y al proclamar la Palabra
se goza por escucharte.

Y cuando viene el Espíritu,
fuego que del cielo cae,
adorar gloriosamente
a Dios hecho Cuerpo y Sangre.

El amor se hizo concreto,
que no es celeste paisaje,
se hizo mío y verdadero
se hizo carne de mi carne.

Dios es mío en mis dominios,
Invisible e Inenarrable;
no hay palabras que lo digan
ni cantos para cantarle.

Una corriente de Pascua
en estos momentos nace,
y se inicia el mundo nuevo
que me arrebata en su trance.

Dios es vida, vida mía,
la Parusía se abre,
que el divino Sacramento
trae el cielo a los altares.

Y ¿qué detalles de amor
habremos de tributarle?
En un silencio sencillo,
dejemos que él nos hable.

Y luego lo cotidiano,
lo normal y sin alarde´
sea el detalle de amor
que ningún día se acabe.

Señor de mi calendario,
que en humildes te complaces,
a esa familia me ajunto
en busca de tus bondades.

Vivir en amor anhelo
y con mi vida anunciarte,
y solo pido una cosa:
que como hijo te agrade. Amén.

Cuautitlán Izcalli, 15 marzo 2023,

Martes de la III semana de Cuaresma.

domingo, 12 de marzo de 2023

1868. El Banquete de mi Padre – Rima espiritual sobre la Parábola del Padre bueno

 

El Banquete de mi Padre – Lc 15,24

La parábola del hijo pródigo – una de las tres parábolas de la misericordia de Lc 15 (dracma perdida, oveja perdida, hijo perdido) – que llaman, más bien, la Parábola del Padre bueno, o sea acaso la Parábola del Padre y de los dos hijos, es la Reina de la parábolas, la Joya de las parábolas.

Los muy sabios exegetas (John P. Meier, 1942-1922) dicen que posiblemente esta y las más famosas (Buen Samaritano, Ovejas y cabras en el juicio final, las Diez vírgenes…) sean creación de la comunidad, bajo el impulso irrefrenable de la creatividad de Jesús. Lo absolutamente ciertoe s que hoy Jesús Resucitado me está diciendo esta parábola a mí; pero ocurre que yo no soy ni el hijo malo, descarriado, ni el hijo “bueno” que no comprende esa locura de amor que es el banquete que el padre bueno – el único bueno – ha preparado para el hijo que, al fin, ha retornado. Le perdona, y de su pecado no se acordará más, y ha creado para éle este banquete nupcial, que ha venido del cielo a la tierra, que  ni los ángeles se lo han podido imaginar. Y yo, sencillo discípulo de Jesús, cuando ya mis días se acercan al final, voy pensando: ¿Y es que el Padre bueno no habrá preparado para mí un banquete no inferior al suntuoso banquete de la parábola? Cierto que la parábola me está revelando el banquete que Dios ha preparado para este su hijo.

Es lo que queremos cantar en esta rima espiritual que corresponde al Evangelio del sábado de la II semana de Cuaresma. La parábola del hijo pródigo, abrazado, perdonado, agasajado con el mejor banquete viene a ser como la cúspide espiritual del sacramento cuaresmal, que anuncia lo que dice y lo que sugiere.

 

El Banquete de mi Padre

es un invento de Dios;

los ángeles no sabían,

ni nadie lo adivinó.

 

Ha vuelto de su aventura

el joven hijo menor:

hoy es fiesta, hoy es Pascua,

que mi hijo resucitó.

 

Y como fiesta sin pena,

a plena revelación,

todo es fiesta en la familia:

lo que pasó…, ya pasó.

 

Lo que pasó ya no existe,

porque Dios lo destruyó,

que cuando Dios nos perdona

aniquila nuestro error.

 

Traigan el traje precioso

y aquel anillo de honor,

y cálcenle las sandalias,

que los pies se lastimó.

 

Y suenen los instrumentos

con la más bella canción,

y hagamos baile celeste

en esta celebración.

 

¿Estará loco mi padre,

-pensaba el hijo mayor-,

que a ese tipo sinvergüenza

le prepara tal fiestón?

 

Loco de amor sí que estaba

el anciano bienhechor,

que esa fiesta milagrosa

era fiesta del perdón.

 

Los divinos pensamientos

qué diferentes que son

de toda filosofía

que en el mundo se pensó.

 

Dios perdona de verdad,

perdonando al pecador,

y perdona hasta olvidar

la maldad que cometió.

 

Y nace una primavera,

que es de gracia y bendición,

del pecado perdonado,

que en lágrimas se lavó.

 

Milagro de los milagros

que en el mundo apareció,

el perdón que Jesucristo

con su Reino nos dejó.

 

* * *

He regresado a mi historia,

historia de salvación:

¿dónde estoy en la parábola,

que es viva revelación?

 

Yo no soy el hijo pródigo,

que de casa se marchó,

buscando loca aventura

camino de perdición.

 

Mas quiero un banquete regio

con hermosa invitación,

y un traje sin estrenar

y anillo de admiración.

 

Una fiesta la más bella,

que jamás nadie soñó,

fiesta por Dios preparada,

la fiesta del puro amor.

 

16. Yo soy tu fiesta, decía

Jesús en mi corazón;

soy tu fiesta cada día

en la santa Comunión.

 

Soy tu música y manjar,

soy tu amistad sin traición,

soy tu Evangelio viviente,

soy tu Jesús Salvador.

 

Y en el día de tu muerte

Soy tu abrazo Redentor,

soy la Cena preparada,

en la nueva Creación.

 

Soy el que soy y el que era,

y en tus venas soy tu Yo,

y tú eres en mí mi latido

que yo soy la Encarnación.

 

* * *

 

Tú eres, Jesús, hoy mi historia,

mi pensamiento y visión,

la armonía de mis fuerzas,

mi paz y satisfacción.

 

Tú eres, Jesús, mi   esperanza,

mi futuro y vocación,

la novedad de mis días,

la luz cuando cae el sol.

 

Tú eres mi dulce parábola,

que ninguno la escribió;

tú eres hoy mi amanecer

y eres siempre mi esplendor.

 

Y mi Banquete has de ser,

oh Jesús, mi Redentor,

cuando nos llamen a bodas

el Día que Dios fijó. Amén.


 

Cuautitlán Izcalli, (sábado, 11 marzo 2023).

sábado, 11 de marzo de 2023

1867. Cuaresma 2023 Dom III – Jesús nos da el agua viva

 

Jesús nos da el agua viva

Jn 4,5-42


Texto:

5 Llegó Jesús a una ciudad de Samaría llamada Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; 6 allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era hacia la hora sexta. 7 Llega una mujer de Samaría a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber». 8 Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida. La samaritana le dice: 9 «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» (porque los judíos no se tratan con los samaritanos). 10 Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva». 11 La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; 12 ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?». 13 Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; 14 pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna». 15 La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla». 16 Él le dice: «Anda, llama a tu marido y vuelve». 17 La mujer le contesta: «No tengo marido». Jesús le dice: «Tienes razón, que no tienes marido: 18 has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad». 19 La mujer le dice: «Señor, veo que tú eres un profeta. 20 Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén». 21 Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. 22 Vosotros adoráis a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. 23 Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que lo adoren así*. 24 Dios es espíritu, y los que lo adoran deben hacerlo en espíritu y verdad». 25 La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo». 26 Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo».

27 En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?». 28 La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente: 29 «Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será este el Mesías?». 30 Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él. 31 Mientras tanto sus discípulos le insistían: «Maestro, come». 32 Él les dijo: «Yo tengo un alimento que vosotros no conocéis». 33 Los discípulos comentaban entre ellos: «¿Le habrá traído alguien de comer?». 34 Jesús les dice: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra. 35 ¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; 36 el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. 37 Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. 38 Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado. Otros trabajaron y vosotros entrasteis en el fruto de sus trabajos».

 39 En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho». 40 Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. 41 Todavía creyeron muchos más por su predicación, 42 y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

 

Hermanos:

1. Cuando uno escucha esta bellísima escena del Evangelio, más que escuchar palabras y explicaciones, lo que uno quisiera es parar el tiempo, sentarse allí junto al pozo, ver, escuchar, contemplar. Esto lo podemos hacer nosotros de modo personal, en un rato de tranquilidad, en forma de sencilla oración contemplando con nuestra capacidad interior. No es una fantasía vana. Podemos estar convencidos de que los misterios del Señor no se han perdido en lo etéreo, como sucesos que fueron y ya no existen. Bien al contrario, Jesús Resucitado es el Viviente; como vive actúa, sí actúa con toda la fuerza de su divinidad, que no está sujeta a las limitaciones del espacio y tiempo que confina nuestras acciones.

Con esta gracia de su `presencia misteriosa, vamos a hacer algunas consideraciones, que son como una plataforma de lanzamiento para que el Espíritu de Dios obre como le plazca.

 

2. Llega una mujer de Samaría y se encuentra con un judío. Judíos y samaritanos no se tratan por cuestiones de raza y religión, y lo correcto sería decir: ¡Hola!, y nada más. Pero en la vida nada ocurre por causalidad, y si esta mujer, a una hora intempestiva ha llegado aquí, es porque Dios le ha traído.

Un hombre y una mujer a solas, si no son esposo y esposa, ¿qué tienen que hablar?  Esto lo ha notado el evangelista, al referirnos: llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?

Ha sido, pues, Jesús el que ha provocado la conversación: Mujer, dame de beber. Esa frase se ha quedado por ahí y atraviesa los siglos, y como una flecha que rasga el aire llega hasta nuestro corazón: Mujer, dame de beber.

Si alguna vez tenemos la oportunidad en una capilla de esas admirables hermanas de la Madre Teresa de Calcuta, o Hermanas de la Caridad, veremos allí delante un crucifijo, y junto al crucifijo escrita una frase: Tengo sed. Es lo que Jesús dijo en la Cruz. Él lo decía porque su cuerpo estaba desangrado y se moría de sed.

Jesús le dice a la mujer, Jesús me dice a mí: Dame de beber.

 

3. Pero sigamos el diálogo: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te dice “dame de beber”, le pedirías tú, y él te daría agua viva»

Estos días noticia importante de televisión aquí en México es que va faltando el agua y la gente tiene que ir a comprar garrafones para beber y cocinar, pipas para ala limpieza el aseo… Sin agua no se puede vivir. La mujer tiene que venir día a día al pozo, por        que sin agua no se puede vivir.

Pero Jesús habla de otra agua, que es el don de Dios. ¿Quién es este don de Dios? El que esta hablando y pidiéndole agua y el don de Dios es él mismo. No hace falta que pensemos en el Espíritu Santo o en gracias especiales. Jesús es el don de Dios; Jesús es el agua viva; Jesús es el don de los dones, el único que puede satisfacer todas nuestras necesidades.

 

Sigue la conversación…, Jesús le ha revelado la vida de ella a la mujer…, se crea la confianza … y se produce el encuentro, y en el encuentro la fe y la entrega de la mujer. Un encuentro de fe es un encuentro de amor, un encuentro de persona a persona. Es el momento que, lleno de emoción, ha escrito el evangelista: La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo». 26 Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo».

 

4. En este instante la mujer alcanza su plena categoría. Deja allí el cántaro y se convierte en apóstol de Jesús. La mujer ha introducido a Jesús en el pueblo y Jesús se quedó allí dos días. Y todo ha culminando con una apoteosis espiritual: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».

Aquella mujer desviada y sedienta ha encontrado lo que buscaba. Es la mujer creyente y apóstol. Acaso, acaso, es el mensaje que Jesús em está trayendo en este momento para mí.

Concluyamos, hermanos, mirando a Jesús sediento.

 

 Jesús, tú tienes sed y me pides de beber. Pero yo soy el que estoy sediento de ti. Dame de ese manantial que está en ti, dame esa agua viva Que dé satisfacción a mis más íntimos deseos. Amén.

 

Cuautitlán Izcalli, sábado 11 marzo 2023.