Santísimo Nombre de Jesús
(3 de enero) – Meditatio
La
memoria del Santo Nombre de Jesús, que ha tenido sus alteraciones en la
historia de la liturgia, incluso después del concilio, y que es memoria
obligatoria para la familia franciscana, ha traído a mi espíritu el recuerdo de
dos santos, aparte de todo lo que se cuenta de dos grandes propagadores, San
Bernardino de Siena y San Juan de Capistrano. Es aquella locura de amor que
hizo la Beata mexicana Conchita Cabrera de Armida, y lo que se lee de san
Francisco de Iesum in membris portabat.
La
Beata Conchita (1862-1937) con el asentimiento de su confesor dado en la fiesta
del Nombre de Jesús (14 enero 1894, II domingo después de Epifanía, día en que
entonces se celebraba), cuando tenía 31 años, cinco hijos, y luego había de
tener cuatro más, se reafirmó en grabar en su pecho, a fuego el nombre de
Jesús. Así lo hizo en su momento y así lo cuenta:
“Corté
el pecho formando letras grandes con la navaja, +JHS en esta forma; luego que
lo hice, sentí como si una fuerza sobrenatural me arrojara al suelo, y con la
frente en la tierra, en los ojos las lágrimas y el fuego en el corazón, le pedí
al Señor con vehemencia, con un celo devorador, la salvación de las almas. Yo
no me acordaba de más. Almas, almas para Jesús era lo que deseaba.
Con
esta sed tomé con la pluma sangre del pecho y le escribí un papel a mi Jesús,
pidiéndole esto y por la compañía.
Luego
con el fierro candente (un rizador de pelo), lo pasé varias veces sobre las
letras y cruz, hasta achicharrarlas. Salía humo y una peste a herradero, que
yo, que había prescindido de todos los aromas por mortificación, tuve que
ocurrir al agua florida porque no se podría soportar y mi marido pronto
vendría.
Cerca
de dos horas duró esta operación, y la dicha indecible que yo experimentaba
siendo, como los animales, de su dueño, yo de Jesús, de Jesús, de mi Jesús que
salvaría a tantas pobrecillas almas que le darían gloria.
Arrebatada
de dicha pasé el día con ansias vivas de soledad y de oración, y con una visita
a quien estar atendiendo…” (Véase: Javier Sicilia, Concepción Cabrera de Armira. La amante de Jesús, año 2002, en la
pág. 181).
Y de San
Francisco cuenta su primer biógrafo, Fray Tomás de Celano, cómo estaba
“enjesusado”: Iesum in membris portabat.
“¡Qué intimidades
las suyas con Jesús! Jesús en el corazón, Jesús en los labios, Jesús en los
oídos, Jesús en los ojos, Jesús en las manos, Jesús presente siempre en todos
sus miembros. ¡Oh, cuántas veces, estando a la mesa, olvidaba la comida
corporal al oír el nombre de Jesús, al mencionarlo o al pensar en él! Y como se
lee de un santo: "Viendo, no veía; oyendo, no oía" (se refiere a san
Bernardo). Es más: si, estando de viaje, cantaba a Jesús o meditaba en Él,
muchas veces olvidaba que estaba de camino y se ponía a invitar a todas las
criaturas a loar a Jesús» (1 Cel 115).
He aquí unos
versos, que son una especie de “meitatio” sobre este dulcísimo misterio. Cuando
el Verbo de Dios se hace miembro de la familia humana, adquiere un nombre, como
nosotros, con la particularidad de que en ese nombre habita la Divinidad, y siendo
nomnbre humano se hace nombre divino, y allí reside el amor de Dios.
Su Nombre es el destello de su ser,
y lleva una virtud que todo sana;
de adentro fluye vida, intimidad
que al nombre de Jesús nos la contagia.
Si toco su vestido sanaré,
decía la mujer tan maltratada,
y al punto fue sanada de aquel mal
cuando tocó la fimbria de su capa.
Y así ese Nombre cae sobre mí
y llega al corazón que ardía en llamas,
se hará total la paz y la armonía
y surgirá pujante la esperanza.
Su Nombre yo lo escribo en mis papeles
y es escudo de alcurnia inmaculada;
su Nombre yo lo traigo en mi cartera
presencia que me ampara y acompaña.
Su santo Nombre al pecho no es tatuaje,
que más adentro es válvula que lanza
la sangre al corazón que va y circula
por todo el cuerpo vivo derramada.
Su Nombre es Sacramento de Dios vivo,
presente primavera floreada,
dulzura la más dulce y exquisita,
por ser carne de Dios, allí encarnada.
¡A ti, Jesús, nombrado entre los hombres,
rendimos los amores con palabras,
Jesús, Jesús, Jesús diremos siempre,
ahora y cuando sea tu llamada! Amén.
Cuautitlán Izcalli, 3 enero
2025.