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(1039) Jesús es el Buen Pastor de su Iglesia
Jesús
es el Buen Pastor de su Iglesia Lc 24,13-35
Jn
10,1-10
Texto
1En verdad, en verdad os digo: el que no entra
por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese
es ladrón y bandido; 2pero el que entra por la puerta es pastor de las
ovejas. 3A este le abre el guarda y las ovejas atienden
a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. 4Cuando ha sacado todas las suyas camina delante
de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz: 5a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de
él, porque no conocen la voz de los extraños». 6Jesús les puso esta comparación, pero ellos no
entendieron de qué les hablaba. 7Por eso añadió Jesús: «En verdad, en verdad os digo: yo soy
la puerta de las ovejas. 8Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos;
pero las ovejas no los escucharon. 9Yo soy la puerta:
quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. 10El ladrón no entra sino para robar y matar y
hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la
tengan abundante.
Hermanos:
1. El IV
Domingo de Pascua todos los años se celebra el Domingo del Buen Pastor. No es
que tenag este título, que que lo llamamos así porque todos los años leemos el
pasaje del Evangelio donde Jesús se ha identificado como el Buen Pastor. Es el
capítulo 10 de san Juan, que lo dividimos en tres partes. El primer año, que es
el año en que estamos (llamado ciclo A) leemos la primera sección, el segundo
la segunda, y el tercero la tercera.
Pero al
mismo tiempo, exactamente desde el año 1964, es decir antes que terminara el
Concilio Vaticano II, que duró el año 1962 al año 1965, por lo tanto antes de
que se reformara la liturgia, que se hizo después del Concilio, el Papa de
entonces, el Papa San PBLO VI, quiso que este IV domingo de Pascua fuera un domingo especial
para orar por las vocaciones, la vocación como nos lo ha explicado el Papa en
el mensaje para este día: “la vocación, entendida como descubrimiento del don
gratuito de Dios que florece en lo profundo del corazón de cada uno de nosotros”,
sea la vocación al matrimonio, la vocación al sacerdocio, la vocación a la vida
consagrada, la vocación a entregar la vida a una causa noble como es el
servicio a los más pobres.
Vamos a
hablar, pues, del Buen Pastor y brevemente de este otro asunto central: la
vocación de un cristiano.
2. Jesús
es el Buen Pastor. Ha un primer punto que quizás nunca lo hayamos pensado.
Jesús ha tenido el atrevimiento de tomar una imagen divina para aplicársela a
sí mismo, y decirnos a nosotros: ese Pastor soy yo. Todo judío que ha orado con
los Salmos sabe que Dios, Creador y Rey del mundo, es el Pastor de su pueblo,
porque se ha escogido un pueblo para cuidarlo directamente él mismo. Pastor de
Israel, escucha…, se dice en los salmos. Ya hay un Salmo especial, que
cualquier judío devoto lo podrá recitar de memoria: El Señor es mi pastor, nada
me falta. Vamos a recordarlos. En realidad es el Salmo que en la liturgia de hoy
sigue a la primera lectura:
El Señor es mi pastor, nada me falta:
en verdes praderas me hace recostar;
me conduce hacia fuentes tranquilas
y repara mis fuerzas.
Me guía por el sendero justo,
por el honor de su nombre.
Aunque camine por cañadas oscuras,
nada temo, porque tú vas conmigo:
tu vara y tu cayado me sosiegan.
Cuánta delicadeza y ternura se percibe en estas
palabras. Porque cada uno de nosotros se puede aplicar estas palabras. Si
realmente Dios es mi pastor, nada malo me puede pasar en la vida. Pues Jesús
nos dice: ese Pastor soy yo.
Recordar aquella parábola del pastor que tiene
cien ovejas y resulta que, a la hora de contarlas, le falta una. El sale a
buscarla, y no va con la vara a arrearle una paliza; al contrario, cuando la
encuentra la carga sobre lo hombros. La pobrecita estará muy cansada.
2. Jesús ha tomado, pues, la vieja imagen del
Pastor para decirnos él es el pastor y que la Iglesia es su rebaño. Y a partir
de aquí va a hacer diversas aplicaciones, para que reflexionemos y aprendamos.
De la imagen del pastor y del rebaño, él va a construir una bella alegoría.
Y el primer detalle es el de la puerta. Y comienza diciéndonos que él es la puerta,
la puerta por donde se entra y se sale. En la casa, donde hay amor y confianza total,
todos tienen la llave para entrar y salir. Yo soy la puerta: quien entre por mí
se salvará y podrá entrar y salir.
El que no entra por la puerta, sino que salta por
al tapia, ese no es de casa, y viene con malas intenciones.
Jesús nos ha explicado, por tanto, que su Iglesia
es un rebaño, una casa donde reinan el amor, la confianza y la libertad.
Tengámoslo muy presente. La Iglesia no es una
organización, como puede ser un ejército o una empresa, una fábrica. La iglesia es la familia de Dios, presidida
no por el Papa, sino por Jesús mismo, en donde debe reinar la confianza tota,
porque es Dios mismos quien la inspira. Claro que externamente hay elementos
organizativos, porque el buen orden lo exigen, pero la Iglesia por dentro no es
una organización.
En la iglesia nos movemos, tenemos iniciativas
diversas, pero Jesús va delante, él conduce el rebaño y conoce a cada una por
su nombre. Y para él todas las ovejas tienen la misma importancia.
Es lo que ocurre en una familia. ¿Quién es el hijo
más importante? Ninguno, porque cada uno de ellos es del todo importante,
aunque sus oficios sean muy diferentes.
En una familia, ¿quién es más importante, el hijo
que tiene un discurso en el parlamento y sale en los periódicos o la madre que
prepara la comida para que todos estén a gusto, se sientan felices, y puedan
trabajar? En la Iglesia, ¿quién es el más importante, si no hay más que uno
importante, que es Jesús mismo?
3. Al final de este primer párrafo que hemos leído
hoy, Jesús nos dice esto que tenemos que aprender de memoria: yo he venido para que tengan vida y la
tengan abundante.
De esto se trata, de que tengamos vida, cada uno
de nosotros, una vida hermosa y fecunda. De que cada uno, al final, podamos
decir: Señor Jesús, desde mi sencillo puesto, he hecho lo que tenía que hacer:
he vivido, con mi vida he dado vida a cuantos me rodean.
4. En consonancia con esta imagen del Pastor, hoy
oramos para que cada cristiano encuentre su vocación en la Iglesia. El Papa nos
ha escrito un mensaje que, ante todo, es muy bello. Y nos dice cosas tan
hermosas como estas: “Toda vocación, en efecto, surge de la conciencia y la
experiencia de un Dios que es Amor (cf. 1 Jn 4,16). Él nos conoce
profundamente, ha contado los cabellos de nuestra cabeza (cf. Mt 10,30) y ha
pensado un camino único de santidad y de servicio para cada uno”.
Se le va la mano citando a san Agustín, que es
maestro de la belleza, y recordemos que él mismo es agustino.
Cito de nuevo: “No quieras derramarte fuera; entra
dentro de ti mismo, porque en el hombre interior reside la verdad». [5] Una vez
más, san Agustín nos recuerda lo importante que es aprender a detenerse y a
construir espacios de silencio interior para poder escuchar la voz de
Jesucristo.
Queridos jóvenes, ¡escuchen esa voz! Escuchen la
voz del Señor que los invita a vivir una vida plena, realizada, haciendo
fructificar los propios talentos (cf. Mt 25,14-30) y clavando en la cruz
gloriosa de Cristo los propios límites y debilidades”.
Estoy seguro de que si este mensaje caen en manos
de jóvenes reflexivos quedarán encantados.
Cada uno de nosotros, hermanos, tiene una vocación
en el mundo. Descubrámosla y gocémonos en ella.
Señor
Jesús, gracias por haberme traído a este mundo y haberme dado una vocación que
cumplir. Sé tú el verdadero pastor de mi vida, porque yo quiero seguirte. Amén.
Pamplona, sábado, 25 abril 2026.