domingo, 12 de abril de 2026

2092 (1036) Cristo ha resucitado

 

No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho.

Mt 28,1-10

Texto

1Pasado el sábado, al alborear el primer día de la semana, fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. 2Y de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del Señor, bajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se sentó encima. 3Su aspecto era de relámpago y su vestido blanco como la nieve; 4los centinelas temblaron de miedo y quedaron como muertos. 5El ángel habló a las mujeres: «Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. 6No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía 7e id aprisa a decir a sus discípulos: “Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis”. Mirad, os lo he anunciado». 8Ellas se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos. 9De pronto, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «Alegraos». Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él. 10Jesús les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».

Hermanos:

1. Esta homilía, a excepción de todas las demás, la escribo y comparto todos ustedes por la tarde del Domingo de Pascua. Diversas circunstancias así me han condicionado. El Señor lo sabe y lo comprende.

Hoy es Pascua, una fiesta que se inicia hoy y durante cincuenta dáis continuos.  En la Vigilia pascual hemos hecho un recorrido de la historia de amor y salvación que Dios ha hecho con nosotros, comenzando con la primera página de las santas Escrituras, la creación de cielo y tierra. Se lee la Torá o Pentateutco (que son los cinco primeros libros, la Ley de Dios), se leen los profetas, se lee incluso la sabiduría. Pero a partir de hoy ya no leeremos en los 50 días pascuales el Antiguo Testamento, ni siquiera los profetas, para significar que todo se cumplido en Cristo, y que en él tenemos la plenitud de toda la revelación. Todo lo que Dios tenía que decir al mundo lo ha dicho por medio de su Hijo encarnado, y lo actualiza hoy en la escucha atenta de la Escritura, iluminada por el Espíritu Santo.

Nos gozamos en las palabras del Señor, que son siempre nuevas para quien se acerca con fe. Recordad cómo el Evangelio nos ha dicho que en aquella aparición Jesús les abrió la inteligencia, para que entendieran estas cosas divinas, que la ciencia haumana no las puede alcanzar. Nos lo dice san Lucas con estas palabras: “Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la Ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí». Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras (Lc 24,44-45).

En este día de Pascua se lee tres Evangelios distintos: en la noche de la Vigilia, el que acabamos de proclamar de san Mateo; en la misa del día la aparición de Jesús a la Magdalena, seguida de aquel segundo momento en que se nos cuenta la marcha apresurada de Pedo y Juan al sepulcro. Y allí se nos vuelve a decir, a propósito de estos dos primeros apóstoles: Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos (Jn 20,8-9). No habían entendido Pedro, no había entendido Juan, no habían entendido ninguno de los Apóstoles.

En fin, terminando con lo que pasa el día de Pascua, si se celebra ala misa por la tarde, entonces leemos el Evangelio de los discípulos de Emaús, que ocurrió ese mismo día por la tarde.

2. Iniciamos pues el tiempo pascual, la cincuentena pascual, y la primera semanas, los siete primeros dáis son del todo especiales, porque todos juntos forman una única solemnaidad que nosotros queremos degustar paso a paso, página por páginas. Qué hermoso acudir cada uno de estos días  a la celebración de la Eucaristía y escuchar cada una de estos dáis en la misa un relato de las apariciones de Jesús. Será el mejor modo de celebrar esta siesta, que no es una fiesta sino la fiesta de las fiestas, como de siempre lo ha dicho la Iglesia.

Las palabras que ahora yo les quiero compartir no es simplemente la explicación de la aparición que acabamso de escuchar, sino el humilde intento para acercarnos al misterio central de nuestra fe, que se nos comunica, ante todo, por los relatos del santo Evangelio.

3. Cuando “Jesús ha resucitado”, hermanos, ¿qué decimos?, ¿qué recordamos?, ¿qué celebramos?, ¿qué vivimos? Como cristianos que somos, nos interesa saber lo con toda claridad.

Estamos ante un misterio, y por lo tanto, las ciencias humanas quedan aparte. A la resurrección de Cristo, hoy presente, accedemos por un solo camino: la fe.

Imaginad que Jesús se hubiera aparecido la primera a su madre, María, como se lo imagina san Ignacio de Loyola, al dar las meditaciones y contemplaciones en su pequeño libro de los Ejercicios Espirituales. Si Jesús se apareció a su madre, de los cual nada dice el Evangelio, María no tenía otro medio de conocimiento que la fe. Ella peregrinó en la fehasta el Calvario, nos dice el Concilio Vaticano II, y bien podemos decir que ella peregrinó en la fe hasta el final de su vida.

4. Cuando nosotros decimos que es Pascua, ¿queremos recordar piadosamente lo quepasó allí en Jerusalén hace dos mil años? Ciertamente que remos recordar, pero la Pascua es infinitamente más que un recuerdo.

Toda la familia franciscana del mundo estamos recordando este año de 2026 los 800 años de la muerte de san Francisco, que ocurrió al atardecer de aquel 3 de octubre de 1206, en la ciudad de Asís, en un lugar que se llama la ermita de la Porciúncula. Los historiadores de san Francisco de aquellos tiempos con han descrito con todo detalle cómo fue aquello, qué dijo antes de morir, cómo quiso que le visitara una piadosa dama de Roma y le trajera la mortaja y unos dulcecitos que ella sabía hacer, cómo llevaran su cuerpo difunto a santa Clara y sus hermanas encerradas en su monasterio, cómo el besaron y abrazaron, cómo le dieron sepultura. Todo esto es muy hermoso y emocionante, y hasta nos puede hacer llorar de ternura.

Pero, hermanos, por muy bello que esto sea, no es más que un recuerdo. San Francisco murió y confiamos que directamente se fue al cielo, a cantar con los ángeles la gloria del Señor. Precioso todo esto, y muy beneficioso para que nosotros saquemso lecciones de vida. Pero es solo un recuerdo, hermanos, nada más.

5. Cuando celebramos la Pascua, no decimos vamos a recordar y aprender. No es eso, no; vamos a celebrar el sacramento pascual, la realidad viva de la Pascua, porque Jesús Resucitado se ha instalado en un hoy eterno, que acontece directamente en nuestro ámbito.

Jesús Resucitado ya no muere más; ya no va a regresar a la vida para morir otra vez. Su muerte fue una marcha hacia adelante para conseguir la plenitud de Dios para él y para nosotros. Por eso san Pablo, inventando palabras que no existían nos dijo que hemos muerto con Cristo, que hemos sido consepultados con él, y que con él hemos conserucitado. Y pro tanto, vivimos con él, convvimos, desde dentro del corazón.

Es necesario que el predicar ene ste momento se convierta en una especie de profesor de teología para decir a sus alumnos: Entendamos la realidad en todos sus elementos y partes.

Mirad yo tengo un cuerpo real que puedo palpar; este cuerpo es mi realidad, mi presencia y al mismo tiempo mi limitación. Porque ahora yo quisiera estar con mi familia y darles un abrazo, pero no puedo, porque mi cuerpo está aquí y no allí. El cuerpo de Jesús, en la nueva creación, que se adquiere tras la muerte y que ékl ha inaugurado, no tiene esta limitación.

Nosotros estamos ceñidos por dos referencias, que son el tiempo y el espacio. Jesús se desprende de estas dos limitaciones, tiempo y espacio. Cristo ayer y hoy es el mismo y lo será siempre, nos dice la Carta a los Hebreos.

María Magdalena pudo decir: He visto al Señor y me ha dicho esto. Y yo, discípulo de Cristo, por la fe que es la nueva creación en mi vida puedo decir: Hoy Jesús ha resucitado. Hoy he visto al Señor, porque, en su misericordia ha vendio hasta mí.

Es la experiencia espiritual que nos da la fe. Aquella mujeres se postraron, adoraron y abrazaron. ¿Es que Jesús había regersadp a su estado anterior, que es un estado pasajero y corruptible? No, Jesús ya no regresa a lo que dejó definitivamente. Pero aquella mujeres, a través de la fe, tuvieron la experiencia total, que fue, incluso. Experiencia física y corporal, de que estaban unidad con el Señor.

Y est experiencia de fe puede venir hasta mi corazón creyente. El que cree, hermanos, en su fe percibe, ante todo, que tiene una claridad nueva, serena y coherente.

El que cree percibe una alegría, que noe s ficticia, sino que viene de un manantial verdadero.

Y el que cree se entrega a lo que cree con alma vida y corazón, dispuesto a dar su vida entera pro eso que cree.

Cuando Jesús se apareció a la Magdalena, la mujer amante no lo reconoció, Pensó que sería el jardinero, el encargado del huerto. Pero cuando le dijo simplemente “¡María!” le metió al fe en el corazón. No tuvo que cambiar Jesús su cara ni sus vestidos. Se reconocieron de persona a persona y se fundieron en un abrazo.

Hermanos, la Pascua del Señor, es todo el conjunto de verdades divinas de nuestra fe. La pascua de Jesús tiene una versión perene en nuestra vida, que es la Eucaristía. La Eucaristía es ni más ni menos que la presencia de Cristo Resucitado.

Concluyamos elevando nuestra mirada a Jesús.

Jesús Resucitado, yo creo en ti, hazte persenete en mi vida como te hiciste presente en tus primeros testigos que fueron al sepulcro, y te encontraron a ti vivo para siempre. Amén.

Pamplona, Domingo de Pascua 2026

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