2090 (1034) Dom V Cuaresma – Yo soy la Resurrección y la Vida
Yo soy la Resurrección y la
Vida
Jn 11,1-45
Texto
1Había
caído enfermo un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su
hermana. 2María
era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el
enfermo era su hermano Lázaro. 3Las
hermanas le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, el que tú amas está
enfermo». 4Jesús,
al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la
gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». 5Jesús amaba a Marta,
a su hermana y a Lázaro. 6Cuando
se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba. 7Solo entonces dijo a
sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea». 8Los discípulos le
replicaron: «Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a
volver de nuevo allí?». 9Jesús
contestó: «¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día no tropieza,
porque ve la luz de este mundo; 10pero
si camina de noche tropieza, porque la luz no está en él». 11Dicho esto, añadió:
«Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo». 12Entonces le dijeron
sus discípulos: «Señor, si duerme, se salvará». 13Jesús se refería a
su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. 14Entonces Jesús les
replicó claramente: «Lázaro ha muerto, 15y me alegro por
vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su
encuentro». 16Entonces
Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: «Vamos también nosotros
y muramos con él».
17Cuando
Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. 18Betania distaba poco
de Jerusalén: unos quince estadios; 19y
muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su
hermano. 20Cuando
Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se
quedó en casa. 21Y
dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi
hermano. 22Pero
aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». 23Jesús le dijo: «Tu
hermano resucitará». 24Marta
respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día». 25Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí,
aunque haya muerto, vivirá; 26y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.
¿Crees esto?». 27Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo,
el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». 28Y dicho esto, fue a
llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: «El Maestro está ahí y te
llama». 29Apenas
lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él: 30porque Jesús no
había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había
encontrado. 31Los
judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba
y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar
allí. 32Cuando
llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:
«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano». 33Jesús, viéndola
llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió en
su espíritu, se estremeció 34y
preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?». Le contestaron: «Señor, ven a verlo».
35Jesús
se echó a llorar. 36Los
judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!». 37Pero algunos
dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido
que este muriera?». 38Jesús,
conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta
con una losa. 39Dijo
Jesús: «Quitad la losa». Marta, la hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya
huele mal porque lleva cuatro días». 40Jesús le replicó:
«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?». 41Entonces quitaron la
losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque
me has escuchado; 42yo
sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que
crean que tú me has enviado». 43Y
dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, sal afuera». 44El muerto salió, los
pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les
dijo: «Desatadlo y dejadlo andar». 45Y
muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho
Jesús, creyeron en él.
Hermanos:
1. Dijimos en su momento que durante el
tiempo de la santa Cuaresma todos los años el primer domingo está dedicado al
desierto y las tentaciones de Jesús, y el segundo nos encontramos con la visión
contraria: Jesús en el monte de la trasfiguración. Este es mi Hijo amado en quien tengo mis complacencias.
Continua la Cuaresma presentándonos tres
semblanzas de la persona de Jesús, a saber:
-
Jesús
da el agua viva que salta hasta la vida eterna a la Samaritana. Era el tercer
domingo.
-
Jesús
da la luz de la vida a un ciego de nacimiento, el domingo pasado.
-
Y hoy,
coronando esta trilogía maravillosa, Jesús resucita a Lázaro, diciéndole a
Marta: Yo soy la Resurrección y la vida.
2. Un lector inteligente y crítico, un
pensador que haya pasado por la universidad, al leer este Evangelio se hace un
montón de preguntas: que es la muerte y qué es la vida después de la muerte, si
esa vida existe.
Cuando uno ha dejado de respirar, decimos
que ha muerto. Los médicos dicen que no,
que uno ha muerto cuando su cerebro deja de registrar toda actividad.
Y después de la muerte ¿qué pasa? ¿Muere el
ser humano, como muere un animal, un caballo por ejemplo? Ya desde la
antigüedad había dos opiniones: después de la muerte hay vida; y otros han
pensado y algunos piensan: después de la muerte no hay nada, con la muerte todo
se acaba.
Y siguen los pensamientos. Después de la
muerte sigue viviendo la persona, el espíritu o el alma de la persona; a lo
mejor anda revolando por ahí, buscando dónde encarnarse. Los más avanzados, los
creyentes, han pensado que incluso un día habrá resurrección de los cuerpos, y
que cada uno viviremos con el alma y cuerpo que tuvimos. Ya desde niño
aprendimos en el catecismo que resucitaremos con el mismo cuerpo y alma que
tuvimos, y eso será el cielo completo: allí nos encontraremos con los seres
queridos que hemos amado en la tierra.
Y ahora la imaginación se desata y comienza
a divagar. Una vez le preguntaron a Jesús sobre quién sería el marido de
aquella mujer que había tenido siete, porque según la ley de Moisés, si moría
el marido y su hermano estaba sin casarse, tenía que casarse con la viuda, para
dará descendencia al apellido. En la resurrección de los muertos, le preguntan
los saduceos, que no creían en tal resurrección, cuál será su marido, el
primero, el último, el de en medio. Y Jesús derribó la pregunta diciendo que
ignoraban el poder de Dios, y que allí en el cielo no hay maridos ni mujeres.
Pero luego añadió que hay resurrección de los muertos, que Dios es el Dios de
Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. Dios es Dios de vivos, no de muertos.
Ahora bien, Jesús también se sirvió del
lenguaje humano para hablar del banquete del cielo. Pero el sabio de la
universidad se pregunta: ¿Es que en el cielo se come y se bebe? Porque el que
come y bebe luego descome y desbebe. ¿Cómo será el varón y cómo será la hembra,
si el sexo no sirve para lo que es? En el cielo ¿han de ir vestido con túnicas
blancas, como imagina la Biblia…?
3. Preguntas y preguntas nos podemos hacer
ante un libro de estudio, y ninguna nos sirve para entender el Evangelio de
hoy. Al contrario, todas nos estorban. El Evangelio no quiere aportan ninguna
respuesta a la medicina ni a la biología, porque el Evangelio es un libro de
fe, y está escrito solo para los que tienen fe. Si no tienes fe, esto que hemos
leído o escuchado es un cuento ridículo, pura fantasía que no te resuelve nada
en la vida.
Hermanos, quizás sin pretenderlo, ha sido
un prólogo demasiado largo. Tenemos que saberlo, sí, pero una vez que lo
sabemos tenemos que olvidarlo. El mensaje que estamos recibiendo, que vale
igual para Marta y María, para Lázaro y para mí, que escucho y celebro mi fe,
es este: Yo soy la Resurrección y la vida. Por tanto, el ue cree en mí, aunque
muera, vivirá.
4. Tu hermano resucitará, dice Jesús a
Marta, y esta mujer le da una respuesta que nos encanta: Sé que resucitará en
el último día. Esta mujer, creyente total, está representando toda la fe de
Israel, lo que Jesús ha explicado en las parábolas, como lo habían dicho las
santas Escrituras: hay una resurrección en la que se decide el destino final, o
vida o condena.
San Pablo lo ha explicado, y nuestros
hermanos cristianos de la primera generación han llamado a Jesucristo
Resucitado primicia de los muertos.
Efectivamente, si morimos con él resucitaremos con él, y nuestros será
configurado con el cuerpo glorioso de Cristo. Y esta es nuestra infinita
esperanza. En su primera carta, que fue la primera a los tesalonicenses, san
Pablo les decía: no quero que ignoréis la suerte de los difuntos, para que nos
seáis como los paganos, que no tienen esperanza. Y luego tuvo que explicar en
otras cartas cómo será eso de la Resurrección de los muertos. ¿Cómo es posible
que de una bellota que yo tengo en la mano, puesta en la tierra salga una
robusta encina? Ese cuerpo, que ahora se va a pudrir en la tierra sea un día un
cuerpo glorioso e inmortal. Jamás lo sabremos, pero bien podemos creer en el
poder infinito de Dios.
5. Pues bien, hermanos, ahora viene Jesús y
nos dice que ese poder infinito de Dios es él mismo. He aquí la revelación:
«Yo
soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y
el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Ella le
contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que
tenía que venir al mundo».
Marta acaba de dar un salto a lo infinito.
Ahora ya no solo cree que ha de haber una resurrección de los muertos, sino que
ahora cree que ese hombre que tiene delante, y a quien tanto quería, ese hombre
a quien ella ha preparado la comida y la bebida, porque necesitaba comer y
beber, ese es la verdadera resurrección y la vida, para los que han muerto y
para los que todavía estamos en vida. Ese hombre, Jesús, tiene en su corazón, el
secreto de la vida y de la muerte, ese es hoy y siempre nuestra vida definitiva. Esto es sublime y divino, y ninguna religión
nos lo ha explicado.
Este es el mensaje, hermano, y la
resurrección portentosa de Lázaro, no es
más que una muestra, una florecita de neustro jardín.
¿Crees esto? Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía
que venir al mundo.
Y fue a llamarle su hermana.
Ese Jesús de la comunión, ese es la
resurrección y la vida. Si yo recibo la
santa comunión antes de morir, que es el último sacramento que recibe el
cristiano, ya puedo pasar ranquilo a la otra vida.
Terminemos, pues, hermanos, haciendo la
misma oración, confesión de fe, de Marta:
Sí,
Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir
al mundo.
Pamplona,
sábado 21 marzo 2026 (primavera).
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