domingo, 26 de abril de 2026

2094 (1038) Lo reconocieron al partir el pan

 

2094 (1038) Lo reconocieron al partir el pan 

Cómo lo reconocieron al partir el pan

Lc 24,13-35

Texto

 13Aquel mismo día, dos de ellos iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; 14iban conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. 15Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. 16Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. 17Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Ellos se detuvieron con aire entristecido. 18Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?». 19Él les dijo: «¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; 20cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. 21Nosotros esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en el tercer día desde que esto sucedió. 22Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de mañana al sepulcro, 23y no habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que dicen que está vivo. 24Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron». 25Entonces él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los profetas! 26¿No era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». 27Y, comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. 

28Llegaron cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; 29pero ellos lo apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. 30Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. 31A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista. 32Y se dijeron el uno al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?». 

33Y, levantándose en aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, 34que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». 35Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan. 

Hermanos:

1. Estamos en plena Pascua del Señor. Jesús Resucitado vive entre nosotros.

Durante los domingos de las semanas de Pascua vamos a introducirnos más y más en este misterio sin riberas de la presencia de Jesús en medio de nosotros. Hoy escuchamos palabras firmes de Pedro, en su primer testimonio que da en Jerusalén, y posteriormente en la primera carta que escribe.

“Ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, 21que, por medio de él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios” (1Ped 1,18-20).

Las grandes verdades de la vida son las que no pasan ni pueden pasar, pero esas son las verdades que centran felizmente nuestra existencia.

Cuando decimos: “Cristo ha resucitado”, con esa confesión de fe, queremos resumir todo.

2.  Hoy una vez más, y por último, vamos a presenciar una aparición de Jesús, la aparición a aquellos dos caminantes, los discípulos de Emaús. Los domingos siguientes serán distintos: Jesús, Buen Pastor, Jesús despidiéndose de los suyos en la cena y dando las últimas consignas.

San Lucas es un verdadero maestro cuando nos cuenta qué pasó aquella tarde llena de misterio del día de la resurrección, veamos esos dos momentos: el camino y el encuentro.

Dos de los nuestros vuelven a su aldea, tras los días de Pascua que congrega a innumerables peregrinos en la ciudad santa, venidos de la Tierra de Israel y venidos también de la Diáspora, de países de fuera. Van hablando de lo que ha pasado esos días, igual que nosotros hablaríamos hoy de lo que ha dicho Donald Trump o de lo que pasa en Irán. Acaso, si nos interesan estas cosas, de lo que ha diciendo el Papa en los países de áfrica que está visitando: Argelia, Camerún, Guinea, Angola.

De pronto, otro peregrino que va por el mismo camino, se les junta, y para entrar en conversación les dice:

-        ¿De qué vais hablando, que os veo como trsites y preocupados?

-        De lo que ha pasado estos días en Jerusalén.

-        Pues ¿qué ha pasado?

Y extrañados le contestan:

-        Pero, ¿cómo? ¿Eres tú el único forastero que no te has enterado?

-        ¿De qué?

-        De lo de Jesús Nazareno, que era un hombre bueno, un profeta poderoso en obras y palabras. Lo mataron y de esto hace tres días. Nosotros confiábamos que iba a ser nuestro liberador, pero ahora ya no sabemos qué pensar. No queremos retirar nuestra fe, pero la verdad que no sabemos en qué ava a prar todo esto.

-        Lo último que algunas mujeres de nuestro grupo fueron al sepulcro, y lo encontraron vacío y hasta dicen ue ha resucitado, pero a él no lo vieron. Y lo mismo algunos más de los nuestros. No sabemos…

 

3. Ya se ve que estos discípulos son gente buena, pero están paralizados y no saben salir de sus dudas. Tienen al lado al único que sabe lo que realmente ha pasado en Jerusalén.

Y entonces interviene Jesús en la conversación:

Pues ha pasado lo que tenía que pasar, según los profetas, porque vosotros creéis en los profetas, ¿no es así?

-        Claro que sí.

Y comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él en todas las Escrituras. 

Las cosas comenzaron a cambiar, porque mientras Jesús iba hablando, se encía una luz distinta en sus corazones; sus corazones ardían.

Hace muchos años, más de 80, exactamente el año 1943 en su encíclica importantísima sobre la interpretación de la Biblia, el Papa Pío nos daba este consejo a los que eran o habríamos de ser profesores de Sagrada Escritura:

“Propongan el sentido llamado literal y, sobre todo, el teológico con tanta solidez., explíquenlo con tal competencia e incúlquenlo con tal ardor, que en cierto modo sus alumnos experimenten lo que los discípulos de Jesucristo que iban a Emaús, los cuales, después de oídas las palabras del Maestro, exclamaron: ¿No es cierto que nuestro corazón se abrasaba dentro de nosotros mientras nos descubría las Escrituras? (Lc 24, 32). De este modo, las divinas Letras sean para los futuros sacerdotes de la Iglesia, por un lado fuente pura y perenne de la vida espiritual de cada uno, y por otro, alimento y fuerza del sagrado cargo de predicar que han de tomar a su cuenta. Y, a la verdad, si esto llegaren a conseguir los profesores de esta gravísima asignatura en los seminarios, persuádanse con alegría que han contribuido en sumo grado a la salud de las almas, al adelanto de la causa católica, al honor y gloria de Dios, y que han llevado a término una obra la más íntimamente unida con el ministerio apostólico”.

Un consejo que vale igualmente para todos los predicadores.

 

4. Pero sigamos con este maravilloso episodio. Llegaron a laaldea y Jesús fingió que iba más adelante. Entonces los dos peregrinos le cogieron del brazo a aquel amigo desconocido y le dijeron:

- No puedes seguir, se va a hacer de noche, entra y cena con nosotros, te damos hospedaje y mañana sigues tu camino.

Entró y ¿que pasó? Prepararon la cena y se sentó a la mesa. Y lo cuenta san Lucas, si se puede contar:

“Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció de su vista” (vv. 30-31).

Hermanos: estas cosas se escribieron no simplemente para recordarlas, sino para vivirlas, porque son reales, totalmente reales.

¡Cuántas preguntas tiene la vida y cómo tantas veces nos encontramos mareados por todo lo que nos pasa! Y justamente hoy nos encontramos en esa situación, en las familias y en la Iglesia como tal. Todo ha cambiado. Lo que antes valía, ahora parece que no vale, y en la Iglesia tantas opciones. Unos sacerdotes piensan así y otros lo contrario.

Vayamos humildemente a la Palabra de Dios, que ahí está la solución, si la escuchamos con sencillez, atentos a la voz de la Iglesia. Y, sobre todo, sobre todo, vayamos a la Eucaristía. Allí es donde principalmente se revela Jesús. Ellos lo reconocieron al partir el pan.

Señor Jesús, haz que yo ame la Eucaristía sobre todas las cosas de mi vida, y sobre todo que pueda recibir que pueda recibir la Eucaristía antes de mi muerte, el santo Viático, para pasar a ala eternidad con el abrazo que tú me das en la santa Comunión. Amén.

Pamplona, sábado 18 de abril de 2026

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