2094 (1038) Lo reconocieron
al partir el pan
Cómo lo reconocieron al
partir el pan
Lc 24,13-35
Texto
13Aquel mismo día, dos
de ellos iban caminando a una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos
sesenta estadios; 14iban
conversando entre ellos de todo lo que había sucedido. 15Mientras conversaban
y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. 16Pero sus ojos no
eran capaces de reconocerlo. 17Él
les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?». Ellos
se detuvieron con aire entristecido. 18Y uno de ellos, que
se llamaba Cleofás, le respondió: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que
no sabes lo que ha pasado allí estos días?». 19Él les dijo:
«¿Qué?». Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta
poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; 20cómo lo entregaron
los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo
crucificaron. 21Nosotros
esperábamos que él iba a liberar a Israel, pero, con todo esto, ya estamos en
el tercer día desde que esto sucedió. 22Es verdad que
algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues habiendo ido muy de
mañana al sepulcro, 23y no
habiendo encontrado su cuerpo, vinieron diciendo que incluso habían visto una
aparición de ángeles, que dicen que está vivo. 24Algunos de los
nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las
mujeres; pero a él no lo vieron». 25Entonces
él les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que dijeron los
profetas! 26¿No
era necesario que el Mesías padeciera esto y entrara así en su gloria?». 27Y, comenzando por
Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se refería a él
en todas las Escrituras.
28Llegaron cerca de la
aldea adonde iban y él simuló que iba a seguir caminando; 29pero ellos lo
apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de
caída». Y entró para quedarse con ellos. 30Sentado
a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba
dando. 31A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él
desapareció de su vista. 32Y se dijeron el uno
al otro: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos
explicaba las Escrituras?».
33Y, levantándose en
aquel momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once
con sus compañeros, 34que
estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a
Simón». 35Y
ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo
lo habían reconocido al partir el pan.
Hermanos:
1. Estamos en plena Pascua del Señor. Jesús
Resucitado vive entre nosotros.
Durante los domingos de las semanas de
Pascua vamos a introducirnos más y más en este misterio sin riberas de la
presencia de Jesús en medio de nosotros. Hoy escuchamos palabras firmes de
Pedro, en su primer testimonio que da en Jerusalén, y posteriormente en la
primera carta que escribe.
“Ya sabéis que fuisteis liberados de
vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo
corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un
cordero sin defecto y sin mancha, Cristo, previsto ya antes de la creación del
mundo y manifestado en los últimos tiempos por vosotros, 21que, por medio de
él, creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, de
manera que vuestra fe y vuestra esperanza estén puestas en Dios” (1Ped 1,18-20).
Las grandes verdades de la vida son las que
no pasan ni pueden pasar, pero esas son las verdades que centran felizmente
nuestra existencia.
Cuando decimos: “Cristo ha resucitado”, con
esa confesión de fe, queremos resumir todo.
2. Hoy una vez más, y por último, vamos a
presenciar una aparición de Jesús, la aparición a aquellos dos caminantes, los
discípulos de Emaús. Los domingos siguientes serán distintos: Jesús, Buen Pastor,
Jesús despidiéndose de los suyos en la cena y dando las últimas consignas.
San Lucas es un verdadero maestro cuando
nos cuenta qué pasó aquella tarde llena de misterio del día de la resurrección,
veamos esos dos momentos: el camino y el encuentro.
Dos de los nuestros vuelven a su aldea,
tras los días de Pascua que congrega a innumerables peregrinos en la ciudad
santa, venidos de la Tierra de Israel y venidos también de la Diáspora, de países
de fuera. Van hablando de lo que ha pasado esos días, igual que nosotros
hablaríamos hoy de lo que ha dicho Donald Trump o de lo que pasa en Irán.
Acaso, si nos interesan estas cosas, de lo que ha diciendo el Papa en los
países de áfrica que está visitando: Argelia, Camerún, Guinea, Angola.
De pronto, otro peregrino que va por el
mismo camino, se les junta, y para entrar en conversación les dice:
-
¿De
qué vais hablando, que os veo como trsites y preocupados?
-
De lo
que ha pasado estos días en Jerusalén.
-
Pues
¿qué ha pasado?
Y extrañados
le contestan:
-
Pero,
¿cómo? ¿Eres tú el único forastero que no te has enterado?
-
¿De
qué?
-
De lo
de Jesús Nazareno, que era un hombre bueno, un profeta poderoso en obras y
palabras. Lo mataron y de esto hace tres días. Nosotros confiábamos que iba a
ser nuestro liberador, pero ahora ya no sabemos qué pensar. No queremos retirar
nuestra fe, pero la verdad que no sabemos en qué ava a prar todo esto.
-
Lo
último que algunas mujeres de nuestro grupo fueron al sepulcro, y lo
encontraron vacío y hasta dicen ue ha resucitado, pero a él no lo vieron. Y lo
mismo algunos más de los nuestros. No sabemos…
3. Ya se ve que estos discípulos son gente
buena, pero están paralizados y no saben salir de sus dudas. Tienen al lado al
único que sabe lo que realmente ha pasado en Jerusalén.
Y
entonces interviene Jesús en la conversación:
Pues
ha pasado lo que tenía que pasar, según los profetas, porque vosotros creéis en
los profetas, ¿no es así?
-
Claro
que sí.
Y
comenzando por Moisés y siguiendo por todos los profetas, les explicó lo que se
refería a él en todas las Escrituras.
Las cosas comenzaron a cambiar, porque
mientras Jesús iba hablando, se encía una luz distinta en sus corazones; sus
corazones ardían.
Hace muchos años, más de 80, exactamente
el año 1943 en su encíclica importantísima sobre la interpretación de la
Biblia, el Papa Pío nos daba este consejo a los que eran o habríamos de ser
profesores de Sagrada Escritura:
“Propongan el sentido llamado literal y,
sobre todo, el teológico con tanta solidez., explíquenlo con tal competencia e
incúlquenlo con tal ardor, que en cierto modo sus alumnos experimenten lo que
los discípulos de Jesucristo que iban a Emaús, los cuales, después de oídas las
palabras del Maestro, exclamaron: ¿No es cierto que nuestro corazón se abrasaba
dentro de nosotros mientras nos descubría las Escrituras? (Lc 24, 32). De este
modo, las divinas Letras sean para los futuros sacerdotes de la Iglesia, por un
lado fuente pura y perenne de la vida espiritual de cada uno, y por otro,
alimento y fuerza del sagrado cargo de predicar que han de tomar a su cuenta.
Y, a la verdad, si esto llegaren a conseguir los profesores de esta gravísima
asignatura en los seminarios, persuádanse con alegría que han contribuido en
sumo grado a la salud de las almas, al adelanto de la causa católica, al honor
y gloria de Dios, y que han llevado a término una obra la más íntimamente unida
con el ministerio apostólico”.
Un consejo que vale
igualmente para todos los predicadores.
4. Pero sigamos con este maravilloso
episodio. Llegaron a laaldea y Jesús fingió que iba más adelante. Entonces los
dos peregrinos le cogieron del brazo a aquel amigo desconocido y le dijeron:
- No puedes seguir, se va a hacer de
noche, entra y cena con nosotros, te damos hospedaje y mañana sigues tu camino.
Entró y ¿que pasó? Prepararon la cena y se sentó a la mesa. Y
lo cuenta san Lucas, si se puede contar:
“Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la
bendición, lo partió y se lo iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo
reconocieron. Pero él desapareció de su vista” (vv. 30-31).
Hermanos: estas cosas se escribieron no
simplemente para recordarlas, sino para vivirlas, porque son reales, totalmente
reales.
¡Cuántas preguntas tiene la vida y cómo
tantas veces nos encontramos mareados por todo lo que nos pasa! Y justamente
hoy nos encontramos en esa situación, en las familias y en la Iglesia como tal.
Todo ha cambiado. Lo que antes valía, ahora parece que no vale, y en la Iglesia
tantas opciones. Unos sacerdotes piensan así y otros lo contrario.
Vayamos humildemente a la Palabra de
Dios, que ahí está la solución, si la escuchamos con sencillez, atentos a la
voz de la Iglesia. Y, sobre todo, sobre todo, vayamos a la Eucaristía. Allí es
donde principalmente se revela Jesús. Ellos lo reconocieron al partir el pan.
Señor
Jesús, haz que yo ame la Eucaristía sobre todas las cosas de mi vida, y sobre
todo que pueda recibir que pueda recibir la Eucaristía antes de mi muerte, el
santo Viático, para pasar a ala eternidad con el abrazo que tú me das en la
santa Comunión. Amén.
Pamplona, sábado 18
de abril de 2026
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