domingo, 12 de abril de 2026

2091 (1035 Domingo de Ramos 2026

 

2091 (1035 Domingo de Ramos 2026 

La entrada mesiánica en la ciudad santa de Jerusalén

Mt 21,1-11

Texto

1Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de los Olivos, envió a dos discípulos 2diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, los desatáis y me los traéis. 3Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto»4Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta: 5«Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila”». 6Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: 7trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. 8La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. 9Y la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!». 10Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando: «¿Quién es este?». 11La multitud contestaba: «Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea.

 

Hermanos:

1. Toda la Iglesia inicia hoy la celebración de la Semana Santa, semana que conmemora, celebra y vive de un modo sacramenta l el misterio culminante de la vida de Jesús. Si él nos da su gracia y sabemos recibirla con humildad, podemos vivir en nuestro corazón estos acontecimientos sagrados. No somos menos afortunado que aquellos que los presenciaron y participaron en ellos.  Hasta podemos decir que , viviendo Jesús eternamente en el Padre, los comprendemos como ellos no pudieron comprenderlos. Todo pasó, pero se actualiza sacramentalmente en la liturgia; no son escenas rememorativas para recordar y revivir con la imaginación. Todo ello es tan real y tan cierto como la presencia real de Jesús en la eucaristía. Esa es la fuerza misteriosa de la liturgia, que nos enlaza directamente con el misterio de Dios.

La Semana santa comienza con la entrada mesiánica de Jesús en la ciudad santa de Jerusalén, su ciudad amada, y concluye coronada con la resurrección de Jesús, triunfante del sepulcro y de la muerte. Y esta unión indisoluble de dolor, muerte y resurrección, de la tiniebla y la luz constituye el misterio pascual, misterio central de nuestra fe.

En este inicio de la Semana más sagrada, evocamos y celebramos primero escuchamos aquella mañana cuando Jesús decidió celebrar su despedida con una entrada de amor en la ciudad, que era el símbolo y resumen de todo lo que Dios había hecho en la historia de salvación con su pueblo amado. Ya para eso hacemos la procesión de los Ramos. En un segundo tiempo, en la celebración de la Eucaristía escuchamos el Evangelio de la Pasión y Muerte del señor, el primer año, que este este, la Pasión según San Mateo; el segunod, la Pasión según San Marcos; el tercero, la Pasión según San Lucas, reservando para leer todos los años para escuchar el Viernes Santo la Pasión según San Juan.

Hermanos, vamos a entrar en estos divinos misterios, y hoy más que una homilía propia de un domingo normal, quiero hablarles de la entrada de Jesús en Jerusalén y luego contemplaremos con unas breves consideraciones lo que se refiere a toda la Pasión de Jesús.

2. Los más llamativo de la Entrada de Jesús en Jerusalén no es lo que hizo la gente con él, sino lo que hizo él consigo mismo. ¿Cómo se le ocurrió a Jesús esta idea? ¿Cómo se le ocurrió armar este espectáculo, que iba a comenzar bien y había de termi ar mal?

Si hemos seguido las misas de la semana precedente, que se llama Semana de Pasión, hemos comprobado en el Evangelio cómo la persecución avanza y se estrecha más y más. Varias veces se dice cómo quieren apedrearle y matarle por blasfemos. Pero ayer, sábado, el Evangelio nos ha contado la decisión que tomó el Sanedrín. “Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos” (Jn 11,53-54).

Y ahora Jesús decide que su vida tenía que terminar de otra manera distinta. Va a entrar de una manera humilde, festiva y gloriosa, como el novio o esposa que va al encuentro de su esposa. Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Es verdad, pero noe s la palabra exacta. Jesús no busca una demostración triunfal, como un conquistador que entra gloriosamente en la ciudad después de haber ganado la batalla. San Mateo nos lo ha dicho delicadamente: Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta: «Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila”»

Este es el misterio de la entrada de Jesús en Jerusalén.  Para eso no tuvo dificultad en hacer un milagro con su ciencia divina en favor de sí mismo; nunca lo había hecho. «Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, los desatáis y me los traéis. Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto»

Y así pasó, para decirle a su ciudad, con un gesto: Pase lo que pase, yo te amo, yo muero por ti.

Y algunos lo comprendieron, porque dice el texto sagrado que la gente se quitaba el manto ylo ponían por el camino como una alfombra, para que la burrita, que lleva lo más precioso, pisara el manto que yo luego me voy a poner.  Qué alegría poder decir: Este manto que yo llevo lo ha pisado la burrita de Jesús.

Y el mismo Evangelio añade otro detalle: algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y decían: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Otro evangelista, san Lucas, nos aporta otro detalle: Maestro, dia a la gente que se callen. Y Jesús respondió: Si estos se callan, hoy gritarán las piedras.

Hermanos, nosotros tenemos la dicha de celebrar con todo el corazón el triunfo de Jesús. Si hubiéramos estado allí nos habríamos unido a la comitiva y habríamos echa por tierra el mando, la chaqueta o lo que fuera, para la burrita de Jesús.  No es ninguna fantasía. Hoy podemos hacer eso y mucho más. Hoy podemos entregar nuestra vida entera a Jesús para que él disponga y haga lo que quiera. Y eso es lo que vamos a hacer: Señor, mi vida es tuya; inspírame, háblame y yo haré lo que quieras de mí, porque mi único deseo es agradarte como tú lo quieras.

3. Con esta introducción, hermanos, podemos entender mejor qué es la Pasión de Jesús. Nadie me quita la vida, yo la doy voluntariamente, nos había dicho Jesús.  Si él la entrega voluntariamente, ¿por qué la entrega? Por amor. Por amo ¿a quien? Por amor a mí. Todo lo que Jesús ha sufrido, lo ha sufrido por mí, como si no hubiese nadie más en el mundo, porque cada uno somos únicos para él. Me amó y se entregó por mí, nos dirá san Pablo.

La Pasión de Jesús, que comienza el jueves por la noche se desarrolla en cuadro grandes escenas, y tiene cuatro espenario.  Y cada una de estas grandes escenas se descompone en múltiples episodio:

Primero. Jesús en el huerto de los Olivos.

Segundo: Jesús en el juicio judío. Sanedrín, Anás, Caifás, negación cobarde de Pedro.

Tercero: en el juicio de los paganos, en el juicio romano: decreto de condena, azotes, cargado con la cruz.

Cuarto: Jesús en el Calvario: desnudado, clavado, injuriado, las palabras de Jesús, la oración ante el Padre, la muerte.

El pensamiento de la Pasión de Jesús es el pensamiento más dulce que podemos tener: Cuánto sufrió Jesús, cuántas injusticias, cuánto dolores en su cuerpo y en su alma. Y todo lo hizo por aceptar la voluntad del Padre, por amor a su Padre del cielo, y todo ello igualmente por amor a mí. De manera que en cada paso de la Pasión está contenida una historia, que es historia del amor al Padre e historia de amor a mí. La historia de la Pasión es mi propia historia, la más verdadera, una historia de amor.

La historia de la Pasión de Jesús es una historia para leerla línea a línea estos dáis y encontrarnos allí a nosotros mismos.  La Cena de Jesús terminó con una gran oración que hace Jesús, y que se llama la oración sacerdotal: es la consagración de toda la Pasión que iba a sufrir.

Escena del huerto de Getsemaní. Es la oración ante al Padre Dios: El Cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber? Abbá, Padre mío, hágase tu voluntad, y no lo que quiero yo.

El juicio ante el Consejo supremo del Sanedrín. Es el juicio y condena por su pueblo al que vino a salvar, y al que había amado con todo el corazón. Dijo Caifás: ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?» Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?». Y todos lo declararon reo de muerte (Mc 14,63-64).

El juicio ante la autoridad romana: Dijeron los judíos: Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha hecho Hijo de Dios (Jn 19,7). Pero nosotros no podemos matar a nadie. Pilato, por cobardía, cedió, porque, al fin, Jesús moría igual por judíos, que por romanos y griego, por el mundo entero.

Jesús en el patíbulo de la Cruz. Jesús ora al Padre: Dios mío, Dos mío, ¿por qué me has abandonado? Y también dice: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Jesús murió amando y perdonando. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

Hermanos, es el misterio que hoy iniciamos: la más bella historia de amor que ha ocurrido y ocurre en el mundo: el amor, que es el sustento y la esperanza total de nuestra vida.

Señor Jesús, gracias infinitas por toda la eternidad. concédeme vivir estos días santos con meditación y contemplación. Y y que mi corazón salga colmado del amor que tú nos has dado. Amén.

Pamplona, sábado, 28 marzo 2026.

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