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(1035 Domingo de Ramos 2026
La
entrada mesiánica en la ciudad santa de Jerusalén
Mt
21,1-11
Texto
1Cuando se acercaban
a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de los Olivos, envió a dos
discípulos 2diciéndoles:
«Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una
borrica atada con su pollino, los desatáis y me los traéis. 3Si alguien os dice algo, contestadle que el
Señor los necesita y los devolverá pronto». 4Esto ocurrió para
que se cumpliese lo dicho por medio del profeta: 5«Decid a la hija de
Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un
pollino, hijo de acémila”». 6Fueron
los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: 7trajeron la borrica
y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. 8La multitud alfombró
el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de
árboles y alfombraban la calzada. 9Y la
gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Hosanna al
Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las
alturas!». 10Al
entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando: «¿Quién es
este?». 11La
multitud contestaba: «Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea.
Hermanos:
1. Toda
la Iglesia inicia hoy la celebración de la Semana Santa, semana que conmemora,
celebra y vive de un modo sacramenta l el misterio culminante de la vida de
Jesús. Si él nos da su gracia y sabemos recibirla con humildad, podemos vivir
en nuestro corazón estos acontecimientos sagrados. No somos menos afortunado
que aquellos que los presenciaron y participaron en ellos. Hasta podemos decir que , viviendo Jesús
eternamente en el Padre, los comprendemos como ellos no pudieron comprenderlos.
Todo pasó, pero se actualiza sacramentalmente en la liturgia; no son escenas
rememorativas para recordar y revivir con la imaginación. Todo ello es tan real
y tan cierto como la presencia real de Jesús en la eucaristía. Esa es la fuerza
misteriosa de la liturgia, que nos enlaza directamente con el misterio de Dios.
La Semana
santa comienza con la entrada mesiánica de Jesús en la ciudad santa de
Jerusalén, su ciudad amada, y concluye coronada con la resurrección de Jesús,
triunfante del sepulcro y de la muerte. Y esta unión indisoluble de dolor,
muerte y resurrección, de la tiniebla y la luz constituye el misterio pascual,
misterio central de nuestra fe.
En este
inicio de la Semana más sagrada, evocamos y celebramos primero escuchamos
aquella mañana cuando Jesús decidió celebrar su despedida con una entrada de
amor en la ciudad, que era el símbolo y resumen de todo lo que Dios había hecho
en la historia de salvación con su pueblo amado. Ya para eso hacemos la
procesión de los Ramos. En un segundo tiempo, en la celebración de la
Eucaristía escuchamos el Evangelio de la Pasión y Muerte del señor, el primer
año, que este este, la Pasión según San Mateo; el segunod, la Pasión según San
Marcos; el tercero, la Pasión según San Lucas, reservando para leer todos los
años para escuchar el Viernes Santo la Pasión según San Juan.
Hermanos,
vamos a entrar en estos divinos misterios, y hoy más que una homilía propia de
un domingo normal, quiero hablarles de la entrada de Jesús en Jerusalén y luego
contemplaremos con unas breves consideraciones lo que se refiere a toda la
Pasión de Jesús.
2. Los
más llamativo de la Entrada de Jesús en Jerusalén no es lo que hizo la gente
con él, sino lo que hizo él consigo mismo. ¿Cómo se le ocurrió a Jesús esta
idea? ¿Cómo se le ocurrió armar este espectáculo, que iba a comenzar bien y
había de termi ar mal?
Si hemos
seguido las misas de la semana precedente, que se llama Semana de Pasión, hemos
comprobado en el Evangelio cómo la persecución avanza y se estrecha más y más.
Varias veces se dice cómo quieren apedrearle y matarle por blasfemos. Pero
ayer, sábado, el Evangelio nos ha contado la decisión que tomó el Sanedrín. “Y
aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente
entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una
ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos” (Jn
11,53-54).
Y ahora
Jesús decide que su vida tenía que terminar de otra manera distinta. Va a
entrar de una manera humilde, festiva y gloriosa, como el novio o esposa que va
al encuentro de su esposa. Entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Es verdad,
pero noe s la palabra exacta. Jesús no busca una demostración triunfal, como un
conquistador que entra gloriosamente en la ciudad después de haber ganado la
batalla. San Mateo nos lo ha dicho delicadamente: Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta:
«Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en
una borrica, en un pollino, hijo de acémila”»
Este es
el misterio de la entrada de Jesús en Jerusalén. Para eso no tuvo dificultad en hacer un
milagro con su ciencia divina en favor de sí mismo; nunca lo había hecho.
«Id a la aldea de enfrente, encontraréis
enseguida una borrica atada con su pollino, los desatáis y me los traéis. Si alguien
os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto»
Y así
pasó, para decirle a su ciudad, con un gesto: Pase lo que pase, yo te amo, yo
muero por ti.
Y algunos
lo comprendieron, porque dice el texto sagrado que la gente se quitaba el manto
ylo ponían por el camino como una alfombra, para que la burrita, que lleva lo
más precioso, pisara el manto que yo luego me voy a poner. Qué alegría poder decir: Este manto que yo
llevo lo ha pisado la burrita de Jesús.
Y el
mismo Evangelio añade otro detalle: algunos
cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Y decían: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que
viene en nombre del Señor!
Otro
evangelista, san Lucas, nos aporta otro detalle: Maestro, dia a la gente que se
callen. Y Jesús respondió: Si estos se callan, hoy gritarán las piedras.
Hermanos,
nosotros tenemos la dicha de celebrar con todo el corazón el triunfo de Jesús.
Si hubiéramos estado allí nos habríamos unido a la comitiva y habríamos echa
por tierra el mando, la chaqueta o lo que fuera, para la burrita de Jesús. No es ninguna fantasía. Hoy podemos hacer eso
y mucho más. Hoy podemos entregar nuestra vida entera a Jesús para que él
disponga y haga lo que quiera. Y eso es lo que vamos a hacer: Señor, mi vida es
tuya; inspírame, háblame y yo haré lo que quieras de mí, porque mi único deseo
es agradarte como tú lo quieras.
3. Con
esta introducción, hermanos, podemos entender mejor qué es la Pasión de Jesús. Nadie me quita la vida, yo la doy
voluntariamente, nos había dicho Jesús.
Si él la entrega voluntariamente, ¿por qué la entrega? Por amor. Por amo
¿a quien? Por amor a mí. Todo lo que Jesús ha sufrido, lo ha sufrido por mí,
como si no hubiese nadie más en el mundo, porque cada uno somos únicos para él.
Me amó y se entregó por mí, nos dirá
san Pablo.
La Pasión
de Jesús, que comienza el jueves por la noche se desarrolla en cuadro grandes
escenas, y tiene cuatro espenario. Y
cada una de estas grandes escenas se descompone en múltiples episodio:
Primero.
Jesús en el huerto de los Olivos.
Segundo:
Jesús en el juicio judío. Sanedrín, Anás, Caifás, negación cobarde de Pedro.
Tercero:
en el juicio de los paganos, en el juicio romano: decreto de condena, azotes,
cargado con la cruz.
Cuarto:
Jesús en el Calvario: desnudado, clavado, injuriado, las palabras de Jesús, la
oración ante el Padre, la muerte.
El
pensamiento de la Pasión de Jesús es el pensamiento más dulce que podemos
tener: Cuánto sufrió Jesús, cuántas injusticias, cuánto dolores en su cuerpo y
en su alma. Y todo lo hizo por aceptar la voluntad del Padre, por amor a su
Padre del cielo, y todo ello igualmente por amor a mí. De manera que en cada
paso de la Pasión está contenida una historia, que es historia del amor al
Padre e historia de amor a mí. La historia de la Pasión es mi propia historia,
la más verdadera, una historia de amor.
La
historia de la Pasión de Jesús es una historia para leerla línea a línea estos
dáis y encontrarnos allí a nosotros mismos.
La Cena de Jesús terminó con una gran oración que hace Jesús, y que se
llama la oración sacerdotal: es la consagración de toda la Pasión que iba a
sufrir.
Escena
del huerto de Getsemaní. Es la oración ante al Padre Dios: El Cáliz que me ha
dado mi Padre, ¿no lo voy a beber? Abbá, Padre mío, hágase tu voluntad, y no lo
que quiero yo.
El juicio
ante el Consejo supremo del Sanedrín. Es el juicio y condena por su pueblo al
que vino a salvar, y al que había amado con todo el corazón. Dijo Caifás: ¿Qué necesidad tenemos ya de testigos?»
Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os parece?». Y todos lo declararon reo de muerte
(Mc 14,63-64).
El juicio
ante la autoridad romana: Dijeron los judíos: Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha
hecho Hijo de Dios (Jn 19,7). Pero nosotros no podemos matar a nadie.
Pilato, por cobardía, cedió, porque, al fin, Jesús moría igual por judíos, que
por romanos y griego, por el mundo entero.
Jesús en
el patíbulo de la Cruz. Jesús ora al Padre: Dios mío, Dos mío, ¿por qué me has
abandonado? Y también dice: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Jesús
murió amando y perdonando. Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.
Hermanos,
es el misterio que hoy iniciamos: la más bella historia de amor que ha ocurrido
y ocurre en el mundo: el amor, que es el sustento y la esperanza total de
nuestra vida.
Señor Jesús, gracias infinitas por toda la
eternidad. concédeme vivir estos días santos con meditación y contemplación. Y
y que mi corazón salga colmado del amor que tú nos has dado. Amén.
Pamplona,
sábado, 28 marzo 2026.
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