Jesús
y el ciego de nacimiento
Jn
4,5-42
Texto
1Y al pasar, vio Jesús a un hombre ciego de
nacimiento. 2Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera
ciego?». 3Jesús contestó: «Ni
este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de
Dios. 4Mientras es de día tengo que hacer las obras
del que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. 5Mientras estoy en el mundo, soy la luz del
mundo». 6Dicho esto, escupió en la tierra, hizo barro
con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, 7y le dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé
(que significa Enviado)».
Él fue, se lavó, y
volvió con vista. 8Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna
preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». 9Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es
él, pero se le parece». Él respondía: «Soy yo». 10Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto
los ojos?». 11Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús
hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase.
Entonces fui, me lavé, y empecé a ver». 12Le preguntaron: «¿Dónde está él?». Contestó:
«No lo sé». 13Llevaron ante los fariseos al que había sido
ciego.
14Era sábado el día que Jesús hizo barro y le
abrió los ojos. 15También los fariseos le preguntaban cómo había
adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y
veo». 16Algunos de los fariseos comentaban: «Este
hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo
puede un pecador hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. 17Y volvieron a preguntarle al ciego: «Y tú, ¿qué
dices del que te ha abierto los ojos?». Él contestó: «Que es un profeta».
18Pero los judíos no se creyeron que aquel había
sido ciego y que había comenzado a ver, hasta que llamaron a sus padres 19y les preguntaron: «¿Es este vuestro hijo, de
quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». 20Sus padres
contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; 21pero cómo ve ahora,
no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos.
Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse». 22Sus padres
respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían
acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. 23Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor,
preguntádselo a él».
24Llamaron por segunda vez al hombre que había
sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese hombre es
un pecador». 25Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé; solo
sé que yo era ciego y ahora veo». 26Le preguntan de nuevo: «¿Qué te hizo, cómo te
abrió los ojos?». 27Les contestó: «Os lo he dicho ya, y no me habéis
hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?, ¿también vosotros queréis
haceros discípulos suyos?». 28Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:
«Discípulo de ese lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. 29Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios,
pero ese no sabemos de dónde viene». 30Replicó él: «Pues eso es lo raro: que vosotros
no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me ha abierto los ojos. 31Sabemos que Dios no escucha a los pecadores,
sino al que es piadoso y hace su voluntad. 32Jamás se oyó decir
que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; 33si este no viniera de Dios, no tendría ningún
poder». 34Le replicaron: «Has nacido completamente
empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo expulsaron.
35Oyó Jesús que lo
habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del
hombre?». 36Él contestó: «¿Y
quién es, Señor, para que crea en él?». 37Jesús le dijo: «Lo
estás viendo: el que te está hablando, ese es». 38Él dijo: «Creo,
Señor». Y se postró ante él. 39Dijo Jesús: «Para un juicio he venido yo a este
mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven, se queden ciegos». 40Los fariseos que estaban con él oyeron esto y
le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?». 41Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no
tendríais pecado; pero como decís “vemos”, vuestro pecado permanece.
Hermanos:
1. En el
estilo que tiene san Juan de transmitirnos la vida de Jesús, esta escena de la
vida pública del Señor, es mucho más que una escena, porque es todo un resumen,
una síntesis de cuál es su figura y su misión, de la obra que hizo entre los
hombres y de la que quiere seguir haciendo con nosotros. Una reflexión de
Cuaresma, que vale por unos Ejercicios Espirituales.
Jamás se oyó decir que nadie le abriera los
ojos a un ciego de nacimiento. ¿De quién vamos a hablar, del
ciego o de Jesús? ¿O de los dos? Tenemos que hablar de todo lo que pasa en este
drama. No hay un episodio de la vida de Jesús que esté contado con más detalle,
fuera de la Pasión.
2.
Comencemos por el ciego, un ciego de nacimiento. Uno no se imagina qué puede
ser un ciego de nacimiento, que no tiene otra vía de conocimiento físico, sino
el tacto y el oído. ¿Cómo será la figura, la cara, los brazos, el cuerpo de un
hombre y de una mujer, de un niño, de un joven, de un anciano? No sé nada, no
imagino nada.
No es lo
mismo ser ciego de nacimiento, que haber quedado ciego por la pérdida de la
vista. Ser ciego de nacimiento es vivir en las tinieblas; no haber nacido
todavía, es casi como vivir en en las entrañas de la madre.
Por lo
tanto, hay una pregunta ante esta total desgracia: Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres,
para que naciera ciego?
La
respuesta de Jesús es esplendente:
Jesús
contestó: Ni este pecó ni sus padres,
sino para que se manifiesten en él las obras de Dios.
Es lo que
tenemos que ver: la obra de Dios.
3. Y ahora Jesús, de su propio ser, de su
aliento, de su saliva escupe en la tierra y hace un poquitín de barro. Esto evoca
a la creación del mundo, cuando Dios hizo barro y creó al hombre del polvo de
la tierra. Pero ahora Dios está actuando por medio de su Hijo. Jesús le unta
los ojos con aquel poquito de barro y le dice que vaya a lavarse a la piscina
de Siloé. Y san Juan nos advierte: Fijaos bien: Siloé significa enviado. Y ¿qué
tiene que ver que Siloé signifique enviado? Es un chorro enviado del manantial,
como cuando decimos “conducto”, que quiere conducir conducido, transmitido, de
alguna parte. No, no es eso; Siloé significa enviado, por algo será, no es una
casualidad. Jesús es el Enviado.
El ciego
obedeció, fue, se lavó y volvió viendo, Acababa de nacer a la vida. Y ahora
comienza el drama. ¿Es este el ciego que acaso pedía limosna, o es otro
parecido a él? Porque es imposible que un ciego de nacimiento pueda ver.
Él decía:
Que soy yo, que soy yo.
Vamos a
preguntar a sus padres: ¿Es este vuestro hijo, que antes estaba ciego y ahora
ve?
Nosotros
sabemos que este es nuestro hijo, nosotros sabemos que antes era ciego y que
ahora no está ciego, sino que ve. Lo demás, se lo preguntáis a él, que no es un
chiquillo y sabe decir las cosas.
El
evangelista de nuevo nos dice: ¡Atención! ¿Por qué sus padres no quieren decir
más? Porque no quieren complicarse. Sus
padres contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; pero
cómo ve ahora, no lo sabemos; y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco
lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse». Sus padres
respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos ya habían
acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías.
Sus
padres fueron unos cobardes por no atreverse a decir toda la verdad. Unos
cobardes ante Dios y ante su propio hijo. Ya veis, un amor a medias, medido por
las circunstancias.
3, Y
sigue el relato evangélico con todas esas escenas en torno a los fariseos. Tú
has nacido en pecado, que por eso naciste ciego, y ¿nos va a dar lecciones a
nosotros, que nos pasamos la vida estudiando la santa Ley de Dios?
Hermanos,
¿qué es la fe? La fe comienza por la humildad. Dios tiene algo que decirme y me
lo quiere decir. Pero si yo no quiero ni oír ni entender, Dios no va a emplear
su fuerza para retorcer mi voluntad y hacer que yo necesariamente quiera lo que
no quiero. La libertad es el don más maravilloso que Dios nos ha concedido:
poder elegir entre el bien y el mal, entre el amor y el desamor. Rendirse a
Dios, con humildad y con entrega, eso se llama convertirse. Y entonces, en una que se convierte a Dios,
empiezan todas las maravillas.
4. Este
largo episodio continúa con la reacción de los
fariseos en los diversos momentos. No quisieron creer y no creyeron, y
expulsaron al nuevo vidente de la sinagoga, es decir, de la comunidad santa de
Israel.
Y ahora
viene lo más bonito de la escena: Oyó
Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del
hombre?». Él contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». Jesús le
dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». Él dijo: «Creo,
Señor». Y se postró ante él.
5.
Hermanos, el milagro del ciego de nacimiento iluminado por Jesús tiene un
momento sacramental en la vida del cristiano. Es el bautismo. Un nombre que
recibió el bautismo en tiempos antiguos fue éste: la iluminación.
Efectivamente,
en el bautismo fuimos iluminados, entramos por el acto de la fe en un mundo que
jamás habríamos imaginado, el mundo de las maravillas de Dios. Vivamos en este
mundo de maravillas que Dios nos concede, que cada día han de ser más y más.
Creo,
Señor, y se postró ante él.
Señor Jesús, yo creo en ti con todo mi
corazón; tú eres la luz de mi vida. Ilumíname más y más con la luz que me diste
un día en el bautismo; que tu luz sea mi luz, y que toda la luz que recibo se
convierta en amor. Te lo pido a ti, porque sé que me amas, y a ti te quiero
seguir y obedecer. Amén.
Pamplona,
viernes, 13 marzo 2026.
No hay comentarios:
Publicar un comentario