Rufino María Grández
La gracia de la oración
Vida y herencia
del Padre Ignacio Larrañaga
Carta de envío
Al día siguiente de la muerte del P.
Ignacio Larrañaga (que acaeció en Guadalajara, a pocos kilómetros, en la Casa
de Oración Nazaret, municipio de Ixtlahuacán de los Membrillos, al amanecer del
día 28 de octubre de 2013), escribí en este blog de “Las hermosas palabras del
Señor”:
Núm.
458. Padre Ignacio Larrañaga, en perfume de oración y en olor de santidad
(entrada del 29/X/2013).
Otras tres veces he vuelto sobre el P.
Ignacio en este blog espiritual:
Núm.
503. La herencia preciosa de un hermano, el P. Ignacio Larrañaga (Poema oracional privado en memoria del P.
Ignacio Larrañaga).
Núm.
505. Autorretrato del P. Ignacio Larrañaga, y el día
siguiente:
Núm.
506. Padre Ignacio Larrañaga con la Biblia y Antonio Machado. El joven poeta
Ignacio Larrañaga: A los cuatro meses de su muerte,
dando a conocer los poemas que escribió de joven estudiante de Teología en
Pamplona.
Hoy, Fiesta del Corazón de Jesús y víspera
del día que se cumplen ocho meses de su muerte, quiero brindar a los amantes
del P. Ignacio, maestro de oración y “don para la Iglesia”, como insistentemente
se ha repetido, los descubrimientos que sobre él he ido haciendo, cuatro entregas
de un proyecto: La gracia de la oración.
Vida y herencia del Padre Ignacio Larrañaga. Se trata de toda su
trayectoria en España, ignorada, en general, por los que imparten Talleres de
oración, y el inicio de su vida en Chile, antes de comenzar lo que será su
actividad definitiva, más conocida, a saber: Semanas de renovación franciscana
(1966), Encuentros de Experiencia de Dios (1974), Talleres de Oración y Vida
(1984), que es el carisma con que Dios le ha favorecido y él entrega a la
Iglesia.
Quiera el Señor en su Providencia que un
día pueda culminarse el plan completo.
En alabanza de Jesús, el Señor. Amén.
Guadalajara,
27/28 de junio de 2014.
Fr. Rufino María
Grández, O.F.M.Cap.
SUMARIO
DE ESTOS CAPÍTULOS
PÓRTICO
Una vida del P. Ignacio Larrañaga:
por qué, desde dónde, para quién
Fuentes
CAPÍTULO
I
La
gracia final de una vida: Casa de Nazaret
En la Casa de Oración Nazaret: Crónica y
Misterio
Crónica de la llegada de la Hermana
Muerte
Mysterium mortis
El primer fruto de esta muerte: las Semanas de Culminación 61 y 62
El retorno a Chile; funeral, homilía y
sepelio
Condolencias: un altar de oración, un
libro de amor
"A la tarde te examinarán en el
amor", un legado de amor
La última corona: su obra total en
euskara batua
He cumplido mi tarea: Cristo os enseñe
la vuestra (San Francisco)
La rosa se hizo rosal
CAPÍTULO
2
Una
senda de la infancia al sacerdocio
(Azpeitia1928
‑ Pamplona 1952)
Panorámica
Las puras raíces: Azpeitia, junto a
Loyola (1928‑1940)
La madre
Ignacio Larrañaga, ¿vasco universal?
El Seminario seráfico (Alsasua, 1940‑1945)
Cómo pudo perseverar
En el Seminario de Fuenterrabía (1945‑1947),
"en la marejada más agitada de mi
vida"
El Noviciado (Sangüesa, 1947‑1948)
y los dos años en Zaragoza (fin de la
Filosofía y comienzo de la Teología, 1948‑1950)
Los tres años finales de Teología,
Pamplona 1950‑1953
Lírico y Poeta
Canto al apóstol
El Sociólogo de los Pobres
La experiencia y gracia de ser sacerdote
Apasionado del sacerdocio
CAPÍTULO
3
Los
primeros seis años del joven sacerdote
(San
Sebastián y Pamplona, 1953‑1959)
Habla Ignacio
Convento de Capuchinos en la calle
Oquendo, cerca de la Zurriola
En el convento de capuchinos de
Pamplona, residencia de la Curia Provincial
El P. Jesús María de Azpeitia (Ignacio
Larrañaga) en la Crónica del convento de San Antonio de Pamplona: Años 1956 ‑
1957 ‑ 1958 ‑ 1959
La noche fulgurante del Sagrado Corazón
de Jesús en 1957
CAPÍTULO
4
Los
primeros en Chile (1959-1965)
al
latido del Concilio Vaticano II
Chile: "como quien ha alcanzado la
tierra prometida"
Pórtico de este capítulo: Hijo del
Concilio
Cómo se vivía el Concilio
Llegada al convento de Santiago
Las misiones en los fundos
La misión de Santiago de Chile en 1963
Participación activa en la "toma de
la Catedral de Santiago"
(11 agosto 1968)
"Sacerdotes por el Tercer
Mundo"
Los perfiles de Ignacio
[Página
primera: leit-motiv]
“Sobre todas las cosas
deben desear
tener el Espíritu del
Señor
y su santa operación:
orar siempre a Él con
un corazón puro”
(Regla
de san Francisco)
“…sed attendant, quod super omnia desiderare debent
habere Spiritum Domini
et sanctam eius operationem,
orare semper ad eum
puro corde…”
(Regulla
bullata sancti Francisci, caput X, 8-9)
“No
recuerdo haber planeado proyectos de corto o largo alcance a lo largo de mis
días, ni haber tomado iniciativas para el futuro. Cuando me detengo y comienzo
a concentrarme para mirar atrás, tengo la sensación de no haber sido yo un
sujeto activo, de no haber hecho nada, al contrario, de lo que tengo impresión
es que Alguien ha suplantado mi personalidad. Alguien hablaba en vez de mí,
caminaba en mi lugar, tomaba iniciativas y trazaba rutas que yo luego las
recorría. No había camino; había que hacer el camino al andar; pero mientras
caminaba, alguien extendía delante de mí el mapa y la ruta. He repetido en
múltiples oportunidades que siempre he vivido con la percepción de que alguien
abría las puertas y yo, simplemente, entraba por las puertas, eso sí,
resueltamente”
(Circular número 9 del P. Ignacio
Larrañaga a los Guías de Talleres de Oración y Vida, cuando la aprobación
pontificia del 15 de octubre de 1997).
Pórtico
Una
vida del P. Ignacio Larrañaga:
¿por
qué, desde dónde, para quién?
Hace unos meses expiraba santamente el
P. Ignacio Larrañaga, aquí, en Guadalajara, Jalisco (28 octubre 2013). Moría en perfume de santidad y desde hace
años, llevado y traído en olor de multitudes. Moría a los 85 años, y como fruto
de una vida apostólica heroica, con éxitos asombrosos, deja los Talleres de
Oración y Vida, iniciados en 1984. Innumerables “talleristas” han aprendido a
orar con la pedagogía y técnica que desarrolla en quince sesiones. Los Guías de
grupo, los fieles laicos que fraternalmente enseñan a orar en ese “taller” de
“oración y vida”, de acuerdo a la estadística oficial de 2013, son 15.986[1].
A la hora de su tránsito a los brazos
del Padre se volcaron las “Condolencias” en la página oficial de Internet que
tienen los Talleres: 1010 en el curso de un par de meses. Muy interesante el
recogerlas, imprimirlas, guardarlas… Algún día acaso sea necesario presentarlas
en la oficina de las Causas de los Santos.
1. ¿Por
qué escribir esta vida? Es justo que la memoria de un apóstol tan
significado en la Iglesia sea guardada con detalle y amor. Por parte de los
capuchinos, sin duda, porque hemos sido y somos sus hermanos, y hay una
sintonía que nos la da nuestra propia sangre; por parte de la familia surgida
en torno a los Talleres, que era no menos – incluso afectivamente más – su
familia espiritual, muy real, en el Señor. Tocamos con ellos un punto muy
delicado en su fisonomía espiritual. Era la familia que él había engendrado y –
pienso –se sentía padre con todas sus vísceras. Ellos y ellas – los Guías - se
sentían muy hijos; y, hablando en mexicano, lo “apapachaban” con su cariño.
Todo esto es muy bello, muy dulce, y dicho así, limpiamente, sin ninguna
connotación sospechosa.
A sus 50 años de sacerdocio podía escribir,
sin rebozo, en un poema de ENVÍO, así titulado, que comienza:
“Hijos
míos, salgan al mundo
con las antorchas en las manos…”[2]
El P. Ignacio es conocido desde la
explosión gloriosa que tuvo en América, primero con los Encuentros de Experiencia de Dios, iniciados en 1974; y luego, diez
años después, y definitivamente, en los Talleres de Oración y Vida, a partir de
1984. Pero su historia precedente, los pasos de la ruta que fue dando como
capuchino… parecen como si no hubieran existido; Y, sin embargo, esas son sus raíces,
las que un día dieron vigor al árbol frondoso.
2. ¿Desde
dónde escribo? Ante todo, desde unos documentos que están ahí y no se
pueden olvidar. El P. Ignacio Larrañaga, cuando escribía, escribía sin notas a
pie de página, salvo su primer libro, Muéstrame
tu rostro. No es que escribiera sin el sólido refrendo de otros que han
pensado antes, no; sino que, habiendo asimilado selectivamente lo que a él le
interesada, lo que acaso procedía de otros pasaba a ser sustancia propia,
germinal y creadora. Por eso, no le interesaban las notas y dejaba fluir
plácidamente, deleitosamente, el discurso. La literatura de Ignacio es armónica
y bella y tiene algo que, a quien se sienta enlazado con su pensamiento, la
gozará como literatura cautivadora. Ahora bien, si queremos un libro que pueda
pasar a los estantes de la Congregación Romana, por fuerza tiene que tener
notas…
Una vida de Larrañaga se puede escribir
en 100 páginas, en 200, en 500… Se puede ser meticuloso a la caza
documentada de las innumerables jornadas
y semanas que impartió…, de los ecos que repercutían en la prensa del lugar y
en las revistas franciscanas. Se puede adornar y contextualizar más y más
biografía describiendo qué pasaba mientras tanto en entorno, porque las décadas
de la vida de Ignacio Larrañaga han sido, en la vertiente de la Iglesia, las
décadas de una nueva era que irreversiblemente ha empezado; es la conciencia
que tengo, yo que tampoco soy joven, cumplidos ya mis 77 años y con 54 de
sacerdote (2 abril 1960). He de renunciar a ello por varias razones. Porque no
nos interesa abordar tantos detalles para alcanzar la unidad de una digna
biografía; porque las circunstancias no propician que yo acceda a ese “Sitz im
Leben”, complicado y apasionante, en que se fue desarrollando en los años subsiguientes
al Concilio.
Escribiré, pues, narrativamente, con sencillez, desde documentos, rememorando una
historia hermosa y fecunda; escribiré con el grato deseo de que el lector tenga
una lectura fluida e, incluso, deleitosa.
Escribiré, sobre todo – y esto es lo más importante – desde el corazón del apóstol Ignacio Larrañaga, que es donde cobra
unidad su vida y misión.
El corazón de Ignacio ha quedado en La rosa y el fuego (1997), autobiografía
esencial del autor, documento base para conocer al P. Ignacio: allí está tal
como se veía a sí mismo, con la luz del Espíritu, con su cálida efusión
afectiva, para contárselo a las personas que le querían y admiraban y podían
comprenderle. El corazón de Ignacio está en sus Cartas a los Guías del mundo (la primera, 27 de abril de 1991; la
última, número 28, febrero de 2013), cartas a corazón abierto, hoy fuente
imprescindible para caminar con él en sus avatares de los fecundísimos 23 años
culminantes de su vida. El corazón del P. Larrañaga está en sus libros. Él escribe
como testigo de la fe, lo que cree – su fe abandonada al Padre – y lo que vive;
sus libros, aun tratando temas, son “autobiográficos”. Si hay tanto material
autobiográfico, opino que el citarlo por extenso en el momento oportuno, no
será salirse de los códigos de un biógrafo.
El 4 de octubre de 1997, fiesta de San
Francisco de Asís, fue una fecha cumbre de su vida, la aprobación de los
Talleres de Oración y Vida. Allí, en Roma, quedó escrito en el mismo día;
traigamos sencillamente esa página de su puño y letra.
¿O cómo poetizar, por poner otro ejemplo,
sobre sus Bodas de Oro sacerdotales, cuando tenemos una Carta a los guías
contándoles por menudo lo que pasó, lo que vivió aquel día feliz en el
Santuario de Loyola?
Aquí tenemos algo muy importante que
decir. Es una pregunta que nos sale en el camino: ¿Es que podemos conocer el
corazón de una persona, “el yo”, diría también el P. Larrañaga? “Este es mi
último libro – escribía en el Epílogo a Las
Fuerzas de la Decadencia, epílogo memorial grabado con el título de “Canto
a la Vida” –. Con este título dejo, en la estela de mis años, quince volúmenes.
Al final de la jornada quisiera hacer constatar, a modo de declaración, que el
propósito general que subyace y palpita bajo esta espesa producción no ha sido
otro sino entregar un mensaje de vida y amor”.
El P. Ignacio fue consciente de que su
vida era un libro de vida y amor. Así lo vemos nosotros. Pero él sale a nuestro
encuentro y con voz paternal (que era su voz) nos dice: No os confundáis, todo
ser humano es un libro de vida y amor. Y de este mismo libro recogemos, como
guía de esta peregrinación por su corazón, una palabra que dirige a todos y
cada uno y que nos sirve como frontispicio de esta obra.
“Puedo gritar a todos los vientos
– no habla él, sino todo ser humano –: “Mi caso no se repite”. En la historia
de la humanidad soy uno y único, “nadie como yo”. Desde la época de los prehomínidos
hasta que expire el .último habitante de la tierra, mi caso jamás se repetirá.
Mi unicidad es sagrada, de manera semejantes que Dios es uno y único. Ni todas
las clonaciones del mundo podrán conseguir jamás que mi yo se repita. Mi yo es
sagrado e inmortal, único e irrepetible” (Las
Fuerzas de la Decadencia, cap. I).
Con este aviso por delante, al redactar
estas páginas, he de decir que seguramente no haya entrado en el corazón, sino
que simplemente me haya quedado en el umbral.
3. Y
¿para quién escribo? Para ustedes, familia espiritual del P. Ignacio, a
quien tanto amasteis y seguís amando, Guías de todo el mundo, a los que él
convocaba para una “refundación” cercanos los 30 años de vida (carta circular,
n. 28, Santiago, febrero 2013), tomando nueva conciencia de este carisma que el
Espíritu del Señor había regalado a su Iglesia. Para vosotros, hermanos míos
capuchinos, para que tomemos plena conciencia de un hermano singular, entre
muchísimos otros – nuestros ojos los han visto – que han compartido oración,
paño y mesa.
En fin, para quienes un día, por
casualidad, por providencia…, oyeron hablar de un Padre Larrañaga, y ávidos de
las cosas de Dios, quieren saber quién fue este insigne espiritual, maestro de
vida.
Por último, un pensamiento que asoma por
las ventanas del corazón: Acaso la vida de este ciudadano y hermano, de este
hijo de Dios, Ignacio Larrañaga Orbegozo, me esté diciendo a mí – es decir, a
ti – que mi vida, la tuya, sea un itinerario de amor, humilde y bellísimo, que
tengo que acariciar con gratitud, y quizás no lo había descubierto.
Que la Madre del Señor, la dulce Virgen
del silencio de Nazaret, nos conduzca en esta empresa que hoy emprendemos.
A los diez meses de la muerte del Padre Ignacio Larrañaga
Hoy, 28 de agosto de 2014, se cumplen diez meses de la santa muerte del Padre Ignacio Larrañaga. La memoria del justo es bendición, y confiamos que haya comenzado esta larga memoria de bendición de nuestro muy querido hermano Padre Ignacio Larrañaga. A llegar a los ocho meses de su fallecimiento (28 de junio) quise dar a conocer por menudo lo que fue la vida del Padre Larrañaga antes de que su nombre comenzara a hacerse conocido en Chile y luego en muchos países. De hecho los fervientes Guías de los Talleres de Oración y Vida ignoraban los años que su Padre Fundador fue formándose en España y ejerció sus primeros ministerios en las comunidades capuchinas de San Sebastián y Pamplona. Era el contenido principal, sus años en España, de las largas páginas aquí volcadas. Muchos han podido leerlas; el contador marcaba 184 visualizaciones. Hoy las retiramos por un criterio normal de edición. Esperamos que el próximo año aparezcan, corregidas en detalles y notablemente aumentadas en la publicación científica de los Capuchinos de España Estudios Franciscanos, a petición de su Director, José Ángel Echeverría. En una entrega posterior se completará la Vida y herencia del Padre Larrañaga con la parte más importante: la gracia que el Señor le concedió de promover en la Iglesia el espíritu de la santa oración y devoción, la cual las otras cosas temporales deben servir. La publicación que aparecerá en la citada revista será el lugar original para citar correctamente la información que reciban los lectores.
Confiamos que entretanto la Providencia del Señor nos conceda la gracia de publicar algún escrito menor que exponga de manera sencilla, narrativa y suficientemente completa lo que ha sido la vida del Padre Ignacio Larrañaga y la herencia que deja en la Iglesia.
En alabanza de Cristo, el Señor. Amén.
Guadalajara, jalisco, 28 de agosto de 2014.
fr. Rufino María Grández, capuchino

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