Domingo
II de Pascua o de la Divina Misericordia
Jn
20,19-31
Texto evangélico
19 Al
anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una
casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús,
se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». 20 Y, diciendo
esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de
alegría al ver al Señor. 21 Jesús repitió: «Paz a vosotros.
Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». 22 Y,
dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; 23 a
quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los
retengáis, les quedan retenidos».
24 Tomás,
uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. 25 Y
los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó:
«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el
agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». 26 A
los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó
Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros».
27 Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos;
trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». 28 Contestó
Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». 29 Jesús le dijo: «¿Porque me
has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Hermanos:
1. Este domingo octava de la Pascua, o si se prefiere,
este Domingo II de Pascua en el Misal tiene un título que el Papa San Juan Pablo
II quiso que lo tuviera: Domingo II de Pascua o de la Divina Misericordia.
Tal día como hoy, hace un año (2015), exactamente en la Vigilia, el Papa
Francisco firmó la bula convocatoria de este Año Jubilar de la Misericordia.
El título de este documento es Misericordiae vultus,
El rostro de la Misericordia: Bula de convocación del Jubileo extraordinario de
la Misericordia.
Dice el Papa en esta bula: “La misericordia es la viga maestra que sostiene la
vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la
ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio
hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia
pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo. La Iglesia « vive
un deseo inagotable de brindar misericordia »” (Misericordiae
vultus, 10).
2. En
este domingo nos toca ir a la fuente de donde nace esa misericordia. Misericordiosos
como el Padre, es el emblema de este Jubileo, aludiendo a aquella frase de
Jesús que nos transmite san Luccas: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es
misericordioso” (Lc 6,36).
La
escena del Evangelio que todos los años se repite en la octava de Pascua nos
lleva a esas purísimas fuentes de la misericordia del Padre que se derrama en
Jesús.
Con
respeto sagrado, con adoración y amor vamos a contemplar el costado abierto de
Jesús que es la fuente de la que hablamos. Veámoslo en tres momentos.
3. El
primer momento es Jesús alzado en la cruz. “Uno de los soldados, con la
lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua” (Jn 19,34). Así
nos lo presenta el Evangelio de san Juan. Jesús ha inclinado la cabeza, ha entregado
el espíritu, ha muerto. Y muerto se muestra al mundo como corazón de Dios
abierto a todos. De su costado abierto, herido por la lanza, brotan para
nosotros sangre y agua, que es la plenitud de la vida de Dios entregada en los
sacramento. El Espíritu de Dios es agua en el Bautismo, el Espíritu de Dios es
sangre de Eucaristía.
Todo el
amor de Dios desemboca ahí y es amor de Jesús hacia nosotros; y todo el amor de
Jesús pasa a la Iglesia. San Juan sigue: El que lo vio da testimonio, y su
testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros
creáis (v. 35).
3. El
segundo momento del costado abierto es la primera escena del Evangelio de
hoy. Jesús se apareció al grupo de los Once al atardecer de aquel primer día de
la semana: “y les dijo:
«Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los
discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor”. Les mostró las manos y les mostró el costado. Más que una prueba de
identidad es un signo sacramental de entrega, de toda intimidad. Si Jesús nos
muestra su costado abierto, Jesús nos está diciendo que nos entrega todo. Eso
significa ese singular gesto espiritual, al que nosotros respondemos con la oración
que algunas veces se dice después de la sagrada Comunión: Dentro de tus
llagas escóndeme. Cuando uno se
refugia en las llagas de Jesús no puede ser dañado por ningún enemigo y cuenta
con el amor pleno del Padre.
4. Y hay
un tercer momento del costado abierto, cuando Jesús, ocho días después, se
vuelve a aparecer, presente Tomás: “Trae tu mano y métela en mi costado; y
no seas incrédulo, sino creyente”.
La imagen de
Jesús con el costado abierto es la imagen con la que el discípulo amado quiere
cerrar el Evangelio. “Muchos otros signos, que no están escritos en este
libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos han sido escritos para
que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo,
tengáis vida en su nombre” (vv. 30-31).
Cuando hablamos de la Resurrección de Jesús,
hablamos de todos estos signos que llegan hasta nosotros y nos anuncian una
cosa: Dios nos ama con un amor entrañable y misericordioso.
5. Estos años se va extendiendo por todas partes
una imagen llamada Jesús de la Misericordia, que es la fusión de estas
escenas que acabamos de comentar. Jesús con la mano derecha alzada nos bendice;
con la mano izquierda nos muestra su corazón en el lado izquierdo del pecho y
de este corazón nacen dos rayos: uno rojo y otro blanco. El rojo es la sangre,
el blanco es el agua. Hay una santa polaca, llamada santa Faustina Kowalska,
que murió en Polonia el año 1938, joven, a los 33 años. Fue beatificada por
Juan Pablo II en este domingo II de Pascua del año 1993, y canonizada siete
años después por el mismo Papa y en esta fecha, domingo II de Pascua del año
2.000.
Esta mística cristiana, por mandato de su confesor,
fue relatando sus experiencias espirituales, recogidas en un diario espiritual.
El 22 de febrero de 1931 la joven religiosa, que entonces tenía 25 años, tuvo
esta manifestación…, que en su momento pasó a ser plasmada en un cuadro. Es el
cuadro del Jesús de la Misericordia. Al pie del cuadro hay una inscripción: Jesús
mío, en ti confío.
6. Hacia el final de la bula, el Papa tiene estas
palabras: “el pensamiento se dirige a la grande apóstol de la misericordia,
santa Faustina Kowalska. Ella que fue llamada a entrar en las profundidades de
la divina misericordia, interceda por nosotros y nos obtenga vivir y caminar
siempre en el perdón de Dios y en la inquebrantable confianza en su amor” (Misericordiae
vultus, 24).
Hermanos, la fe de la Iglesia no se basa en la
revelación de una santo o de una santa, según los casos muy dignos de
veneración y estima. Se basa en las santas Escrituras y en la tradición
viviente de la Iglesia…Los santos son un indicador, una ayuda, y una parte de
esa tradición viviente. No invocamos a Jesús misericordioso ni por santa
Faustina, ni por ningún santo. Lo invocamos porque así se nos ha manifestado él
en su vida, pasión y resurrección.
Cristo Jesús, camino, verdad y
vida.
Tú eres el amor y la misericordia
del Padre.
Que ese amor nos llene de
dulzura, de paz y de esperanza, ahora y todos los días de nuestra vida. Amén.
Guadalajara, Viernes de Pascua, 1 de abril de 2016
Este maravilloso pasaje evangélico contiene dos detalles que a muchos tal vez se les pueda pasar por alto.
ResponderEliminarEl primero de ellos es la referencia que se hace a los **clavos** y al **agujero** que produjeron en las manos de Jesús.
Algunos han sostenido que Jesús no fue crucificado con calvos, sino atado (como más tarde san Andrés), y declaran para ello que los evangelistas que sólo informan de que Jesús fue crucificado, sin citar a los clavos, y en efecto así es. Sin embargo olvidan que en este pasaje se hace precisamente esa concreción.
Por otro lado está el tema de dónde se colocaron esos clavos. La palabra griega para mano, usada en el evangelio, es **kheír**, que se refiere tanto al antebrazo como a la mano. Esta palabra utilizada en los evangelios, traducida como **mano**, aparece también en Hechos de los Apóstoles, donde se narra que las cadenas de Pedro cayeron de sus **manos**, aunque de hecho se colocaron en sus muñecas.
Otro dato importante es que a Jesús, después de resucitado, nadie le **tocó**. Ni María de Magdalena (noli me tangere), ni santo Tomás, que se limitó a ver, emocionado, las llagas de Jesús en sus manos y costado.
Saludos.
Juan José.