domingo, 24 de marzo de 2019

1176. Himno pascual 2019/3 La pureza de la Iglesia


La pureza de la Iglesia

Por la misteriosa ley del contraste, la inmundicia que ha manchado a determinados miembros de la Iglesia, nos hace elevar el corazón al resucitado, cuyo cuerpo es para siempre la verdadera pureza de la Iglesia. La Iglesia está bañada en esta pureza celestial, que siempre ha brillado y brilla. Sufrimos, pero no podemos temer.  El Papa ha invitado a toda la comunidad católica a orar y sufrir, porque cuando un miembro sufre, todos sufren con él (Mensaje del 20 de agosto de 2018). Pero el mismo Pastor nos ha consolado cuando, al final del largo discurso en ocasión del Encuentro sobre la protección de menores (24 febrero), nos traía a nuestra consideración palabras de santa Benedicta de la Cruz (Edit Stein): “«en la noche más oscura surgen los más grandes profetas y los santos.
Sin embargo, la corriente vivificante de la vida mística permanece invisible.
Seguramente, los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia.
Y cuáles sean las almas a las que hemos de agradecer los acontecimientos decisivos de nuestra vida personal, es algo que solo sabremos el día en que todo lo oculto será revelado».

La pureza de la Iglesia
huele a cuerpo sacrosanto,
que es la pureza pascual
de Jesús Resucitado.

Huele a la Virgen purísima,
lecho del Verbo encarnado,
que del seno de María
nacía del todo santo.

Quiso Dios que la pureza
sea el vernos sin pecado,
semilla del mundo nuevo
que en el Hijo ha comenzado.

Ser varón y ser mujer
como Dios nos ha pensado
dulce alianza de amor
y cada día milagro.

Desnudo en la Cruz Jesús,
era del mundo el abrazo,
y ese cuerpo que da vida
adoramos y besamos.

Cristo Jesús del Espíritu
¡oh cuerpo glorificado!,
seas tú eternamente
nuestro triunfo y el descanso. Amén.

Domingo III de Cuaresma, 24 marzo 2019

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