III. El sacramento de la conversión
y de la ternura de Dios
I
De entrada: primeras clarificaciones
1. Cualquier sacerdote que se siente al
confesonario por un tiempo largo, con sencillez y humildad, no por un servicio
que hay que cumplir… podrá experimentar que el confesionario es un río de
milagros silenciosos…
Y al mismo tiempo el sacerdote y no
pocas personas espirituales experimentan una extraña sensación frente a este
sacramento, una especie de desajuste; no es fácil ajustar este sacramento en el
ritmo armónica de la praxis espiritual.
El Papa se lanza a dar “buen ejemplo”
y, para animar a la gente, dice cada cuánto tiempo se confiesa… “También los
sacerdotes deben confesarse, también los obispos, todos somos pecadores.
También el Papa se confiesa cada quince días, porque el Papa también es un
pecador. El confesor escucha lo que le digo, me aconseja y me perdona. Todos
necesitamos este perdón” (Audiencia del 20 de nov. de 2013).
2. El sacramento de la penitencia es un
“medio de perfección”… Repetirlo con frecuencia es saludable.
Era normal antes para los religiosos la
confesión semanal.
Un ejemplo que conozco: los capuchinos.
Los capuchinos nacemos con bulla
pontificia de 1528. En las primeras Constituciones (1536) se dice: 1536:
“Además se ordena que los hermanos se confiesen al menos dos veces por semana;
y comulguen cada 15 días, o más frecuentemente cuando quieran y su prelado
juzgue que sea conveniente” (Cap. VII). Unos años después, en 1552; “Además se
ordena que los hermanos se confiesen al menos dos veces por semana, que
comulguen cada Domingo todo el año…” (Cap. VII). En 1575: “Se ordena que se
confiese dos veces a la semana y comulguen cada Domingo todo el año, y más (si
quieren) y su prelado juzgue que está bien y les da licencia” (Cap. VII)
En 1608: “Y todos los hermanos se
confiesen al menos dos veces a la semana […] y comulguen dos veces por semana
durante todo el año, y más (si quieren)
y su prelado juzgue que está bien y les da licencia” (Cap. VII)
En 1896 se atenúa: “Y los hermanos se
confiesen dos veces, o al menos una vez, cada semana” (Cap. VII).
En 1909: “Y los hermanos se confiesen
al menos una vez cada semana” (n. 118), “Y comulguen al men0s tres veces a la
semana durante todo el año, y más, incluso todos los días (Congregación del
Concilio, 20 dic, 1905)” (n. 119).
… En la actualidad: “Teniendo en gran
estima el sacramento de la reconciliación, acudamos a él frecuentemente”
(Const. 114).
3. De estas simples alusiones, surgen
preguntas que discretamente habrá que resolver:
- Confesarse por devoción, como “medio
de perfección”, ¿no será desvirtuar la magnitud íntima del sacramento que vamos
a explicar?
- ¿Confesión personal, confesión comunitaria
con absolución individual? ¿En qué medida una y otra, cuando la celebración de
los sacramentos en la Iglesia tiende a ser celebración de toda la comunidad?
- ¿Confesarse según un Calendario
neutral, según ritmo de mera cronología, o confesarse al ritmo de los tiempos
sagrados de la Iglesia?
- ¿Confesión sacramento y otro tipo de
confesión?. En la Regla de santa Clara la comunión se hace siete veces al año y
la confesión una vez al mes. Ahora bien: “: “La abadesa esté obligada a
convocar a sus hermanas a capítulo por lo menos una vez a la semana, en el que
tanto ella como las hermanas deberán confesar humildemente las ofensas y
negligencias comunes y públicas” (Cap. IV). Nótese, la abadesa la primera
pecadora; la confesión vista desde la fraternidad.
- Un ir a pedir perdón a un hermano ¿no
valdrá más que una confesión?
- Confesarse, ¿con quién? ¿Con mi
compañero de mesa y de trabajo…? La dificultad de hallar un confesor a mano en
las comunidades religiosas de hoy salta a la vista por la proximidad, cercanía
y compañerismo.
II
Bautismo, Eucaristía, Penitencia:
armonía y unidad
El
perdón de los pecados en tres sacramentos
Hemos de apreciar estas consideraciones
teológicas que establece el Ritual de la Penitencia para ver qué lugar ocupa el
sacramento de la Penitencia en el cuadro sacramental de la Iglesia.
1. Esta victoria sobre el pecado la
manifiesta la Iglesia en primer lugar por medio del sacramento del BAUTISMO; en
él nuestra vieja condición es crucificada con Cristo, quedando destruida
nuestra personalidad de pecadores, y, quedando nosotros libres de la
esclavitud del pecado, resucitamos con Cristo para vivir para Dios [Cf. Rom 6,
4-10.]. Por ello confiesa la Iglesia su fe al proclamar en el símbolo:
“reconocemos un solo bautismo para el perdón de los pecados”.
2. En el sacrificio de la MISA se hace
nuevamente presente la pasión de Cristo y la Iglesia ofrece nuevamente a Dios,
por la salvación de todo el mundo, el cuerpo que fue entregado por nosotros y
la sangre derramada para el perdón de los pecados. En la Eucaristía, en efecto,
Cristo está presente y se ofrece como “víctima por cuya inmolación Dios quiso
devolvernos su amistad” [Missale Romanum,
Prex eucharistica III.], para que por medio de este sacrificio el Espíritu
Santo nos congregue en la unidad” [Missale
Romanum, Prex eucharistica II.].
3. Pero además nuestro Salvador
Jesucristo instituyó en su Iglesia el sacramento de la PENITENCIA al dar a los
apóstoles y a sus sucesores el poder de perdonar los pecados; así los fieles
que caen en el pecado después del bautismo, renovada la gracia, se reconcilien
con Dios [Cf. Conc. Trid., Sessio XIV. De
sacramenta Paenitentiae, cap. I.]. La Iglesia, en efecto, “posee el agua y
las lágrimas, es decir, el agua del bautismo y las lágrimas de la penitencia” [S. Ambrosius, Epist 41, 12; PL 16, 1116.].
III
Matriz y Paradigma del Sacramento
de la Penitencia en los Evangelios
Jesús perdona los pecados
Los referentes evangélicos del
sacramento de la Penitencia podemos verlos, para comenzar, en estas escenas.
Pero sería demasiado simplista deducir:
Como en estas escenas no vemos la “acusación” de los pecados, y, sin embargo,
los pecados quedan perdonados…, luego en el sacramento de la Penitencia no
tiene por qué haber acusación de pecados… Evidentemente que no es eso. Pero sí
que se puede sacar como conclusión que debemos privilegiar la categoría de la confesión como ”sacramento del ENCUENTRO”
con el perdón gratuito de Dios sobre el concepto del “tribunal” de la
penitencia. En un tribunal sí que tiene que absoluto rigor en cuanto a la
testificación de los actos delictivos con todas sus circunstancias, agravantes
o atenuantes…
- Paralítico:
“Hijo, tus pecados te son perdonados” (Mc 2,5).
- El
hijo pródigo (15,11-32).
- La
pecadora perdonada (Lc 7,36-50).
- La
mujer adúltera perdonada (Jn 8,1-11).
- La
acogida de Zaqueo (Lc 19,1-10).
Ninguna de estas escenas se ajusta al
paradigma de un “juicio” (acusación,
pormenores, evaluación, penitencia…), sino con el paradigma de la “acogida”,
del “encuentro deseado”.
Una meditación honda de los Evangelios
nos induce a pensar que una teología del sacramento basada en la categoría de
“juicio” – acusarse de todos los pecados según “número” (tantas veces),
[género] y “especie”, doctrina común en la teología moral – merece una revisión
a fondo… Se presta a una casuística agobiante… (Me acuso de que no voy a
misa… El pecado es “no ir a misa”, o
algo más profundo. El que hayan sido 30 0 50 veces ¿añade una superior gravedad
en la conciencia del penitente…?).
El fruto del sacramento, desde su
entraña, es la paz que produce el haberse encontrado con la Misericordia; no el
haberse liberado del mal rato que me he pasado… El discernimiento espiritual
debe ir por ahí. Una experiencia gratificante de la confesión puede ser esta:
Cuando al final, el penitente dice: Gracias, muchas gracias, padre. ¿Dónde
confiesa usted?
Nota.
Los textos que se invocan para establecer el sacramento de la Penitencia en
términos de una teología de juicio – el poder de las llaves de Mt 16,19 (“lo
que ates…, lo que desates…”) y el envío del Espíritu de Jesús Resucitado en Jn
20, 21 (“a quienes perdonéis…, a quienes retengáis”, pueden entenderse (salvo meliori iudicio) más en la
realidad divina de tal poder, que en la forma de ejecución huma via iuridica.
IV
Los cuatro agentes
en la celebración del sacramento
Primero
- DIOS CELEBRA SU COMPASIÓN Y TERNURA
- Dios perdona real y verdaderamente.
- Al perdonar olvida
- Al perdonar, ilumina el corazón, y
sana el corazón enfermo.
- Destruyendo el pecado crea una
situación nueva.
- Que para él es una fiesta.
- Al perdonar, sana las raíces del
pecado.
- Al perdonar, consuela y abre el
corazón a la esperanza.
- Presencia del Padre, del Hijo y del
Espíritu Santo.
La
fuerza del sacramento tenemos que ponerla en este aspecto. Que se perciba
claramente que el eje del sacramento es
- teologal,
- no antropológico.
Que lo que estamos celebrando es el
amor compasión de Dios, que es siempre total y gratuito.
Es más importante lo que Dios está
haciendo, que no lo que estoy haciendo yo: los actos del penitente, tan
subrayados en el Ritual.
Que en las hojitas que con frecuencia
se distribuyen a los fieles se perciba clara y visiblemente que más importante
que examinarme con detalle y que decir mis pecados es vivir que Dios se alegra
por mí, y que Dios está celebrando su amor y misericordia.
Sugerencia: A mi modo de sentir, se
impone una revisión a fondo de los folletos “para confesarse bien”.
Segundo
– YO PECADOR
Yo
pecador-penitente
Mirando teológicamente el sacramento
decimos
1. Mi confesión, antes que “confesión”
de mis pecados es, por encima de todo, “confesión” (reconocimiento, alabanza,
acción de gracias) de la Misericordia del Padre. El centro es Él, no yo.
2. Aunque se reduzca a un determinado
tiempo (por ejemplo, un mes) es “confesión general” de toda mi vida.
3. Y aunque sea “mía” (de mis pecados)
incluyo, bajo la redención de Cristo, a toda la Iglesia y a todo el mundo, como
solidario que soy de los pecados de la humanidad.
4. Mi examen de conciencia lo entiendo
simplemente a la escucha de la Palabra de Dios: Qué me revela hoy la Palabra de
Dios para mí.
5. Mi confesión está relacionada con mi
Bautismo: y tiene el carácter de consagración. Y a su vez con mi Profesión
religiosa o con mi estado sacerdotal. La profesión religiosa, y similarmente la
vocación religiosa, no es sino la radicalización de mi Bautismo.
6. A la consagración que Dios opera va
unidad, de mi parte y con Jesucristo, la Oblación de toda mi vida.
7. Y la oblación de toda mi vida es
Intercesión y Expiación.
8. La escatología, el advenimiento del
“ésjaton”, lo último y definitivo de Dios en la historia, fue esencial en la
vida de Jesús. Jesús aparece en los Evangelios como un “Iluminado”, como
alguien que se autoconcibe como nadie antes se había pensado a sí mismo. Jesús
es la palabra definitiva de Dios en la historia. En mi confesión:
- Me presento ante Jesús en su estado
definitivo: la gloria y majestad del pantocrátor, que preside el templo en el
ábside del altar.
- Y de mi parte le voy a dar la cuenta
definitiva de mi vida, la cuenta final. De aquí al abrazo celestial: Pasa al
banquete de tu Señor
Tercero
EL SACERDOTE
He
aquí algunas actitudes que hemos de observar los sacerdotes en cuanto
confesores
1) Lo
primero de todo el sacerdote acoge al penitente con mucha bondad y
misericordia, sabiendo que es dios el que lo ha traído.
2)
Partir de que la confesión es ante todo
un “Encuentro”, no precisamente un “juicio”, lo que genera dinámicas
diferentes. (Hace muchos años que no me he confesado. – No se apure: Vamos a darle gracias a Dios
por esta inspiración)
3)
Jamás le dará una palabra de regaño.
4)
En caso de duda, nunca preguntar.
5)
Jamás manifestar curiosidad.
6)
La integridad no se mide por los
baremos de la Moral, sino por la conciencia del penitente.
7)
Como normal general: Lo que diga el
penitente, y basta.
8) Gracia
del todo especial para el sacerdote confesor es la de ofrecerse él mismo,
asociado a la cruz de Jesús, como expiación de los pecados que escucha en
confesión.
Cuarto
– LA IGLESIA
Cuando
yo me confieso, he de pensar que me acompaña toda la Iglesia.
El
Ritual ve así la presencia de la Iglesia en este sacramento
“La
celebración de este sacramento es siempre una acción en la que la Iglesia
1. proclama
su fe,
2.
da gracias a Dios por la libertad con
que Cristo nos liberó
3.
y ofrece su vida como sacrificio
espiritual en alabanza de la gloria de Dios
4. y
sale al encuentro de Cristo que se acerca” (Ritual,
Prenotandos 7).
El
aspecto eclesial de la celebración tiene dos vertientes:
- La
Iglesia, sancta et simul reformanda, (santa
y al mismo tiempo en proceso de reforma) queda asociada a mis pecados, como
comunidad penitente.
- Pero
en este momento, sobre todo, la Iglesia está ejerciendo su función de Madre,
con entrañas de misericordia. Y en este ámbito yo celebro el sacramento, tanto
cuando lo celebro como confesor como cuando lo celebro como penitente.
***
En suma, podemos vislumbrar que la celebración de este sacramento puede
ser, ante todo, conducidos por la Palabra de Dios un enternecedor encuentro con
la ternura y la misericordia de Dios.
Guadalajara, Jal., 27 marzo 2019.
Notas.
Las otras dos pláticas o predicaciones de este quinario de Cuaresma
no quedan recogidas en Internet
Fr. Rufino María Grández
Misionero de la Misericordia
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