viernes, 12 de julio de 2019

1229. Dom. XV, ciclo C – Y, al verlo, se compadeció – El Dios de la compasión


Y, al verlo, se compadeció - El Dios de la compasión
Lc 10,25-37

         25 En esto se levantó un maestro de la ley y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?». 26 Él le dijo: «¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?». 27 Él respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo». 28 Él le dijo: «Has respondido correctamente. Haz esto y tendrás la vida».
29 Pero el maestro de la ley, queriendo justificarse, dijo a Jesús: «¿Y quién es mi prójimo?».
30 Respondió Jesús diciendo: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos bandidos, que lo desnudaron, lo molieron a palos y se marcharon, dejándolo medio muerto.
31 Por casualidad, un sacerdote bajaba por aquel camino y, al verlo, dio un rodeo y pasó de largo.
32 Y lo mismo hizo un levita que llegó a aquel sitio: al verlo dio un rodeo y pasó de largo.
33 Pero un samaritano que iba de viaje llegó adonde estaba él y, al verlo, se compadeció, 34 y acercándose, le vendó las heridas, echándoles aceite y vino, y, montándolo en su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y lo cuidó. 35 Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y le dijo: “Cuida de él, y lo que gastes de más yo te lo pagaré cuando vuelva”. 36¿Cuál de estos tres te parece que ha sido prójimo del que cayó en manos de los bandidos?». 37 Él dijo: «El que practicó la misericordia con él». Jesús le dijo: «Anda y haz tú lo mismo».

Hermanos:
1. No  podemos hacer demagogia de las palabras de Jesús. Dios nos libre de esta profanación. Porque la palabra de Jesús – nunca nos cansaremos de repetirlo – es siempre revelación de Dios. Es una palabra que el hombre no puede alcanzar por sí mismo, sino que humildemente debe recibir y acoger como don que le viene del mismo Hijo de Dios.
En este Evangelio tenemso una parábola de Jesús, pero esta parábola tiene su encuadre. La primera parte es como una escena universitaria; la segunda una escena de vida, dramática escena, que termina con una llamada revolucionaria: Haz tú lo mismo. Es la parábola de la acción, de la acción del amor, Un amor que no sea operativo, un amor que no implique a la persona no es amor.

2. El teólogo pregunta: Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Viene la respuesta, pero la respuesta genera otra pregunta: ¿Y quién es mi prójimo?
Al hacer teología, hermanos, podemos preguntar y preguntar, y seguir preguntando, y así hasta lo infinito. La teología nunca termina de hacerse. Pero una teología que no ataja, al instante, con una opción de amor, no es teología cristiana.
El Evangelio es poner toda la persona al servicio del amor.

3. El durísima la escena que Jesús inventa para arrasar con todo nuestro puritanismo. El sacerdote tiene muchas razones para no implicarse en ese suceso desagradable, que le molesta, y que quiere esquivar no enterándose del todo. Es mejor ignorar la desgracia humana que pasarse un amargo trago contemplándola.
El levita es la repetición de la escena: ídem de lo mismo. Sentimos que es muy dura la palabra de Jesús al tomar el estamento clerical como ejemplo de la insensibilidad en la compasión.

4. El tercer ejemplo de la escena – hoy diríamos de la película - es el del Samaritano.
El personaje es un Samaritano, miserable Samaritano para la pureza del mundo judío. En este Samaritano se detiene la cámara para captar tres secuencias:
- la primera, su rostro, sus ojos: al verlo, tuvo compasión. La compasión entra al corazón por los ojos, por lo que se ve; por esas escenas de televisión que, al aparecer, quisiéramos cortar y pasar a otro programa.
- La segunda secuencia es que se bajó de su cabalgadura, y curó al desvalido con lo que llevaba: vino y aceite.
- La tercera secuencia es que lo llevó al mesón – que es como decir al hospital – y lo cuidó, es decir que le dedicó tiempo y amor. Se acabó el día regalándoselo al necesitado.

5. Aquí no termina la historia. Escuchen el final de esta película que Jesús se ha in ventado.
Ya se le ha estropeado su plan, ya ha dedicado un día al necesitado. Al día siguiente pone en marcha una nueva acción;  se entiende con el posadero, y le paga dos denarios para que lo cuide.
Tampoco el asunto termina aquí, porque este buen Samaritano se ha llevado al malherido en su corazón. Lo cargó en u burro y lo cargó en su corazón.
Y le dijo al posadero: Hablaremos a la vuelta. Yo no me desentiendo de él. A lo mejor la cosa se complica y tengo que pagar más. Haremos cuentas y pagaré lo que sea, porque el asunto tiene que ser completo. El hombre necesitado es ya parte de mi corazón.

Esto es lo que Jesús se ha inventado, a lo mejor de repente, porque él mismo lo lleva dentro, y el Buen Samaritano, ante todo, es él.

6. Nuestra reflexión, hermanos, ahora, ante este modo de hablar tan sorprendente, tiene dos caminos:
- Jesús, ¿no está enseñando una nueva moral?
- ¿o, quizás, una nueva teología?
Las dos cosas: una nueva moral, para revisar nuestro comportamiento humano ante la desgracia,
y una nueva teología para remachar que el Dios de la revelación es el Dios de la compasión. Ese es el Dios de Jesús.

Una nueva moral. Terrible la situación de emigración que estamos sufriendo en Europa y en América, por citar los casos que más nos afectan. La respuesta no puede ser en función de intereses nacionales, sino que la clave debe partir del bien de las personas, aunque de repente nos pueda parecer que esto nos conduce al caos. Esta es la nueva moral: la persona está por encima de toda política, de todo interés nacional.

Pero decimos que en esta parábola hallamos una teología: El Dios de Jesús es ciertamente el Dios desconcertante de los profetas, que, pese a todas las amenazas, termina siendo el Dios de la compasión. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu fuerza y con toda tu mente. Y a tu prójimo como a ti mismo.
Dios y el prójimo llegan a un punto de encuentro y convergencia en la compasión.
El Señor nos conceda un corazón compasivo. Es el mejor regalo que uno puede tener en la vida.

Señor Jesús, con la vieja fórmula de nuestros mayores, te suplicamos: Sagrado Corazón de Jesús, haced nuestro corazón semejante al vuestro.

Logroño (La Rioja), 11 julio 2019

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