domingo, 14 de julio de 2019

1230. En la muerte de una hermana


En la muerte de una hermana

Hace una semana (lunes, 8 de julio de 2019), moría una hermana mía, Ma Esperanza (21 julio 1935 - 8 julio 2019) la primogénita de seis hermanos. “Descansó en el Señor”, ha dicho desde siempre la palabra cristiana. Al día siguiente fue la Misa de exequias. La Misa funeral, aun siendo un acto de familia, incluso un acto de sociedad, es principalmente una celebración de Iglesia, abierta a todos los fieles. En este sentido, como testimonio de celebración, su despedida cristiana, vaya este texto. Entendamos, además, que el centro de toda homilía es siempre Cristo. A él la gloria.


Homilía

en el funeral de mi hermana Ma. Esperanza
Parroquia de Ntra. Sra. del Burgo, Alfaro 9 de julio de 2019

Textos bíblicos:
Is 25,6a.7-9
Jn 11,1-27

Hermanos:
1. La vida de un cristiano comienza en el altar y termina en el altar, y hoy el Señor nos concede la gracia de concluir la vida de mi hermana Ma. Esperanza junto al altar de esta iglesia parroquial, antes de depositar su cuerpo en el cementerio.
Como sacerdote, como hermano de sangre de esta querida hermana, es para mí gracia del Señor el que pueda presidir esta celebración que todos, como hijos de Dios, compartimos por igual.
Hace 59 años, el 18 de abril de 1960, lunes de Pascua, yo recién ordenado sacerdote unos días antes, bendije el matrimonio de Pedro y Esperanza, y hoy celebro este funeral que yo no programé, sino que Dios mismo lo ha programado. Permítanme algunos recuerdos sin salir de la sacralidad que requiere este momento solemne de tránsito a la eternidad.
San Francisco en la Regla que un día profesamos nos dice a los que anunciamos el Evangelio que nuestra predicación la hagamos con palabras breves, con palabras examinadas y con palabras puras. Procuraré seguir el consejo de mi Padre San Francisco.

2. Los dos pasajes bíblicos de la liturgia funeral que hemos proclamado nos invitan a pensar en el insondable misterio humano con infinita esperanza.
Con un lenguaje que no pertenece ni a la crónica, ni a la ciencia ni a la experiencia humana, en una visión apocalíptica del libro de Isaías, Dios anuncia como palabra viva para que caiga en nuestros corazones:
“(Aquel día) preparará el Señor del universo para todos los pueblos, | en este monte, un festín de manjares suculentos, | un festín de vinos de solera; | manjares exquisitos, vinos refinados.
Y arrancará en este monte | el velo que cubre a todos los pueblos, | el lienzo extendido sobre todas las naciones”.
La vida, ¿qué es?: ¿es un funeral o una boda?
Jesús en sus parábolas ha preferido tomar la imagen de la boda mejor que la imagen del funeral. Ahí están los textos para meditar.
Pero ese velo de luto existe. Existe en todas las familias, que cada una conoce su pena. Y no solamente cada familia, cada persona lleva su dolor.
Cada uno somos un misterio que solo puede ser abordado desde la piedad y la ternura.
Y el texto sagrado dice que hay un lienzo extendido sobre todas las naciones.

3. Pero el texto sagrado dice: Aniquilará la muerte para siempre. | Dios, el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros.
Y, más allá de cualquier cálculo nuestro, dice la palabra divina con esa rotundidez que tienen los textos sagrados: Aquel día se dirá: Aquí está nuestro Dios. | Esperábamos en él y nos ha salvado. | Este es el Señor en quien esperamos. | Celebremos y gocemos con su salvación.
La salvación no es obra y conquista nuestra. La salvación es gracia.
Y un funeral es, ante todo, para celebrar la salvación, el triunfo del amor de Dios por encima de nuestras miserias y pecados.
No es fácil comprenderlo, porque esto no se comprende con argumentos humanos, sino solo se entiende cuando uno es iluminado.

4. Cuando visitamos a un enfermo, tratamos de animarle, sin engañarlo, poniendo ante sus ojos las cosas que más puedan agradarle. El día pasado, para animar a mi hermana en su desvalimiento total, yo trataba de decirle que Dios le había bendecido. Mi sorpresa era que ella estaba convencida, más convencida que yo, de que Dios le había bendecido muchísimo. Yo captaba que no es lo mismo decir que experimentar. Y en ese momento, esta humilde cristiana que iba a rendir su vida a Dios, con ese temor que infunde la incógnita de la muerte, estaba convencida, por propia experiencia, de que Dios le había bendecido muchísimo. A mí, profesor de estas cosas sagradas, me hacía reflexionar. Dios le había bendecido muchísimo.
“Pero también has tenido tus enfermedades, y tantos años…” Pero eso realmente no contaba, como que desaparecía comparado con lo otro. Dios me ha bendecido muchísimo.
Y estaba muy agradecida por todas las atenciones que iba recibiendo en su enfermedad por parte de su familia y por parte de las instituciones de salud, de las enfermeras, de las asistentas… “Mejor imposible, más no se puede…”, decía ella, pensando en los centros médicos que tuvo que frecuentar. Frases sencillas que a mí me han hecho reflexionar mucho sobre este humanismo que ha penetrado la sanidad en la Seguridad Social, que quizás no lo apreciamos. No se trata de dinero; se trata de humanidad, de cariño, de relación personal… Y esto, bien pensado, es puro Evangelio.

5. Volviendo, pues, a los textos sagrados, digamos que el final del misterio insondable de la vida hemos de entenderlo según ese mensaje bíblico que tienen los profetas desde el principio: Dios es perdón, Dios es banquete, Dios es una fiesta de amor.
Que ese Dios de misericordia, que así obra, nos enseñe a descubrirlo.

6. Ahora bien, la palabra final no está dicha. La palabra final nos la da el Evangelio.
Yo soy la resurrección y la vida:
el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá;
y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.

¿Se pueden creer en esas cosas?
Nunca jamás se podrán demostrar por argumentos empíricos, porque no pertenecen a la ciencia, sino a la fe.
Pero Marta, mujer sencilla, un ama de casa lo ha creído:
¿Crees esto?».
Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo

Aquí, en este acto de fe, que es inherente a nosotros y, al mismo tiempo, lo transciende, es donde nos jugamos todo. Ayer  noche recibía yo una carta de un compañero, profesor de universidad: “En estos momentos en que tantos sentimientos se remueven no me siento capaz de decir nada, excepto mostrarte la solidaridad que yo puedo. Mi experiencia, cuando mis familiares más cercanos murieron, es que la fe en Jesús, vivo y resucitado, alumbra la tiniebla de la muerte, nos serena y pacifica”.
El profesor no tiene nada que decir; tiene que callarse con respeto ante el misterio y tiene que dar paso al creyente.

Ante el cadáver de mi hermana, que ha roto la frontera de este mundo y ha pasado a la eternidad, muchas cosas puedo pensar y decir, como hermano y como creyente.
Como hermano, con un beso: ¡Gracias, Esperanza!
Como creyente: No temas, hija de Dios, la Iglesia te acompaña. Descansa en paz, salvada, no por tus merecimientos, sino por la gracia y la ternura de Dios.
Que la Virgen te acompañe en el encuentro definitivo con Dios. Amén.

Alfaro, 9 julio 2019

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Recordatorio


EN LA PAZ DE CRISTO
Ma Esperanza Grández Lecumberri
(21/VII/1935 – 8/VII/2019)

La Puerta de la esperanza
es nuestra muerte cristiana,
y tras ella Jesucristo
con el trofeo de Pascua.
Descansa ya, hermana mía,
por el Señor coronada:
tu vida fue bendición,
tu final ha sido gracia.
Tu familia ha recogido
la herencia que nos regalas:
tu entrega de esposa y madre
y la bondad de tu alma.
Junto a la Virgen del Burgo,
a su manto cobijada,
entra en la Gloria del Hijo,
que es nuestra patria esperada.
Alfaro, 8 julio
Rufino María Grández Lecumberri
 


 

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