En
la muerte de una hermana
Hace una semana (lunes,
8 de julio de 2019), moría una hermana mía, Ma Esperanza (21 julio 1935 - 8 julio 2019) la primogénita de seis hermanos. “Descansó
en el Señor”, ha dicho desde siempre la palabra cristiana. Al día siguiente fue
la Misa de exequias. La Misa funeral, aun siendo un acto de familia, incluso un
acto de sociedad, es principalmente una celebración de Iglesia, abierta a todos
los fieles. En este sentido, como testimonio de celebración, su despedida
cristiana, vaya este texto. Entendamos, además, que el centro de toda homilía
es siempre Cristo. A él la gloria.
Homilía
en
el funeral de mi hermana Ma. Esperanza
Parroquia
de Ntra. Sra. del Burgo, Alfaro 9 de julio de 2019
Textos bíblicos:
Is 25,6a.7-9
Jn 11,1-27
Hermanos:
1. La vida de un cristiano comienza en el
altar y termina en el altar, y hoy el Señor nos concede la gracia de concluir
la vida de mi hermana Ma. Esperanza junto al altar de esta iglesia parroquial,
antes de depositar su cuerpo en el cementerio.
Como sacerdote, como hermano de sangre
de esta querida hermana, es para mí gracia del Señor el que pueda presidir esta
celebración que todos, como hijos de Dios, compartimos por igual.
Hace 59 años, el 18 de abril de 1960, lunes
de Pascua, yo recién ordenado sacerdote unos días antes, bendije el matrimonio
de Pedro y Esperanza, y hoy celebro este funeral que yo no programé, sino que
Dios mismo lo ha programado. Permítanme algunos recuerdos sin salir de la
sacralidad que requiere este momento solemne de tránsito a la eternidad.
San Francisco en la Regla que un día
profesamos nos dice a los que anunciamos el Evangelio que nuestra predicación
la hagamos con palabras breves, con palabras examinadas y con palabras puras.
Procuraré seguir el consejo de mi Padre San Francisco.
2. Los dos pasajes bíblicos de la
liturgia funeral que hemos proclamado nos invitan a pensar en el insondable
misterio humano con infinita esperanza.
Con un lenguaje que no pertenece ni a la
crónica, ni a la ciencia ni a la experiencia humana, en una visión apocalíptica
del libro de Isaías, Dios anuncia como palabra viva para que caiga en nuestros
corazones:
“(Aquel día) preparará el Señor del universo para todos los pueblos, | en este
monte, un festín de manjares suculentos, | un festín de vinos de solera; |
manjares exquisitos, vinos refinados.
Y
arrancará en este monte | el velo que cubre a todos los pueblos, | el lienzo
extendido sobre todas las naciones”.
La vida, ¿qué es?: ¿es un funeral o una
boda?
Jesús en sus parábolas ha preferido
tomar la imagen de la boda mejor que la imagen del funeral. Ahí están los
textos para meditar.
Pero ese velo de luto existe. Existe en
todas las familias, que cada una conoce su pena. Y no solamente cada familia,
cada persona lleva su dolor.
Cada uno somos un misterio que solo
puede ser abordado desde la piedad y la ternura.
Y el texto sagrado dice que hay un
lienzo extendido sobre todas las naciones.
3. Pero el texto sagrado dice: Aniquilará la muerte para siempre. | Dios,
el Señor, enjugará las lágrimas de todos los rostros.
Y, más allá de cualquier cálculo nuestro,
dice la palabra divina con esa rotundidez que tienen los textos sagrados: Aquel día se dirá: Aquí está nuestro Dios. |
Esperábamos en él y nos ha salvado. | Este es el Señor en quien esperamos. |
Celebremos y gocemos con su salvación.
La salvación no es obra y conquista
nuestra. La salvación es gracia.
Y un funeral es, ante todo, para
celebrar la salvación, el triunfo del amor de Dios por encima de nuestras
miserias y pecados.
No es fácil comprenderlo, porque esto no
se comprende con argumentos humanos, sino solo se entiende cuando uno es iluminado.
4. Cuando visitamos a un enfermo,
tratamos de animarle, sin engañarlo, poniendo ante sus ojos las cosas que más
puedan agradarle. El día pasado, para animar a mi hermana en su desvalimiento
total, yo trataba de decirle que Dios le había bendecido. Mi sorpresa era que ella
estaba convencida, más convencida que yo, de que Dios le había bendecido
muchísimo. Yo captaba que no es lo mismo decir que experimentar. Y en ese
momento, esta humilde cristiana que iba a rendir su vida a Dios, con ese temor
que infunde la incógnita de la muerte, estaba convencida, por propia
experiencia, de que Dios le había bendecido muchísimo. A mí, profesor de estas
cosas sagradas, me hacía reflexionar. Dios le había bendecido muchísimo.
“Pero también has tenido tus enfermedades,
y tantos años…” Pero eso realmente no contaba, como que desaparecía comparado
con lo otro. Dios me ha bendecido
muchísimo.
Y estaba muy agradecida por todas las
atenciones que iba recibiendo en su enfermedad por parte de su familia y por
parte de las instituciones de salud, de las enfermeras, de las asistentas… “Mejor
imposible, más no se puede…”, decía ella, pensando en los centros médicos que
tuvo que frecuentar. Frases sencillas que a mí me han hecho reflexionar mucho sobre
este humanismo que ha penetrado la sanidad en la Seguridad Social, que quizás no lo apreciamos. No se
trata de dinero; se trata de humanidad, de cariño, de relación personal… Y
esto, bien pensado, es puro Evangelio.
5. Volviendo, pues, a los textos
sagrados, digamos que el final del misterio insondable de la vida hemos de
entenderlo según ese mensaje bíblico que tienen los profetas desde el
principio: Dios es perdón, Dios es banquete, Dios es una fiesta de amor.
Que ese Dios de misericordia, que así
obra, nos enseñe a descubrirlo.
6. Ahora bien, la palabra final no está
dicha. La palabra final nos la da el Evangelio.
Yo
soy la resurrección y la vida:
el
que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá;
y
el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre.
¿Se pueden creer en esas cosas?
Nunca jamás se podrán demostrar por
argumentos empíricos, porque no pertenecen a la ciencia, sino a la fe.
Pero Marta, mujer sencilla, un ama de
casa lo ha creído:
¿Crees
esto?».
Ella
le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que
tenía que venir al mundo
Aquí, en este acto de fe, que es
inherente a nosotros y, al mismo tiempo, lo transciende, es donde nos jugamos
todo. Ayer noche recibía yo una carta de
un compañero, profesor de universidad: “En estos momentos en que tantos sentimientos
se remueven no me siento capaz de decir nada, excepto mostrarte la solidaridad
que yo puedo. Mi experiencia, cuando mis familiares más cercanos murieron, es
que la fe en Jesús, vivo y resucitado, alumbra la tiniebla de la muerte, nos
serena y pacifica”.
El profesor no tiene nada que decir;
tiene que callarse con respeto ante el misterio y tiene que dar paso al
creyente.
Ante el cadáver de mi hermana, que ha
roto la frontera de este mundo y ha pasado a la eternidad, muchas cosas puedo
pensar y decir, como hermano y como creyente.
Como hermano, con un beso: ¡Gracias,
Esperanza!
Como creyente: No temas, hija de Dios,
la Iglesia te acompaña. Descansa en paz, salvada, no por tus merecimientos,
sino por la gracia y la ternura de Dios.
Que la Virgen te acompañe en el encuentro
definitivo con Dios. Amén.
Alfaro, 9 julio 2019
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