Coronavirus Profeta
Coronavirus te llamas,
hasta ayer desconocido;
hoy en el mundo universo
el Príncipe más temido.
¿Vienes del Apocalipsis,
como Jinete aguerrido,
para muerte y soledad,
por pecados cometidos?
No es ese mi pensamiento,
si el Evangelio medito,
y en la Bondad de mi Padre
me pierdo, todo perdido.
Millones son tus vasallos
y millares los caídos;
las calles son el desierto,
todos ante ti han huido.
Al tic-tac del corazón
en mi celda recluido,
voy contemplando visiones
de luz, de gracia y respiro.
Mirad los signos del cielo,
Jesús Vidente nos dijo,
y dejaos enseñar
por los profetas que envío.
El Corona es mi Profeta,
y quiere ser mi testigo,
si encuentra unos corazones
capaces de recibirlo.
El Ángel me lo hizo ver:
Y vi al Virus pequeñísimo,
que ojo humano no lo alcanza
en armonía en su sitio.
¡Qué frágil la creación,
que nos abre a lo infinito,
y qué misterio sin fin
el de este ser potentísimo!
Yo soy parte de esta Casa,
que reverente yo piso:
Dios Creador, tú la hiciste,
y la diste a mi dominio.
“Todo es vuestro”, dijo Pablo,
“y vosotros sois de Cristo”;
Mirad con ojos muy puros,
que todo está bendecido.
Mirad el mundo en combate
que espera ser redimido,
por el paso de la muerte
en este parto divino.
Sin remedio, felizmente,
sois solidarios, ¡uníos!,
que toda desgracia alumbra
un amor enriquecido.
Descubrid una Presencia,
que de ella el mundo está ungido,
y no caerá un
cabello,
si Dios no lo ha decidido.
Y mientras oro estas cosas
al susurro del oído,
mil mensajes sorprendentes
Coronavirus me ha dicho.
¡Gracias, mi Padre del cielo,
negativo o positivo,
que por ti y por mis hermanos,
pronto estoy para el servicio!
Madrid, Desde Jesús de Medinaceli, 16 de
marzo de 2020

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