jueves, 26 de marzo de 2020

1321. Domingo V Cuaresma A – Jesús, resurrección y vida, anuncia y promete mi resurrección



Jesús, resurrección y vida, anuncia y promete
mi resurrección


Texto evangélico:
Jn11 Había caído enfermo un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro. Las hermanas le mandaron recado a Jesús diciendo: «Señor, el que tú amas está enfermo». Jesús, al oírlo, dijo: «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella». Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo se quedó todavía dos días donde estaba.
Solo entonces dijo a sus discípulos: «Vamos otra vez a Judea». Los discípulos le replicaron: «Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver de nuevo allí?». Jesús contestó: «¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza porque la luz no está en él». Dicho esto, añadió: «Lázaro, nuestro amigo, está dormido: voy a despertarlo». Entonces le dijeron sus discípulos: «Señor, si duerme, se salvará». Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente: «Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su encuentro». Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos: «Vamos también nosotros y muramos con él».
Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos quince estadios; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María para darles el pésame por su hermano.  Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedó en casa. Y dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá». Jesús le dijo: «Tu Marta respondió: «Sé que resucitará en la resurrección en el último día». Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?». Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». 
Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: «El Maestro está ahí y te llama». Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él: porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole: «Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano».
Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, se conmovió en su espíritu, se estremeció y preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado». Le contestaron: «Señor, ven a verlo».  Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: «¡Cómo lo quería!». Pero algunos dijeron: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que este muriera?».
 Jesús, conmovido de nuevo en su interior, llegó a la tumba. Era una cavidad cubierta con una losa. Dijo Jesús: «Quitad la losa». Marta, la hermana del muerto, le dijo: «Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días». Jesús le replicó: «¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?». Entonces quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado». Y dicho esto, gritó con voz potente: «Lázaro, sal afuera». El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar».
Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él.

Hermanos:
1. Para introducirnos en el secreto del Evangelio de hoy la Iglesia proclama un mensaje del profeta Ezequiel, que vivió seis siglos antes de Jesús: Esto dice el Señor Dios: “Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os sacaré de ellos, pueblo mío, y os llevaré a la tierra de Israel. Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de ellos, pueblo mío, comprenderéis que soy el Señor” (Ez 37,12-13).
Y también unas frases de san Pablo, escritas antes del Evangelio de san Juan: “Y si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús también dará vida a vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros” (Rom 8,11).

2. Según estas sentencias de la Escritura, Dios, el único dueño de la vida y de la muerte, es el que resucita al pueblo de Israel. Dios, el que resucitó a Jesús, por el Espíritu, es el que me va a resucitar a mí.
Pero en el Evangelio se da un paso más: Dios, el único que puede dar resurrección y vida, deposita todo su poder en el Hijo, a tal punto que nosotros podemos decir que Jesús Resucitado es el que me va a resucitar a mí.
Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?
Y entonces Marta hace esta espléndida confesión de fe:  Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.
Su hermana María hace una confesión similar: Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.
En resumen: Donde está Jesús está la vida, donde no está Jesús, allí no puede haber otra cosa sino tinieblas y muerte.

3. Estos grandes principios de nuestra fe tienen vigencia para toda la humanidad: Jesús es la única vida del mundo, la vida y la inmortalidad para siempre. Pero esta fe no me salvaría a mí, si no pudiera aplicarla al ámbito de mi existencia, y confesar y experimentar de modo único y personal: Jesús es mi resurrección y mi vida. Yo sé que este cuerpo es cuerpo débil, sujeto al proceso de la muerte. Yo sé que este cuerpo mío tiene que bajar al sepulcro, más tarde o más temprano, pero es su destino y ningún ser humano puede escapar de él. Pero yo confieso que este cuerpo mío va a participar de la inmortalidad de Jesús, y ha de vivir con la vida de Dios y en su nueva condición nunca más morir.

4. El Evangelio nos habla de tres resurrecciones, las tres para volver a morir: El hijo de la viuda de Naím (Lc 7,11-17), la niña de 12 años hija de Jairo, jefe de la sinagoga (Mt 5,42¸par. Lc 8,55; Mt 9,27); tres resurrecciones que, en realidad, son reviviscencia, para reandar potar vez el camino de la vida, que es un viaje siempre a más vida hasta el encuentro eterno con Dios.
Este planteamiento de fe lo trasladamos ahora al panorama de muerte que estamos sufriendo. Ayer la epidemia que padecemos se llevó consigo a 655 muertos, número de horror, que, gracias a Dios, fue de 80 víctimas menos que el día anterior.
En estas circunstancias proclamamos que la muerte no es el triunfo del mal. Cristo Resucitado está enfrente y él es nuestra victoria.
Señor Jesús, toda la vida del Padre por el Espíritu está puesta en tus manos, y tú nos la entregas en la Eucaristía, don de inmortalidad. En tu corazón nos abandonamos con confianza, para que nuestra vida, solo vida, siempre vida. Amén.

Madrid, desde Jesús de Medinaceli, jueves 26 marzo 2020.

2 comentarios:

  1. Tengo mucha alegría y emoción en mí, soy torpey clare, feliz con mi matrimonio, hasta que mi esposo comenzó a escuchar chismes de mí no siendo fiel a nuestros votos matrimoniales, traté de hacerle entender que eran chismes y mentiras, pero perdió el amor, la confianza y la confianza en nosotros. Así que nos convertimos en parejas fastidiosas y luego nos divorciamos, luego nos separamos. años después de nuestro divorcio, traté de vivir una vida normal sin él, pero no pude, así que comencé una búsqueda sobre cómo recuperar a mi ex esposo, y luego me llamaron, BaBa ogbogo, un gran hombre altamente espiritual que lanzó un el amor me hechizó e hizo que mi EX volviera a mí. Estoy abrumado, así que dejo su contacto aquí para aquellos que tienen problemas de relación y matrimonio, para que pueda ayudar con grandes trabajos. Correo electrónico: greatbabaogbogotemple@gmail.com. O su número de WhatsApp ... +447440557868. Póngase en contacto con él, vea cuán grande y poderoso es. También ayuda en estos asuntos ...

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    (5) Deshacerse de los problemas espirituales.

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  2. Mil gracias Padre por comunicarnos Palabras de vida eterna...

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