Jesús
y el ciego de nacimiento
en medio
del Coronavirus
Jn 9,1-41
Texto evangélico:
Jn9 1 Y al pasar, vio Jesús a un hombre
ciego de nacimiento. 2 Y sus discípulos le preguntaron: «Maestro,
¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera ciego?». 3 Jesús
contestó: «Ni este pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las
obras de Dios. 4 Mientras es de día tengo que hacer las obras del
que me ha enviado: viene la noche y nadie podrá hacerlas. 5 Mientras
estoy en el mundo, soy la luz del mundo».
6 Dicho esto, escupió en la tierra,
hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego, 7 y le
dijo: «Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado)». Él fue, se
lavó, y volvió con vista. 8 Y los vecinos y los que antes solían
verlo pedir limosna preguntaban: «¿No es ese el que se sentaba a pedir?». 9
Unos decían: «El mismo». Otros decían: «No es él, pero se le parece». Él
respondía: «Soy yo». 10 Y le preguntaban: «¿Y cómo se te han abierto
los ojos?». 11 Él contestó: «Ese hombre que se llama Jesús hizo
barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase.
Entonces fui, me lavé, y empecé a ver». 12 Le preguntaron: «¿Dónde
está él?». Contestó: «No lo sé».
13 Llevaron ante los fariseos al que
había sido ciego. 14 Era sábado el día que Jesús hizo barro y le
abrió los ojos. 15 También los fariseos le preguntaban cómo había
adquirido la vista. Él les contestó: «Me puso barro en los ojos, me lavé y
veo». 16 Algunos de los fariseos comentaban: «Este hombre no viene
de Dios, porque no guarda el sábado». Otros replicaban: «¿Cómo puede un pecador
hacer semejantes signos?». Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al
ciego: 17 «Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?». Él
contestó: «Que es un profeta».
18Pero los judíos no se creyeron que
aquel había sido ciego y que había comenzado a ver, hasta que llamaron a sus
padres 19 y les preguntaron: «¿Es este vuestro hijo, de quien decís
vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?». 20 Sus padres
contestaron: «Sabemos que este es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve
ahora, no lo sabemos; 21 y quién le ha abierto los ojos, nosotros
tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse». 22
Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos: porque los judíos
ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por
Mesías. 23 Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a
él».
24 Llamaron por segunda vez al hombre
que había sido ciego y le dijeron: «Da gloria a Dios: nosotros sabemos que ese
hombre es un pecador». 25 Contestó él: «Si es un pecador, no lo sé;
solo sé que yo era ciego y ahora veo». 26 Le preguntan de nuevo:
«¿Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?». 27 Les contestó: «Os lo he
dicho ya, y no me habéis hecho caso: ¿para qué queréis oírlo otra vez?,
¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos?». 28 Ellos lo
llenaron de improperios y le dijeron: «Discípulo de ese lo serás tú; nosotros
somos discípulos de Moisés. 29 Nosotros sabemos que a Moisés le
habló Dios, pero ese no sabemos de dónde viene». 30 Replicó él:
«Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene, y, sin embargo, me
ha abierto los ojos. 31 Sabemos que Dios no escucha a los pecadores,
sino al que es piadoso y hace su voluntad. 32 Jamás se oyó decir que
nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; 33 si este no
viniera de Dios, no tendría ningún poder». 34 Le replicaron: «Has
nacido completamente empecatado, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?». Y lo
expulsaron.
35 Oyó Jesús que lo habían expulsado,
lo encontró y le dijo: «¿Crees tú en el Hijo del hombre?». 36 Él
contestó: «¿Y quién es, Señor, para que crea en él?». 37 Jesús le
dijo: «Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es». 38 Él
dijo: «Creo, Señor». Y se postró ante él. 39 Dijo Jesús: «Para un
juicio he venido yo a este mundo: para que los que no ven, vean, y los que ven,
se queden ciegos».
40 Los fariseos que estaban con él
oyeron esto y le preguntaron: «¿También nosotros estamos ciegos?». 41
Jesús les contestó: «Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado; pero como
decís “vemos”, vuestro pecado permanece.
Hermanos:
1. El Evangelio que acabamos de proclamar es el capítulo 9 de
san Juan entero, y representa no solo un episodio particular de la vida de
Jesús, el encuentro con el ciego de nacimiento, sino el Evangelio de la vida de
Jesús en su totalidad. Podemos decir: Yendo a lo esencial, es todo el Evangelio.
Jesús, signo de gracia, que trae la luz a nosotros, ciegos de nacimiento,
rechazado por los primeros que debería acogerlo, los propios dirigentes
espirituales de su pueblo amado.
Un Evangelio puesto en Cuaresma para que hagamos una
reflexión total de vida, como el domingo pasado el Evangelio de la Samaritana,
como el domingo que viene el Evangelio del muerto Lázaro resucitado.
En cada uno de eso tres casos, el sentido, con perfiles
diversos, es el mismo: la respuesta que Dios da, por su iniciativa de amor, al
hombre necesitado de salvación.
Dios es la respuesta al hombre, no otra. Cualquier otra es
incompleta, y jamás podrá saciar el ansia infinita que bulle dentro del corazón
humano.
Como bien podemos apreciar, el Evangelio se desarrolla en
diversas escenas dramáticas, haciendo un conjunto total, que anuncia la muerte
en el Calvario.
Y cuántas reflexiones cabrían de cada uno de los momentos de
este drama de amor y de rechazo, que es la vida humana.
2. Pero sucede que estampo en el hoy de Dios, el hoy del
Coronavirus, el hoy de una realidad pandémica que nos cubre a todos. Es viernes
cuando escribo esta reflexión y, si voy a consultar la estadística, la que
corresponde al día de hoy, nos dice que en España ya han pasado de 1.000 los
muertos, 1002 exactamente; y en el total mundial 10.031. Mañana la estadística
será diferente, más grave todavía. Estamos, hoy por hoy, en un epicentro
mundial.
Abriendo el corazón a la realidad, yo puedo pensar: la plaga
puede venir a mi casa; la plaga puede cebarse en mí, yo puedo ser víctima de la
humanidad, en esta tribulación que tanto nos aflige. Si fuera así, si yo he de
ser víctima, acepto tu voluntad con amor, Dios mío.
3. Mil mensajes diferentes nos llegan de todas partes, según
sea la creencia, la sensibilidad, la competencia de quien habla, y según sea el
concepto que tengamos del ser humano, sabiendo de donde viene y adónde va. Es
una hora extraordinaria para todos para recuperar muy vivo el sentido de nuestra
transcendencia y de nuestra fragilidad y el sentido de la soberanía de Dios,
Creador, Padre, Redentor y Árbitro final de la Historia.
Una vieja pregunta de la Biblia que reaparece en el Evangelio
de hoy:
Maestro, ¿quién pecó: este o sus padres, para que naciera
ciego?». 3 Jesús contestó: Ni este pecó ni sus padres, sino para que
se manifiesten en él las obras de Dios.
4. En una visión apocalíptica de la historia, podríamos
levantar la pregunta: ¿No será esto un aviso de Dios, e incluso un castigo de
Dios?
Al amparo del Evangelio, siendo muy conscientes de los pecados
que envuelven a la humanidad, de los cuales yo puedo ser partícipe, no es esta
la visión cristiana de lo que padecemos. Vayamos, más bien, a la palabra de
Jesús: Esto ocurre para que se manifiesten en él las obras de Dios.
Que se manifiesten entre nosotros las obras de Dios, la
grandeza de Dios, el poder de Dios, el amor misericordioso de Dios.
Si partimos de estos principios de fe, nada malo nos puede
ocurrir. El sufrimiento que nosotros percibimos como mal, es sufrimiento de
redención y de esperanza.
Señor Jesús, enviado por el Padre para nuestra salvación,
ayúdanos en esta suprema tribulación y sé tú nuestra firme y total esperanza.
Madrid, desde Jesús de Medinaceli, viernes 20 de marzo de 2020.
Sea lo que sea,lo que estamos viviendo a nivel mundial, nos ayude a todos los seres humanos, a ponernos delante de Dios, con toda la sinceridad de nuestro corazón, reconocer con humildad nuestros pecados e implorar de Su infinita y amorosa misericordia, su perdón y gracia.
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