jueves, 9 de abril de 2020

1338. Jueves Santo 2020 - Homilía para la Misa en la Cena del Señor



Jueves Santo 2020


Hermanos:
1. La liturgia vespertina de Jueves Santo, la Misa en la Cena del Señor, está centrada en tres pasajes de las santas Escrituras.
El primero (Ex 13,1-8. 11-14) se refiere a la consagración de todos los primogénitos y la celebración anual de la Pascua: “durante siete días comerás ácimos y el día séptimo será fiesta en honor del Señor” (Ex 13,6).
El segundo es el primer texto histórico que se nos ha transmitido sobre la Eucaristía, recogido de la primera carta de san Pablo a los Corintios, y que dice así:

“Porque yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía».  Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía».
 Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva” (1Cor 11,23-26).

El tercer texto (Jn 13,1-25): Jesús en el Cenáculo, que comienza con una visión celestial:
“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. …
 y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía…” (Jn 13,1-3).

Y la Iglesia en los libros litúrgicos nos dice que en la Eucaristía de esta tarde conmemoramos tres misterios: la institución de la Eucaristía, la institución del sacerdocio y el mandamiento del amor.

2. Hermanos: este es el panorama espiritual que tenemos delante, y en este año preciso, año de gracia 2020, año del Coronavirus, que ha invadido al mundo entero, con una dolorosa peculiaridad en nuestra patria: que si comparamos el número de muertos por la pandemia con el número de habitantes, somos proporcionalmente el país que más ha sufrido en vidas humanas hasta el momento.
Todo ser humano queda cuestionado ante este inmenso padecimiento que compartimos: ¿Es que es tan frágil el ser humano, ante el universo maravillosamente configurado? ¿Tanto puede un virus microscópico contra nosotros?
¿Qué hacer? Hoy mismo en el Congreso se mencionan y repiten estas tres palabras, guía del Gobierno desde el principio: “sacrificio, resistencia, moral de victoria”. Se evita pronunciar el nombre de Dios, como si Dios fuera “algo” diferente a nuestro problema humano.
Entonces, hermanos, lo que estamos celebrando en esta tarde sacratísima del Jueves Santo, ¿tendrá algo que ver con la aflicción que padece toda la familia humana? Vengamos a la revelación del mensaje que nos llega de la Palabra de Dios.

3. El Señor Jesús, en la noche en que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros.
Muchas veces había celebrado Jesús la Pascua de Israel, su pueblo. En realidad, todos los años: al principio, en su casa con María y José. Y luego con sus apóstoles. No era la primera Cena Pascual; había habido antes tantas cenas cuantos años de vida. Pero solo de esta cena ha quedado recuerdo.
Además, Jesús completó sus palabras con un mandato: Haced esto en memoria mía.
Con estas palabras quedaba abrogada la Cena judía, la Cena pascual del Éxodo, y Jesús establecía su propia Cena, que era Cena, que era Muerte, que era Resurrección. Es el misterio que nosotros quisiéramos asimilar ahora con la gracia del Espíritu.

4. Junto a Jesús, la primera persona de esta Cena, allí presente, es el Padre. Jesús lo hizo presente cuando, tomando el pan, pronunció la Acción de Gracias, la Bendición. Esa Bendición iba dirigida a Dios. En esa Bendición estaba toda la historia de Dios, desde la creación del mundo hasta este momento. Toda la Sagrada Escritura la tenemos que leer desde esta Bendición, desde esta Eucaristía. Toda la Biblia es eucarística, porque ese río de la vida – de la vida de Dios y de la vida de los hombres – viene a desembocar aquí, por la fuerza del Espíritu Creador. Y Jesùs, al final, se metía dentro: Esta era su muerte, y con la muerte, lo que venía después, su santa Resurrección. Sencillamente se entregaba todo entero en el pan partido para comerlo, y a continuación en el vino para beberlo.
Tomad, comed todos…, bebed todos…, dirá el Sacerdote en las palabras de la consagración.
Este es Jesús. Este es Jesús de la Encarnación, el Jesús que anduvo por nuestros caminos, el único Jesús que existe, este es el Dios con nosotros.
San Pablo, que no ha creado ni él ni ningún otro la memoria del Señor, nos está diciendo, lo que él tantas veces ha meditado y vivido:
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

5. Hermanos, cada vez que celebramos la Eucaristía, estamos viviendo el Calvario y la Resurrección. Y todo ello…, mirando a Jesús glorificado que ha de volver. La Eucaristía es historia de salvación, historia al vivo, historia de lo que fue y de lo que es, historia de Jesús y del Virus, todo junto e indisoluble.
De ninguna manera pensemos que la  Eucaristía es un acto de devoción… Es infinitamente más que el más sublime acto de devoción. La Eucaristía es la obra total del Señor Encarnado, muerto y resucitado.
La Eucaristía es lo que define la Iglesia, lo que define al cristiano, lo último que ha de recibir el cristiano antes de pasar a la eternidad. El último sacramento del cristiano no es la Santa Unción, la Extraunción; es sencillamente la Comunión, que entonces se llama Viático, Comunión para el Camino.

4. Ya para que se perpetúe la Eucaristía el Señor ha escogido a unos pobres pecadores que somos los sacerdotes, para que a través de nuestras manso llegue a toda la Comunidad el Cuerpo y la Sangre del Señor.

5. Pero Jesùs ha unido a la Eucaristía todo su Testamento, todo el Evangelio en una palabra, en el mandamientos del amor. Amaos unos a otros, como yo os he amado. En esto reconocerán todos que sois mis discípulos, si os amáis unos a otros. Nadie tiene amor más grande que el que la vida por los que aman. Estas palabras arrancan de la Cena del Señor.
                                                                                        
Hermanos, día del amor infinito. Este es jueves santo. No divaguemos con altos discursos. Dejémonos inundar por este oleaje de amor que desde la Trinidad viene a nosotros por la muerte y resurrección de Jesús, y amemos en consecuencia, hasta dar la vida realmente por amor a Cristo y a nuestros hermanos.
Señor Jesús, gracias por el infinito don de la Eucaristía, en la que está todo el bien de la Iglesia. Haz que mi corazón viva de ese amor, sin tiempos y sin fronteras, que tú ahí depositado en la Eucaristía, hasta el encuentro definitivo contigo.

Madrid, Jesús de Medinaceli, Jueves Santo, 9 abril 2020.

Nota. Advierta el lector que en esta homilía ha habido un "lapsus", pues la lectura del Éxodo no era 13,1-8. 11-14, sino 12,1-8. 11-14.

martes, 7 de abril de 2020

1337. Espiritualidad de Miércoles Santo – Tercer cántico del Siervo de Yahvé



Espiritualidad de Miércoles Santo
Tercer cántico del Siervo de Yahvé
Isaías 50,4-9



Vamos trazando la espiritualidad de estos días sagrados – Lunes Santo, Martes Santo, Miércoles Santo – en referencia a esos Cánticos del Siervo de Yahvé, que describen el alma de Jesús.
Ahora bien, no nos confundamos: La espiritualidad que dimana de los Evangelios, base de todas las celebraciones cuaresmales y pascuales, desbordan completamente los esquemas con los que queramos trabajar. Bien sabemos que, en la liturgia de la Palabra de cada día, el Evangelio debe ocupar el centro. Hoy, como último Evangelio antes de entrar en el Triduo Pascual toamos el de la tradición de Judas, que es la página más horrenda de los cuatro Evangelio.
Esta página se nos pone en un doble cuadro: aquella maldita reunión del contrato que hace Judas con los jefes judíos, y luego la suprema hipocresía de lo que ocurre en la Cena cuando Judas quiere tapar su crimen y es descubierto por Jesús mismo. ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido! (Mt 26,24), acaso la frase más tremebunda que Jesús pronunció en su vida. Allí estaba presente Judas Iscariote, cuando Jesús lo dijo.
En la primera escena de este conciliábulo, que lo refieren los tres Sinópticos (Mc 14,10-11 y de ahí Mt 26,14-16 y Lc 22.3-6), el traidor quiere hacer un negocio con su pecado: ¿Cuán me dais? Fue pecado el ofrecer; y fue pecado semejante el aceptar. Y ese pecado tiene una cara horrible, que es como una risotada sarcástica: “Se alegraron”, dicen Marcos y Lucas. Al evangelista san Mateo le debemos le información exacta de aquel contrato: 30 monedas de plata. ¿Acaso hubo algún forcejeo? No lo sabemos; pero se puede suponer. Esas treinta monedas de plata era lo que había que pagar, según la Ley, al amo de un esclavo, que moría acorneado por un buey bravo que el dueño del animal, que, viendo el peligro, no lo había atado y dominado. Si en vez de ser esclavo, era hijo “pagará a cambio de su vida lo que le pidan” (Ex 21,30). Es un dato que el profeta Zacarías, en sus visiones, lo tomó como un símbolo. En suma, Jesús monetariamente no valía más que un esclavo… Estamos en el mundo del absurdo, porque el pecado – aunque lo justificáramos con carcajadas – es puro absurdo. Por eso el Evangelio de san Lucas, en este momento, nos da la clave de lo que pasó, y dice simplemente: Entró Satanás en Judas, y Judas fue el negocio. Lo que san Juan dirá en la Cena: y tras el bocado, entro Satanás: “Detrás del pan entró en el él Satanás” (Jn 13,27). Judas es el mayor endemoniado del Evangelio, acaso el único de verdad. Judas, satanizado.
Nunca podremos explicar satisfactoriamente lo que pasó. Adoramos el secreto de Dios. Nos dice Jesús en el Evangelio de hoy: “El Hijo del hombre se va como está escrito de él”: las santas Escrituras nos remiten al misterio de Dios, que solo Él domina. No obstante, en la misma frase Jesús añade: “pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!, ¡más le valdría no haber nacido!” (Mt 26,24).
La espiritualidad de los días santos, hermanos, se abre el misterio de Dios, a lo infinito de Dios. Dejándonos guiar por el Dios de nuestra fe,
Vengamos al Tercer Cántico del Siervo de Dios


Texto bíblico (Is 50,4-9a)
4 El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo;
para saber decir al abatido una palabra de aliento.
Cada mañana me espabila el oído,
para que escuche como los discípulos. 
5 El Señor Dios me abrió el oído;
yo no resistí ni me eché atrás. 
6 Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,
las mejillas a los que mesaban mi barba;
no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos. 
7 El Señor Dios me ayuda,
por eso no sentía los ultrajes;
por eso endurecí el rostro como pedernal,
sabiendo que no quedaría defraudado. 
8 Mi defensor está cerca,
¿quién pleiteará contra mí?
Comparezcamos juntos,
¿quién me acusará?
Que se acerque. 
9 Mirad, el Señor Dios me ayuda,
¿quién me condenará?

Meditación y canto
Misteriosa y estremecedora vocación del Siervo: así lo intuimos en el Tercer Cántico del Siervo de Yahweh.
La intimidad de Dios, abierta por la escucha filial de cada mañana, es el fundamento y clave de esta vocación. La escucha arma de valor; vendrán golpes y salivazos El Siervo expone su cara como duro pedernal; no se echa atrás.
Así es el Siervo para que desde aquí construyamos la verdadera cristología de la santa humanidad de Jesús. El Siervo confía porque tiene la absoluta certeza de que Dios es su justificador, su vencedor.
Esta visión del Siervo entró en el corazón de Pablo cuando, hablando de la seguridad confiada que se ha dado al cristiano escribía, recordando este pasaje del Cántico del Siervo: "Si Dios está por nosotros ¿quién estará contra nosotros? El que no se reservó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará todo con él? ¿Quién acusará a los elegidos de Dios? Dios es quien justifica. ¿Quién condenará?" (Rm 8,31-34).
Jesús es, pues, este Siervo, y mirándole a él cantamos.

Jesús, discípulo y Siervo,
al corte de madrugada;
con vocación de iniciado
escucha hondo hasta el alma.

Jesús, el Siervo y profeta
junto a la fuente sagrada;
con los oídos abiertos
en su morada cerrada.

Jesús, aliento y consuelo,
que el Padre se lo regala;
la lucha es fiera, muy fiera,
las fuerzas, fuerzas humanas.

No declinó la mejilla
a la burla y bofetada;
y a los sangrantes azotes
no retiró sus espaldas.

Como roca diamantina
presentó su bella cara,
a insultos y salivazos
su rostro se abrillantaba.

Mi Dios será mi justicia:
¿quién contra mí se levanta?:
Mi Dios será mi poder:
¿qué adversario es el que ataca?

Pasión del Crucificado,
Escudo de mi esperanza:
¡A ti la gloria y las gracias,
Vencedor de mi batalla! Amén.

lunes, 6 de abril de 2020

1.336. Espiritualidad de Martes Santo – Segundo cántico del Siervo de Yahvé


Espiritualidad de Martes Santo
Segundo cántico del Siervo de Yahvé


Acceso a Jesús en Semana Santa a través de los salmos
A todas las personas (igual religiosos que laicos) que han incorporado a su oración diaria los Laudes, las Vísperas…, una indicación de exquisita espiritualidad.
Para penetrar más y más en el océano sin fondo de los salmos, la Iglesia ofrece tres puntos de apoyo que nos orientan en la dirección de los salmos: Aparte de que cada salmo, en el oficio divino, tiene un título, escrito en rojo – señal de que no se lee – cada salmo tiene una antífona, que varía según los tiempos; tiene una breve sentencia, que suele ser alguna frase de los Santos Padres, y puede tener una oración sálmica. El elemento más importante es la antífona, que viene a ser la entrada al salmo.
En la Semana Santa vamos a encontrar
1) Que todos los salmos de Laudes y Vísperas tienen su antífona propia, específica;
2) Que esta antífona se refiere siempre a Cristo;
3) Y que, por lo tanto, podemos tener una vivencia muy hermosa del misterio de Jesús, ayudados por esa antífona que nos adentra en los secretos.
Cuando el P. Ignacio puso en marcha los “Talleres de oración y vida”, no contó en sus quince sesiones con Laudes o Vísperas.
Y, con todo, a los Guías de Talleres les aconsejó vivamente imbuirse en la oración de la “Sagrada Media Hora” de cada día de la espiritualidad del Salterio.
Les aconsejó el ir copiando frases de los salmos, metódicamente, y les dirigió este mensaje:
“Esto de tener un cuaderno con los versículos que más le conmueven, lo considero un plan excelente para los Guías en general, sobre todo para el momento de la Sagrada Media Hora. Para orar no hay otro camino más fácil y expedito que los salmos.
¿Cómo hacerlo? Yo les aconsejaría a los Guías el siguiente trámite. En primer lugar tengan en consideración que este trabajo les puede durar seis o siete meses, suponiendo que dedican a ello momentos más o menos diarios, y más o menos prolongados”.
Se trata de tener un Cuaderno personal e ir escribiendo frases y frases de los salmos.
Y en su Pequeña pedagogía escribe:
“Esfuérzate por sentir con toda el alma el significado de cada frase identificando tu atención y emoción con el contenido de las expresiones, expresándolas con el mismo tono interior que sentirán los salmistas.
Colócate imaginativamente en el corazón de Jesucristo y trata de sentir lo que El sentiría al pronunciar estas mismas palabras. Con la ayuda del Espíritu Santo trata de identificarte con la disposición interior de adoración, asombro y acción de gracias del corazón de Jesús, en el espíritu de los salmos”

El evangelio de Martes Santo es la escena del cenáculo en torno a la traición de Judas: Jn 13,21-33. 36-38

Jesús sufre la Pasión que le viene de fuera y de dentro. Es horrible pensar que la muerte de Jesús se fraguara “dentro” del Cenáculo:

21 Diciendo esto, Jesús se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo: «En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar». 22 Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía.
23 Uno de ellos, el que Jesús amaba*, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. 24 Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. 25 Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?». 26 Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado». Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás.

Una consideración que seguramente no está exenta de sabiduría.
La traición ha existido en la Iglesia y acaso… existe. El Pastor (Pedro) solicita la ayuda del Amante (el Discípulo amado, Juan); le ha hecho una seña. El discípulo está “in sinu Iesu”, en el seno de Jesús, muy al lado de Jesús. Al recibir la seña pasa “supra pectus Iesu”, recuesta su sien sobre el pecado de Jesús, signo de suprema confianza…, de intimidad esponsal en una mujer. Y el Amante – o la Amante – le arranca el secreto a Jesús, que lo puede comunicar al Pastor.
Es esencial que exista esta función en la Iglesia.

Cuando sale Judas, ahora Jesús puede hablar. Abre su corazón y exclama: Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él.

El segundo Cántico del Siervo de Yahvé, retrato del corazón de Jesús
Is 49,1-6
Escuchadme, islas; atended, pueblos lejanos:
El Señor me llamó desde el vientre materno,
de las entrañas de mi madre, y pronunció mi nombre.
Hizo de mi boca una espada afilada,
me escondió en la sombra de su mano;
me hizo flecha bruñida, me guardó en su aljaba
y me dijo: «Tú eres mi siervo, Israel,
por medio de ti me glorificaré».     
Y yo pensaba: «En vano me he cansado,
en viento y en nada he gastado mis fuerzas».
En realidad el Señor defendía mi causa,
mi recompensa la custodiaba Dios.          
Y ahora dice el Señor,
el que me formó desde el vientre como siervo suyo,
para que le devolviese a Jacob,
para que le reuniera a Israel;
he sido glorificado a los ojos de Dios.
Y mi Dios era mi fuerza:
«Es poco que seas mi siervo
para restablecer las tribus de Jacob
y traer de vuelta a los supervivientes de Israel.
Te hago luz de las naciones,
para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra».


Himno - Meditación y canto

Como Jeremías…, como será un día Juan Bautista, el Siervo es elegido desde el vientre de su madre.
Y es consagrado como Siervo.
Va a ser Pregonero de Dios. Es espada, es flecha bruñida guardada en la aljaba de Dios.
Pero su vida ha sido…, al parecer, un fracaso.
En realidad, va a ser el triunfo de Dios. Va a ser salvación de Dios no solo para Israel sino para las naciones.
Es lo que dijo Simeón a María aquel día en que el anunció una espada.

El Siervo es "Jesús Abandonado". Abandonado no es fracasado; bien al contrario, es el paso redentor que el Padre aguarda para que pueda hacerse la unidad del mundo disperso. El Siervo ha de ser no sólo la restauración de Israel en el exilio, sino la luz del mundo, y la congregación de todos los pueblos.

Escribimos este himno el día del funeral de Chiara Lubich (1920-2008), que ha tenido lugar a las 3 de la tarde del Martes Santo, en la basílica de San Pablo Extramuros, presidido por el Cardenal Secretario de Estado Tarsicio Bertone. Chiara Lubich murió en olor de santidad el "viernes de pasión" (14 de marzo). "Jesús Abandonado" ha sido uno de los puntales de su espiritualidad, tan hermosa y esperanzadora. La primera lectura de la misa funeral ha sido el texto de Job 19: Yo sé que mi Redentor vive; en el salmo responsorial se escuchaba el gemido humilde de Jesús: Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado? En la segunda lectura resonaban frases de san Juan en su apremiante exhortación a la unidad (Primera de Juan). El Evangelio estaba tomada de la Oración de Jesús al Padre antes de iniciar la Pasión, rogando por la unidad de los creyentes.

1. La flecha bruñida,
que hiende los vientos,
y limpia se clava;
la espada afilada,
que surca la carne
y el alma traspasa;
¿quién es o quién tiene
la espada afilada,
guardada en su aljaba?

2. La boca que habla
sentencias de fuego,
que sana o que mata;
los labios de brasa
que encienden y queman
que endulzan o braman;
¿quién es esa gracia
del cielo venida,
quién es la Palabra?

3. Del vientre elegido,
del seno llamado,
antes del principio;
de virgen nacido,
por ella adorado,
por ella mecido;
Jesús es el Hijo,
el Siervo obediente,
el todo querido.

4. ¡Oh Siervo bendito,
es poco que seas,
del pueblo el camino;
retorno de exilio,
pastor del rebaño
disperso y perdido.
Jesús, has vencido.
serás luz del mundo,
Mesías ungido.

5. No fue tu tarea
fulgor y fracaso
ni escasa cosecha;
salvaste la tierra
de todo enemigo
en toda pelea;
Jesús, dulce presa,
del Padre amoroso,
que asiste en la prueba.

6. Victoria y certeza
tu esposa adorada
te canta en la espera.
Jesús, bella senda,
que lleva a la paz,
tu paz gloria sea.
En luz sempiterna;
ya no abandonado
Jesús ¡vive y reina! Amén.


domingo, 5 de abril de 2020

1335. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. Homilía para el Lunes Santo 2020



Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Jn 12,1-11

Jn12 1 Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. 2 Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa. 3 María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
4 Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice: 5 «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?». 6 Esto lo dijo no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando. 7 Jesús dijo: «Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; 8 porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».
 9 Una muchedumbre de judíos se enteró de que estaba allí y fueron no solo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado de entre los muertos. 10 Los sumos sacerdotes decidieron matar también a Lázaro, 11 porque muchos judíos, por su causa, se les iban y creían en Jesús.

Hermanos:
1. Cualquier ponderación que uno pudiera hacer para atreverse a comentar el Evangelio del Lunes Santo resulta plenamente pálida frente a la infinita belleza de lo que aquí se nos está revelando.
Seis días antes de la Pascua… Hoy es seis días de aquella “Parasceve”, que dirá luego el mismo Evangelio.
Pues… ¿qué pasó? Hoy es el día de la Unción pascual de Jesús. No perdamos ningún detalle, porque el amor está rezumando en cada versículo de este sublime pasaje, salvo en el comentario fatídico que hizo Judas, a costa de los pobres.
Es una cena de homenaje a Jesús y a Lázaro. Tendríamos, pues, que leer todo lo que lleva dentro el relato de la resurrección de Lázaro, para situarnos en el verdadero en su puesto vital (“Sitz im Leben”).
Preside Jesús, junto a él está Lázaro, como el milagro del amor arrancado a Jesús. Marta sirve y María va a ser la protagonista de la escena.

2. Los cristianos que en la Eucaristía rememoran este episodio no se hacen preguntas que a lo mejor una curiosidad impertinente, ajena al texto, puede hacerse. ¿Qué familia es esta? ¿Aquí no se ha casado nadie, contra el imperativo de la Ley judía, cuyo primer mandamiento que aparece en el Génesis es el de la procreación? Preguntas ajenas al texto, que quiere poner en evidencia algo absolutamente esencial, que constituye, generación tras generación, la belleza más pura de la Iglesia: el amor de la mujer a su esposo, que es Cristo. Están los apóstoles, pero en la penumbra; solo la figura odiosa de Judas, ladrón y traidor, no obstante encontrarse en el círculo íntimo de Jesús.
Y aquí se produce un gesto que rompe las barreras del pudor. Hay en la vida ciertas cosas que se hacen, pero que no se cuenta, y esto acontece en la esfera de la afectividad, que es un secreto inviolable. En el momento más grato y solemne de una cena de amistad, una mujer, María de Betania, toma un frasco de perfume preciosísimo de una libra de nardo puro – una libra que puede ser algo más de 300 gramos – acaso lo rompe y baña los pies de Jesús. Y ella entonces, en un gesto femenino, que acaso nunca podremos valorar, se funde con los pies de su amado, quedando este prisionero en la cabellera de la esposa.

3. ¿Hasta dónde puede llegar el atrevimiento del amor? Judas dice que el perfume podría valer trescientos denarios… Trescientos denarios son 300 sueldos de un sencillo trabajador, diez meses de sueldo… Un curioso de estas cosas va a buscar, en los medios informáticos, dónde están los mejores perfumes del mundo, en cuáles miles y miles de dólares se valúan. Un perfume se evalúa por el olor que deja en el cuerpo, por el olor que deja en la ropa y por el olor con que impregna el ambiente.
Y la casa se llenó de la fragancia del perfume. Esta casa evidentemente es la Iglesia, y la mujer de la cabellera, no es solo María de Betania; es ella y tantas y tantas mujeres que entregaron su virginidad a Jesús, para ser sus esposas de por vida.

4. Vale la pena entregar el don pascual de a la propia vida por una lógica de amor que rompe cualquier otra lógica que uno pueda presentar. ¿Y los pobres? ¿Dónde están los pobres…? ¿No hay que despojar las joyas del altar por los pobres…?
No es este el tiempo de argumentar, porque nuestros argumentos más generosos nos pueden llevar a deriva. En la Iglesia el don de la Encarnación queda sin argumentos. El don de la virginidad, el don del celibato… quedan sin argumentos. Si lo argumentamos, lo destruimos.

5. Seamos conscientes de que estamos en el nacimiento de la mística cristiana. El amor que le damos a Jesús tiene que ser gratuito, al igual que el amor que él nos ha entregado. Esto es la suprema divinización de la vida, de cara al misterio pascual de Cristo, en el que nos introduce la Cruz del Calvario.
No nos cansemos de aspirar y disfrutar de este perfume que ha impregnado toda al Casa de la Iglesia.
Jesús ha canonizado a esta mujer, que hoy la sentimos presente en el centro de la Eucaristía.

6. Todos los cuatro Evangelios tienen una escena de unción a Jesús, o de los pies o de la cabeza. Acaso esta nos impresione más particularmente que otras. Estamos en el misterio del amor de Jesús
Está Lázaro, y el drama de Jesús va a afectar a Lázaro, porque el discípulo es solidario con su maestro.
Hermanos, estamos dentro de la Semana Santa, misterio de contemplación.
Y, al mismo tiempo, estamos en medio de esta otra Pasión, que es la pandemia que cubre la humanidad entera. La unción a los pies del Señor se está continuando en la unción amorosa a miles y miles de afectados. Y la cabellera de a la esposa amante, acaricia y cubre la piel del cuerpo doliente de Jesús, porque Jesús nos está diciendo: a los pobres los tenéis siempre con vosotros. Y ¡quién más pobre que un hombre o una mujer que va a morir, porque el virus mortal ha dominado su cuerpo?

Señor Jesús, recibe esta Eucaristía como la unión sagrada de tu cuerpo, acógela y ten piedad de nosotros.
Madrid, Convento de Jesús de Medinaceli, Lunes Santo 2020.

viernes, 3 de abril de 2020

1334. Domingo de Ramos, A – Jesús entra en su ciudad amada de Jerusalén


Jesús entra en su ciudad amada de Jerusalén



Texto evangélico:
Mt21 1 Cuando se acercaban a Jerusalén y llegaron a Betfagé, en el monte de los Olivos, envió a dos discípulos 2 diciéndoles: «Id a la aldea de enfrente, encontraréis enseguida una borrica atada con su pollino, los desatáis y me los traéis. 3 Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto». 4 Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta:
5 «Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila”». 6 Fueron los discípulos e hicieron lo que les había mandado Jesús: 7 trajeron la borrica y el pollino, echaron encima sus mantos, y Jesús se montó. 8 La multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada.
9       Y la gente que iba delante y detrás gritaba: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!».
10    Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando: «¿Quién es este?». 11 La multitud contestaba: «Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea».

Hermanos:
1. La liturgia del Domingo de Ramos tiene dos partes en el desarrollo de una misma celebración: La primera es la entrada en Jerusalén, que se hace o bien mediante una procesión que puede recorrerá las calles de un lugar apropiado hasta la iglesia o bien mediante una entrada solemne en la misma iglesia donde celebramos. La segunda parte es la Misa, que es Misa de Pasión, con la lectura de la Pasión del Señor, un año de san Mateo (como toca este año), o de san Marcos o de san Lucas, guardando la Pasión según san Juan para el  Viernes Santo.
Este año, por el Coronavirus, ni en el Vaticano ni en ningún sitio, habrá procesión; pero nada nos impide que podamos saborear espiritualmente en nuestra homilía dominical esta escena divina de la entrada de Jesús en la ciudad de su corazón, Jerusalén. Es el Evangelio que se lee antes de iniciar la procesión o la entrada solemne.

2. Lo primero que nos sorprende es que ha sido el mismo Jesús el que ha promovido esta escena, igual que días después va a dirigir desde su corazón de Hijo de Dios la preparación de la Cena pascual. Son dos momentos paralelos. Esto es mucho más que un episodio vivo y creativo. Jesús lo ha meditado, Jesús lo ha decidido. Jesús ha visto en ello la voluntad del Padre. Es el triunfo del amor que el Padre le ha dado.
Para Jesús la entrada en Jerusalén es el cumplimiento de una profecía. Ya es la única lectura posible que acepta el evangelista san Mateo. Lo que está pasando aquí es lo mismo que pasó en el Evangelio de la infancia, ele cumplimiento de las profecías. Nos dice, pues, el evangelista con palabras sagradas para que las meditemos: Esto ocurrió para que se cumpliese lo dicho por medio del profeta: «Decid a la hija de Sión: “Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica, en un pollino, hijo de acémila”.

3. Desde estas palabras del evangelista nos atrevemos a sondear los sentimientos del corazón de Jesús, lo que él ha visto en su oración al Padre: Si alguien os dice algo, contestadle que el Señor los necesita y los devolverá pronto.
Esto es la oración íntima de Jesús: ¡El Señor los necesita! Él es el Señor y el Señor necesita esta burrita y su pollino, para entrar como Rey y Mesías. Ya está viendo Jesús que su vida va a terminar mal, en el rechazo y la condena ignominiosa. Pero en lo íntimo de su corazón está saboreando la felicitación que su Padre Dios le está dando.
Y quiere compartir el gozo de esta felicitación con su pueblo amado. Mi vida no es ningún fracaso, aunque los signos externos parezcan decir lo contrario. Mi vida es el triunfo del amor.

4. Efectivamente, la multitud alfombró el camino con sus mantos; algunos cortaban ramas de árboles y alfombraban la calzada. Era la gente sencilla, a la que nadie había mandado que armar este espectáculo. Y esto no se paga con nada. No era un homenaje organizado, como cuando nosotros queremos organizar una bienvenida que ponemos en marcha unas comisiones para que se encarguen de la música, de la logística y hacemos una colecta para pagar los gastos. Lo que pasó en Jerusalén fue muy sencillo. No se pagó un denario para recibir a Jesús, pero la gente se sentía feliz de poner su manto, para que lo pisara la borriquilla que cargaba a Jesús y él se sentía feliz de que el homenaje fuera este, precisamente este.
Y comenzaron a aclamarle con palabras de los salmos, aplicándoselas a él: «¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!
El homenaje llega a su punto final cuando toda la ciudad se ha conmovido por lo que acaba de pasar:
Al entrar en Jerusalén, toda la ciudad se sobresaltó preguntando: «¿Quién es este?». La multitud contestaba: «Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea».

5. Jesús podía morir contento, porque porque Dios, a través de los sencillos, le había dado la razón y la felicitación.
Pero es que la escena no acaba ahí, hermanos. La entrada de Jesús se ha continuado año tras año, y soy yo uno de ese grupo que ha salido con palmas a recibir a Jesús, a aplaudirle, a darle la bienvenida a mi corazón. Esto pasó hace dos mil años y hoy continúa. Por eso en la liturgia inventamos cánticos para recibir a Jesús.
Como Jerusalén con su traje festivo,
     vestida de palmeras, coronada de olivos,
     viene la cristiandad en son de romería
     a inaugurar tu Pascua con himnos de alegría.

6. Este año nuestra visión es diferente de la de años pasados. No veremos ninguna procesión. Al contrario, en las pantallas de nuestros ordenadores o en las pantallas de televisión vemos el mapa del mundo. Y aterrorizados vamos recorriendo los diversos países del mundo y vemos toda la tierra no como una alfombra de ramos de palmeras, sino de cadáveres. ¡Triunfa el amor o la muerte?

 Jesús, tú ves esta situación. Tú has muerto para que el amor sea la palabra final de la historia. En este Domingo de Ramos, que parece, más bien, tinieblas de Viernes Santo, te pedimos que sea verdad lo que tú has vivido en tu corazón. Alienta nuestra fe. Te pedimos que el amor sea la última palabra de la historia. En ti confiamos. Amén.

Madrid, desde Jesús de Medinaceli, Viernes de Dolores, 3 de abril de 2020.

miércoles, 1 de abril de 2020

1323. El último anhelo


El último anhelo
(en el 60 aniversario de mi ordenación sacerdotal):
2 abril 1960 – 2 abril 2020)

Tus ojos, tu mirada creadora,
clavó su gracia en mí desde la infancia,
que fue tu amor, y nunca mi ignorancia,
mi vocación ingenua y soñadora.

Y estoy aquí, en la cima abrasadora,
queriendo oler en ti nueva fragancia,
Jesús amado, ábreme tu estancia,
y que solo tu amor sea mi hora.

Cual pobre criatura he amado,
que solo amor cifró mi vocación:
hermano, sacerdote, apasionado,
sencillamente humano corazón;
abrazo al mundo entero, emocionado,
y a ti, Jesús, ternura y compasión.

En Madrid, Jesús de Medinaceli,
en los días agudos del Coronavirus, 2 de abril de 2020