La Santísima Trinidad 2024
Mt 28,16-20
Texto
16Los once discípulos se
fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. 17Al verlo, ellos se
postraron, pero algunos dudaron. 18Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado todo poder en
el cielo y en la tierra. 19Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; 20enseñándoles a guardar
todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días,
hasta el final de los tiempos».
Hermanos:
1. Después de
Pentecostés, que celebramos el domingo pasado coronando la Pascua del Señor, en
la Iglesia celebramos unas fiestas importantes, que han tenido un hondo
calado en el corazón de los fieles, y que son: la Santísima Trinidad, Corpus
Christi, o fiesta del Cuerpo y la sangre de Cristo, el Sagrado Corazón de
Jesús.
El Domingo de hoy se
titula Domingo de la Santísima Trinidad. Pero ¿esq ue la Santísima Trinidad
requiere una fiesta particular en el calendario espiritual de la Iglesia?
Ciertamente que no. La Santísima Trinidad la celebramos en todo momento. Para
comenzar la Misa, cada vez que celebramos estos santos misterios, comenzando
haciendo la señal de la Cruz y diciendo: En el nombre del padre y del Hijo y del
Espíritu, y si damos una bendición, por el motivo que sea la Santísima Trinidad
habita en nuestros corazones, vienen estas palabras: Que Dios te bendiga en el
nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
En la fe hemos
recibido nuestro Dios es uno y trino; es un misterio de vida y amor que jamás podremos
entender, y desde pequeño se nos enseñó que, que cuando recibimos el santo
bautismo, fuimos bautizados como proclama el Evangelio de hoy en el nombre del
Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Es una fiesta de
regalo, de supererogación para que nos detengamos a pensar, a admirar, adorar,
a gozar de la presencia de Dios que lo llena todo.
2. Todos hemso tenido
en el mundo una padre y una madre que nos dieron la vida y con la vida todo lo demás.
¿Podemos saber o recordar cuál fue aquel momento en que yo supe que esta mujer
que me tenía en brazos poque me daba de comer era mi madre? No, no existe ese
momento, porque ese momento va metido dentro de mi ser desde siempre. No existe
ese momento como no existe ese momento filosófico en que yo supe que yo era yo,
distinto de mis compañeros, como persona individual en mediod e la familia
humana. Cuando corrieron los años yo supe que ella fue mi madre, que me trajo
al mundo por amor, que sin ella mi vida no habría sido nada, que a ella y a mi
padre se lo debo todo, aunque es verdad que yo, con mis propio esfuerzo, he ido
labrando mi vida.
Llega un momento en que
un niño, que ya ha comenzado a reflexionar por propia cuenta, se ha hecho
preguntas y se ha ido dando repuesta. ¿Quién ha hecho esta casa donde vivo? ¿La
ha hecho mi padre? No, mi padre no es albañil y no sabe hacer estas cosas. La
ha hecho otro y mi padre la ha comprado, o la ha heredado o lo que sea. Pero
esta casa tiene alguien que la ha hecho, alguien que la ha dibujado, porque
tiene hierro y tiene cemento y tiene baldosas y tiene electricidad. Estamos
haciendo filosofía, que no es filosofía barata para tontos, sino filosofía muy
sabia para personas inteligentes.
3. Por, como
comprendemos, hermanos, el asunto no es un cuentecillo curioso que uno se
inventa. El asunto es más grande que mi
propia casa. ¿Quién ha hecho el mundo? ¿Quién ah hecho el sol, al luna, las
estrellas, los campos, las flores que me gustan, los vientos, los mares…?
Nadie. Se han hecho solos; se han hecho por sí mismo… Es uan respuesta necia
que no me puede convencer. La respuesta correcta es que Dios ha creado el mundo;
que Dios ha creado la vida y la evolución de todas las cosas. La cosa es
absolutamente seria, porque ahora la conclusión necesaria es que yo vivo dentro
el mundo, luego yo vivo en Dios.
San Pablo, cuando no
era san Pablo, sino Saulo de Tarso, haciendo un discurso en la Plaza de Atenas,
en el Areópago, les dijo a los atenienses: en Dios vivimos, nos movemos y existimos; así lo han dicho incluso algunos de
vuestros poetas: “Somos estirpe suya”.
Hasta los mismos
paganos llegaron a decir: Somos estirpe de Dios, somos hijos de Dios.
4. Uno comeinza a
deshilar estas verdades y empieza a entender la vida de otra manera, pensando
en al dirección que quiera:
Si este mundo lo ha
hecho Dios, yo vivo dentro e Dios, y felizmente no puedo escapar de us mirada,
como dicen los salmos.
Hemos encontrado la
presencia de Dios en el mundo. Y de repente el mundo se hace infinitamente más
bello para mí si pienso que todo este mundo sin fronteras Dios lo ha hecho
precisamente para mí, para que yo lo disfrute; para mí y todos sus hijos, para
que todos lo disfrute.
Pero con la presencia
de Dios yo encuentro igualmente la providencia de Dios, es decir, la solicitud
constante de Dios para que el universo entero siga en la dirección que Dios le
ha marcado. Jesús nos dijo. Mi Padre trabaja y yo también trabajo. Y los judíos
explicaban que es verdad que Dios descanso al séptimo día e instituyó el sábado
para que nosotros entremso en el descanso de Dios, en la vida más íntima de
Dios, en el disfrute de Dios, pero Dios sigue trabajando y no deja un instante
de trabajar, porque la conservación del mundo es la providencia de Dios. No
tengo más que abrir los ojos, observar la vida y me encuentro con Dios.
5. Todo esto, hermanos,
que es infinitamente bello – bello hasta
cansar mi corazón, Dios mío, dice un himno litúrgico – no es más que el
preámbulo de la Trinidad.
Porque al relación nos
dice que Dios se ha hecho hombre entre los hombres, Dios se ha encarnado, se ha
hecho uno de nosotros, nacido bajo la Ley, nacido de mujer, para tenernos a
todos como hermanos carnales, hermanos en el Espíritu y llevarnos hasta la
última intimidad con Dios.
Dios es hombre y aquí
nace la revelación de la Trinidad. Dios Padre, Dios Hijo, Dios Es
Y vendremos a él y haremos
morada en él.
Hermanos, son verdades
que nos exceden en absoluto, nos exceden hasta lo infinito, pero son verdades
concretas, que por gracias podemos vivir en nuestro corazón. Vivirlas y
experimentarlas como verdades que configuran el contorno de nuestra vida. Para
esos e ah establecido la solemnidad de la Santísima Trinidad en el Domingo que
sigue a Pentecostés.
La Santísima Trinidad
es mi familia.
Soy hijo de Dios, soy
hermano de Jesús; el Espíritu Santo, que es el Espíritu de Jesús, es el que me colma
con sus dones. Todo ello para gloria y alabanza del Padre, fuente de todos los
dones.
La historia santa, que
llamamos historia de salvación, y que comienza a contarse desde la primera
línea de la Biblia, es la historia de esta presencia.
. 32Pregunta a los tiempos antiguos, que te han precedido, desde el
día en que Dios creó al hombre sobre la tierra; pregunta desde un extremo al
otro del cielo, ¿sucedió jamás algo tan grande como esto o se oyó cosa
semejante? 33¿Escuchó algún pueblo, como tú has escuchado, la voz de Dios,
hablando desde el fuego, y ha sobrevivido? 34¿Intentó jamás algún dios venir a escogerse una nación entre
las otras mediante pruebas, signos, prodigios y guerra y con mano fuerte y
brazo poderoso, con terribles portentos, como todo lo que hizo el Señor,
vuestro Dios, con vosotros en Egipto, ante vuestros ojos?
Queridos hermanos,
esta es nuestra fe. Creemos en un Dios vivo y verdaderos, en un Dios que creó
un mundo como morada para su Hijo ya para mí, en un Dios que me acompaña y que
un día ma ha de recibir en sus brazos en el cielo. Este es el misterio de la
Santísima Trinidad.
Dios mío y mi todo,
oraba san Francisco.
Pues nosotros decimos
lo mismo.
Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo; mi alma tiene ansia de ti. En ti creo, en ti, confío, en ti es pero. Tú eres el sentido total de mi vida, de mi muerte y de mi eternidad. Amén. Dios mío, te amo.
Cuautitlán Izcalli,
viernes, 24 mayo 2024.