Francisco en Jesús transido
“Todo esto lo
observó a perfección el beatísimo padre Francisco, quien tuvo imagen y forma de
serafín, y, perseverando en la cruz, mereció volar a la altura de los espíritus
más sublimes. Siempre permaneció en la cruz, no esquivando trabajo ni dolor
alguno con tal de que se realizara en sí la voluntad del Señor.
Bien lo saben cuantos hermanos
convivieron con él: qué a diario, qué de continuo traía en sus labios la
conversación sobre Jesús; qué dulce y suave era su diálogo; qué coloquio más
tierno y amoroso mantenía. De la abundancia del corazón hablaba su boca, y la
fuente de amor iluminado que llenaba todas sus entrañas, bullendo saltaba
fuera. ¡Qué intimidades las suyas con Jesús!
Ø
Jesús
en el corazón,
Ø
Jesús
en los labios,
Ø
Jesús
en los oídos,
Ø
Jesús
en los ojos,
Ø
Jesús
en las manos,
Ø
Jesús
presente siempre en todos sus miembros.
¡Oh, cuántas veces, estando a la mesa,
olvidaba la comida corporal al oír el nombre de Jesús, al mencionarlo o al
pensar en él! Y como se lee de un santo: «Viendo, no veía; oyendo, no oía» (San
Bernardo). Es más: si, estando de viaje,
cantaba a Jesús o meditaba en Él, muchas veces olvidaba que estaba de camino y
se ponía a invitar a todas las criaturas a loar a Jesús. Porque con ardoroso
amor llevaba y conservaba siempre en su corazón a Jesucristo, y éste
crucificado, fue señalado gloriosísimamente sobre todos con el sello de Cristo;
con mirada extática le contemplaba sentado, en gloria indecible e
incomprensible, a la derecha del Padre, con el cual, Él, coaltísimo Hijo del
Altísimo, en la unidad del Espíritu Santo, vive y reina, vence e impera, Dios
eternamente glorioso por todos los siglos de los siglos. Amén” (Tomás de Celano, Vida de san Francisco, Vita I, 115).
Jesús en el corazón,
que es la vida de Francisco,
Y si el buen Jesús no fuera
el puro y vital latido,
aquel hermano llagado
nunca fuera el Pobrecillo.
Jesús en los dulces
labios
suavemente remecido,
que el Evangelio es Jesús
en cinco letras metido,
cinco letras, cinco rayos
que de la cruz han venido.
Y Jesús, Verbo encarnado,
llenándole los oídos:
porque Francisco escuchaba
el anuncio acontecido,
y al punto aquello que oía
era en su vida sin ruido.
Jesús en los ojos vivos,
ojos de amor encendidos,
los ojos que en los leprosos
veían al Crucifijo,
aquel que en la Eucaristía
era santo sacrificio.
Jesús en manos abiertas,
dispuestas para el servicio:
manos que flores cogían
para el altar del Santísimo,
y que a un lobo acariciaron
y hermano el lobo se hizo.
A Jesús en cada miembro
él lo llevaba esculpido,
por eso las cinco llagas
de cuerpo adentro han salido
y de belleza divina
y luz le han embellecido.
¡Gloria a Jesús, siempre amado,
Nuestro Señor Jesucristo!
¡Gloria a ti, mi Redentor,
que me has abierto el camino,
al que por gracia he de ver
por los siglos de los siglos! Amén.
Guadalajara,
Jalisco, 2 octubre 2012
Muchas felicidades en este día tan especial dedicado a san Francisco y muchas gracias por todas sus aportaciones. Muy hermoso.
ResponderEliminarUn afectuoso saludo desde España.
PAZ Y BIEN.