Consagración para la Nueva Evangelización
en el Año de la Fe
La
gracia de la Nueva Evangelización
(Aclaraciones teológicas)
La
Nueva Evangelización
*
No
es un programa táctico-operativo.
*
No
es un proyecto para esta época de la Iglesia y del mundo, que entra en una
nueva Era.
*
Sino
que es una nueva gracia del Espíritu para activar en el corazón el Evangelio
anunciado por Jesús y que continuamente es anunciado; lo cual trae múltiples
efectos, como
- Nueva sensibilidad de cara a la Iglesia, al ser profundo de los cristianos, para que por el misterio de la comunión nos sintamos todos comprometidos.
- Nuevo gusto y sabor por la Escritura como fuente vital de la Iglesia, iluminadora y transformadora de mi vida.
- Nuevas iniciativas, inéditas, que el Espíritu va suscitando de continuo.
Con
un acto de consagración, ¿a qué me comprometo?
Primero
En un acto de consagración de este tipo, me
comprometo a mirar la vida desde la Fe, desde la otra órbita. Desde donde la
mira Jesús. Y acepto con una sabiduría nueva que las cosas son no como yo las
veo desde mi corta mirada. Creo en el triunfo del amor – como han creído y
predicado los profetas – porque el amor es el logro de Dios en el mundo. Creo,
por tanto, en la resurrección de Jesucristo.
Segundo
En un acto de consagración de este tipo, me
comprometo a vivir la vida desde la Fe, en una constante oblación de amor,
dispuesto a obrar con humildad, sencillez y perseverancia, lo que el Espíritu de
Jesús vaya poniendo en mi corazón.
Una vez que Cristo ha salido a mi encuentro en
su camino,
1 - yo
quisiera – y quiero – hacer de toda mi vida una oblación de amor,
2 -
(¿pero?) quisiera también que mi entrega produjera sus frutos visibles, que
hermosearan a la Iglesia;
3 - y
quisiera, además, que yo disfrutara de estos frutos.
En una verdadera consagración a la Nueva
Evangelización,
- me comprometo, sí, en cuanto Dios me dé fuerza
a lo primero;
- y al mismo no me tengo que preocupar de lo
segundo y lo tercero.
¡Señor, ten misericordia de mí!
Consagración personal
Señor
Jesús, Hijo de Dios,
transido
del amor del Padre y del Espíritu,
encarnado
en el seno de la Virgen María,
que
has sido enviado
para
anunciar el Evangelio a toda criatura:
yo
confieso la Fe
que
misericordiosamente me has regalado en el bautismo;
en
ella quiero vivir y morir,
quiero
cultivarla por la oración y el estudio
y
traducirla en todos mis actos por el amor;
quiero
celebrarla y compartirla
con
todos mis hermanos, los hombres.
Señor
Jesús,
heme
aquí dispuesto (a)
desde
el corazón de la Iglesia,
a
servir a la causa del Evangelio
conforme
el Espíritu me lo vaya comunicando.
Virgen,
Madre del Señor,
que
aceptaste la voluntad del Padre,
intercede
por mí
para
que mi corazón viva de continuo
en
la escucha y el amor.
Amén.
20 octubre 2012
Fr. Rufino María
Grández
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