Alma franciscana
Candor – Sencillez – Amor seráfico
Y un poema al Jazmín de Sambac
La
semana V de Pascua ha sido semana de ejercicios espirituales, que he tenido la
gracia de dirigir o acompañar, para un
grupo de 21 hermanas capuchinas que iniciaban su año de noviciado, noviciado interfederal.
Era en Zapopan, Jalisco. (Zapopan y Guadalajara son el mismo conjunto urbano,
con Tlaquepaque, Tonalá y Tlajomulco de Zúñiga, cinco municipios que forman la
misma área, siendo Zapopan el más habitado de ellos, aunque Guadalajara se
lleve la gloria del nombre).
Semana
V que, como estas últimas semanas pascuales, está toda ella impregnada de las palabras
de despedida de Jesús en la Cena. ¿Qué nos dice Jesús? Que se va y se queda,
que el Espíritu va a ser presencia, y también el Padre. Esta visión del espacio
celeste y terrestre que tiene Juan es sorprendente: una familia, una casa, una
vida. El totalmente Otro, que dicen los filósofo, es lo más mío de mí mismo, digo
yo al eco del Evangelio; intimior intimo
meo, dijo san Agustín. Y también otro gran metafísico, nuestro Xavier
Zubiri, dijo que si Dios es el Absolutamente Absoluto, el hombre es el
Relativamente Absoluto. Ser hombre – pensaba y escribió – es una forma finita
de ser Dios.
De
esta especulación no les he hablado a las Novicias de blancos velos (signo sin
duda de las aspiraciones más puras de sus almas) sino de que, tomando el Evangelio,
Dios es lo más entrañable, lo más cercano, lo más inmediato…, y de que no puedo
concebir mi vida sin una intimidad total con Dios.
Al
final, como una especie de capricho espiritual, les he invitado a que escriban
su perfil personal de capuchinas: qué quisieran ser como capuchinas. Y para
empezar el retrato, yo mismo he tomado el pincel.
Un
capuchina – un’anima bella – sería
-
un alma llena de candor y ternura,
-
de sencillez
-
de amor seráfico…
Esta
fue la plática conclusiva para que la siguiese cada una.
Me
regalaron… lo que puede regalar una novicia capuchina: una estampita escrita por
detrás, unos dulces, y… una flor.
Las
flores tocan el corazón y, al punto, germinan en versos.
Y,
a lo mejor, tal o cual hermana quiere brindarte un detallito que hacen en su
comunidad, y una mínima frase que quizás sea una estrellita caída del cielo: “Padre
Rufino: No hay forma más noble de vencer que morir luchando”.
Las
novicias son ángeles de Dios, aunque no les inviten a escribir en los periódicos…,
ni en Internet. Ya dijo el Cantar de los cantares que el amado se apacienta entre
azucenas.
Con
este preámbulo entenderá el lector lo que fue escrito para ellas, y ahora lo
comparto como un obsequio para ti. Lo escrito fue lo que sigue.
* *
*
Un nombre y un estilo
Fue
sorprendente la renuncia de Benedicto XVI al pontificado presentada a los
cardenales el 11 de febrero.
Fue
sorprendente la elección del nuevo Papa, cardenal Jorge Mario Bergoglio (13
marzo 2013) El nuevo Papa quiso llamarse Francisco, y explicó a los periodistas
la razón de esta elección.
“…Algunos
no sabían por qué el Obispo de Roma ha querido llamarse Francisco. Algunos
pensaban en Francisco Javier, en Francisco de Sales, también en Francisco de
Asís.
Les
contaré la historia. Durante las elecciones, tenía al lado al arzobispo emérito
de San Pablo, y también prefecto emérito de la Congregación para el clero, el cardenal Claudio Hummes: un gran amigo,
un gran amigo. Cuando la cosa se ponía un poco peligrosa, él me confortaba.
Y
cuando los votos subieron a los dos tercios, hubo el acostumbrado aplauso,
porque había sido elegido. Y él me abrazó, me besó, y me dijo: «No te olvides de los pobres». Y esta
palabra ha entrado aquí: los pobres, los pobres. De inmediato, en relación con
los pobres, he pensado en Francisco de Asís.
Después
he pensado en las guerras, mientras proseguía el escrutinio hasta terminar todos
los votos. Y Francisco es el hombre de la paz. Y así, el nombre ha entrado en
mi corazón: Francisco de Asís.
Para
mí es
o
el hombre de la pobreza,
o
el hombre de la paz,
o
el hombre que ama y custodia la creación; en
este momento, también nosotros mantenemos con la creación una relación no tan
buena, ¿no? Es el hombre que nos da este espíritu de paz, el hombre pobre... ¡Ah, cómo quisiera una Iglesia pobre y para
los pobres!
Después,
algunos hicieron diversos chistes: «Pero tú deberías llamarte Adriano, porque
Adriano VI fue el reformador, y hace falta reformar...». Y otro me decía: «No,
no, tu nombre debería ser Clemente». «Y ¿por qué?». «Clemente XV: así te vengas
de Clemente XIV, que suprimió la Compañía de Jesús». Son bromas.…” (Encuentro con los periodistas, los tres días
de la elección, 16 marzo 2013).
Cada persona
en la vida quiere tener su estilo. El Papa ha mencionado tres características
de Francisco. Podría haber mencionado otras; en la primera alocución usó varias
veces la palabra “fratellanza”.
¿Cuál es el
estilo que yo quiero imprimir a mi vida? ¿Cuál es el “perfil” – así dicen hoy –
de mi persona, al menos, el que yo quisiera para mí?
Yo quiero ser un alma franciscana, y mirando a san
Francisco y mirando a santa Clara, a medida que los vaya conociendo, yo quisiera
ir haciendo mi autorretrato. He aquí algunos rasgos de la espiritualidad
franciscana.
Invito a cada
una a que tome su pluma y sus apuntes más íntimos y vaya escribiendo cómo
quisiera ser vista… y recordada… He aquí
algunos rasgos.
Candor
y ternura
Un “anima bella francescana” es, ante todo,
una alma llena de candor, sin malicia; un alma pura, resplandeciente, donde
brilla como blanca flor.
Con el candor
va la ternura. “No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la
ternura. … Custodiar
la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas
nubes; es llevar el calor de la esperanza “ (Papa Francisco, Inauguración del
pontificado, día de San José 2013).
Sencillez
(Diccionario de la Real Academia
Española - Del latín singellus, y
este de singulus: Que no tiene artificio
ni composición). Simple (del latín: simple, adverbio de simplus). Simplicidad.
Dice el primer biógrafo de san
Francisco, fray Tomás de Celano:
“El Santo procuraba con mucho empeño en
sí y amaba en los demás la santa simplicidad,
hija de la gracia, hermana de la sabiduría, madre de la justicia. Pero no daba
por buena toda clase de simplicidad, sino tan sólo la que, contenta con Dios,
estima vil todo lo demás. Ésta se gloría en el temor de Dios, no sabe hacer ni
decir nada malo. Porque se conoce a sí, no condena a nadie, cede a los mejores
el poder, que no apetece para sí. Ésta es la que, no considerando como máximo
honor las glorias griegas (referencia a 2 Mc 4,15 y nota en la edición de la
BAC), prefiere obrar a enseñar o aprender. Ésta es la que, dejando para los que
llevan camino de perderse los rodeos, florituras y juegos de palabras, la
ostentación y la petulancia en la interpretación de las leyes, busca no la
corteza, sino la médula; no la envoltura, sino el cogollo; no la cantidad, sino
la calidad, el bien sumo y estable.
Ésta la requería el Padre santísimo en
los hermanos letrados y en los laicos, por no creerla contraria, sino
verdaderamente hermana de la sabiduría; bien que los desprovistos de ciencia la
adquieren más fácilmente y la usan más expeditamente. Por eso, en las alabanzas
a las virtudes que compuso dice así: «¡Salve, reina sabiduría, el Señor te
salve con tu hermana la pura santa simplicidad!» (Saludo a las Virtudes 1)” (2 Vida de Celano, núm. 189).
Amor seráfico
Serafín significa “ardiente”, del verbo
hebreo “saraf” (arder). Los serafines. Los ardientes, aparecen en la
visión de Isaías, cap. 6.
A san Francisco se le ha atribuido el
ser “ardiente”, y lo referente a la Orden franciscana tiene el epíteto de
Seráfico, comenzando por el mismo Francisco, nuestro Seráfico Padre.
San Buenaventura es nuestro Seráfico
Doctor.
Todo lo franciscano debe tener el sello
de lo “seráfico”, que es el amor efusivo, ardiente…
Y
de esta manera voy tomando rasgos que quisiera que fueran mi perfil…
Fin y corona del
retiro
La
novicias me sorprendieron con una flor. Era muy pequeña, poco más que un dedal
(como para llevarla en la solapa), pero olía como una fábrica de perfume. Me
informé y escribí, para ellas, un poema.
Nombre
científico: Jazmín
de Sambac Gran duque de Toscana. (Su nombre es un homenaje al primer Gran Duque
de Toscana, Cosme de Médici, que en sus jardines cultivaba plantas raras y
exóticas).
Familia: Oleaceae
Origen: Arabia y La India.
Características: Es un
tipo de planta que tiene flores dobles y un aroma exquisito. Crece durante la
primavera-verano, cuando comienzan a elevarse las temperaturas, pero el crecimiento
es muy lento.
Arbusto o trepadora de hoja perenne en
climas cálidos, grandes, verde oscuro, terminadas en punta redondeada, ovadas
con los nervios bien marcados pueden llegar a medir 2 metros aunque en su
hábitat puede llegar fácilmente a los 8 o 10 metros ; las flores que
aparecen en primavera son dobles, blancas, muy olorosas.
Como jazmín de Sambac
(gran duque también le llaman)
siento mi alma olorosa
de mucho amor apretada.
Blanca de esposa anhelante,
pequeña y llena de gracia,
para ponerla en el pecho
de mujer enamorada.
Mi almita así se profesa,
mi almita de franciscana,
toda tuya, sola tuya,
bajo tu suave mirada.
Para abrirse, amado mío,
mucho sol sí le hace falta,
pero sol del corazón
el que sale de tu llaga.
Y aquí me tienes ahora,
flor por tus manos tocada,
porque a ti me he regalado,
por ti elegida y amada.
Eres el rostro de Dios,
humanado en carne humana,
que abriste la Trinidad
bajando a nuestra morada.
Ya tu sangre es nuestra sangre
y tu casa es nuestra casa,
una familia la nuestra
siendo yo divinizada
Acepto tu invitación:
cúmplase en mí tu palabra.
Zapopan, 3 mayo 2013 – fr. Rufino María Grández

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