sábado, 31 de diciembre de 2016

876. Domingo octava de Navidad – Año Nuevo 2017



María en el misterio del Nacimiento
y 50 jornada Mundial de la Paz
Homilía para la misa de la octava de Navidad
Lc 2,16-21

Texto evangélico:
16 Fueron corriendo y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. 17 Al verlo, contaron lo que se les había dicho de aquel niño. 18 Todos los que lo oían se admiraban de lo que les habían dicho los pastores. 19 María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. 20 Y se volvieron los pastores dando gloria y alabanza a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
 21 Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al niño, le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

Hermanos:
1. El día 1 de enero – en este año de gracia, año de 2017 – lleva dentro de sí tres significaciones:
- Es “Año nuevo”, en el cual todos nos felicitamos y, como cristianos, pedimos la bendición de Dios. Por eso, todo los años abrimos el Calendario de la Iglesia con la bendición que daban los sacerdotes en el Antiguo Nuevo Testamento, y que está en el libro de los Números, capítulo 6: “El Señor te bendiga y te guarde”.
- Es, en segundo lugar, la Jornada Mundial de la Paz, y este año coincide que es el 50 aniversario, desde que la instituyó el Beato Pablo VI.
- Y es la octava de Navidad, consagrada en la liturgia a considerar el misterio de la Virgen María en la Encarnación del Hijo de Dios.
Yo quisiera hablarles de estos dos últimos puntos: de la Virgen María, y del mensaje por la paz que nos ha escrito el Papa, firmado, según es costumbre, el día de la Inmaculada, 8 de diciembre.

2. El Evangelio de san Lucas es maravilloso al transmitirnos la fe de la Iglesia en María. Dice que di a luz a su hijo, que en la cultura hebrea tiene una atribución, “el primogénito”, al que pertenecen los derechos herenciales de la Casa.
- que lo envolvió en pañales,
- que lo recostó en un pesebre,
- que le puso el nombre de Jesús,
- que guardaba todo esto en su corazón.

¿Qué significa que lo envolvió en pañales, después de darlo a luz? Es el dulce misterio de la maternidad humana de la Madre de Dios. Que lo envolvió en pañales significa que la Madre de Dios es la “mamá de un bebé”, al que envuelve en la cobijita que ella misma ha tejido en su casa de Nazaret; que tiene que limpiarle cuando se ensucia como nuestras madres lo hicieron con nosotros; que tiene que lavarle y bañarle; que tiene que ofrecerle la leche de sus senos; que tiene que auparle y besarle y acunarle como puede para que no lloriquee cuando el niñito se siente molesto porque tiene hambre, porque tiene frío, porque tiene miedo. En una palabra, que es madre de útero y de pecho, madre de una criatura que en pocas horas se moriría, si no tuviera a esta madre que la atendiera.
Madre ella sola. Es superfluo pensar que ella tuviera una niñera, una criada que la atendiera. Todo eso y mucho más quiere decir que lo envolvió en pañales.

3. Dice el texto sagrado que lo reclinó en un pesebre, precisamente en un pesebre donde los animales domésticos toman su pienso y alimentos. No hay cuna de Jesús sin pajas. No imaginemos esa cunita mullida que las mamás compran para sus bebés. En un pesebre, significando que el Hijo de Dios venía al mundo pobre entre los pobres, allí al descampado, donde los pastores cuidan las ovejas.
Jamás olvidemos, hermanos, que el Hijo de Dios abre su “hábitat” en medio de los hombres en esta condición de suma indigencia.
Belén es el misterio divino de la pobreza del Hijo de Dios. Esto enamoraba y enternecía a san Francisco de Asís: la pobreza de Jesús, la pobreza de María.

4. En san Lucas encontramos un nuevo detalle. En la Anunciación se doce a María: Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús (Lc 1,31). Y efectivamente, con la circuncisión al octavo día, con este signo de pertenencia al pueblo elegido, se le impone el nombre; pero el nombre no es invento de José ni de María, ha venido del cielo: le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción (2,21). Así concluye el Evangelio de hoy. El nombre que Dios da a su hijo, a través de María, a través de José, es la identidad del Hijo y su misión en este mundo: Jesús, ser salvador. Para esto y no otra cosa ha venido Jesús a este mundo. Yeshuá’ o Yehoschuá’, Jesús, Salvador.

5. Y hay un cuarto detalle que nos lleva más adentro, el corazón  de la Virgen; María, por su parte, conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. El corazón de María es el receptáculo del misterio. Todos los cristianos debemos tenerlo presente. A Dios solo se le puede comprender desde la actitud contemplativa, admirativa del corazón, en humildad, adoración y ternura.
San Lucas lo recordará de nuevo, cuando encuentren María y José al Niño en el templo.

6. Pero vengamos ahora al otro motivo de este día, inicio de un nuevo año: la Paz, que es un don de Dios y que la debemos construir nosotros. El mensaje del Papa tiene este título: «La no violencia: un estilo de política para la paz».
Estamos en guerra, tristemente en guerra por lo que nos informan los periódicos y la televisión. El Papa es muy claro y se cita a sí mismo con unas frases contundentes. He aquí este párrafo:
Lo reafirmo con fuerza: «Ninguna religión es terrorista»[13]. La violencia es una profanación del nombre de Dios[14]. No nos cansemos nunca de repetirlo: «Nunca se puede usar el nombre de Dios para justificar la violencia. Sólo la paz es santa. Sólo la paz es santa, no la guerra»[15]

7. Y cita ejemplos concretos, cuando dice:
La no violencia practicada con decisión y coherencia ha producido resultados impresionantes. No se olvidarán nunca los éxitos obtenidos por Mahatma Gandhi y Khan Abdul Ghaffar Khan en la liberación de la India, y de Martin Luther King Jr. contra la discriminación racial. En especial, las mujeres son frecuentemente líderes de la no violencia, como, por ejemplo, Leymah Gbowee y miles de mujeres liberianas, que han organizado encuentros de oración y protesta no violenta (pray-ins), obteniendo negociaciones de alto nivel para la conclusión de la segunda guerra civil en Liberia”.

8. Recuerda a la Madre Teresa de Calcuta, a la que él canonizó el pasado mes de octubre. Y cita a san Francisco de Asís, con este bello pensamiento: “Por esto, quien acoge la Buena Noticia de Jesús reconoce su propia violencia y se deja curar por la misericordia de Dios, convirtiéndose a su vez en instrumento de reconciliación, según la exhortación de san Francisco de Asís: «Que la paz que anunciáis de palabra la tengáis, y en mayor medida, en vuestros corazones» (Tres compañeros, n. 58).
En fin, cita a Santa Teresita del Niño Jesús, cuyas obras le son familiares. “«El ejemplo de santa Teresa de Lisieux nos invita a la práctica del pequeño camino del amor, a no perder la oportunidad de una palabra amable, de una sonrisa, de cualquier pequeño gesto que siembre paz y amistad. Una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo»” (véase Laudato si’ 230).
Hermanos, el camino de la paz es el camino del corazón.

8. Concluyamos: Señor Jesús, Rey de la paz, por la pobreza, la humildad y el amor, queremos colaborar contigo en el camino de la paz, construyéndola desde el corazón en mí y en la familia donde vivo. Amén.

Guadalajara, Jalisco, 31 diciembre 2016.

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