Canción de un
consagrado en la vida religiosa
Ayer era el día de la vida consagrada, y hoy hemos tenido la oportunidad de una tarde de retiro.
El Papa Francisco hace unos días, el 29 de
enero, hablaba a la Plenaria de la vida consagrada. Les decía:
“Vivimos inmersos en la llamada cultura de
lo fragmentario, de lo provisional, que puede llevar a vivir a “a la carta” y a
ser esclavos de las modas. Esta cultura induce a la necesidad de tener siempre
las “puertas laterales” abiertas hacia otras posibilidades, alimenta el consumismo
y olvida la belleza de la vida simple y austera, provocando muchas veces un
gran vacío existencial. Se ha difundido también un fuerte relativismo práctico,
según el cual todo es juzgado en función de una autorrealización muchas veces
extraña a los valores del Evangelio. Vivimos en sociedades donde las reglas
económicas sustituyen las morales, dictan leyes e imponen los propios sistemas
de referencia a expensas de los valores de la vida; una sociedad donde la
dictadura del dinero y del provecho propugna una visión de la existencia por la
cual quien no rinde es descartado. En esta situación, está claro que uno debe
antes dejarse evangelizar para luego comprometerse con la evangelización”.
La belleza de la vida consagrada no está
sometida a estadística, y esa belleza sigue resplandeciendo; se ve en muchos rostros.
Las estadísticas, dolorosas, no nos deben
desanimar; nacerá una vida muy hermosa.
Quiero cantar en unos versos esa belleza
de la vida consagrada, sencillamente. Lo canto porque estoy convencido de que es
así. Y porque siempre he tenido ante mis ojos ejemplos luminosos de estos
anhelos.
En mi cima octogenaria - 80 de edad cumplidos (5 diciembre 1936) y 60 de profeso como hermano menor capuchino (15 agosto 1956), también 56 de consagrado en el ministerio sacerdotal (2 abril 1960) - por gracia de Dios bendigo y confieso el Código de esta Alianza:
Primero: La esencia de esta Alianza bautismal, que es mi vida consagrada de esta manera, es vivir, de modo gozoso y constante, en trance de Holocausto. Mi Padre Dios, como a su Hjo Jesús, me está pidiendo todo, todo, todo. Todo hasta el último suspiro.
Segundo: Mi pasado, soporte natural de mi presente - mi pasado que es el mío personal, y el de mi Familia religiosa a la que amo - en virtud de la entrañable misericordia de Cristo, queda todo purificado en la Eucaristía de hoy. Eucaristía transformadora: ningún lamento; al final, todo es gracia.
Tercero: Mi futuro es Jesús Muerto y Resucitado; mi futuro, lo que viene, será mejor, porque es pura y simplemente el fruto de su amor. Mi futuro es sencillamente la entrega incondicional de mi vida como semilla de amor.
En mi cima octogenaria - 80 de edad cumplidos (5 diciembre 1936) y 60 de profeso como hermano menor capuchino (15 agosto 1956), también 56 de consagrado en el ministerio sacerdotal (2 abril 1960) - por gracia de Dios bendigo y confieso el Código de esta Alianza:
Primero: La esencia de esta Alianza bautismal, que es mi vida consagrada de esta manera, es vivir, de modo gozoso y constante, en trance de Holocausto. Mi Padre Dios, como a su Hjo Jesús, me está pidiendo todo, todo, todo. Todo hasta el último suspiro.
Segundo: Mi pasado, soporte natural de mi presente - mi pasado que es el mío personal, y el de mi Familia religiosa a la que amo - en virtud de la entrañable misericordia de Cristo, queda todo purificado en la Eucaristía de hoy. Eucaristía transformadora: ningún lamento; al final, todo es gracia.
Tercero: Mi futuro es Jesús Muerto y Resucitado; mi futuro, lo que viene, será mejor, porque es pura y simplemente el fruto de su amor. Mi futuro es sencillamente la entrega incondicional de mi vida como semilla de amor.
1. Soy Juglar del
Evangelio,
Narrador de cosas
bellas;
junto a la fuente
en la plaza
yo las comparto a
quien quiera.
2. Con ojos
contemplativos,
con el alma al
viento suelta,
por hondonadas y
cerros
se me abren rutas
y metas.
3. Es esta la
encrucijada,
pen sar en otra es quimera;
es hoy el tiempo
creado,
y Dios perenne
sorpresa.
4. Jesús es encuentro
mío,
sin que nadie me
lo sepa;
es mi espesura
latente
en el reposo y en
vela.
5. Es todas mis
Escrituras,
que rezuman su
presencia,
el griego que deletreo
y la letra en
lengua hebrea.
6. Renacen las Escrituras
y Jesús renace en ellas;
esta página de hoy
es su "Hágase" y mi fuerza.
6. Renacen las Escrituras
y Jesús renace en ellas;
esta página de hoy
es su "Hágase" y mi fuerza.
7. Es él el Nombre que
baja
y adentro suave se
adentra,
y entonces ya mi
persona
se hace con él su
parcela.
8. Aquí la
Sabiduría
es mi saber sin
escuela;
su dulce amor, mi
almohada,
su historia, mi
historia escueta.
9. Le llamo mi
intimidad,
mi intimidad
misionera,
soy juglar sin
partitura
cuando vivo su
existencia.
10. Sintiendo un
sentir divino,
esta quietud me
contenta,
como milagro de
Pascua
en esta hora cimera.
11. No conocí la
rutina,
ni del cansancio
la anemia;
su palabra
milagrosa
día a día me
recrea.
12. Es así
sencillamente,
sin vanidad ni
pereza;
es que estoy junto
a la Fuente
y mi sangre es
primavera.
13. ¿Por qué digo
lo que pienso,
palabras que el
viento entrega?
Acaso para escucharme
mi redención
verdadera.
14. Juglar del
Valle de Asís,
que no pide una
moneda.
Silencio, amigos,
que el alma
no cabe en esta vihuela.
15 Que la voz del
corazón
la voz del Génesis
sea,
y, al llegar hasta
el Calvario,
con Jesús de amor
yo muera.
16. ¡Gloria y paz,
Jesús bendito,
confidente de mis
venas!
¡Te busqué y te
buscaré:
sea en mi lo que
deseas!
Guadalajara,
Jalisco, 3 de febrero de 2017.
Brille nuestra luz ante los hombres. Seamos la sal de la tierra.
ResponderEliminarBrillo y sabor.
Ante la oscuridad en la que se mueve el mundo, los cristianos debemos ser luz. Y ante lo insípido del mundo debemos ser sal.
Pero los cristianos no “producimos” esa sal ni esa luz de forma natural. El cristiano se pregunta de dónde va a sacar esa sal y esa luz. Porque el que es luz (Cristo) da luz. Pero los que no poseemos esa luz no podemos dar luz, a no ser que se nos conceda.
Una alberca contiene agua. Cierto. Pero esa agua necesariamente viene de una fuente, ajena a la alberca, que canaliza su líquido a ella. Y entonces sí que la alberca puede contener y dar agua en abundancia.
La luz que ilumina nuestras noches igualmente procede de un lugar emisor de fuerza eléctrica, que la canaliza hacia nuestras ciudades.
De la misma manera sucede con la sal. Para que nosotros podamos expender sal es necesario que previamente nos proveamos de ella en una mina o en una salina.
Es Cristo el dueño y poseedor de esa sal y de esa luz. San Pablo fue sal y fue luz, pero no por sí mismo, sino por haberlo recibido del mismo Cristo que vivía en él de forma viva día y noche desde el momento de su conversión.
Los apóstoles fueron luz y fueron sal, pero sólo a partir del momento en que el Espíritu Santo descendió sobre ellos el día de Pentecostés. Antes eran cobardes y miedosos. Luego que descendió la virtud divina sobre ellos todo cambió.
Roguemos pues que el Espíritu Santo nos conceda esas cualidades, para que nosotros podamos dar esas cualidades.
YO SOY LA VID, VOSOTROS LOS SARMIENTOS; EL QUE PERMANECE EN MÍ Y YO EN ÉL, ÉSE DA FRUTO ABUNDANTE; PORQUE SIN MÍ NO PODÉIS HACER NADA.
Amén.
Juan José.