sábado, 10 de junio de 2017

965. Domingo de la Santísima Trinidad 2017 – La intimidad y comunión con Dios




 
Homilía para Domingo de la Santísima Trinidad
Jn 3,16-19


Texto evangélico:
16 Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18 El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
Hermanos:
1. Todos los años el domingo que sigue a la culminación de la Pascua con Pentecostés, fin de la revelación en espera de la vuelta del Señor. la Iglesia nos invita a pensar en la intimidad de Dios. Esto es el misterio de la Trinidad, misterio total el ser cristiano, de donde todo procede y adonde todo vuelve. Hpy se nos invita a esta reflexión, que debe terminar en adoración y alabanza, gratitud y abandono. No es una fiesta en la lista de fiestas del calendario, para que nada quede olvidado; es la fiesta de cada día ante la que hoy nos detenemos para pensar qué nos está diciendo al Trinidad.

Por otra parte, este Domingo de la Santísima Trinidad es el Domingo escogido como Día de la Vida Contemplativa, para reflexionar sobre esa forma de realizar su vida cristiana que, por una llamada divina, han escogido tantas mujeres y hombre. Se puede consagrar la vida en silencio y humildad en un monasterio, dedicados íntegramente a la alabanza divina y a la intercesión. Y todo esto en amor mutuo de hermanos.
Oramos hoy por el florecimiento de la vida contemplativa, y al mismo tiempo damos gracias al Señor por este carisma en la Iglesia.


2. Tres pasajes de la Biblia, para dirigir nuestra reflexión: Moisés, San Pablo, Jesús.
El primero el Sinaí. Dios, que ha perdonado a su pueblo, cuando ese se ha desviado de Dios y ha adorado al Becerro de metal, este Dios ha renovado gratuitamente su alianza y se manifiesta misteriosamente con esas palabras: El Señor bajó en la nube y se quedó con él allí, y Moisés pronunció el nombre del Señor. El Señor pasó ante él proclamando: «Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, rico en clemencia y lealtad.
Moisés ha pronunciado el nombre de Dios, que el hombre no pude pronunciarlo sin morir y pasar al contenido del mismo Nombre. El Nombre de Dios es el mismo Dios para los judíos de ayer y de hoy. Y luego Dios se pronuncia a sí mismo – pronuncia Dios su Nombre divino – y se autodefine con cinco palabras:
Compasivo
Misericordioso
Lento a la ira
Rico en clemencia
Rico en lealtad.

Evidentemente, el texto hebreo se puede traducir con muchas variantes según la pericia de lenguaje del traductor, pero claramente se percibe que todo este conjunto de expresiones están diciendo lo mismo: Dios es amor, Dios es ternura, Dios es compasión, Dios es perdón.

Ahora bien, hermano, esto no es una lección de Filosofía o de Teología; esto es una experiencia vivísima y personal. Moisés al momento se inclinó y se postró en tierra. Conocer a Dios es experimentar a Dios, postrarse ante él para adorar. La adoración de Moisés termina con una súplica: tómanos como heredad tuya.

3. Ese Dios que viene del Sinaí es el Dios de Jesús: Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Entendamos bien, hermanos, esta frase del santo Evangelio. Dios no tiene dos ofertas para el hombre: una salvación y otra condenación. Dios no tiene más que una: la salvación y la condenación, como un negociante que saca ene venta dos ofertas: esto o lo otro. Dios no tiene más que una oferta: la salvación. Si tú no la quieres, no la has querido; tú has elegido lo que nos e te ha ofrecido: tu condenación.
El que acepta la oferta de Dios, ya está salvado, diríamos que ya no tiene que: El que cree en él no será juzgado. Es lo que en teología se llama “la escatología realizada”.
Pero si uno no quiere aceptar a Dios él mismo se ha condenado: el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

4. Fiesta de la Santísima Trinidad para entrar más y más en la experiencia de Dios, que es vida exuberante que se desborda, que es amor que se nos comunica. Para terminar todo lo que san pablo ha dicho y quiere decir a su comunidad de Corinto, se despide con este augurio, que es el anhelo de toda su alma y que nosotros se lo hemos recogido con un saludo para la liturgia: La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con todos vosotros (fin de la segunda carta a los Corintios).
Para hablar de ese Dios presente y operante, de ese Dios que el origen de donde venimos y adonde nos encaminamos, podemos emplear dos palabras: intimidad y comunión.

5. Entrar en la intimidad de Dios es entrar en el misterio de Dios: admirar a Dios como lo más concreto de mi vida, como lo más real. Escuchen, hermanos, estas frases de san Francisco, que se llaman “Las alabanzas de Dios”. No son clases de teología, sino expresiones que le salen del corazón, porque lo está viendo, sintiendo y experimentando:
“Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas. Tú eres fuerte, tú eres grande, tú eres altísimo, tú eres rey omnipotente, tú, Padre santo, rey del cielo y de la tierra. Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses, tú eres el bien, todo el bien, el sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero. Tú eres amor, caridad; tú eres sabiduría, tú eres humildad, tú eres paciencia, tú eres belleza, tú eres mansedumbre, tú eres seguridad, tú eres quietud, tú eres gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría, tú eres justicia, tú eres templanza, tú eres toda nuestra riqueza a satisfacción. Tú eres belleza, tú eres mansedumbre; tú eres protector, tú eres custodio y defensor nuestro; tú eres fortaleza, tú eres refrigerio. Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe nuestra, tú eres caridad nuestra, tú eres toda dulzura nuestra, tú eres vida eterna nuestra: Grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso Salvador”.
Esto se llama experiencia de Dios. Y a esta experiencia todos, absolutamente todos, estamos invitados.
Dios no tiene aceptación de personas. Nos ama infinitamente a todos y cada uno, porque todos y cada uno, es decir, uno a uno, somos amados por él como hijos suyos.

6. Concluyamos, hermanos, expresando estos anhelos en forma de oración confiada, oración de experiencia de Dios.
Señor Dios mío, te adoro y te amo con todo mi corazón; no envidio a nadie en este mundo, ni a ningún santo del cielo. Tú eres mi Padre del cielo y esto me basta. Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu Santo. Amén.



Ciudad de México, sábado, 10 de junio de 2017

1 comentarios:

Anónimo dijo...

LA TRINIDAD, EL MISTERIO DE LOS MISTERIOS.
LA TRINIDAD, UN SOLO DIOS EN SUS TRES MANIFESTACIONES.
UN SOLO ÁRBOL CON TRES RAMAS.
JUAN JOSÉ.

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