jueves, 22 de junio de 2017

967. Sagrado Corzón de Jesús. Retiro espiritual en torno al Sagrado Corazón de Jesús




En las fuentes del amor

I
Encíclica de Pío XII: Haurietis acquas (15 mayo 1956)

En 1956 el Papa Pío XII, para conmemorar los 100 años del establecimiento de la fiesta de Corazón de Jesús como solemnidad para toda la Iglesia, publicó la encíclica “Haurietis acquas” (Sacaréis agua con gozo de las fuentes de la salvación, Isaías 12,3), bella y piadosa encíclica. Hoy la cristología acentuaría otros perfiles. Lo que no obsta para que a los 50 años el Papa Benedicto XVI escribiera al Prepósito general de la Compañía de Jesús que la inspiración de la encíclica conserva su pleno valor, y añadía: “El costado traspasado del Redentor es la fuente a la que nos invita a acudir la encíclica Haurietis aquas: debemos recurrir a esta fuente para alcanzar el verdadero conocimiento de Jesucristo y experimentar más a fondo su amor. Así podremos comprender mejor lo que significa conocer en Jesucristo el amor de Dios, experimentarlo teniendo puesta nuestra mirada en él, hasta vivir completamente de la experiencia de su amor, para poderlo testimoniar después a los demás” (15 mayo 2006).
Pío XII nos explicaba que, al hablar del Corazón de Jesús, no estamos hablando de una “devoción”, sino de una comprensión total misterio de Jesucristo como revelación de Dios, si bien es verdad que en las santas Escrituras en ningún texto se nos habla del “corazón” de Jesús.
Esta comprensión total de Cristo tiene su punto focal en la comprensión del amor que residen en el corazón latiente de Jesús, corazón en la tierra y corazón que nos ama en el cielo. El amor que se halla en Jesús es el amor descendente de Dios al hombre y el amor ascendente del hombre a Dios, dos movimientos de amor divino y humano que confluyen en un solo corazón, el corazón de Jesús.; en el y solo en el.
Espiritualidad de Dios humanado - espiritualidad de la Encarnación, de la Cruz, del Misterio pascual - espiritualidad de la Humanidad de Dios, aportación específica de la fe cristiana al mundo.
He aquí una cita y una indicación de las irradiaciones de este amor de Jesús.

El triple amor del corazón de Jesús
“El corazón del Verbo Encarnado es considerado como signo y principal símbolo del triple amor con que el divino Redentor ama continuamente al Eterno Padre y a todos los hombres.
1) Es símbolo del divino amor que en El es común con el Padre y el Espíritu Santo.
2) Es símbolo de la caridad que, infundida en su alma, constituye su voluntad humana y cuyos actos son dirigidos e iluminados por una doble y perfectísima ciencia, la beatífica y la infusa.
3) Es símbolo de su amor sensible, pues el Cuerpo de Jesucristo, plasmado en el seno castísimo de la Virgen María por obra del Espíritu Santo, supera en perfección, y, por ende, en capacidad perceptiva a todos los demás cuerpos humanos.
Podemos contemplar y venerar en el Corazón del Divino Redentor la imagen elocuente de su caridad y la prueba de haberse ya cumplido nuestra Redención. En las palabras, en los actos, en la enseñanza, en los milagros y especialmente en las obras- como la institución de la divina Eucaristía, su pasión y muerte, la donación de su Santísima Madre, la fundación de la Iglesia y la misión del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y sobre nosotros- hemos de admirar otras tantas pruebas de su triple amor, y meditar los latidos de su Corazón” (n. 16).

El amor terrestre de Jesús
1.     Palabras de amor
2.     Actos o gestos de amor
3.     Milagros de amor
4.     Los dones supremos de su amor: Me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2,20)
1.     La institución de la Eucaristía (n. 20)
2.     El don de su propia Madre (n. 20)
3.     La pasión y muerte de amor (n. 20)
4.     El don de la Iglesia (n. 21)
5.     El don de los Sacramentos (n. 21)

El amor celeste de Jesús
6.     Las Ascensión y el don del Espíritu Santo
- Significado de la Ascensión (n. 22)
- Significado de Pentecostés desde el Corazón de Jesús (n. 23)

Es admirable que se nos hable del corazón de Jesús en el cielo en estos términos:

“Cristo ha amado a la Iglesia, y la sigue amando intensamente con aquel triple amor de que hemos hablado, y ése es el amor que le mueve a hacerse nuestro Abogado para conciliarnos la gracia y la misericordia del Padre, «siempre vivo para interceder por nosotros» [Heb 7,25]. La plegaria que brota de su inagotable amor, dirigida al Padre, no sufre interrupción alguna. Como «en los días de su vida en la carne» [Heb 5,7], también ahora, triunfante ya en el cielo, suplica al Padre con no menor eficacia; y a Aquel que «amó tanto al mundo que dio a su Unigénito Hijo, a fin de que todos cuantos creen en El no perezcan, sino que tengan la vida eterna» [Jn 3,16]. El muestra su Corazón vivo y herido, con un amor más ardiente que cuando, ya exánime, fue herido por la lanza del soldado romano: «Por esto fue herido [tu Corazón], para que por la herida visible viésemos la herida invisible del amor» [ S. Buenaventura, Opusc. X Vitis mystica 3, 5]” (Haurietis acquas 24).


II
Siguiendo la meditación de “Haurietis acquas”

Hermanas amadas de Dios

“Meditar los latidos de su corazón” (n. 16)

La primera definición del cristiano (1Tes 1,4)
La primera definición del cristiano la encontramos en el primer escrito del Nuevo Testamento, que cronológicamente es la primera Carta a los Tesalonicenses, escrita en el año 50, antes que tomasen forma escrita los Evangelios. Allí se dice: “Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido” (cap. 1, versículo 4).
El cristiano es
- un “amado de Dos”
- y un “hermano”.
Esas son las dos características esenciales, las que marcan la pauta de su vida:
- vivir en todo momento bajo el amor de Dios
- vivir en la comunión del amor de Dios, que es el ser hermano: hermano, uno de otro.
El constitutivo esencial de la Iglesia no es la jerarquía, sino la hermandad: “8Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar rabbí, porque uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos. 9 Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. 10 No os dejéis llamar maestros, porque uno solo es vuestro maestro, el Mesías. 11 El primero entre vosotros será vuestro servidor. 12 El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido» (Mt 23,8-12).

Derivaciones: Axiomas de amor
Quede muy claro, según el Evangelio: En la Iglesia, comunidad de Jesús
- Es más importante ser hermano que ser uno de los Doce Apóstoles.
- Es más importante ser hermano que ser Papa, Cardenal, Obispo.
- Es más importante ser hermano que se Doctor o Doctora de la Iglesia.
- Es más importante ser hermano que salvar al mundo entero por mi predicación.

El “hermano”, el “hijo”, el “amado”
1. Ahora bien, ¿quién es un hermano?: el hijo
Es hermano quel que ha experimentado que es hijo, y que comparte esa filiación con otros hijos del mismo Padre.
No hay hermandad si previamente no hay filiación.

2. Y ¿quién es el hijo?: el amado
El acto constitutivo de hijo es el haber sido amado, con un amor irrevocable que no puede terminar con la muerte. Ser amado es el acto creador de Dios por el cual yo he venido de la nada a la existencia.

3. Y ¿quién es el amado?: el amado en el Amado
Yo soy amado por ser “amado en el amado”, como soy “hijo en el Hijo”.
Y de ahí se accede a la Trinidad.
Esta es la clave de la revelación cristiana, la razón de ser de la iglesia, y lo que justifica mi presencia en el mundo, lo que da consistencia a mi futuro: el amor de Dios, que es
- amor derramado
- amor gratuito
- amor creador y operativo

El amor como remate de Dios, como vida de Dios
En el seno de la Trinidad el amor es la exhaustividad de Dios, la culminación de Dios, el diálogo de Dios, la comunión de Dios, el Espíritu de Dios, en suma, la vida de Dios.

Siendo “la vida de Dios”, puedo vivir el amor con todas las proyecciones de la misma vida, que de sí es inagotable:
- amor como hijo (hija) de Dios
- amor como esposo (esposa) de Dios
- amor como amigo (amiga) de Dios
- amor pura y simplemente como amado, como amada.
Y retornamos al centro: Nacido del amor para el amor.
Acta de nacimiento: Nació de amor.
Acta de defunción: Murió de amor.

III
Una espiritualidad del amor desde
la revelación del amor en el corazón del Hijo de su amor

Amor descendente y transformante
1. Descubrir cada día la revelación incesante y sorprendente del amor de Dios: el amor “descendente” de Dios.
2. Gozar cada día de las “revelaciones” de ese amor divino, inherente a la vida y a la historia.
3. Tener el corazón abierto para recibir ese amor de Dios a mí a través del don de cada ser humano. En todo ser humano está el amor de Dios para mí.
4. Resanar el corazón desde el amor:
- la vida del corazón es el amor, que de por sí tiende a crear una psicología de acogida y afabilidad.
- la enfermedad del corazón es la tibieza en el amor, la rutina, la pasividad, la indiferencia.
- la muerte del corazón es el odio.
5. Don sublime del amor es la vivencia de la amistad desde el amor, en el amor, para el amor

Amor ascendente y oblativo
1. La “ofrenda de amor” no es la decisión de amar yo hasta el heroísmo – que esa ofrenda al fin revienta – sino la ofrenda para ser anegado en el oleaje del amor de Dios que llega hasta mí (Ofrenda de santa Teresita al Amor Misericordioso).
2. Ofrenda en unidad con toda la Iglesia, presente en cada uno de mis actos.
3. Mi oración: la oración es “la respiración del amor” (Constituciones Capuchinas).
4. La Liturgia de las Horas: es un banquete de amor de toda la Iglesia, que alaba, da gracias e intercede.
5. Mi vida, con toda la Iglesia, es asumida en el Amor Redentor de Cristo y es compartida con toda la comunidad humana como expiación de mis pecados y de todos los hombres en Cristo Jesús.


IV
Un himno al Corazón de Jesús

1. Sagrado Corazón, Dios palpitante,
Jesús, primer y eterno pensamiento,
y vida derramada sobre el hombre,
amor que hace girar el universo,
Sagrado Corazón.

2. En ese pecho, dádiva el Padre,
abismo del Espíritu de fuego,
perdón que nos anega dulcemente,
amor, beatitud y dulce cielo,
Sagrado Corazón.

3. El hombre y Dios, eternamente juntos
se estrechan al latir al mismo tiempo;
un mismo corazón cual Dios nos ama,
cual hombre ofrece nuestro ser sufriendo,
Sagrado Corazón.

4. La santa Trinidad aquí se vierte,
que no hay nada divino ajeno al Verbo,
ni pena de los hijos de los hombres
que de este corazón se encuentre lejos,
Sagrado Corazón.

5. Sagrado Corazón, amor invicto,
dulcísimo descanso siempre abierto,
rescate y redención de toda culpa,
herencia de la Iglesia, eterno precio,
Sagrado Corazón.

6. ¡Oh Cristo, que mereces todo amor,
a ti la gratitud y nuestro afecto!,
¡oh Cristo, por tu honor, que es nuestra gloria,
alienta con tu aliento en nuestro pecho!,
Sagrado Corazón. Amén.

Véase en mercaba.org los himnos al Sagrado Corazón de Jesús del autor:
Sagrado Corazón de Jesús
1. Tu amable Corazón
2. Tu Corazón despide fuego
3. Sagrado Corazón, Dios palpitante
4. Amor de Dios de siempre y para siempre
5. Corazón palpitante del Verbo
6. Tu Corazón rasgado es puerta abierta
7. El corazón descansa

Logroño (La Rioja), en el monasterio de Concepcionistas Madre de Dios,
víspera de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, 22 de junio de 2017.

Rufino María Grández, OFMCap.

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