sábado, 24 de junio de 2017

968. Domingo XII, ciclo A - No tengáis miedo



No tengáis miedo
Homilía para el Domino XII del tiempo ordinario, ciclo A
Mateo 10,26-33
Texto del Evangelio
26 No les tengáis miedo [a los hombres], porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay escondido, que no llegue a saberse. 27 Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la azotea. 28 No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna. 29 ¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. 30 Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. 31 Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones. 32 A quien se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos. 33 Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos.

Hermanos:
1. Este año estamos escuchando el Evangelio según san Mateo. En este Evangelio encontramos cinco discursos de Jesús, que son los siguientes:
- El primero es el Sermón de la montaña (Mt 5-7); el Discurso apostólico, es decir, el envío de los apóstoles y de la Iglesia (Mt 10); el Discurso de las parábolas: Salió el sembrador a sembrar, un grupo de parábolas seguidas (Mt 13); el Discurso eclesiástico: cómo deben actuar los apóstoles y sus sucesores en la comunidad de Jesús (Mt 18); y finalmente en los días de la Semana Santa el Discurso escatológico sobre el final de los tiempos y la victoria de Dios en el mundo, victoria que está protagonizada por Cristo mismo (Mt 24-25).

2. El Evangelio que hemos escuchado corresponde al Discurso apostólico. Jesús ha escogido a los Doce, con una intención simbólica, porque los Doce nos recuerdan a las Doce tribus de Israel, y en consecuencia el pueblo de Jesús, sostenido por estos doce pilares, va ser el nuevo pueblo de Dios. Les da unas consignas de acción para proclamar el Evangelio; pero de pronto uno percibe que las consignas dadas a los apóstoles van a pasar a ser consignas para toda la comunidad evangélica. Toda la comunidad va a ser una comunidad apostólica.
La ultima reunión de Obispos de América latina y Caribe, en mayo de 2007, en el que fue muy significativa la persona del arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Bergoglio, hoy Papa Francisco, tuvo como uno de sus ejes de pensamiento este: todo discípulo de Jesús, por el mero hecho de ser discípulo, es discípulo y misionero. Es una consagración que se recibe en el bautismo. El que queda consagrado a Cristo en el bautismo, es un testigo de su fe: en todo momento, en toda circunstancia de vida, mi conducta debe ser proclamación de mi fe. Por comportarme como cristiano, al ser testigo soy misionero. Algunas veces tendré que mostrarlo no solo con las obras, sino también con las palabras.

3. Y ocurre que, sin uno buscarlo, el medio que me circunda ´puede ser tan hostil al Evangelio, que yo estoy en combate sin quererlo. Y aquí viene la consigna de Jesús: No tengáis miedo.
No tengáis miedo a hablar cuando hay que hablar.
No tengáis miedo a la muerte, cuando hay que morir.
No tengáis miedo a los hombres.
El único al que hay que temer es Dios. Pero Dios está de vuestra parte, porque vosotros estáis defendiendo la causa de Dios.
No tengáis miedo.
No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma.
El verdadero cristiano, como testigo de de, del Dios de la vida y el amor, afronta la persecución y la muerte.

4. Esto es tan viejo como Jeremías, seiscientos años antes de la venida de Jesús. Jeremías, tímido sacerdote de Israel, ha sido seducido por Dios.
“Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir…” (Jer 20,7).
“Pero el Señor es mi fuerte defensor: | me persiguen, pero tropiezan impotentes” (Jer 20,11).
El recuerdo de Jeremías lo evocamos en la primera lectura de hoy, para tomar esta conciencia de que el que quiera defender a Dios, los derechos de Dios en el mundo, tiene que estar dispuesto a asumir todas las consecuencias, incluso la muerte, del todo consciente de que puede confiar en Dios.

5. No tengáis miedo. Los que podemos tener la mirada hacia atrás podemos recordar las palabras de la primera homilía del Juan Pablo II cuando fue elegido Papa en octubre de 1978. Quiso infundir en la Iglesia un río de esperanza, de ilusión y fortaleza: ““¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de aceptar su potestad! …¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo” (22 octubre 1978).
Estas mismas palabars las recogía muchos años después Benedicto XVI al iniciar su pontificado en abril de 2005: “Así, hoy, yo quisiera, con gran fuerza y gran convicción, a partir de la experiencia de una larga vida personal, decir a todos vosotros, queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo”.
Este hombre de Dios que así hablaba, tomaba el gobierno de la Iglesia a sus 78 años recién cumplidos, y podía apelar a su propia experiencia. No tengáis miedo: Cristo no quita nada y lo da todo.

6. Jesús en el Evangelio nos invita a mirar al Padre y nos pone el ejemplo de los pajarillos del cielo.
¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. 30 Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. 31 Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones.
Pero no es solo la referencia a Dios nuestro Padre del cielo. Se trata de mirar a él mismo, que ha sido el testigo de Dios hasta la muerte. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos.
Jesús murió por dar testimonio del Padre. Y su ejemplo ha quedado para todas las generaciones de sus discípulos.
No nos avergoncemos de Dios. No nos avergoncemos de Cristo, el testigo fiel, y Cristo no se avergonzará de nosotros en el día final de la verdad.

Señor Jesús, esta es la gracia que hoy te pedimos como discípulos tuyos, como discípulos misioneros: Que nunca nos avergoncemos de ti ni de tu Padre, para que tú no te avergüences de nosotros – de mí - ante tu Padre en el día definitivo de la verdad. Amén.

Alfaro, La Rioja, sábado 24 de junio de 2017.

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