No tengáis miedo
Homilía
para el Domino XII del tiempo ordinario, ciclo A
Mateo
10,26-33
Texto
del Evangelio
26 No les tengáis miedo [a los
hombres], porque nada hay encubierto, que no llegue a descubrirse; ni nada hay
escondido, que no llegue a saberse. 27 Lo que os digo en la
oscuridad, decidlo a la luz, y lo que os digo al oído, pregonadlo desde la
azotea. 28 No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no
pueden matar el alma. No; temed al que puede llevar a la perdición alma y
cuerpo en la gehenna. 29 ¿No se venden un par de gorriones por
un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga
vuestro Padre. 30 Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza
tenéis contados. 31 Por eso, no tengáis miedo: valéis más
vosotros que muchos gorriones. 32 A quien se declare por mí
ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los
cielos. 33 Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo
negaré ante mi Padre que está en los cielos.
Hermanos:
1. Este año estamos escuchando el Evangelio según san Mateo. En este
Evangelio encontramos cinco discursos de Jesús, que son los siguientes:
- El primero es el Sermón de la montaña (Mt 5-7); el Discurso apostólico,
es decir, el envío de los apóstoles y de la Iglesia (Mt 10); el Discurso de las
parábolas: Salió el sembrador a sembrar, un grupo de parábolas seguidas (Mt 13);
el Discurso eclesiástico: cómo deben actuar los apóstoles y sus sucesores en la
comunidad de Jesús (Mt 18); y finalmente en los días de la Semana Santa el
Discurso escatológico sobre el final de los tiempos y la victoria de Dios en el
mundo, victoria que está protagonizada por Cristo mismo (Mt 24-25).
2. El Evangelio que hemos escuchado corresponde al Discurso apostólico.
Jesús ha escogido a los Doce, con una intención simbólica, porque los Doce nos
recuerdan a las Doce tribus de Israel, y en consecuencia el pueblo de Jesús,
sostenido por estos doce pilares, va ser el nuevo pueblo de Dios. Les da unas
consignas de acción para proclamar el Evangelio; pero de pronto uno percibe que
las consignas dadas a los apóstoles van a pasar a ser consignas para toda la
comunidad evangélica. Toda la comunidad va a ser una comunidad apostólica.
La ultima reunión de Obispos de América latina y Caribe, en mayo de 2007,
en el que fue muy significativa la persona del arzobispo de Buenos Aires, Cardenal
Bergoglio, hoy Papa Francisco, tuvo como uno de sus ejes de pensamiento este:
todo discípulo de Jesús, por el mero hecho de ser discípulo, es discípulo y
misionero. Es una consagración que se recibe en el bautismo. El que queda consagrado
a Cristo en el bautismo, es un testigo de su fe: en todo momento, en toda
circunstancia de vida, mi conducta debe ser proclamación de mi fe. Por
comportarme como cristiano, al ser testigo soy misionero. Algunas veces tendré
que mostrarlo no solo con las obras, sino también con las palabras.
3. Y ocurre que, sin uno buscarlo, el medio que me circunda ´puede ser tan
hostil al Evangelio, que yo estoy en combate sin quererlo. Y aquí viene la
consigna de Jesús: No tengáis miedo.
No tengáis miedo a hablar cuando hay que hablar.
No tengáis miedo a la muerte, cuando hay que morir.
No tengáis miedo a los hombres.
El único al que hay que temer es Dios. Pero Dios está de vuestra parte, porque
vosotros estáis defendiendo la causa de Dios.
No tengáis miedo.
No tengáis miedo a los que matan
el cuerpo, pero no pueden matar el alma.
El verdadero cristiano, como testigo de de, del Dios de la vida y el amor,
afronta la persecución y la muerte.
4. Esto es tan viejo como Jeremías, seiscientos años antes de la venida de Jesús.
Jeremías, tímido sacerdote de Israel, ha sido seducido por Dios.
“Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir…” (Jer 20,7).
“Pero el Señor es mi fuerte defensor: | me persiguen, pero tropiezan
impotentes” (Jer 20,11).
El recuerdo de Jeremías lo evocamos en la primera lectura de hoy, para
tomar esta conciencia de que el que quiera defender a Dios, los derechos de Dios
en el mundo, tiene que estar dispuesto a asumir todas las consecuencias,
incluso la muerte, del todo consciente de que puede confiar en Dios.
5. No tengáis miedo. Los que podemos tener la mirada hacia atrás podemos
recordar las palabras de la primera homilía del Juan Pablo II cuando fue
elegido Papa en octubre de 1978. Quiso infundir en la Iglesia un río de
esperanza, de ilusión y fortaleza: ““¡No tengáis miedo de acoger a Cristo y de
aceptar su potestad! …¡No temáis! ¡Abrid, más todavía, abrid de par en par las
puertas a Cristo” (22 octubre 1978).
Estas mismas palabars las recogía muchos años después Benedicto XVI al
iniciar su pontificado en abril de 2005: “Así, hoy, yo quisiera, con gran
fuerza y gran convicción, a partir de la experiencia de una larga vida
personal, decir a todos vosotros, queridos jóvenes: ¡No tengáis miedo de
Cristo! Él no quita nada, y lo da todo”.
Este hombre de Dios que así hablaba, tomaba el gobierno de la Iglesia a sus
78 años recién cumplidos, y podía apelar a su propia experiencia. No tengáis
miedo: Cristo no quita nada y lo da todo.
6. Jesús en el Evangelio nos invita a mirar al Padre y nos pone el ejemplo
de los pajarillos del cielo.
¿No se venden un par de gorriones
por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga
vuestro Padre. 30 Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza
tenéis contados. 31 Por eso, no tengáis miedo: valéis más
vosotros que muchos gorriones.
Pero no es solo la referencia a Dios nuestro Padre del cielo. Se trata de
mirar a él mismo, que ha sido el testigo de Dios hasta la muerte. Y si uno me niega ante los hombres, yo
también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos. Y si uno me niega ante
los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre que está en los cielos.
Jesús murió por dar testimonio del Padre. Y su ejemplo ha quedado para
todas las generaciones de sus discípulos.
No nos avergoncemos de Dios. No nos avergoncemos de Cristo, el testigo
fiel, y Cristo no se avergonzará de nosotros en el día final de la verdad.
Señor Jesús, esta es la gracia
que hoy te pedimos como discípulos tuyos, como discípulos misioneros: Que nunca
nos avergoncemos de ti ni de tu Padre, para que tú no te avergüences de
nosotros – de mí - ante tu Padre en el día definitivo de la verdad. Amén.
Alfaro, La Rioja, sábado 24 de junio de
2017.
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