viernes, 20 de octubre de 2017

1006. Domingo XXIX A – Domund 2017 Jesús, que nos anuncia un reino de amor



DOMUND 2017
Jesús, que nos anuncia un reino de amor
Mt 22,15-21
15 Entonces se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. 16 Le enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad, sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. 17 Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?». 18 Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? 19 Enseñadme la moneda del impuesto». Le presentaron un denario. 20 Él les preguntó: «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?». 21 Le respondieron: «Del César». Entonces les replicó: «Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».

Hermanos:
1. Hoy, por ser tercer Domingo de octubre, es el DOMUND, es decir el Domingo Mundial de Misiones.
Como todo los años, el Papa, con mucha antelación, entrega su mensaje para el Domund, que en esta ocasión suena así: La misión en el corazón de la fe cristiana. Y comienza con estas palabras:
“Este año la Jornada Mundial de las Misiones nos vuelve a convocar entorno a la persona de Jesús, «el primero y el más grande evangelizador» (Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 7), que nos llama continuamente a anunciar el Evangelio del amor de Dios Padre con la fuerza del Espíritu Santo. Esta Jornada nos invita a reflexionar de nuevo sobre la misión en el corazón de la fe cristiana. De hecho, la Iglesia es misionera por naturaleza; si no lo fuera, no sería la Iglesia de Cristo, sino que sería sólo una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su propósito y desapareciendo. Por ello, se nos invita a hacernos algunas preguntas que tocan nuestra identidad cristiana y nuestras responsabilidades como creyentes, en un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas, que afectan de forma injusta sobre todo a los inocentes. ¿Cuál es el fundamento de la misión? ¿Cuál es el corazón de la misión? ¿Cuáles son las actitudes vitales de la misión?”.

2. Al eco de estas preguntas escuchamos el Evangelio de hoy, que es continuación del Evangelio de la semana anterior. Recordemos, una vez más, que estamos dentro de la Semana Santa, la semana final de la vida de Jesús de Nazaret, donde se va a fraguar y decidir su muerte.
¿Es este un Evangelio político? ¿Ha tomado Jesús en su vida una opción política en favor del pueblo? ¿Se ha decantado por un partido en aquella sociedad en la que política y religión estaban esencialmente unidos, puesto que Israel es un estado teocrático?
De hecho, la causa de Jesús se maneja – o, más bien, se manipula – para que su condena sea justificada como una condena política. «Si sueltas a ese, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey está contra el César» (Jn 19,23).
Esa fue la reconversión que hicieron las autoridades judías ante Pilato, para que sentenciara a Jesús con la pena de muerte. Pero la verdad pura y cruda es que Jesús nunca se había definido en su predicación ni a favor ni contra del Emperador Romano. La verdad es que Jesús nunca había objetado la legitimidad de la autoridad de Pilato ni de los tetrarcas que gobernaban los diversos territorios.

3. Y diríamos que esto es sorprendente, porque si comparamos la actitud de Jesús con respecto a Isaías y Jeremías, hay unas diferencias notorias. Isaías intervino en el escenario político de su tiempo, frente al rey Ajaz. Más de un siglo después Jeremías entró también en la escena de aquella época con los reyes Josías, Joaquín y Sedecías.
Jesús no actuó en la escena política, como tampoco luego actuaría Pablo. Podemos entender que era tal la magnitud de lo que predicaba Jesús, el advenimiento del Reino de Dios a la tierra, que él lo habría hipotecado si de ahí hubiera tomado decisiones políticas concretas, como tomaron, por ejemplo, los zelotas frente al Imperio Romano.

4. En el episodio de hoy se quiere poner a Jesús en una trampa, y expresamente lo dice el Evangelio.  Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Y la consulta que le hacen a Jesús es una consulta política. O, afinando más, es una consulta moral intencionada: ¿Es moral o no es moral someterse al emperador?
Y Jesús puede dar una contestación moral, y decir: Por supuesto, hay que pagar los impuestos según la ley.
No es esa la respuesta de Jesús, si captamos bien la fuerza de la frase. Jesús tiene un anuncio profético al responder. Jesús no ha venido a este mundo para resolver ningún problema político. Jesús viene como enviado por Dios para anunciar la soberanía absoluta de Dios en esta culminación de la historia.

5. Y la respuesta de Jesús tiene una doble vertiente:
Primero. ¿De quién es esta imagen? ¿De quién esa inscripción? Allá vosotros. Vosotros lo hacéis, vosotros lo deshacéis. Los asuntos intramundanos los debemos resolver nosotros, los hombres. Al César lo que es del César: arreglaos.
Segundo. ¡Pero a Dios lo que es de Dios! Esta frase hay que entenderla así, como el anuncio profético del reino. Diluiríamos la fuerza, la novedad, la revelación de lo que anuncia y proclama Jesús, si nos quedáramos en una mitad por mitad: Al Cesar lo que es del César, a Dios lo que es de Dios. A cada uno lo suyo, y todos en paz. Si Jesús hablara así, sería un moralista, un maestro de buenas enseñanzas. Pero Jesús es el anunciador del misterio de Dios.
Y la proclamación que Jesús hace es: ¡A Dios lo que es de Dios!

6. Hermanos, estamos reflexionando estas cosas en el momento en que en nuestra patria se revuelven sentimientos encontrados por la convulsión suscitada el 1 de octubre, de todos conocidas. Muchos sacerdotes, en servicio al pueblo se decantan por una determinada opción. Otros pensamos que la magnitud del mensaje que llevamos entre manos no podemos tomar como opción evangélica una opción que, al final, pensamos que es partidista. Y creemos que esta postura se acomoda mejor a la opción que Jesús ha tomado en su ministerio.
Por otra parte, en el momento en que pienso y escribo este mensaje de Jesús, en Barcelona, el sábado 21, se va a proclamar la santidad de 109 mártires de los Misioneros Hijos del Corazón de María, los Claretianos. Es increíble pensar que en la Guerra Civil Española fueron asesinados 6.832 católicos en calidad de sacerdotes, religiosos, religiosas, obispos. Al punto viene la réplica: Y los otros ¿qué…?
Una homilía no da el espacio ni el momento para entrar en debate. Tan solo diremos que con la historia en la mano, con las actas que certifican, bien podemos decir que es verdad el eslogan que se les ha puesto: Misioneros hasta el fin. No se beatifica a un grupo, a un colectivo. El examen, en este caso y en los demás, ha sido personal, uno a uno: cuáles fueron sus virtudes como religiosos y cómo afrontaron la muerte como martirio por amor a Jesús. Entre los que hoy son glorificados con la palma del martirio hay un grupo de seminaristas claretianos, de Cervera, en Lérida, que dieron su vida por Jesús a los 20, 22 años.

7. Terminemos orando a Jesús, que nos ha dado la gracia de la fe y nos envía a anunciar el Evangelio: Señor Jesús, yo quiero ser misionero, no para aumentar el número, el poder de la Iglesia Católica – pensarlo así sería pecado – yo quiero ser misionero para anunciar el amor de Dios que en ti se ha revelado. Amén.

Guadalajara, Jalisco, viernes, 20 octubre 2017.

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