DOMUND 2017
Jesús, que nos anuncia un reino de amor
Mt 22,15-21
15 Entonces se retiraron los fariseos y llegaron a
un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. 16 Le
enviaron algunos discípulos suyos, con unos herodianos, y le dijeron: «Maestro,
sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad,
sin que te importe nadie, porque no te fijas en apariencias. 17 Dinos,
pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?». 18 Comprendiendo
su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? 19 Enseñadme
la moneda del impuesto». Le presentaron un denario. 20 Él les
preguntó: «¿De quién son esta imagen y esta inscripción?». 21 Le
respondieron: «Del César». Entonces les replicó: «Pues dad al César lo que es
del César y a Dios lo que es de Dios».
Hermanos:
1. Hoy, por ser tercer Domingo de octubre, es el DOMUND, es decir el
Domingo Mundial de Misiones.
Como todo los años, el Papa, con mucha antelación, entrega su mensaje para
el Domund, que en esta ocasión suena así: La
misión en el corazón de la fe cristiana. Y comienza con estas palabras:
“Este año la Jornada Mundial de las
Misiones nos vuelve a convocar entorno a la persona de Jesús, «el primero y el
más grande evangelizador» (Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii
nuntiandi, 7), que nos llama continuamente a
anunciar el Evangelio del amor de Dios Padre con la fuerza del Espíritu Santo.
Esta Jornada nos invita a reflexionar de nuevo sobre la misión en
el corazón de la fe cristiana. De hecho, la Iglesia es misionera por
naturaleza; si no lo fuera, no sería la Iglesia de Cristo, sino que sería sólo
una asociación entre muchas otras, que terminaría rápidamente agotando su
propósito y desapareciendo. Por ello, se nos invita a hacernos algunas
preguntas que tocan nuestra identidad cristiana y nuestras responsabilidades
como creyentes, en un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes
frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas, que afectan de
forma injusta sobre todo a los inocentes. ¿Cuál es el fundamento de la
misión? ¿Cuál es el corazón de la misión? ¿Cuáles son las actitudes
vitales de la misión?”.
2. Al eco de estas preguntas escuchamos
el Evangelio de hoy, que es continuación del Evangelio de la semana anterior.
Recordemos, una vez más, que estamos dentro de la Semana Santa, la semana final
de la vida de Jesús de Nazaret, donde se va a fraguar y decidir su muerte.
¿Es este un Evangelio político? ¿Ha
tomado Jesús en su vida una opción política en favor del pueblo? ¿Se ha
decantado por un partido en aquella sociedad en la que política y religión
estaban esencialmente unidos, puesto que Israel es un estado teocrático?
De hecho, la causa de Jesús se maneja –
o, más bien, se manipula – para que su condena sea justificada como una condena
política. «Si sueltas a ese, no eres amigo del César. Todo el que se hace rey
está contra el César» (Jn 19,23).
Esa fue la reconversión que hicieron las
autoridades judías ante Pilato, para que sentenciara a Jesús con la pena de
muerte. Pero la verdad pura y cruda es que Jesús nunca se había definido en su
predicación ni a favor ni contra del Emperador Romano. La verdad es que Jesús
nunca había objetado la legitimidad de la autoridad de Pilato ni de los
tetrarcas que gobernaban los diversos territorios.
3. Y diríamos que esto es sorprendente, porque
si comparamos la actitud de Jesús con respecto a Isaías y Jeremías, hay unas
diferencias notorias. Isaías intervino en el escenario político de su tiempo,
frente al rey Ajaz. Más de un siglo después Jeremías entró también en la escena
de aquella época con los reyes Josías, Joaquín y Sedecías.
Jesús no actuó en la escena política,
como tampoco luego actuaría Pablo. Podemos entender que era tal la magnitud de
lo que predicaba Jesús, el advenimiento del Reino de Dios a la tierra, que él
lo habría hipotecado si de ahí hubiera tomado decisiones políticas concretas,
como tomaron, por ejemplo, los zelotas frente al Imperio Romano.
4. En el episodio de hoy se quiere poner
a Jesús en una trampa, y expresamente lo dice el Evangelio. Comprendiendo su mala voluntad,
les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Y
la consulta que le hacen a Jesús es una consulta política. O, afinando más, es
una consulta moral intencionada: ¿Es moral o no es moral someterse al
emperador?
Y Jesús puede dar una contestación
moral, y decir: Por supuesto, hay que pagar los impuestos según la ley.
No es esa la respuesta de Jesús, si
captamos bien la fuerza de la frase. Jesús tiene un anuncio profético al
responder. Jesús no ha venido a este mundo para resolver ningún problema
político. Jesús viene como enviado por Dios para anunciar la soberanía absoluta
de Dios en esta culminación de la historia.
5. Y la respuesta de Jesús tiene una
doble vertiente:
Primero.
¿De quién es esta imagen? ¿De quién esa inscripción? Allá vosotros. Vosotros lo
hacéis, vosotros lo deshacéis. Los asuntos intramundanos los debemos resolver
nosotros, los hombres. Al César lo que es del César: arreglaos.
Segundo.
¡Pero a Dios lo que es de Dios! Esta
frase hay que entenderla así, como el anuncio profético del reino. Diluiríamos
la fuerza, la novedad, la revelación de lo que anuncia y proclama Jesús, si nos
quedáramos en una mitad por mitad: Al Cesar lo que es del César, a Dios lo que
es de Dios. A cada uno lo suyo, y todos en paz. Si Jesús hablara así, sería un
moralista, un maestro de buenas enseñanzas. Pero Jesús es el anunciador del
misterio de Dios.
Y la proclamación que Jesús hace es: ¡A
Dios lo que es de Dios!
6. Hermanos, estamos reflexionando estas
cosas en el momento en que en nuestra patria se revuelven sentimientos
encontrados por la convulsión suscitada el 1 de octubre, de todos conocidas.
Muchos sacerdotes, en servicio al pueblo se decantan por una determinada opción.
Otros pensamos que la magnitud del mensaje que llevamos entre manos no podemos
tomar como opción evangélica una opción que, al final, pensamos que es
partidista. Y creemos que esta postura se acomoda mejor a la opción que Jesús ha
tomado en su ministerio.
Por otra parte, en el momento en que
pienso y escribo este mensaje de Jesús, en Barcelona, el sábado 21, se va a
proclamar la santidad de 109 mártires de los Misioneros Hijos del Corazón de
María, los Claretianos. Es increíble pensar que en la Guerra Civil Española
fueron asesinados 6.832 católicos en calidad de sacerdotes, religiosos,
religiosas, obispos. Al punto viene la réplica: Y los otros ¿qué…?
Una homilía no da el espacio ni el
momento para entrar en debate. Tan solo diremos que con la historia en la mano,
con las actas que certifican, bien podemos decir que es verdad el eslogan que
se les ha puesto: Misioneros hasta el fin.
No se beatifica a un grupo, a un colectivo. El examen, en este caso y en los
demás, ha sido personal, uno a uno: cuáles fueron sus virtudes como religiosos
y cómo afrontaron la muerte como martirio por amor a Jesús. Entre los que hoy
son glorificados con la palma del martirio hay un grupo de seminaristas
claretianos, de Cervera, en Lérida, que dieron su vida por Jesús a los 20, 22
años.
7. Terminemos orando a Jesús, que nos ha
dado la gracia de la fe y nos envía a anunciar el Evangelio: Señor Jesús, yo quiero ser misionero, no
para aumentar el número, el poder de la Iglesia Católica – pensarlo así sería
pecado – yo quiero ser misionero para anunciar el amor de Dios que en ti se ha
revelado. Amén.
Guadalajara, Jalisco, viernes, 20
octubre 2017.
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