“Hablemos”
España y Cataluña, carne y uña
Y la unidad en el Señor
Quien esto escribe es un español, nacido
en Alfaro, La Rioja, que pertenece a una Orden religiosa, presente en 102
naciones. Justo hoy cumplo XV años desde que la Virgen del Rosario (la Virgen
de las Victorias, dijeron un día los de los Galeones), me trajo a este Tierra,
que – quizás los lectores no lo adviertan – no es la República de México, menos
el Reino de México, sino “los Estados Unidos de México”, como reza en el
supermercado la tarjeta fiscal de la compra: “Hermanos Menores Capuchinos de
los Estados Unidos de México”, Fraternitad tal, fraternidad cual. Somos “A.R.”,
es decir “Asociación Religiosa”, y en virtud de A.R. existimos en México,
laico, entrañable, “México lindo y querido!”, como lo es, y donde los miles de
asesinatos anuales (a veces con decapitaciones, sí, con decapitaciones –
escribí bien - ) deja sin palabras a los políticos.
Estos días, como nunca, me he dado
cuenta de que soy español, y que el asunto de Cataluña me ha dolido en el alma,
como si los Catalanes fueran de mi propia familia de sangre. Y en mi corazón,
como iniciando un poema, ha nacido un palabra: España y Cataluña, carne y uña.
¿Se puede hablar? Hablemos.
“Hablemos”
Hablemos es el eslogan que ha puesto en
circulación no sé qué institución que quiere llegar quiere llegar vía razón y
diálogo a la solución de un conflicto, que por ser un conflicto humano. Las
cosas se resuelven hablando, dice no un dicho del libro de los Proverbios, sino
de la Sabiduría Popular,
Hablemos, y, como para hablar hay que
pensar – porque, si no, sería hablar sin ton ni son, a la brava, acaso con una
pistola, por si acaso… - vamos a comenzar pensando y distinguiendo:
Hablemos jurídicamente: es necesario, del todo necesario. Negar esta premisa
sería volver a la caverna. Hermanos lectores, respetemos esta base. Hablar jurídicamente,
con la Constitución en la mano, es necesario, imprescindible. Hablen, pues, los
juristas. Necesario, pero insuficiente.
El discurso tiene que quedar abierto a otras instancias.
Hablemos culturalmente. Y dígannos quienes entienden qué inmenso patrimonio
ha ido acumulando de tiempo inmemorial Lo que hoy decimos Cataluña con su
lengua, con su arquitectura, con su música, con sus danzas, con su estilo, con sus
“genios”, en una palabra con lo que se define como “cultura”. Un inmenso bien,
que o puede ser privativo. Hablen los que entienden.
Hablemos históricamente, y cuéntenos la verdadera historia sin partidismo,
sin anatemas, con documentos. Háblennos los que entienden.
Hablemos políticamente, económicamente, sociológicamente… los verdaderos
políticos, los verdaderos economistas, los verdaderos sociólogos…
Hablen empresarialmente los empresarios
Por hablar, hablen deportivamente los futboleros: el Barca, el Real Madrid.
En ninguna de estas áreas yo tengo
competencia… para opinar desde mi servicio de “Servidor de la Palabra”, desde
el púlpito o desde una “carta pastoral” (si fuera Obispo) como ¡Palabra del Señor!.
O, si la tengo, me la guardo para mí.
Cuánto me impresiona, al bautizar a una
criatura, lo que se le dice con la unción crismal, que sigue al “Yo te bautizo…”.
Se le dice al niño o a la niña que queda constituido miembro de Cristo
Sacerdote, Cristo Profeta, Cristo Rey. De modo y manera que un economista debe
ejercer el don de la profecía como “Economista”. Yo, Sacerdote o Predicador, no
puedo suplirle en este rol. Guardaré silencio.
Hablemos como “experto
en humanidad”
El 4 de octubre de 1965 (día de san
Francisco), cuando faltaban dos meses para terminarse el Concilio, Pablo VI
pudo hablar ante las Naciones Unidad, Un discurso impresionante por su
sencillez, por su humildad y sabiduría.
¿Qué propuesta política traía a la “augusta
Asamblea”? Ninguna. Dijo sencillamente que venía como “experto en humanidad”. A
mí esto me dio mucha luz. Citó la Biblia…
Como era un hombre humildísimo hasta el
polvo, se atrevió a decir, en plan de hermano: “Que nadie, en su calidad de
miembro de vuestra unión, sea superior a los demás: que no esté uno sobre el
otro. Es la fórmula de la igualdad. Sabemos sin duda que hay que considerar
otros factores además de la simple pertenencia a vuestro organismo. Pero la
igualad también forma parte de su constitución, no porque seáis iguales, sino
porque aquí estáis como iguales. Y puede que, para varios de vosotros, sea este
un acto de gran virtud. Permitid que os bendigamos, Nos, el representante de
una religión que logra la salvación por la humildad de su Divino Fundador. Es
imposible ser hermano si no se es humilde. Pues es el orgullo, por inevitable
que pueda parecer, el que provoca las tiranteces y las luchas del prestigio,
del predominio, del colonialismo, del egoísmo. El orgullo es lo que destruye la
fraternidad”.
Esto es ser Papa… Esto es ser santo.
Esto es ¡no avergonzarse del Evangelio!
Yo también, ante el conflicto de
Cataluña, tengo una palabra de “experto en humanid”. Si digo “España y Cataluña,
carne y uña”, a lo mejor me lo entienden como opción política.
Pero yo, con el candor de un niño, voy
al doctor y le pregunto:
-
Doctor,
¿qué quiere decir carne y uña”
-
Que
en los seres humanos (no hablo de las aves de rapiñas) las extremidades son
carne y uña: no puede haber uña sin carne, y lo mismo viceversa. Pero lo
principal es lo siguiente: Esto se dicen de dos personas que se quieren mucho,
se quieren tanto que parecen uno solo, aunque sean diferentes, se quieren como “carne
y uña”.
Hablemos
religiosamente, espiritualmente, desde la fe
Y en estos sí que tengo una palabra que
decir, porque toda mi vida ha estado al lado de la Biblia, y todavía sigo
explicando Sapienciales y Profetas…, y lo que se me presente.
Estos días he visto declaraciones de
sacerdotes – algunos de ellos conocidos para mí e incluso hermanos de hábitos –
declaraciones que yo no firmo y otros ni han firmado ni firmaría. He visto que
tal Obispo ha escrito… y ha votado, que para unos habrá sido aplauso y para
otros fastidio.
He ido a las santas escrituras y he
visto que el día del Referéndum ilegal tocaba leer esta lectura de Pablo a la
comunidad concreta de Filipos: “Si
queréis darme el consuelo de Cristo y aliviarme con vuestro amor, si nos une el
mismo Espíritu y tenéis entrañas compasivas, dadme esta gran alegría: manteneos
unánimes y concordes con un mismo amor y un mismo sentir. No obréis por
rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás
superiores a vosotros. No os encerréis en vuestros intereses, sino buscad todos
el interés de los demás. Tened entre vosotros los sentimientos propios de
Cristo Jesús” (Flp 2,1-5).
En la Sagrada escritura se habla con ese
tono. Por ejemplo, el mismo san Pablo, al final de la segunda a los Corintios
se expresa así: “Por lo demás, hermanos,
alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y
vivid en paz. Y el Dios del amor y de la paz estará con vosotros. Saludaos
mutuamente con el beso santo. Os saludan todos los santos. La gracia del Señor
Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con
todos vosotros” (2Cor 13,11-13).
¿Qué quiere decir en la praxis…? ¿Qué seamos
todos del mismo partido? De ninguna manera…
Los religiosos tenemos harta experiencia,
porque las órdenes (al menos la Orden Franciscana) ha sido muy democrática
desde el principio. Vamos al Capítulo 60 hermanos. Vamos a votar a ver a quién
queremos de superior. Juan tiene 20, Perico tiene 20 y Julián los otros 20. No
hay elección. Segunda votación: la cosa se ha revuelto, y tampoco hay elección.
Tercera votación; hay elección: Juan tiene 31 (ya hay mayoría), y los otros dos
el resto… Qué pena la mía, porque, aunque Juan tenga 31, yo sigo pensando que
el mejor superior sería el Hno. Julián.
No importa; acepto el resultado, y ¡a
trabajar! Ha habido elección y se salva la “unidad”. No hay oposición. Sepa, no
obstante, el Hno. Juan ha salido, legítimamente, sí, pero solo con la mitad más
uno… y esté atento a los que otros anhelan…
El pan de cada día… Pero no piense el
lector que estamos hablando de una simpleza. Detrás de esta ficción, hay
sabiduría. Porque donde hay humildad, hay sabiduría y ese es el camino del
Encuentro.
Desde México, 7 octubre 2017
España y.... cada una de las comunidades Autónomas que la componen, como columnas de un mismo edificio, como los dedos de una misma mano.
ResponderEliminarTodos los dedos son distintos. Ni siquiera una mano es igual a la otra. Ni un pie igual al otro.
Todos tienen sus particularidades. Pero todos forman parte de un solo cuerpo.
El Imperio Romano estuvo formado por muchos pueblos. Todos diferentes en cultura, religión y lengua. Esa es la idea.
Juan José.