Jesús nos recuerda y confirma el mandamiento principal
Mt 22,34-40
34 Los fariseos, al oír que había hecho callar a
los saduceos, se reunieron en un lugar 35 y uno de ellos, un
doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a prueba: 36 «Maestro,
¿cuál es el mandamiento principal de la ley?». 37 Él le dijo:
«“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu
mente”. 38 Este mandamiento es el principal y primero. 39 El
segundo es semejante a él: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. 40 En
estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».
Hermanos:
1. Nos encontramos ante un pasaje del Evangelio que literalmente nos deja
arrebatados. De toda la Biblia santa, que está llena de Palabras de Dios, ¿cuál
es el principal mandamiento? Nuestros hermanos hebreos, por el inmenso amor a
las palabras sagradas que de parte de Dios les fueron transmitidas por Moisés y
los Profetas, habían repasado, una a una, todas las palabras de las sagradas Escrituras…,
las habían contado; y creo llegó un momento en que sabían cuál es la palabra
que corresponde a la mitad de la Biblia… Los rollos de las sagradas Escritura se
aman y se acarician. Cuando el uso los hace viejo y ya resultan inservibles, no
se los puede tirar a la basura, como se arroja un vestido inservible. En las
sinagogas había sus depósitos para que respetuosamente fueran a parar los
libros sagrados que ya no servían. Esa la guenizá,
donde se guardan los libros sagrados que no se usa y a su tiempo se queman y se
entierran.
Los cristianos hemos heredado usos semejantes que responden, por otra
parte, al sentir universal de los pueblos. Cuando el sacerdote o el diácono
proclama el Evangelio, al final besa el libro del que ha leído. Nunca se besa
el misal, el Evangeliario sí se besa, se le inciensa, con él en alto se bendice
a la asamblea.
El Antiguo Testamento fue dividido en versículos en 1448 y el Nuevo
Testamento fue dividido en versículos en 1551.
Los judíos llegaron a contabilizar los mandatos todos los preceptos que se
encuentran en las santas Escritura (que se llaman mitzvoth) y señalaron que eran 613. Entre tantos y tatos
mandamientos ¿cuál es el principal?
2. Una respuesta buena y aceptable podría haber sido: el principal
mandamiento es el primero que trae la Biblia, que está en el capítulo primero
del Génesis. En cierta ocasión Jesús decía a los judíos: «¿No habéis leído que
el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: “Por eso dejará
el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una
sola carne”? De modo que ya no son dos, sino una sola carne” (Mt 19,4-6).
En el primer relato de la creación leemos: “Dios los bendijo; y les dijo
Dios: «Sed fecundos y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los
peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se mueven sobre la
tierra»” (Gen 1,28). Los judíos interpretaban que esto no era una consigna, un
designio, sino un mandato concreto.
Este podría ser perfectamente el primer mandamiento: contraer matrimonio y
continuar la vida de Dios en el mundo.
3. O lo mismo un judío podría decir que el primer mandamiento es lo que Dios
hizo al terminar la creación del mundo. Dios “sabatizó”, descansó de
todas las obras que había hecho. Y por eso se instituyó el sábado, como gozo
eterno de Dios, como el remate de las obras de Dios. Dice la Biblia: “Y
habiendo concluido el día séptimo la obra que había hecho, descansó el día
séptimo de toda la obra que había hecho. Y bendijo Dios el día séptimo y lo
consagró, porque en él descansó de toda la obra que Dios había hecho cuando
creó” (Gen 2,2-3).
O podría Jesús haber entrado en los diez mandamientos de las tablas de Moisés,
el Decálogo, y escoger uno. Pero ¿qué hizo? Escogió una frase que no está dentro
de los diez mandamientos, que está después de los diez mandamientos, que es el
sentido de todos ellos, el principio y la inspiración de todos, una farse que
los judíos recitaban todos los días, por la mañana y por la tarde: “Escucha,
Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor,
tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Deut
6,4-5). Es el Shemá, Yishrael, que
está escrito después del Decálogo.
4. Hermanos, el amor es mandamiento de todos los mandamientos. Es tan
grande que ni es mandamiento. Se atribuye a San Agustín esta farse: “Ama y haz
lo que quieras”. Es verdad y no es verdad. Porque uno puede pensar: Ama, y ¡viva
la vida!; haz lo que te dé la gana.
Nada más contrario a lo que escribió san Agustín comentando a San Juan, la
primera carta de San Juan: “Dilige, et
quod vis fac”. “Ama” con amor de dilección, con amor generoso, con amor
oblativo, con ese amor que se renuncia a sí mismo y da la vida por los
hermanos, en una palabra, con el amor de Jesús; ama con ese amor, y entonces sí,
haz lo que te dicte este amor, haz lo que quieras, porque el querer del amor no
es el pecado, el único querer del amor es el amor. El amor verdadero nunca se
equivoca. San Agustín, que es un pionero de la Voluntad como órgano del Amor,
entiende que el Amor y la Razón van en perfecto acuerdo y consonancia. Pensar y
amar, amar y pensar trabajan en la perfecta sintonía.
Y desde aquí reinterpretamos la unidad de lo que Jesús nos dice: Ama a Dios,
ama a tu prójimo. Es una misma cosa; por eso es toda la Ley y los profetas.
5. Hermanos, esto que estoy diciendo lo estoy diciendo en esta semana
absolutamente singular de la historia de España. ¿De qué se trata? ¿De la
Constitución Española? ¿De esos derechos primarios, antecedentes a cualquier
constitución que tienen todos los pueblos de la tierra? Pero… ¿qué es un
pueblo?, ¿qué es la historia de un pueblo, que hemos compartido todos?
Si yo sigo hablando así, soy una voz más en el parlamento. Y tengo derecho
a pensar lo que razonablemente alcance mi pensamiento, sabiendo que el que se
sienta a la mesa conmigo tiene el mismo derecho que yo a pensar exactamente lo
contrario. Hablamos de derechos civiles y no salimos de política.
Pero resulta que yo, como cristiano – y no como sacerdote – estoy en la Iglesia,
que nunca será un parlamento de opinión, sino una humilde asamblea de la escucha
de la Palabra de Dios.
Una cosa es lo que dicen los periódicos, lo que se ve en la televisión, lo
que hora a hora va cambiando en Internet. Otra cosa es lo que va pasando en el
corazón. En el corazón se encuentra la verdad y la mentira, el amor y el odio,
la ofensa y el perdón, la venganza y la indulgencia, el resentimiento y la
bondad. Del corazón nacieron las más bellas historias de amor y las más horribles
batallas.
¿Qué está pasando en nuestros corazones? Esa es la crónica de la verdad, la
que no va a los periódicos.
Para el Dios del cielo, para Jesús que nos ha anunciado el Reino de Dios,
es exactamente igual que el mundo se componga de 150, de 170 países
independientes que de 300 o 500 o 1.000. “Eso es vuestro”, nos dice, “entendeos
y arreglaos”. No pongáis vida y muerte en lo que un día ha de pasar. Ninguna
nación ha existido ni va a existir por los siglos de los siglos.
Lo que no es lo mismo para Dios es trabajar desde el odio o desde el amor,
desde la venganza o desde la acogida, desde la generosidad o desde la ruindad.
Yo, ciudadano español, tengo mis preferencias y afinidades. Yo, cristiano – y también
en este caso yo sacerdote – no tengo más que una opción: ama, ama generosamente,
oblativamente, y decide desde el amor. Ama, y lo que dicte el amor, eso y
solamente eso, eso hazlo.
6. Señor Jesús, que mi vida, ahora y
siempre, en todo momento, sea un inmenso canto de amor.
Guadalajara, Jalisco. Sábado 28 de octubre de 2017.
Me ha gustado mucho el comentario de hoy porque nos lleva a centrarnos en lo esencial del cristianismo
ResponderEliminarEstimado P. Rufino:
ResponderEliminarUna vez más debo felicitarle por su gran exposición dominical.
La escena es de gran intensidad. La pregunta no deja de dejarnos perplejos debido a ser realizada, precisamente, por un personaje experto en la LEY. ¿Cuál es el mayor mandamiento de toda la LEY?.
El personaje lee y entiende lo que lee. Se le han cansado los ojos en la lectura de los textos sagrados, pero quiere saber si los conocimientos de Jesucristo están a la altura de ser considerado un "rabí". Y por eso le pregunta... y obtiene respuesta doble.
Jesucristo pone el amor de Dios en un primer plano, pero también pone el amor del prójimo a la máxima altura. El hombre es la obra maestra de Dios. Dios primero. El hombre después.
San Juan lo entiende muy bien cuando nos dice que seríamos unos mentirosos si decimos que amamos a Dios, a quien no vemos, y despreciamos al prójimo, al que vemos.
Sin embargo, aunque no se cita en este pasaje evangélico, el taimado personaje sigue preguntando y preguntando, no para saber, sino para conocer si Jesucristo sabe. ¿Y quién es ese "prójimo" tan importante desconocido a quien se debe amar?. La parábola que pronuncia Jesucristo, tan repetida como conocida, le dio a ese personaje la pauta del verdadero amor... de un amor que no procedió, como se recuerda, de un honorable levita, ni de un honorable sacerdote,.... sino de un estigmatizado samaritano.... De un samaritano que enseñó a un levita y a un sacerdote que el "prójimo" no es sólo el vecino que tienen a tu lado, sino cualquier ser humano.
Saludos.
Juan José