Cantaré misericordia
La herencia de la Porciúncula
En la fiesta Brígida, Patrona de Europa, hace
tres años, los ministros generales de la familia franciscana escribieron una
carta sobre el Perdón de Asís (23 de julio de 2016). Se trataba de recordar el 800 aniversario de aquel
acontecimiento. No pretendían resolver cuestiones históricas, sino dar un
mensaje en esta ocasión, que era precisamente el Año de la Misericordia (2016).
He ahí algunos párrafos: “…Con su petición al
Papa de una indulgencia extraordinaria para la pequeña iglesita de la Porciúncula,
Francisco inventó una nueva manera de celebrar la sobreabundancia de perdón y
de misericordia por parte de Dios para con nosotros. Podemos retomar y
profundizar la bella definición de indulgencia que el Papa Francisco nos ha
ofrecido en la Misericordiae vultus,
definiéndola como “indulgencia del Padre que a través de la Esposa de Cristo
alcanza al pecador perdonado y lo libra de todo resto de las consecuencias del
pecado, habilitándolo para actuar con caridad, a crecer en el amor en vez de
recaer en el pecado” (MV 22). Cada vez que recibimos esta indulgencia
extraordinaria del Padre a través de la Iglesia, también nosotros
experimentamos la abundancia de misericordia sobre nosotros para hacernos capaces
de misericordia y de reconciliación para con los demás en las situaciones
concretas de la vida.
San Francisco nos muestra ejemplos
espléndidos de esta capacidad creativa de promover paz y reconciliación.
Pensemos simplemente en el episodio del final de su vida, cuando él reconcilia
al podestá con el Obispo de Asís haciendo cantar su Cántico del hermano Sol con
la adición de la estrofa del perdón.
El antiguo biógrafo, al comienzo de esta
narración, nos dice que Francisco dijo a sus compañeros: “Grande vergüenza es
para nosotros, siervos de Dios, que el obispo y el podestá se odien tanto el
uno al otro, y nadie se ponga en el trabajo de ponerlos en paz y concordia” (Compilatio Assisiensis 84). Francisco no
piensa que se trate de una cuestión que no tiene que ver con él y siente
vergüenza por el hecho de que nadie se preocupe por devolverles la paz”
Cantaré misericordia
en los albores del día,
cantaré fidelidad
para colmar mi alegría
Cantaré a mi Dios viviente,
que vivientes crea y cría,
a mi Dios de los perdones,
que da paz donde no había.
Cantaré a mi Dios presente,
que vive en el alma mía,
que da vida porque es vida
y todo pecado expía.
Entraré al altar de Dios,
con salmos y sinfonía,
avanzaré hasta la cruz
donde Dios hombre moría.
Porciúncula es el abrazo
de aquel Pobre que quería
el perdón del mundo entero
al pie de santa María.
Ser hermano es perdonarse
dejar el alma vacía
de injurias y sentimientos
e historias que un tiempo había.
Dios es futuro sorpresa
amor siempre en demasía,
Dios es Padre, Padre bueno,
ser más Padre no podría.
Hoy he vuelto a la Porciúncula,
mi casita de familia,
el hogar de mis secretos
la flor de mi poesía.
Para rogar y aprender
en silencio y pleitesía;
Dios es perdón amoroso,
recordar me convenía.
Y vuelvo alado a mi tierra,
a mi diaria compañía,
soy el mismo y soy distinto,
que el Padre me enternecía.
Alfaro-Logroño, agosto 2019.
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