Jesús, fuego y espada
Lc
12,49-53
Texto evangélico:
49 He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto
deseo que ya esté ardiendo!
50 Con un bautismo tengo que ser
bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!
51 ¿Pensáis que he venido a traer paz
a la tierra? No, sino división. 52 Desde ahora estarán divididos
cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; 53 estarán divididos
el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la
hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».
Hermanos:
1. Estos breves versículos del Evangelio
nos dan una sorprendente imagen de Jesús que vamos a grabar en el alma, dentro
del alma, si pudiéramos.
¿Qué imagen o símbolo vamos a tomar para
representar quién es Jesús? En sarcófagos cristianos del siglo II y III en las
catacumbas romanas no es rara la imagen de Cristo Filósofo. El Filósofo, para
la tradición griega, es aquel que lleva a la Sabiduría de la vida. El Filósofo
está próximo a la divinidad. El Filósofo con manto, túnica corta y sandalias;
vive en moderación y pobreza. Lleva un
libro en la mano derecha y levanta la izquierda, en señal de magisterio y
proximidad. Así se ha representado a Cristo por antiguos creyentes cristianos.
Cristo es el verdadero Filósofo de Dios; Cristo nos enseña la Sabiduría que
lleva a la vida.
Hoy diríamos que el Evangelio es
infinitamente más que Filosofía y Sabiduría ética para un comportamiento
moderado y altruista. Lo que Cristo nos comunica es la revelación de Dios. Pero,
de todas maneras, la imagen de Cristo Filósofo es una imagen digna y aceptable.
Si hoy la sociedad se deja llevar por la
imagen del Filósofo que ha tenido la antigua Grecia, ciertamente nuestros
parlamentos serían muy distintos de una lucha de partidos y se aproximarían más
a una Academia de Filosofía, puerta de la Sabiduría.
2. Pero ¿podremos alguna vez representarnos
a Jesucristo como guerrero? En el Evangelio de hoy hay una frase que rechina,
que tiene dos versiones.
En san Mateo leemos: No he venido a traer (la) paz, sino (la) espada. En san Lucas: No he venido a traer (la) paz, sino (la) división. Y lo explica (también san
Mateo): la división de la familia.
¿De qué habló Jesús, de la espada o de
la división? ¿Fue san Lucas en que transformó y de alguna manera suavizó la
palabra de Jesús, al hablar de división en lugar de espada? O, al contrario,
¿fue san Mateo el que introdujo la palabra “espada”, para hacer más plástica la
frase y el sentido? Este asunto sería asunto de una tesis doctoral, porque los
pros y los contra se acumulan en una opinión y en otra.
Como anécdota recordemos lo que pasó en
el Huerto de los Olivos, según lo narra san Juan: “Entonces Simón Pedro, que
llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la
oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro: «Mete
la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?»”
(In 10.10-11).
Siguiendo el Evangelio, vamos a ha lar
primero del fuego, y segundo de la espada.
3. Jesús se presenta como un incendiario
que va a hacer arder el monte y luego la tierra entera. He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté
ardiendo!
¿Cuál es este fuego del que Jesús está
hablando? Es el fuego de la hora purificadora de Dios, el fuego que quiere
abrasar el mundo y prepararlo para la llegada de Dios. Jesús entiende que su
misión no se ciñe solo a su amado y entrañable pueblo de Israel, sino que va al
mundo entero. Jesús es el incendiario del mundo.
4. Pero, mucha atención. Este fuego va a
ser su propia muerte. Jesús quiere ser bautizado a fuego y sangre. Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y
qué angustia sufro hasta que se cumpla!
Nos perdemos absolutamente si queremos
indagar la psicología de Jesús. Jesús es un exaltado, pero no es ningún loco.
Es un exaltado por el amor que quisiera traspasar de su corazón al mundo
entero.
Son unos aspectos maravillosos que nos
descubren esa personalidad siempre insondable de Jesús de Nazaret.
5. En este contexto es cuando viene la frase
de la espada. ¿Pensáis que he venido a traer paz? Jesús no dijo en el Cenáculo:
Mi paz os dejo, mi paz os doy, pero no como la da el mundo. Por eso, porque no es
la paz de compromisos interesados, sino la paz última del corazón, esta paz va
a producir rupturas, auténticos dramas de familia. Jesús de ninguna manera es
un contemporizador.
Una de las cosas más delicadas que tiene
la Iglesia es haberse implicado en toda una red diplomática de representaciones
y embajadas. La diplomacia tiene un lenguaje, y si la Iglesia entra en el juego
de la diplomacia, debe respetar las leyes y dictámenes de la diplomacia. ¿Se
puede compaginar diplomacia y profecía? Un eclesiástico diplomático ¿puede
decir, al eco de Jesús: he venido a romper y separar?
6. El profeta Miqueas, en los tiempos de
Isaías, dice refiriéndose a la situación catastrófica del país:
“No creáis en el compañero, | no
confiéis en el amigo; | ojo con lo que dices | a tu compañera en la cama.
Pues el hijo desprecia al padre, | la
hija se rebela contra la madre, | la nuera contra la suegra. | Los enemigos del
hombre | son los de su propia casa.
Yo, en cambio, aguardaré al Señor, |
esperaré en el Dios que me salva. | Mi Dios me escuchará” (Miq 7,5-7).
Son expresiones que Jesús ha recogido
para describir la situación de conflicto familiar que va a producir el anuncio
del Evangelio. Esos conflictos de familia Jesús los experimentó. Los Evangelios
son sumamente parcos en darnos detalles que se refieran a su familia…, pero hay
alguna ligera indicación.
A propósito de las Fiesta de las Tiendas,
si subía o no a Jerusalén, dice san Juan: “Y es que tampoco sus hermanos creían
en él” (Jn 7,5). Sus “hermanos”, sus parientes tampoco creían en él.
7. El destino de Jesús va a ser el
destino de los cristianos, contradicción y muerte, como fue el destino de los
profetas: hoy Jeremías encarcelado, echado en un pozo, bajado con sogas en los
sobacos.
Jesús ha ido el primero. Por eso, para
concluir esta homilía vamos a recordar lo que hemos escuchado este domingo en
la Carta a los Hebreos:
“…fijos los ojos en el que inició y
completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la
cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de
Dios. Recordad al que soportó tal oposición de los pecadores, y no os canséis
ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra
el pecado,…” (Heb 12,2-4).
Miremos a Jesús, tengamos siempre los
ojos fijos en él:
Señor
Jesús, prende en mi corazón el fuego que tú has venido a traer a la tierra.
Amén.
Guadalajara, jueves, 15 agosto 2019
No hay comentarios:
Publicar un comentario