jueves, 15 de agosto de 2019

1246. Dom. XX, C – Jesús, fuego y espada

 
Jesús, fuego y espada
Lc 12,49-53


Texto evangélico:
49 He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!
50 Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!
51 ¿Pensáis que he venido a traer paz a la tierra? No, sino división. 52 Desde ahora estarán divididos cinco en una casa: tres contra dos y dos contra tres; 53 estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra la suegra».

Hermanos:
1. Estos breves versículos del Evangelio nos dan una sorprendente imagen de Jesús que vamos a grabar en el alma, dentro del alma, si pudiéramos.
¿Qué imagen o símbolo vamos a tomar para representar quién es Jesús? En sarcófagos cristianos del siglo II y III en las catacumbas romanas no es rara la imagen de Cristo Filósofo. El Filósofo, para la tradición griega, es aquel que lleva a la Sabiduría de la vida. El Filósofo está próximo a la divinidad. El Filósofo con manto, túnica corta y sandalias; vive en  moderación y pobreza. Lleva un libro en la mano derecha y levanta la izquierda, en señal de magisterio y proximidad. Así se ha representado a Cristo por antiguos creyentes cristianos. Cristo es el verdadero Filósofo de Dios; Cristo nos enseña la Sabiduría que lleva a la vida.
Hoy diríamos que el Evangelio es infinitamente más que Filosofía y Sabiduría ética para un comportamiento moderado y altruista. Lo que Cristo nos comunica es la revelación de Dios. Pero, de todas maneras, la imagen de Cristo Filósofo es una imagen digna y aceptable.
Si hoy la sociedad se deja llevar por la imagen del Filósofo que ha tenido la antigua Grecia, ciertamente nuestros parlamentos serían muy distintos de una lucha de partidos y se aproximarían más a una Academia de Filosofía, puerta de la Sabiduría.

2. Pero ¿podremos alguna vez representarnos a Jesucristo como guerrero? En el Evangelio de hoy hay una frase que rechina, que tiene dos versiones.
En san Mateo leemos: No he venido a traer (la) paz, sino (la) espada. En san Lucas: No he venido a traer (la) paz, sino (la) división. Y lo explica (también san Mateo): la división de la familia.
¿De qué habló Jesús, de la espada o de la división? ¿Fue san Lucas en que transformó y de alguna manera suavizó la palabra de Jesús, al hablar de división en lugar de espada? O, al contrario, ¿fue san Mateo el que introdujo la palabra “espada”, para hacer más plástica la frase y el sentido? Este asunto sería asunto de una tesis doctoral, porque los pros y los contra se acumulan en una opinión y en otra.
Como anécdota recordemos lo que pasó en el Huerto de los Olivos, según lo narra san Juan: “Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro: «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?»” (In 10.10-11).
Siguiendo el Evangelio, vamos a ha lar primero del fuego, y segundo de la espada.

3. Jesús se presenta como un incendiario que va a hacer arder el monte y luego la tierra entera. He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo!
¿Cuál es este fuego del que Jesús está hablando? Es el fuego de la hora purificadora de Dios, el fuego que quiere abrasar el mundo y prepararlo para la llegada de Dios. Jesús entiende que su misión no se ciñe solo a su amado y entrañable pueblo de Israel, sino que va al mundo entero. Jesús es el incendiario del mundo.

4. Pero, mucha atención. Este fuego va a ser su propia muerte. Jesús quiere ser bautizado a fuego y sangre. Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!
Nos perdemos absolutamente si queremos indagar la psicología de Jesús. Jesús es un exaltado, pero no es ningún loco. Es un exaltado por el amor que quisiera traspasar de su corazón al mundo entero.
Son unos aspectos maravillosos que nos descubren esa personalidad siempre insondable de Jesús de Nazaret.

5. En este contexto es cuando viene la frase de la espada. ¿Pensáis que he venido a traer paz? Jesús no dijo en el Cenáculo: Mi paz os dejo, mi paz os doy, pero no como la da el mundo. Por eso, porque no es la paz de compromisos interesados, sino la paz última del corazón, esta paz va a producir rupturas, auténticos dramas de familia. Jesús de ninguna manera es un contemporizador.
Una de las cosas más delicadas que tiene la Iglesia es haberse implicado en toda una red diplomática de representaciones y embajadas. La diplomacia tiene un lenguaje, y si la Iglesia entra en el juego de la diplomacia, debe respetar las leyes y dictámenes de la diplomacia. ¿Se puede compaginar diplomacia y profecía? Un eclesiástico diplomático ¿puede decir, al eco de Jesús: he venido a romper y separar?

6. El profeta Miqueas, en los tiempos de Isaías, dice refiriéndose a la situación catastrófica del país:
“No creáis en el compañero, | no confiéis en el amigo; | ojo con lo que dices | a tu compañera en la cama.
Pues el hijo desprecia al padre, | la hija se rebela contra la madre, | la nuera contra la suegra. | Los enemigos del hombre | son los de su propia casa.
Yo, en cambio, aguardaré al Señor, | esperaré en el Dios que me salva. | Mi Dios me escuchará” (Miq 7,5-7).
Son expresiones que Jesús ha recogido para describir la situación de conflicto familiar que va a producir el anuncio del Evangelio. Esos conflictos de familia Jesús los experimentó. Los Evangelios son sumamente parcos en darnos detalles que se refieran a su familia…, pero hay alguna ligera indicación.
A propósito de las Fiesta de las Tiendas, si subía o no a Jerusalén, dice san Juan: “Y es que tampoco sus hermanos creían en él” (Jn 7,5). Sus “hermanos”, sus parientes tampoco creían en él.

7. El destino de Jesús va a ser el destino de los cristianos, contradicción y muerte, como fue el destino de los profetas: hoy Jeremías encarcelado, echado en un pozo, bajado con sogas en los sobacos.
Jesús ha ido el primero. Por eso, para concluir esta homilía vamos a recordar lo que hemos escuchado este domingo en la Carta a los Hebreos:
“…fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó tal oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado,…” (Heb 12,2-4).

Miremos a Jesús, tengamos siempre los ojos fijos en él:
Señor Jesús, prende en mi corazón el fuego que tú has venido a traer a la tierra. Amén.

Guadalajara, jueves, 15 agosto 2019

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